La guerra de la Navarrería, o guerra de Navarra según la historiografía francesa, fue un conflicto que se produjo en el Reino de Navarra en 1276, un trágico desenlace resultado de un largo proceso de desencuentros, disputas y luchas durante más de un siglo entre los distintos núcleos poblacionales, independientes, que formaban la Pamplona medieval. La ciudad de la Navarrería, asentada sobre la civitas romana de Pompelo, frente a la sólida alianza de la corona francesa gobernante con los francos del burgo de San Cernin, buscó en los reinos peninsulares de Castilla, especialmente, y Aragón el apoyo necesario para afrontar las imposiciones reales y de los francos vecinos de la capital navarra. La virulencia del enfrentamiento acarreó la total destrucción de la Navarrería que durante casi 50 años permaneció desolada.
Gran parte del relato de los hechos ocurridos se debe al poeta provenzal de Toulouse Guilhem de Anelier, que fue cronista en su poema La Guerra de Navarra, escrito en idioma provenzal, no exento de parcialidad.(Jimeno Jurío: Guerra de la Navarrería: 3–4)(Esarte: 40) Una copia del relato fue localizado entre los bienes desamortizados del monasterio de Fitero, siendo editados y publicados por Pablo Ilarregui, en español, y Francisque Michel, en francés, durante la segunda mitad del .
Contexto histórico Durante la dinastía Capeta, con un régimen tutelado desde la corona de Francia, que obviaba los usos y costumbres del reino, con un gobernador distante de la nobleza navarra. Se centró con gran virulencia en las tensiones existentes en los burgos de Pamplona, llevando a una gran matanza y a la destrucción total de la Navarrería por tropas francesas. En este conflicto también intervino la corona de Castilla con tropas que tomaron Mendavia y otras poblaciones y que daban apoyo a la Navarrería, y la de Aragón, a quien se consideró alternativa por las Cortes de Navarra a la monarquía Capeta.
Los burgos de Pamplona
miniaturadeimagen|300x300px|Plano recreado de la Pamplona medieval y su división en tres núcleos de población. Antes de finalizar el , la capital del reino era una población relativamente pequeña habitada por un gran núcleo de labradores autóctonos que ocupaban lo que era conocida con el nombre de Navarrería. Se encontraba emplazada en una colina y coronada por la catedral de Santa María, ubicada donde estuvo el capitolio romano. El obispo y su cabildo de canónigos regulares de San Agustín no solo ejercían la jurisdicción espiritual, sino que también ostentaban el señorío civil de sus habitantes, sus casas y sus tierras, así como la jurisdicción de justicia, derechos pecuniarios y la supervisión de mercados. El rey Sancho Ramírez concedió a varias poblaciones fueros repobladores, como el exitoso Fuero concedido a la ciudad de Jaca. Pedro de Roda, el obispo que había llegado en 1083 a la capital, estaba de acuerdo en la política repobladora del monarca en la ciudad. De esta forma se crearon dos nuevas poblaciones, que posteriormente serían conocidas como burgo de San Cernin y población de San Nicolás, por lo que puso a disposición de los nuevos pobladores tierras en las inmediaciones de la capital. El segundo núcleo es denominado «nuevo», por lo que parece que primero se fundó el de San Cernin o de San Saturnino. Esta nueva población la constituían mercaderes, artesanos y posaderos, en su mayoría de distintas regiones francesas (provenzales, gascones, lemosinos, poitevinos, normandos, etc.). El de San Nicolás se situó al sur del primero. Hubo un tercer burgo, el de San Miguel, que fue absorbido por la ciudad de la Navarrería.
