Sutatenza es un municipio colombiano, ubicado en la provincia del oriente del Departamento de Boyacá, a una distancia de 118 km de la ciudad de Tunja, la capital del departamento.
Toponimia
El nombre de Sutatenza es de origen chibcha, Suta - bajar y Tenza - Tenzucá, significa en lengua indígena «soberano» y «bajar» respectivamente; es decir "Bajada a la casa del Cacique", o "Detrás del Boquerón", cita en la monografía del Magisterio de Sutatenza con ocasión del bicentenario del municipio, página 19. Sutatenza se considera un nombre “Fisiotopónimo”, referido a rasgos de la naturaleza.
Historia Época muisca
La región del Valle de Tenza es "cuna de zaques y centros político-religiosos de los cacicazgos Muisca. Fue escenario de dinámicas culturas que culminaron antes de la conquista, en organizaciones de cacicazgos y capitanías que recibieron a los españoles, para ser finalmente organizados en encomiendas y resguardos, cuya influencia perduró con el paso de los años, en las costumbres y el mestizaje del campesino valletenzano. Las minas fueron, en los primeros años de conquista, un foco de atracción para los foráneos y su explotación se vio favorecida por las bondades del clima, la disponibilidad de mano de obra y la fertilidad de la tierra, factores que convirtieron al Valle de Tenza en un lugar preferido de la colonización europea. A mediados del se montaron en el bajo Valle de Tenza los primeros ingenios de caña de azúcar. Estas dos circunstancias originaron una fuerte presión sobre las tierras desde los primeros años del periodo Colonial y a la vez un rápido mestizaje que superaba a todas las demás regiones del altiplano cundiboyacense. Así, según el censo realizado por el visitador Angulo Cartejón, en 1562, el 93% de la población del bajo Valle de Tenza era mestiza.
El mito chibcha de la creación del mundo sucedió en parte en este espacio geográfico de Boyacá, al principio todo era caos y oscuridad, solo existían los caciques de Sogamoso y su sobrino el de Ramiriquí, quienes para poblar la tierra hicieron a los hombres de barro y a las mujeres de hierba hueca.
El cacique de Sogamoso ordenó a su sobrino el de Ramiriquí, que subiese al cielo y alumbrara al mundo, y así lo hizo, pero viendo que la noche seguía sumida en la oscuridad, el mismo Sogamoso subió al cielo y se convirtió en luna. A partir de ahí brotó la tierra y fue el comienzo de un gran imperio.
Bochica, anunció que mucho después de su llegada vendría un redentor que llevaría al pueblo Muisca a un mejor bienestar espiritual y material, el cual nacería de una princesa chibcha virgen, la que sería fecundada directamente por los rayos del sol. La profecía se cumplió muchos años después en una población no lejana, Guachetá y el redentor anunciado se llamó Goranchacha, que quiere decir "Dios hecho carne". Cuando cumplió la mayoría de edad se trasladó a Ramiriquí y en compañía de Fonsaque se dedicó a renovar el culto, consagró el abrigo rocoso de la Guacamaya en el templo sagrado "Baganique", dedicado al sol y fundó un centro de formación de altos estudios religiosos y administrativos. En este sitio siguieron desarrollándose rituales hasta la llegada de los conquistadores. Goranchacha, viendo que el Valle de Baganique no era un lugar militarmente estratégico decidió trasladar la capital a un sitio más alto. Para este menester delegó a Suncanua nacido en Ramiriquí, el cual escogió el sitio donde hoy se encuentra Tunja a donde se trasladó la capital de los Zaques; desde entonces, Ramiriquí dejó de tener importancia administrativa, pero conservó la importancia religiosa hasta la llegada de Hernán Vanegas, en 1541, quien quemó y saqueó el templo de Baganique y los tesoros de la cueva de la Guacamaya.
