Juan José de Austria (Madrid, 7 de abril de 1629-Madrid, 17 de septiembre de 1679) fue un político y militar español, hijo extramatrimonial del rey Felipe IV y la actriz María Calderón.
Desde muy joven formó parte de la administración de Felipe IV, cobrando un papel especialmente importante en la crisis de 1640 por sus dotes bélicas y diplomáticas. Recuperó para España el control de Sicilia, Nápoles y Cataluña, aunque en los Países Bajos no logró avanzar de algunas victorias iniciales ante franceses e ingleses, contando con un ejército cada vez más agotado y necesidades precipitadas. Fracasó así mismo en reconquistar Portugal, ya irrecuperable para la corona.
Tras el fin de los grandes conflictos, regresó a la corte y se alzó en oposición a la reina regente Mariana de Austria, a la que consiguió sustituir al frente del imperio. Juan José trabajó por asegurar el reinado de su medio hermano Carlos II frente a las ambiciones de Luis XIV de Francia antes de morir a destiempo.
Primeros años Don Juan nació en la madrileña calle de Leganitos, la noche del 6 al 7 de abril de 1629. Era supuestamente hijo extramatrimonial del rey Felipe IV de España, habido de sus amores con la actriz María Calderón (conocida como «la Calderona»), la cual había mantenido también relaciones con el duque de Medina de las Torres, lo que hizo que pronto se propagasen rumores tendentes a adjudicar al duque la paternidad del bastardo. Obviamente para los detractores de don Juan esta circunstancia fue utilizada con frecuencia:
thumb|225px|left|Hoja del libro de bautismo donde figura la partida de nacimiento de don Juan, hijo de la tierra.
El niño fue señalado en el libro de bautizos de la parroquia de los Santos Justo y Pastor como hijo de la tierra, denominación que se daba a los hijos de padres desconocidos. Su padrino de bautismo fue un caballero de la Orden de Calatrava, ayuda de cámara del rey.
Don Juan fue entregado a una mujer de origen humilde llamada Magdalena que se trasladó con el niño a León, ciudad en la que pasó los primeros años de su vida. Cuando don Juan había pasado la puericia, y ante la muerte de Magdalena, su madre, fue trasladado a Ocaña (Toledo), donde empezó a recibir una esmerada educación teniendo por maestros al matemático y cosmógrafo jesuita Jean-Charles de la Faille y al inquisidor, teólogo y humanista Pedro de Llerana y Bracamonte. Su ayo fue don Pedro de Velasco.
thumb|200px|Retrato de don Juan José de Austria como san Hermenegildo (h. 1642) por Eugenio de las Cuevas (Monasterio de las Descalzas Reales, Madrid).
Al parecer, el bastardo mostró siempre buena disposición y memoria para el aprendizaje, a lo que se unió una particular facilidad para la pluma, cuyo uso iba a resultar fundamental en su trayectoria política. Además, siguiendo la inclinación heredada de los Austrias, se mostró diestro en el manejo de las armas y el caballo, así como amante de la caza.
En 1642, cuando contaba con trece años de edad, tuvo lugar el reconocimiento oficial y público de don Juan José de Austria como hijo del rey Felipe IV, lo cual obligó a estudiar el tipo de tratamiento más conveniente para el bastardo, habida cuenta de su condición de hijo, aunque ilegítimo, del rey.
El Consejo se mostró partidario de que la reina y el príncipe se dirigieran a don Juan, si era por escrito, del siguiente modo:A.H.N., Estado, leg. 2.783, nº8. Consulta del Consejo de 29 de abril de 1642. A don Juan de Austria, mi hijo. A don Juan de Austria, mi hermano.
Los demás personajes deberían llamar a don Juan Serenidad, mientras que los cardenales debían otorgarle el título de Alteza.
El 2 de marzo de 1636, Felipe IV había decidido el nombramiento, en secreto, de don Juan como Gran Prior de la Religión de San Juan en Castilla y León, por no alcanzar la edad suficiente. Este se hizo efectivo en 1642, en San Lorenzo de El Escorial, si bien don Juan no podía profesar con plenos derechos hasta 1645, con motivo de cumplirse su decimosexto aniversario.
