La asignación oficial de los nombres de los satélites naturales es responsabilidad, desde 1973, de la Unión Astronómica Internacional (en inglés International Astronomical Union o IAU), en concreto, de un comité para la nomenclatura del sistema planetario (actualmente, el Grupo de Trabajo para la Nomenclatura del Sistema Planetario, en inglés, Working Group for Planetary System Nomenclature, conocido por sus siglas WGP
Antes de la formación del WGPSN, la elección de los nombres fue determinada en la mayoría de los casos por los descubridores de los satélites, aunque a algunos satélites no se les dio nombre hasta muchos años después de su descubrimiento (por ejemplo, Titán fue descubierto por Christiaan Huygens en 1655, pero no fue nombrado hasta 1847, casi dos siglos después).
Antes de que la IAU asumiese la responsabilidad de la nomenclatura astronómica, solo veinticinco satélites tenían un nombre de uso generalizado, y que aún utilizan.La Luna; Fobos y Deimos; Io, Europa, Ganímedes, Calisto y Amaltea; Mimas, Encélado, Tetis, Dione, Rea, Titán, Hiperión, Jápeto, Febe y Jano; Ariel, Umbriel, Titania, Oberón y Miranda; Tritón y Nereida. Desde entonces, se han nombrado 419 satélites más: 95 satélites de Júpiter, 274 de Saturno, 28 de Urano, 16 de Neptuno, 5 de Plutón, 1 de Eris, 2 de Haumea y 1 de Makemake. El número seguirá en aumento a medida que los descubrimientos de los sondas actuales sean documentados y se descubran nuevos satélites.
En la Asamblea General de la UAI en julio de 2004,. el WGPSN sugirió que pudiera ser aconsejable no nombrar los pequeños satélites, ya que la tecnología CCD permite descubrir satélites muy pequeños, hasta de 1 kilómetro de diámetro. Hasta la fecha, sin embargo, se han asignado nombres a todos los satélites descubiertas, con independencia de su tamaño.
Nombramiento de los satélites según objeto del sistema
La Tierra
Todas las lenguas humanas tienen una palabra para designar la Luna de la Tierra, siendo esos vocablos los normalmente utilizados en contextos astronómicos, aunque se han utilizado también buen número de nombres fantásticos o mitológicos (y en contextos no astronómicos se ha utilizado un número aún mayor de epítetos de la Luna). En el , se aludía a la Luna a veces como Proserpina. En inglés su nombre es "moon", pero —especialmente en contextos de ciencia ficción— se ha usado a veces el nombre de origen latino "luna"; probablemente por analogía con los nombres científicos de los planetas, o por asociación con el adjetivo "lunar" (que sí existe en ese idioma). En la terminología técnica, palabras derivadas del término «seleno-» (del griego, selēnē, «luna») y de «cynthi-» (de Cynthia, un epíteto de la diosa Artemisa) se utilizan a veces para referirse a la Luna, como en selenografía, selenología y pericynthion.
Marte
Los satélites de Marte (Fobos y Deimos) fueron nombrados por Asaph Hall en 1878, poco después de que los descubriera. Llevan el nombre de los hijos del dios Marte (el equivalente romano del dios griego Ares).
Júpiter
Los satélites galileanos de Júpiter (Io, Europa, Ganímedes y Calisto ) fueron nombrados por Simon Marius poco después de su descubrimiento en 1610. Sin embargo, a finales del esos nombres habían caído en desuso, y durante bastante tiempo fue más común referirse a ellos en la literatura astronómica simplemente como «Júpiter I», «Júpiter II», etc, o como «el primer satélite de Júpiter», «el segundo satélite de Júpiter», etc.
En la primera década del , los nombres de Io, Europa, Ganimedes y Calisto habían vuelto a recobrar popularidad, pero los satélites descubiertos más tarde, numerados, por lo general con números romanos V (5) al XII (12), se mantuvieron sin nombre. Por convención popular, aunque no oficial, Júpiter V, descubierto en 1892, recibió el nombre de Amaltea, utilizado por vez primera por el astrónomo francés Camille Flammarion.USGS Astrogeology Research Program, Gazetteer of Planetary Nomenclature .