Las diferencias sociales y económicas entre los nuevos pobladores y los de la antigua ciudad eran significativas. Los de Navarrería vivían del campo, aferrados a sus costumbres; muchos eran siervos de la iglesia y soportaban impuestos de los merinos y el pago de una pecha anual por la tierra que ocupaban sus huertas y casas. Los burgueses eran más cultos, con iniciativa para los negocios, y gozaban de exenciones y libertades forales que no tenían los nativos. En septiembre de 1129 Alfonso el Batallador otorgó el fuero de Jaca a «todos los francos que poblaran en el llano de San Saturnino de Iruña». Prohibió que en la nueva población entraran a vivir navarros, clérigos o infanzones. Se mantenía un terreno sin edificar entre la ciudad y los nuevos burgos, y los de la Navarrería no podrían levantar murallas contra los nuevos pobladores. El burgo de San Cernin se guareció con una muralla defensiva que tenía una torre, denominada La Galea, emplazada en las inmediaciones de la actual plaza consistorial. La población de San Nicolás también amuralló su recinto, dándose tres poblaciones distintas próximas entre sí. Entre San Cernin y la Navarrería había una campa donde se realizaban los mercados, denominada Chapitel (actual calle Chapitela). En el otro extremo de San Cernin se edificó la iglesia de San Lorenzo y, frente a ella, extramuros, existió un barrio en torno al convento de frailes menores de San Francisco en la Taconera (derruido en el ).(Jimeno Jurío: Guerra de la Navarrería: 4–5) Cuando crecían los burgos francos y para poblar la Navarrería, Sancho VI de Navarra concedió el fuero de los burgueses de San Saturnino (1189), aunque pagando a la iglesia un censo anual.(Esarte: 37–38)
Las discordias entre los burgos fueron constantes y en ocasiones sangrientas. Los obispos defendían a sus vasallos de la Navarrería, Sancho VII el Fuerte defendió al burgo de San Cernin y Teobaldo II al de San Nicolás. Con este último rey se trató de poner fin a estas rivalidades, y en junio de 1266 se juntaron los concejos de las cuatro poblaciones (también estaba la de San Miguel) y decidieron formar un solo concejo. Este duró poco, pues su hermano y sucesor, Enrique I, aconsejado por el prior y los canónigos y a cambio de treinta mil sueldos de sanchetes, deshizo la unión.(Jimeno Jurío: Guerra de la Navarrería: 5–6) Por tanto, las disputas vecinales estaban condicionadas por privilegios económicos de los núcleos francos, su necesidad de expansión y las disputas jurisdiccionales entre el rey y el obispo, este último señor de la ciudad.
Inestable sucesión del reino thumb|Jaime I de Aragón se postuló para regir el reino y las Cortes de Navarra lo aceptaron. A la muerte de Enrique I en 1274, su hija heredera Juana I tenía tan solo dieciocho meses de edad y por ello asumió la regencia su esposa Blanca de Artois. En vida de Enrique I, las Cortes de Navarra habían jurado fidelidad a Juana como heredera de la corona.(Herreros: 193)
Terminadas las exequias, la viuda regente convocó a las Cortes en la Catedral de Pamplona para elegir al gobernador. En esta reunión fue elegido Pedro Sánchez de Monteagudo, señor de Cascante e hijo del que había sido senescal con Teobaldo II y conocedor de los fueros y costumbres. Los otros candidatos fueron García Almoravid, baile y señor de la Cuenca y las Montañas, que estaba posicionado en contra de arbitrariedades de los reyes champanienses contra los navarros y de inclinación procastellana, y Gonzalo Ibáñez de Baztán, alférez del estandarte real.(Jimeno Jurío: Guerra de la Navarrería: 6) Con esta designación se consiguió una aparente estabilidad en el gobierno, aunque los dos reinos peninsulares se movilizaron para conseguir el trono navarro.
Así, Jaime I de Aragón proyectó la anexión del reino, y para ello envió a su hijo, el infante Pedro, para que presentara en las Cortes sus aspiraciones. Lo hacía sobre la base de los antecedentes de la unión dinástica de ambos reinos con Sancho Ramírez, Pedro I y Alfonso el Batallador; y al pacto de mutuo prohijamiento realizado por Sancho VII con él. Aducía los enfrentamientos con los reyes de la casa Champaña que habían atropellado los usos y costumbres con la persecución de las Juntas de Infanzones de Obanos. Proponía que, si los navarros le reconocían como rey o a su hijo heredero, terminaría con esa situación y respetaría los usos y costumbres y gobernaría de acuerdo con las Cortes y con los jerarcas navarros.(Jimeno Jurío: Guerra de la Navarrería: 7)
thumb|En el escudo de Obanos se recogen las imágenes del sello de las Juntas de Infanzones y su lema. Los Infanzones luchaban para que los reyes respetaran los usos y costumbres de sus habitantes.
