Septimania () es una región histórica situada en el sur de la actual Francia. Se refería a la parte occidental de la provincia romana de la Galia Narbonense, que pasó a manos de los visigodos en el año 462, cuando Septimania fue cedida a su rey, Teodorico II. Durante la Alta Edad Media, la región se conocía como Galia Narbonense, Galia o Narbonense. El territorio de Septimania se corresponde aproximadamente con la antigua región administrativa francesa actual de Languedoc-Rosellón, que se fusionó con la nueva región administrativa de Occitania. En el Reino visigodo, que llegó a centró en Toledo para finales del reinado de Leovigildo, Septimania era tanto una provincia administrativa del gobierno real central como una provincia eclesiástica cuyo metropolitano era el arzobispo de Narbona. Originalmente, es posible que los godos mantuvieran su dominio sobre los habitantes de Albiga, pero de ser así, fue conquistada en tiempos de Chilperico I. Existe evidencia arqueológica de que algunos enclaves de población visigoda permanecieron en la Galia franca, cerca de la frontera septimaniana, después del año 507.

La región de Septimania fue invadida por los musulmanes andalusíes en el año 719, rebautizada como Arbūnah y convertida en base militar para futuras operaciones por los comandantes militares andalusíes. Pasó brevemente al Emirato de Córdoba, que se había expandido desde el sur durante ese mismo siglo. Con el tiempo, los francos cristianos expulsaron a los árabes y bereberes musulmanes de Septimania y conquistaron Narbona en el año 759, siendo el sitio final liderado por el rey carolingio Pipino el Breve, quien llegó con refuerzos. Septimania se convirtió en una marca del Imperio carolingio, rebautizada por ellos en el como Gothia o la Marca Gotica. Luego se convirtió en parte de Francia Occidental hasta el , aunque mantuvo una autonomía cultural y política respecto del gobierno real central con sede en el norte de Francia. La región se encontraba bajo la influencia de los habitantes de los territorios condales de Tolosa, Provenza y el antiguo Condado de Barcelona. Formaba parte de la región cultural y lingüística más amplia que abarcaba el tercio sur de Francia, conocida como Occitania. Esta zona quedó finalmente bajo el control efectivo de los reyes franceses a principios del como resultado de la Cruzada albigense, tras la cual se le asignaron gobernadores. A finales del , Septimania se convirtió en la provincia real de Languedoc.

El nombre «Septimania» podría derivar del nombre romano de la ciudad de Béziers, Colonia Julia Septimanorum Baeterrae, que a su vez alude al asentamiento de veteranos de la Séptima Legión romana en la ciudad. El nombre también puede aludir a las siete ciudades (civitates) del territorio: Béziers, Elna, Agda, Narbona, Lodève, Maguelonne y Nimes. Septimania se extendía hasta una línea a medio camino entre el Mediterráneo y el río Garona al noroeste; al este, el Ródano la separaba de Provenza; y al sur, su límite lo formaban los Pirineos.

Origen del nombre El origen del nombre Septimania ha sido objeto de debate entre historiadores, y existen varias teorías al respecto:

Una de las teorías más aceptadas sugiere que el nombre Septimania proviene de la colonia romana "Colonia Julia Septimanorum Beaterrae", el nombre dado a la ciudad de Béziers en honor a los veteranos de la Legio VII Claudia, una legión romana que se estableció en la región en el Según esta interpretación, el nombre Septimania aludiría a estos soldados veteranos y su establecimiento en Béziers.

Otra teoría propone que Septimania hace referencia a las siete ciudades o diócesis importantes de la región durante la época tardo-romana y visigoda: Narbona, Nimes, Agde, Béziers, Elne, Lodève y Mauguio. Estas ciudades tenían un papel destacado tanto en la administración eclesiástica como en la organización territorial del período, por lo que Septimania se interpretaría como la «tierra de las siete ciudades».

Una interpretación adicional, menos frecuente, sugiere que el nombre pudo derivarse de la «Diocesis Septem Provinciarum», una división administrativa del Bajo Imperio romano que incluía la provincia de Galia Narbonense. Aunque la región de Septimania no coincidía exactamente con las siete provincias originales de la diócesis, esta interpretación puede haber influido en la denominación del territorio.

El término Septimania siguió utilizándose hasta el , cuando fue progresivamente reemplazado por Languedoc, término que designaba a la región en torno a la lengua occitana, el idioma hablado en la zona.

Historia Fundación y época visigoda Septimania en el 537.|miniatura|upright=1.3 En 462, el debilitado Imperio Romano de Occidente cedió el control de Septimania al rey visigodo Teodorico II como parte de un acuerdo para que los visigodos defendieran la región de posibles invasiones bárbaras. Este tratado incorporó Septimania al Reino Visigodo de Tolosa, cuya capital estaba en Toulouse. La región, con su capital en Narbona, servía como una importante vía de comunicación entre el reino visigodo en la Galia y los ostrogodos en Italia, facilitando así alianzas estratégicas y el comercio entre ambas naciones góticas.

Durante los primeros años del dominio visigodo, Septimania experimentó una mezcla de culturas galo-romana y visigoda, y se convirtió en un centro donde florecieron la agricultura y el comercio. La religión oficial de los visigodos era el arrianismo, en contraste con el catolicismo de la mayoría de la población local. Esto generó tensiones religiosas y culturales que perduraron durante décadas.

