Las guerras bizantino-otomanas o guerras romano-turcas fueron una serie de conflictos bélicos entre los pueblos túrquicos y el Imperio Romano de Oriente que se libraron a lo largo de cuatro siglos, desde mediados del siglo hasta la caída de Constantinopla en 1453. Estas guerras influyeron en los estados beligerantes, y también fueron una de las causas de las Cruzadas, condujeron a la destrucción del Imperio bizantino -nombre que se le da al Imperio romano de oriente por historiadores modernos— y permitieron al Imperio otomano volverse una de las principales potencias de la época.

Las primeras escaramuzas entre bizantinos y turcos se remontan a mediados del siglo , cuando grupos turcos compuestos de oğuz y selyúcidas se asentaron en la frontera oriental del Imperio bizantino. La instalación permanente de los turcos en el antiguo territorio del Califato abasí del 1055 en adelante permitió a los selyúcidas expandirse a costa de los bizantinos. La victoria selyúcida en la batalla de Manzikert junto con las guerras civiles bizantinas facilitaron la colonización turca de Asia menor. La ascensión al trono bizantino de la casa de los Comneno y la Primera Cruzada obligaron a los selyúcidas a ceder parte del territorio conquistado en la parte occidental de la península, pero los bizantinos no lograron recuperarla.

El declive bizantino de finales del siglo condujo a la pérdida de territorios de los que se adueñaron los selyúcidas. Estos no pudieron aprovechar la división del imperio surgida de la Cuarta Cruzada debido tanto a su derrota en Antioquía del Meandro como a las invasiones mongolas, que precipitaron el reparto de sus territorios en diversos Estados.

A partir de 1261 y la reconquista bizantina de Constantinopla, arrebatada a los latinos, los diferentes emires turcos que sustituyeron a los selyúcidas en la región fueron apoderándose de territorio bizantino de manera que, a principios del siglo , dominaban casi toda Anatolia, aun a pesar de la intervención de la Gran Compañía Catalana. Fue el Emirato otomano el que más provecho sacó de los apuros bizantinos. Conquistó Nicea y Nicomedia hacia 1330. Muy pronto los otomanos atravesaron el Bósforo y se instalaron también en Europa, donde sometieron progresivamente a todos los Estados cristianos de la península balcánica. A partir de 1389, durante el reino de Bayaceto I, Contanstinopla sufrió un bloqueo que solo algunos aventureros occidentales lograron burlar en ocasiones. Por entonces, el Imperio bizantino había quedado reducido a Constantinopla y sus alrededores y al Despotado de Morea. La derrota de Bayaceto en la batalla de Ankara de 1402 frente a Tamerlán debilitó el imperio, que durante la década siguiente se sumió en una guerra civil y sufrió la rebelión de los emiratos sometidos hasta entonces. El Imperio bizantino no pudo aprovechar apenas esta coyuntura y pronto su situación volvió a la que tenía antes de la derrota otomana de 1402. Tras un primer asedio infructuoso de Constantinopla en 1422, los otomanos conducidos por Mehmed II lograron apoderarse de la capital bizantina en 1453, hecho que marcó el final de lo que aún subsistía del Imperio romano.

Causa de la confrontación entre selyúcidas y bizantinos Los turcos son originarios de Asia Central, de los territorios que corresponden modernamente a los Estados de Kazajistán, Uzbekistán, Turkmenistán, Kirguistán y Tayikistán. Durante varios siglos, sus tierras hicieron frontera con el Califato abasí. Estos pueblos no pertenecían a una entidad política común, sino que se agrupaban en varias tribus que se repartían el territorio descrito (como los qarluqs y oğuz). Algunos se convirtieron paulatinamente al islam, aunque otros mantuvieron sus prácticas religiosas ancestrales, similares al chamanismo. Los contactos entre musulmanes y turcos eran escasos, pero los califas abasíes adoptaron la costumbre de reclutar turcos para su guardia personal. Esta tradición, que comenzó con el califa Mamun, hizo que poco a poco los turcos comenzasen a participar en las intrigas abasíes y a participar en las decisiones políticas del califato. Por otra parte, a finales del siglo surgieron los primeros Estados turcos realmente cohesionados, que sufrieron, sin embargo, la expansión del Imperio mongol, que empujó a sus habitantes a trasladarse al oeste.

Asentamiento de los turcos en territorio musulmán

Los gaznávidas

miniaturadeimagen|Extensión de los territorios gaznávidas hacia 1040. La dinastía samánida contrató mercenarios turcos. Algunos se aprovecharon de ello para acrecentar su poder e incluso adueñarse de ciertos territorios. Fue el caso de Sebuk Tigin de Gazni, fundador de la dinastía gaznaví, que amplió sus dominios cuando todavía era súbdito de los samánidas. Su sucesor, Mahmud de Gazni, que reino del 998 al 1030, hizo de Gazni su capital, realizó incursiones en territorio indio —como lo había hecho ya su predecesor— y afianzó su autonomía. Sus sucesores se esforzaron en consolidar su señorío, situado al sur del Amu Daria, en el antiguo territorio samánida. Los numerosos ataques que sufrieron les obligaron a aceptar el protectorado de los selyúcidas.

Los qarajánidas

miniaturadeimagen|Dominios qarajaníes. Esta otra tribu turca logró adueñarse de los territorios samaníes de la cuenca del río Tarim. Los qarajánidas se repartieron las tierras de los derrotados samaníes con sus aliados los gaznávidas; ocuparon Transoxiana. Al contrario de lo ocurrido en los dominios gaznávidas, en Transoxiana tuvo lugar una gran inmigración oğuz, que produjo una especie de sincretismo entre las tradiciones iraníes y las turcas.