Cada pueblo Muisca tenía como líder a un cacique y se dividía en capitanías llamadas "Utas" o "Sybyn" de acuerdo con su tamaño. Cada capitanía ocupaba una aldea bajo el mando de un capitán y se caracterizaba por sus actividades económicas especializadas, tales como la producción de textiles, la alfarería y la orfebrería. Los capitanes, así como los caciques heredaban su cargo por línea matrilineal y tenían derecho exclusivo al uso de ciertas prendas (por ejemplo mantas coloradas) y a ser alimentados por la comunidad. En tiempo de siembra y de cosecha, los caciques y capitanes recibían tributo de los miembros de su comunidad. La agricultura fue una de las principales actividades de los pueblos indígenas del valle de Tenza, destacándose los cultivos de maíz, turmas o papas (Solanum tuberosum), frutales (aguacate, chirimoya, guayaba, naranja, piña, papaya), legumbres, hayo (coca), algodón, yuca, batata (malanga), ahuyama, ají. La provincia de los Teguas además proveía maní, miel de abejas y pescado. El maíz, el hayo y el algodón fueron los principales productos de comercio e intercambio entre los poblados del Bajo y Alto Valle de Tenza.
En el bajo Valle de Tenza, además se destacó la práctica del tejido en algodón con las cuales se hilaban mantas "chingas y de la marca" (utilizadas para el pago de contrataciones, tributos, compras e intercambios). La relación entre las diferentes comunidades del Valle de Tenza era en general pacífica y estaba fortalecida por vínculos de exogamia entre muchas de ellas; la participación en los mercados, por ejemplo, estaba abierta a todas las comunidades. Los conflictos armados entre los Muiscas generalmente se iniciaban debido al interés de una confederación en expandir su dominio territorial o aumentar su prestigio; en consecuencia, los conflictos bélicos terminaban con el desplazamiento territorial de las comunidades perdedoras, o en su incorporación a la confederación triunfante. En efecto, según los cronistas, el momento de la conquista coincidió con movimientos indígenas expansionistas por parte de los dos cacicazgos principales del altiplano, el Zaque de Tunja y el Zipa de Bacatá. Este hecho radicalizaba las fronteras entre las dos fuerzas, como la que hoy conforma el límite entre Cundinamarca y Boyacá, en el Valle de Tenza.
La conquista del Valle de Tenza
A la llegada de los españoles, una población estaba organizada en la región del Valle de Tenza mediante un sistema político jerarquizado, en el que existían especialistas, políticos y artesanos de tiempo completo, así como mercados regulares. En estos mercados no solamente se realizaban transacciones económicas; los caciques participaban activamente en ellos y acudían para "dar respeto" a los líderes políticos de mayor importancia, participar en ceremonias religiosas y reforzar pactos de alianza.
El Cacique Turmequé, tenía a su cargo la plaza de armas y fronteras con los Bacataes, por ello estaban sujetos a Turmequé los cacicazgos de Somondoco con 12 capitanías, Guateque con 3 capitanías, Sutatenza con 5 capitanías, Tenza con 7 capitanías, Garagoa con 7 capitanías, Ubeita con 6 capitanías y Súnuba con 4 capitanías. Al tomar posesión del cercado del Zipa, el 20 de abril de 1537, Quesada tuvo conocimiento de la existencia de unas minas de esmeraldas que explotaba el cacique Sumindoco. Marcharon en busca del mineral tan anhelado, pasaron por Guatavita, Sesquilé y Chocontá, el 9 de junio de 1537. De este caserío se dirigieron a la conquista del Valle de Tenza. Los expedicionarios abandonaron Chocontá y se dirigieron al cacicazgo de Turmequé; a su llegada el 20 de julio de 1537, fueron tan bien recibidos que incluso creyéndoles dioses les tributaron culto. Los españoles lo denominaron Valle de las Trompetas, por cuatro que hicieron sus pobladores de unas pailas viejas.
Enviando al Capitán Fernández Valenzuela a inspeccionar las minas, este regresó con algunas esmeraldas y con noticias de que desde allí se divisaban los llanos de San Juan (Llanos Orientales). Inmediatamente salieron de Turmequé y pasando por Icabuco (hoy veredas de Altamisal, Boquerón, Pavas, Molino y Chuscal del municipio de Umbita), entraron al Valle de Timisuca (habitado por los poblados de Chiramita, Ubeita y Guaneca), acampando en Garagoa. Allí se comisionó al capitán Juan de San Martín para que buscara un paso a los llanos. Llegó San Martín al poblado de los Teguas en el Lengupá, última capitanía Muisca (territorio político administrativo del Cacicazgo de Guanatá), donde los torrentosos ríos Upía y Lengupá les impidieron su avance hacia los llanos. Luego de veinte penosos días regresó San Martín a Garagoa.