Tras la decisiva derrota visigoda en la Batalla de Vouillé en 507 frente a los francos de Clodoveo I, los visigodos perdieron gran parte de sus territorios en la Galia, lo que obligó al reino a trasladar su centro de poder a Toledo en la península ibérica. Sin embargo, Septimania permaneció bajo control visigodo y se convirtió en la última porción de la Galia aún gobernada por los visigodos. Este enclave, aunque pequeño, permitió al reino visigodo mantener una conexión con la Galia y seguir presente en el contexto político de la región.

Septimania desempeñó un papel importante en las continuas disputas entre los visigodos y los francos durante el . Los francos intentaron repetidamente expandirse hacia el sur para tomar la región, pero los visigodos lograron mantener su control, en parte gracias al respaldo de los ostrogodos. Esta resistencia contribuyó a que Septimania se consolidara como un baluarte visigodo, que preservaba tanto la cultura gótica como sus leyes.

Período islámico En 719, las fuerzas musulmanas de al-Ándalus, bajo el mando del valí Al-Samh ibn Málik, cruzaron los Pirineos y avanzaron hacia el norte, ocupando la región de Septimania. Su capital se estableció en Narbona, que fue renombrada como Arbuna. Narbona se convirtió en una importante base militar y administrativa, desde la cual los musulmanes planearon y ejecutaron operaciones de expansión hacia la Galia meridional.

A partir de Narbona, las fuerzas musulmanas consolidaron su control sobre otras ciudades clave de la región, entre ellas Béziers, Agde, Lodève, Magalona y Nîmes, logrando una ocupación efectiva de la mayor parte de Septimania. En esta época, los musulmanes permitieron a los habitantes cristianos y judíos practicar su religión a cambio de pagar el yizya o impuesto de no-musulmanes, lo que facilitó la estabilidad en la región.

Sin embargo, en 721, cuando Al-Samh intentó expandir su dominio hacia Aquitania, encontró una fuerte resistencia en la batalla de Tolosa frente a las tropas del duque Odón el Grande de Aquitania. Esta batalla resultó en una gran derrota para las fuerzas musulmanas, en la cual Al-Samh fue gravemente herido y murió poco después en Narbona. La derrota en Tolosa marcó un límite significativo en la expansión musulmana hacia el norte de Septimania.

Pese a la derrota en Tolosa, la presencia musulmana en Septimania continuó durante varias décadas. Las fuerzas islámicas mantuvieron el control de Narbona y las principales ciudades de la región, utilizando la red portuaria de Narbona para reabastecer sus fuerzas y mantener una conexión con al-Ándalus. Los conflictos con los francos y aquitanos continuaron intermitentemente hasta que, en 732, los musulmanes sufrieron otra derrota significativa en la batalla de Poitiers a manos de Carlos Martel, lo que finalmente debilitó su dominio en la región.

En 759, tras años de intermitentes conflictos, Pipino el Breve consiguió recuperar Narbona y expulsar definitivamente a las fuerzas musulmanas de Septimania, marcando el fin de la presencia islámica en la región y estableciendo Septimania como una marca del Imperio Carolingio. Esta recuperación de Septimania por parte de los francos se considera un paso importante en la Reconquista de los territorios al norte de los Pirineos.

Conquista franca y control carolingio En 732, el avance de los ejércitos musulmanes en Europa occidental fue detenido en la célebre batalla de Poitiers, en la que el líder franco Carlos Martel logró una victoria decisiva que marcó un punto de inflexión en las incursiones musulmanas al norte de los Pirineos. A pesar de este revés, los musulmanes lograron mantener el control de la estratégica ciudad de Narbona y de otras zonas de Septimania, desde donde resistieron a las incursiones francas durante varias décadas.

En 737, Carlos Martel emprendió una campaña para recuperar Septimania. Aunque logró sitiar Narbona y ganó la batalla del Berre contra las fuerzas musulmanas, no pudo tomar la ciudad debido a la resistencia combinada de la guarnición musulmana y de algunos habitantes visigodos locales que preferían el control musulmán a la dominación franca. Martel finalmente se retiró sin lograr la conquista total de la región.

No fue hasta 759 que el hijo de Carlos Martel, Pipino el Breve, logró conquistar Narbona. Pipino convenció a la población local, compuesta en gran parte por visigodos, de que bajo su dominio se respetarían sus leyes y tradiciones, ganándose así su apoyo y facilitando la rendición de la ciudad sin resistencia significativa. Con la conquista de Narbona, los francos lograron expulsar a las últimas fuerzas musulmanas de Septimania, consolidando el control carolingio sobre la región.

Tras la conquista, Septimania se integró en el Imperio carolingio y fue establecida como una marca defensiva, a menudo denominada la "Marca de Gotia". Esta franja de protección servía como barrera contra futuras incursiones musulmanas desde el sur y como zona de influencia carolingia en el área fronteriza entre el reino franco y al-Ándalus. La región de Gotia incluía varios condados, entre ellos los de Narbona, Nîmes, Agde, Béziers y Mauguio, que estaban gobernados por condes nombrados por el emperador carolingio.

Durante los siglos y , la Marca de Gotia desempeñó un papel crucial en la expansión carolingia hacia la península ibérica y en la creación de la Marca Hispánica, una serie de territorios fronterizos al sur de los Pirineos bajo control franco. La administración carolingia promovió la construcción de fortalezas y la creación de monasterios que actuaban como centros de influencia religiosa y cultural en la región.

El control franco sobre Septimania y la Marca de Gotia se mantuvo hasta bien entrado el , cuando el poder carolingio comenzó a debilitarse y la región empezó a fragmentarse en entidades feudales que, aunque nominalmente leales al imperio, actuaban con una considerable autonomía.

Incorporación a la Corona de Francia