Surgimiento y ascenso de los selyúcidas Los selyúcidas adoptaron su nombre del jefe oğuz Selyuq, un converso al islam. Este y sus hijos entraron al servicio de los qarajaníes a finales del siglo . Mahmud de Gazni venció a la tribu y deportó gran parte de ella (la encabezada por Arslan-Israíl, uno de los hijos de Selyuq) al Jorasán; la otra parte se refugió en las tierras a orillas del mar de Aral. Arslan-Israíl, enviado al oeste por Mahmud, se asentó en las fronteras del Imperio bizantino, donde comenzó a suponer una amenaza para este. Mientras, en el centro del Jorasán, los hijos de Arslan-Mijaíl (otro de los hijos de Selyuq), Tugrïl Beg y Cagri Beg invadieron el territorio de los gaznávidas, del que se apoderaron tras la batalla de Dandanaqan en 1040.

Tugrïl Beg (1040-1063) se adueñó de la parte occidental del territorio gaznaví. Prefirió concertarse con los turcomanos instalados hacia Azerbaiyán y Armenia, que suponían un peligro, y conquistar las fortalezas bizantinas fronterizas, sin amenazar todavía la integridad del Imperio. Entró en Bagdad en 1055 y obtuvo el título de sultán en recompensa por haber combatido contra los emires de la dinastía búyida. Devino el protector del Califato abasí y afianzó la legitimidad de los selyúcidas.

Los turcomanos conquistaron Armenia, incluida la ciudad de Ani, en la misma época, en 1064; luego se anexionaron los territorios georgianos en 1068. Penetraban cada vez más profundamente en territorio bizantino en busca de botín. Pese a los intentos de Tugrïl Beg y de Alp Arslan por calmar el ardor turcomano por Anatolia para concentrarse en la conquista de Egipto, los señores selyúcidas se centraron cada vez más en apoderarse de aquella.

Situación del Imperio bizantino antes de la llegada de los selyúcidas miniaturadeimagen|derecha|El Imperio bizantino en tiempos de Basilio II. Después de las conquistas de Basilio II (976-1025), que robustecieron considerablemente el imperio a finales del siglo y principios del , este se fue desintegrando progresivamente. Aun así, los bizantinos realizaron aún algunas conquistas tras la muerte de Basilio, entre ellas la toma de Edesa. Constantino VIII (1025-1028), hermano y sucesor de Basilio, dejó el poder en manos de los eunucos de palacio, en detrimento de los jefes militares, que lo habían controlado con Basilio, lo que produjo un intenso resentimiento entre los dos grupos. A la muerte de Constantino en 1028, obtuvieron el trono una serie de soberanos esposos y adoptados, cuya política contribuyó a debilitar el imperio. Así, el reinado de Romano III (1028-1042) se caracterizó por confabulaciones palaciegas de las que él mismo fue víctima. El fenómeno se repitió durante el reinado de Miguel V, derrocado por unos disturbios.

La llegada al poder de Constantino IX (1042-1055) en 1042 coincidió aproximadamente con las primeras incursiones selyúcidas en las fronteras orientales del Imperio. El reinado de Constantino IX resultó desastroso para Bizancio, en especial por la ruina del tesoro acumulado principalmente por Basilio II. Como se lo confesó a Pselos,Michel Psellos, Chronographie, éditions Les belles lettres Constantino consideraba el cargo imperial como una sinecura en la que podía dedicarse a divertirse. Frente a esta situación los turcos se acercan progresivamente. Entre otros las conquistas recientes (toma de Edesa, invasión progresiva de georgianos y Armenia) destruyeron los estados tapón que separaban el Imperio bizantino del Imperio turco para constituir ciertamente regiones bizantinas, pero debilitadas por las guerras y por una administración deficiente. Un ejemplo de esta carencia administrativa es dado por una medida de Constantino IX previendo reemplazar el servicio de guardia de las fronteras caucásicas - que incumbía a los iberos- por un nuevo impuesto. Pero como los aristócratas que se beneficiaban de inmensas dotaciones en la región vivían la mayoría de las veces en Constantinopla, los defensores no eran suficientemente numerosos para contener las invasiones turcas; a esto se suma la degradación del sistema de los stratoias. Estos paisanos soldados aseguran un servicio militar a cambio de tierras que ellos explotan, lo que les permite la compra del material militar necesario. Pero poco a poco la aristocracia autóctona se extiende en detrimento de los stratoias que ven sus tierras compradas y se convierten en siervos. La potencia militar decae poco a poco bajo el reinado de los succesores de Basilio II, que ya no buscan más frenar la progresión de la aristocracia de la tierra. Al contrario, temerosa de la guerra, la nobleza civil que gobierna procede a una disminución de los efectivos armados.

Primeros conflictos entre turcos y bizantinos

De los primeros combates a la derrota de Manzikert miniaturadeimagen|Miniatura medieval de la batalla de Manzikert, grave derrota bizantina. En 1048 ocurrió la primera incursión turca en territorio bizantino. La liga entre bizantinos y georgianos permitió batir a los selyúcidas acaudillados por Ibrahim Yinal en la batalla de Kapetrou. La captura del príncipe georgiano Liparit motivó una tregua entre el Imperio bizantino y Tugrïl Beg, que aceptó liberar al cautivo. La paz, sin embargo, era frágil. A partir del 1052, Tugrïl aprovechó la guerra en que Bizancio estaba enfrascada contra los pechenegos para emprender una campaña por los territorios orientales del imperio. Emprendió una campaña militar entre 1053 y 1054 en Vaspurakan, pero fue vencido de nuevo y no pudo conquistar Manzikert.