Los otros satélites (descubiertos entre 1904 y 1951) fueron, en la inmensa mayoría de la literatura astronómica, simplemente dejados sin nombre. No se propuso ningún nombre hasta que Brian G. Marsden propuso una nomenclatura para estos satélites en 1955.. Aunque los nombres de 1955 tuvieron una aceptación inmediata en algunos sectores (por ejemplo, en la ciencia ficción y en los artículos de divulgación científica), rara vez fueron usados en la literatura astronómica hasta la década de 1970.
Entre 1955 y 1975 se realizaron otras dos propuestas para nombrar esos satélites, ambas hechas por astrónomos soviéticos (E. I. Nesterovich, en 1962, y Yu. A. Karpenko, en 1973). Ambas propuestas no fueron bien recibidas por la comunidad astronómica.
En 1975, tras el descubrimiento en 1974 del satélite Júpiter XIII por Charles Kowal, el Grupo de Tareas para la Nomenclatura del Sistema Solar exterior (en inglés, Task Group for Outer Solar System Nomenclature) de la IAU concedió nombres a los satélites V-XIII, y previó un proceso de designación formal para los futuros satélites a descubrir. En ese nuevo proceso, Júpiter V continuó como Amaltea, Júpiter XIII fue nombrado Leda de acuerdo a una sugerencia de Kowal, y todas las propuestas anteriores para los siete satélites VI-XII fueron abandonadas en favor de los nuevos nombres, de acuerdo con un esquema sugerido por el filólogo alemán Jürgen Blunck.
Los nuevos nombres recibieron una considerable protesta de algunos sectores: Kowal, a pesar de sugerir un nombre para Júpiter XIII, era de la opinión de que los satélites irregulares de Júpiter no deberían ser todos nombrados; Carl Sagan señaló que los nombres elegidos eran extraordinariamente oscuros (un hecho que Tobias Owen, presidente del Grupo de Tareas, admitió que fue intencionado en una respuesta a Sagan) y sugirió su propio nombre en 1976; éstos conservan algunos de los nombres de la propuesta de 1955.
Las propuestas se resumen en la siguiente tabla (datos de Icarus)
Número Propuesta de 1955 Brian Marsden Propuesta de 1962 E. I. Nesterovich Propuesta de 1973 Yu. A. Karpenko Propuesta de 1975 Comité de la IAU Propuesta de 1976 Carl Sagan Júpiter VI Hestia Atlas Adrastea Himalia Maia Júpiter VII Hera Hercules Ida Elara Hera Júpiter VIII Poseidon Persephone Helena Pasífae Alcmene Júpiter IX Hades Cerberus Leda Sinope Leto Júpiter X Demeter Prometheus Latona Lisitea Demeter Júpiter XI Pan Dedalus Danae Carmé Semele Júpiter XII Adrastea Hephaestus Semele Ananké Danae
La práctica actual es que los nuevos satélites de Júpiter descubiertos se deben nombrar según las amantes mitológicas del dios Júpiter (Zeus). Un convenio también ha surgido entre las otras lunas, por el que a las lunas progrado se les den nombres terminados en «a» o en «o», y a las lunas retrógradas nombres que terminan en «e». En 2004, dado que se seguían descubriendo nuevos satélites de Júpiter, estas normas se consideraron excesivamente restrictivas. En la Asamblea General de la UAI de julio de 2004, por lo tanto se permitió a la WGPSN que los satélites de Júpiter volvieran a ser nombrados según los descendientes de Zeus, además de sus amantes y favoritas, que habían sido la fuente anterior de nombres. Todos los satélites de Júpiter desde el XXXIV (Euporia) llevan el nombre de las hijas de Zeus.