Meses después, el Papa ratificaba la recepción de la dignidad prioral por parte de don Juan de Austria.A.G.S., Estado, leg. 3.267, fol. 167. Breve expedido por Roma en 13 de junio de 1643. Sin embargo, según los estatutos eclesiásticos, todo prior, para poder ejercer su gobierno plenamente, debía cumplir dos condiciones: tener más de treinta y un años y quince de hábito. Don Juan, en 1644 tenía quince años y apenas dos de hábito, por lo que no podía gobernar los prioratos sin la asistencia de un teniente, de ahí que se solicitara una persona para que le asistiera convenientemente.
En el otoño de 1643, el rey, con el beneplácito del Consejo, decidió el paso de don Juan a Flandes como gobernador y capitán general de los Países Bajos. Sin embargo, el desagrado manifestado en medios flamencos ante el paso de un gobernador tan joven e inexperto, impidió que el proyecto se llevara a cabo finalmente.
El 28 de marzo de 1647 recibió de su padre el título de Príncipe de la Mar, el cual llevaba aparejado el gobierno de todas las Armas marítimas:
Don Juan se trasladó a Sanlúcar de Barrameda con el fin de mantenerse lo más próximo posible al lugar de anclaje de la Armada, dispuesto a embarcarse en el momento en que llegaran las oportunas órdenes.
Don Juan José en Nápoles Antecedentes de la revuelta napolitana thumb|200px|left|La plaza del Mercado de Nápoles el día 7 de julio de 1647, cuando estalló la revuelta encabezada por Masaniello, obra de Michelangelo Cerquozzi u Viviano Codazzi.
En diciembre de 1646, en medio de un ambiente de epidemias, hambre y sequía, el virrey de Nápoles, duque de Arcos, impuso una gabela sobre la fruta, alimento y principal comercio de la población napolitana. Ante las protestas del pueblo, el virrey prometió en varias ocasiones quitar la gabela, pero la promesa se fue dilatando indefinidamente. En 1647, apareció quemada la garita donde se cobraba dicho tributo, al mismo tiempo que llegaba el aviso de la sublevación de Palermo.
El tumulto se inició en el mercado, entre los vendedores y compradores de fruta y estos alborotos fueron creciendo hasta trasladarse al propio palacio del virrey, objeto de múltiples destrozos.
El 7 de julio de 1647 un pescador, Tommaso Aniello o Masaniello, reunió a numerosos jóvenes, que llegaron hasta el palacio del virrey solicitando la caída de las gabelas. La muchedumbre obligó al duque de Arcos a huir al Castel Sant'Elmo. Nápoles se convirtió en una inmensa hoguera bajo el mando de Masaniello.
Ante el terrible cariz que adoptaban los acontecimientos, el duque de Arcos se vio obligado a conceder la suspensión de las gabelas e, incluso, se avino a recibir a Masaniello, quien pidió calma al pueblo. Para celebrar la jura de las nuevas concesiones, se preparó una ceremonia a la que acudieron el virrey, Masaniello, los ministros del Consejo Colateral y el cardenal Ascanio Filomarino, arzobispo de Nápoles. Este roce con los poderes fácticos acabó tiranizando a Masaniello, al tiempo que el pueblo se cansaba ya de sus crueldades. Fue asesinado mientras arengaba a una muchedumbre en el mercado el 16 de julio de 1647.
Tras la muerte de Masaniello, la revuelta adoptó un carácter separatista apoyada por la Francia del cardenal Mazarino, cuyos bajeles y galeones se acercaban a Nápoles.
De esta manera los napolitanos se manifestaban abiertamente contra el rey de España y aclamaban, en su lugar, al duque de Guisa, Enrique de Lorena, que pronto y de incógnito llegó a Nápoles.
Al frente de la Armada y acciones emprendidas en Nápoles El 17 de abril de 1647, Felipe IV había expedido un despacho destinado a su hijo Juan en el que le ordenaba embarcarse en Cádiz para dirigirse, en principio, a Menorca. Su misión fundamental sería averiguar el estado y disposición de las armas navales francesas. La Armada de don Juan constaba de seis galeras de la escuadra de España, gobernadas por Luis Fernández de Córdoba y Arce, gentilhombre de la Cámara de don Juan, treinta y un bajeles de guerra y ocho de fuego, al mando de don Jerónimo Gómez de Sandoval, Capitán General de la Armada del Mar Océano.