Son numerosos los pueblos indígenas reseñados en el Valle de Tenza por los españoles, algunos de los cuales prevalecieron hasta la colonia como encomiendas y aún hoy permanecen como nombres de municipios, veredas o sitios. Entre ellos se han podido consignar, Alto Valle de Tenza, Baganique, Icabuco, Sutamanga (Suta), Piranguatá, Chiguatá, Furaquira, Soconsaque, Pachaquira, Tibaná, Chiriví, Rique, Boyacá, Rupaguatá, Piranguata, Viracachá, Juyasía, Ramiriquí, Turmequé y Ciénaga. Bajo Valle de Tenza, Chiramita, Ubeita, Tenisuca y Guaneca, cerca de Garagoa; Gacha, Súnuba, Ruisui y Jçucanzá cerca de Sutatenza; Quinchagoches, colinas y Guacomas cerca de Somondoco y Teguas hoy Campohermoso.
Virreinato
Las primeras leyes de sometimiento y de organización territorial emanadas de la Corona Española se basaron en la constitución de la Encomienda, que consistía en el pago que la Corona Española hacía al Conquistador por su labor y entregaba a este un número de pueblos indígenas, quienes debían pagarle un determinado tributo, del cual un porcentaje iba a la Corona, otro al pago de curas doctrineros y construcción de capillas para la evangelización de los indios y el porcentaje mayor lo tomaba el encomendero. De esta forma, fueron varios los encomenderos que pasaron por la región del Valle de Tenza, se conoce, por ejemplo, que hasta 1601, los encomenderos habían sido Alonso Domínguez, Diego García Pacheco, Luís de Sanabria, Pedro Gómez, Villalobos, Pineda, el Capitán Gonzalo Suárez, Cristóbal de Roa y Don Juan de Zárate. En Somondoco fueron Don Luís de Monsalve, Don Francisco Maldonado y Don Rodrigo Maldonado de Mendoza.
En 1621 el encomendero de Guateque era Luís Cabeza de Vaca. Paralela a la institución de la Encomienda existió otra, el Resguardo, que consistió en la delimitación territorial de los terrenos que le correspondían a cada cacique y su gente. Al interior del mismo debían constituirse en forma de aldea, alrededor de la iglesia doctrinera, las viviendas de todos los indígenas al mando de un cacique. A estos semi-cascos urbanos y sus tierras aledañas, se les constituyó en Pueblos de Indios que tenían su legislación propia y se gobernaban a través de cabildos indígenas, etc. De esta manera era más fácil su dominio y el cobro de tributos, pero a la vez se les "resguardaba" y protegía ante las inclemencias sociales del dominio español.
Los primeros resguardos que se delimitaron en el Valle de Tenza fueron los de Boyacá, Ramiriquí, Tibaná, Turmequé, Viracachá y Somondoco, en 1604, con la visita de Luís Enríquez. Durante esta misma visita los indios de Guateque fueron enviados para Sutatenza, hecho que generó una gran disputa y resistencia negándose la mayoría de ellos al traslado. De igual forma, a los indígenas de Chiramita, Ubeita y Guaneca los trasladaron para Garagoa y a los Quinchagoches, Colimas, Guacomas y Súnubas los agregaron a Somondoco (parece que con más éxito) razón por la cual desaparecieron como pueblos.
A finales del , empezaron las políticas de agregación de pueblos indígenas con la intención de liberar tierras para mestizos y blancos. Esta política tuvo su más fuerte empuje a finales de la época virreinal (1775 - 1778) con las políticas borbónicas, época en que se vendieron la mayoría de las tierras de Resguardo de Boyacá. En esta región la ejecución de la Ley estuvo a cargo de José M. Campuzano y Lanz, bajo el mandato de Francisco Antonio Moreno y Escandón. Los antiguos pueblos de indios y sus resguardos se fueron erigiendo en "parroquias de blancos", fechas que por lo general se consideran como las de fundación.