Saturno
En 1847, los entonces siete satélites conocidos de Saturno fueron nombrados por John Herschel. Herschel nombró los dos satélites más interiores (Mimas y Encelado) según los gigantes mitológicos griegos y los cinco exteriores según los titanes (Titan, Jápeto) y titánides (Tetis, Dione, Rea), de la misma mitología. Hasta entonces, Titán era conocida como «el satélite huygeniana (o huyghenian) de Saturno» y los otros satélites eran denominados con números romanos en orden de distancia a Saturno. Los siguientes descubrimientos de satélites de Saturno siguieron el esquema de Herschel: Hiperión fue descubierto poco después, en 1848, y el noveno satélite, Febe fue nombrado por su descubridor, en 1899, poco después de su descubrimiento: eran el nombre de un titán y una titánide respectivamente. El nombre de Jano fue sugerido por su descubridor, Audouin Dollfus.
La práctica actual de la UAI para los nuevos satélites interiores descubiertos es continuar con el sistema de Herschel, nombrando según titanes o sus descendientes. Sin embargo, el creciente número de satélites que fueron descubiertos en el de nuevo llevó a la IAU a elaborar un nuevo esquema para los satélites exteriores. En la Asamblea General de la UAI de julio de 2004, el WGPSN permitió que los satélites de Saturno tuvieran nombres de gigantes y monstruos en otras mitologías de la antigüedad greco-romana. Los satélites exteriores recibieron de forma natural un nombre en tres grupos: un grupo lleva el nombre de gigantes nórdicos; otro de gigantes celtas y el último de gigantes inuit. El único satélite que no se ajusta a este esquema es Febe, que está en el grupo de gigantes nórdicos.
Urano
El esquema de numeración romano de los satélites de Urano varió durante un tiempo considerable. Sir William Herschel pensaba que había descubierto hasta seis satélites y tal vez incluso un anillo. Durante casi cincuenta años, el instrumento de Herschel fue el único con el que se habían sido vistos esos satélites.Herschel, J.; On the Satellites of Uranus, Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, Vol. 3, No. 5 (March 14, 1834) pag. 35–36. En la década de 1840, mejores instrumentos y una posición más favorable de Urano en el cielo llevaron a observaciones esporádicas de satélites adicionales, de Titania y Oberón. Algunas publicaciones dudaron entre las denominaciones de William Herschel (en que Titania y Oberón eran Urano II y IV) y las de William Lassell (donde a veces eran I y II).Lassell, W.; Observations of Satellites of Uranus, Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, Vol. 8, No. 3 (January 14, 1848), pp. 43–44 Con la confirmación de Ariel y Umbriel, Lassell numeró del I al IV los satélites de Urano hacia afuera, y así quedaron definitivamente.Lassell, W.; Letter from William Lassell, Esq., to the Editor, Astronomical Journal, Vol. 2, No. 33 (signed November 11, 1851), pag. 70.
Las dos primeros satélites de Urano, descubiertos en 1787, no recibieron nombre hasta 1852, un año después de que otros dos satélites hubiesen sido descubiertos. La responsabilidad de la denominación fue tomada por John Herschel, hijo del descubridor de Urano. Herschel, en lugar de asignar nombres de la mitología griega, nombró los satélites según los espíritus mágicos de la literatura inglesa: las hadas Oberón y Titania de la obra de William Shakespeare, El sueño de una noche de verano, y los silfos, Ariel y Umbriel de la obra de Alexander Pope, The Rape of the Lock (Ariel es también un duende en La Tempestad de Shakespeare). El razonamiento presumiblemente fue que Urano, dios del cielo y el aire, estaría asistido por los espíritus del aire.
Los siguientes nombres, en lugar de seguir el tema de los "espíritus del aire" (solo Puck y Mab continuaron la tendencia), se centraron en material de origen de Herschel. En 1949, el quinto satélite, Miranda, fue nombrado por su descubridor, Gerard Kuiper, según un personaje totalmente mortal en La Tempestad shakespeareana. La práctica actual de la UAI es que el nombre de los satélites sea el de personajes de las obras de Shakespeare y de The Rape of the Lock (aunque hasta hoy solo Ariel, Umbriel, y Belinda tienen nombres extraídos de este último poema, siendo los restantes de Shakespeare). Al principio, los satélites ultraperiféricos fueron todos nombrados según los personajes de La tempestad, pero tras nombrar a Margarita, de la obra Much Ado About Nothing esa tendencia se terminó.
Neptuno