Llegaron, entre tanto, despachos reales con noticias sobre la llegada a Barcelona de dieciocho galeras, cuatro navíos y otras embarcaciones menores francesas con más de ocho mil infantes que, previsiblemente, intentarían el ataque a Tarragona o Tortosa.
Juan José prosiguió con rapidez el viaje, pasando por Peñíscola, donde supo que el príncipe de Condé había mudado su primera disposición de situarse sobre Lérida, y que las galeras y navíos, que habían porteado gente y artillería dos veces a Barcelona, habían regresado a Francia.B.N.M. Mss, 2.378, fol. 53
Al llegar don Juan a Tarragona se encontró con la confirmación de la noticia; no obstante, permaneció allí para mayor seguridad de Tortosa, Lérida y la propia Tarragona.
Estando la Armada en Tarragona, llegó un correo de Madrid con orden de Su Majestad para que Su Alteza, con la Armada, pasase a Italia, aunque no se publicó a qué efecto. Se pensó en socorrer Nápoles por temor de que las manifestaciones alcanzaran allí la envergadura que habían adquirido ya en Cataluña y Portugal. Así pues, Juan José prosiguió su viaje hacia Italia, con órdenes precisas de luchar contra la Armada francesa, la encontraban durante los días de su navegación.
Tras numerosos incidentes causados por las condiciones meteorológicas que retrasaron el viaje, el 1 de octubre de 1647 tuvo lugar la llegada de la Armada a Nápoles. El duque de Arcos informó a Juan José de todo cuanto estaba aconteciendo en el reino. thumb|200px|Juan José de Austria por Anselm van Hulle, Bibliotheek van het Vredespaleis (La Haya). El 12 de octubre de 1647, Juan José se reunió con los ministros del gobierno político, los cuales acordaron que el remedio más eficaz para poner fin a tan dolorosos acontecimientos era, sin duda, la negociación, siempre y cuando se ocupara personalmente de ella el propio Juan José y no el duque de Arcos, todavía virrey, puesto que este era odiado por el pueblo y despertaba su mayor desconfianza.
Mientras se iniciaban las conversaciones con los cabecillas de la revuelta, don Juan ordenó el desembarco de unos tres mil infantes de la Armada para ocupar los puntos clave de la ciudad. Por fin, el pueblo eligió cuatro representantes para que establecieran negociaciones con Juan José, los cuales le expusieron las peticiones de la ciudad que se resumían en los siguientes cuatro puntos: Entrega del Castel Sant'Elmo. Dimisión del duque de Arcos como virrey de Nápoles. Concesión de una amnistía general. Confirmación y ejecución de las capitulaciones juradas por dos veces por parte del virrey, y nunca cumplidas.
Don Juan se mostró dispuesto a hacer concesiones siempre y cuando el pueblo manifestara su buena voluntad.
Sin embargo, la revuelta napolitana, en el otoño de 1647, se había ya convertido en un movimiento de tintes separatistas gracias, fundamentalmente, a la colaboración francesa.
Finalmente, y gracias al apoyo de la nobleza, el rey destituyó a Arcos del virreinato, otorgando al bastardo las riendas del Gobierno napolitano. De esta forma, Felipe IV mandó publicar una cédula aprobando la toma de posesión del virreinato de Nápoles por parte de don Juan, pero sin considerarla de forma definitiva:
Además, mediante una misiva fechada el 11 de enero de 1648, el rey otorgaba plena facultad a su hijo «para que haga lo que juzgare expediente y conductible a la tranquilidad». Por otra parte, y en nombre del rey podía «tratar, ajustar, disponer y concluir con el fidelísimo pueblo de Nápoles y otros del Reino, todo lo que pareciese conveniente al intento referido, sin exceptuar cosa por extraordinaria que sea».Plenipotencia otorgada por el Rey a don Juan, fechada el 11 de enero de 1648.Esta plenipotencia daba absoluta libertad a don Juan a la hora de ajustar plenamente la paz con Nápoles.
El 27 de enero de 1648, el duque de Arcos embarcó y abandonó definitivamente Nápoles.