Las Cortes se reunieron el 27 de agosto, y en las mismas el gobernador Pedro Sánchez juró su cargo ante la reina madre y los miembros de los Tres Estados. Se estudiaron las pretensiones del rey de Aragón. El gobernador, el obispo de Pamplona y una mayoría opinaban que la reina debía criarse en Aragón. Otros, como García Almoravid y los concejos de la Navarrería y San Miguel, se inclinaban por Castilla. Blanca y sus cortesanos, franceses en su mayoría, preferían la tutoría por Felipe III de Francia. Para evitar arbitrariedades y contrafueros, se reactivaron las Juntas de Infanzones de Obanos que garantizaban el cumplimiento de las costumbres, de acuerdo al juramento del gobernador y los representantes de las buenas villas. Se organizó una comisión, presidida por el gobernador y el obispo, para entrevistarse con el infante de Aragón. En Sos se acordaron treguas que estabilizaban la frontera oriental.
Para estudiar las propuestas aragonesas, las Cortes se reunieron en Puente la Reina a principios de octubre, y en la misma los embajadores aragoneses hicieron la propuesta de acoger a Jaime I como rey y que se comprometiera a ayudar a los navarros. No hubo respuesta inmediata, y a la semana siguiente una delegación navarra acudió a Tarazona a entrevistarse con el infante Pedro. Este reiteró sus derechos a la Corona navarra y propuso el matrimonio de la pequeña Juana con el primogénito de Aragón Alfonso, o con su hermano Jaime en caso de fallecer. Pedro defendería Navarra y siempre contaría con las Cortes, sin poner extranjeros en los cargos oficiales de la corte. Como garantía, el infante Alfonso se criaría en Navarra, y al cabo de un año se le reconocería como rey. El 1 de noviembre de 1274 se reunieron de nuevo las Cortes en Olite. Además de los habituales de los Tres Estados, acudieron alcaides de fortalezas y procuradores de más de sesenta villas. Prometieron al infante Pedro que darían a la heredera Juana para esposarla con Alfonso o con el que fuera legítimo heredero de la corona de Aragón, decidiendo de este modo la sucesión política unificando la dinastía con Aragón.(Jimeno Jurío: Guerra de la Navarrería: 7–8)
thumb|Alfonso X de Castilla y León entró con sus tropas en Navarra, tomando Mendavia.
Alfonso X de Castilla también consideró que tenía derechos con la corona de Navarra. Entre la nobleza navarra existían partidarios y entre ellos estaban el influyente García Almoravid; un alcaide de la frontera, García González; y la Navarrería. El rey castellano, tras la reunión de las Cortes navarras en Olite, concentró sus tropas en la frontera de la Rioja e inició una serie de incursiones en el interior del reino, en cuyo mando estaba el primogénito Fernando de la Cerda. Los castellanos tomaron Mendavia, a la que dieron distintas exenciones el 18 de noviembre, y se dirigieron a Viana, a la que sitiaron y realizaron distintos intentos de asalto. Llegado el frío del invierno, los castellanos renunciaron a seguir hostigando y se replegaron a Mendavia.(Jimeno Jurío: Guerra de la Navarrería: 9–10)
Por ello, Blanca de Artois buscó el apoyo de su primo Felipe III de Francia, a quien prestó homenaje por el Condado de Champaña, y éste le ofreció el matrimonio para Juana del segundogénito Felipe, cinco años mayor que la reina. Blanca lo aceptó inmediatamente sin contar con los estamentos navarros. La minoría de edad de ambos esposos convertía a Felipe III en tutor, y Navarra bajo su protectorado. No mucho después del 1 de noviembre, Blanca pasó la frontera con Juana, para que ésta se criara con las princesas Margarita y Blanca.
División irreconciliable