El movimiento llamado Nueva narrativa chilena de los noventa corresponde a un grupo de escritores que alcanzan notoriedad en Chile al comenzar la década de 1990. Las figuras que habitualmente se asocian al grupo son Gonzalo Contreras, Alberto Fuguet, Arturo Fontaine Talavera, Carlos Franz, Ana María del Río, Carlos Cerda, Darío Oses, Marco Antonio de la Parra, José Leandro Urbina, Sergio Gómez, Pablo Azócar, entre otros. Obras emblemáticas del grupo son las novelas Santiago cero de Franz; La ciudad anterior, Gonzalo Contreras; Sobredosis (cuentos) y Mala onda, de Fuguet; Oír su voz, de Fontaine; Siete días de la señora K, de Ana María del Río; Morir en Berlín, de Cerda y Gente al acecho (cuentos) de Jaime Collyer.

Origen La nueva narrativa no constituye un movimiento formado en torno a un manifiesto común. El nombre fue dado por el periodismo cultural del momento a un grupo de autores disímiles, que se precian de su diversidad, de explorar caminos diferentes. Algunos han tratado explícitamente de desmarcarse de este rótulo. Sin embargo, los unen algunos criterios estéticos compartidos, aunque nadie ha sido capaz de señalar con verdadera precisión cuáles serían estos.

Se trata de narradores que tomaron distancia de la tradición del realismo mágico, que todavía esa era la forma habitual de encarar una novela en la época en que ellos emergen. Los seguidores de Gabriel García Márquez encontraban en ese entonces un público ya constituido que esperaba otra novela de ese estilo. Por otra parte, en los círculos más sofisticados intelectualmente se cultivaba la novela experimental, en la línea del nouveau roman de Alain Robbe-Grillet, por ejemplo. La trama y los personajes se difuminaban y el protagonista lo asumía la exploración del lenguaje reflexionando acerca del lenguaje. En contraste con estas dos tendencias, la nueva narrativa presenta cuentos y novelas que buscan ser buena literatura, y en las que no hay realismo mágico, y sí hay trama y personajes.

El movimiento según los críticos

El crítico David GallagherColumnas de Gallagher en El Mercurio; acceso 02.08.2002 en su artículo Creating a new Chile (Creando un nuevo Chile), sostiene que estos autores “no están jugando para una galería internacional y no están obligados, por lo tanto, a desplegar estereotipos acerca de lo que Chile debería o no debería ser.”David Gallagher. Creating a new Chile, The Times Literary Supplement, julio, 9, 1993, pg. 24. Se trata de un fenómeno surgido en Chile y sin el aval del éxito en el extranjero. Destaca en Fuguet su estilo “vivaz, coloquial y agradable de leer”. En Mala onda el protagonista “no se rebela por la gruesa banalidad de la invasiva cultura de masas norteamericana sino porque la réplica no se parece suficientemente al original”. Las vicisitudes de Matías Vicuña, narradas en un lenguaje absolutamente creíble y muy veloz, permiten asomarse a la angustia del adolescente desorientado por un mundo que no entiende y no le calza, y en el que la búsqueda de un encuentro real con el padre juega un papel central. La novela hace guiños a The Catcher in the Rye, de J.D. Salinger. José Leandro Urbina señala la “marcada ambigüedad entre lo que se rechaza y lo que se desea, objeto de permanentes fantasías que culminan en pura pasividad, en una especie de fatalismo determinista, y que hace que la decisión última del personaje respecto a su identidad se dé casi por inercia.”

Subraya Gallagher, en La ciudad anterior de Contreras, sus efectos depresivos “acumulativos” que “permanecen en la memoria como un impactante retrato del Chile provinciano que ha sido dejado de lado, y también como una metáfora tersa de lo que es la melancolía universal”. La vida de su protagonista y narrador, Carlos Feria, es de una tristeza plana, tediosa y aplastante. El primer encuentro amoroso con Teresa ocurre en un cementerio… Dice Gallagher que aunque la novela es breve se siente larga como una obra mayor por la sugerente sordidez del mundo que crea. La crítica y el público acogieron con enorme interés la novela de Contreras, que obtuvo el premio de la Revista de Libros 1991 de El Mercurio.Novelistas: quedan sólo cinco días, Revista de Libros de El Mercurio, 07.08.2011; acceso 02.08.2012 José Donoso, uno de los miembros del jurado, destacó “su tono muy contemporáneo, de escritura inteligente y desgarrada que traza personajes y lugares que por su desolación intrigan, conmueven y convencen.”Guillermo Gotschlich. 'La ciudad anterior' de Gonzalo Contreras: metáfora del desencanto, en el libro editado por Verónica Cortínez Albricia: La novela chilena de fin de siglo, Cuarto Propio, Santiago, 2000, pg.110 Guillermo Gotschlich sostiene que “uno de los niveles más significativos de La ciudad anterior se expresa a través del viaje por el sentido expiatorio que asume este motivo”.

Oír su voz, de Fontaine, proporciona, según Gallagher, “un soberbio retrato del Chile en rápida transformación de los años 1980… Pero no es un mero documento. Si, como lector, uno ha estado recién entre intelectuales que discuten 'el concepto de ficción', uno está más alerta cuando es llevado a la sala del directorio. Después de un rato de regateo en la mesa de dinero, uno se sonríe cuando los intelectuales discuten si el arte está en la mente o en la cosa. La yuxtaposición de los diferentes mundos permite ver a través de ellos…” Para Mario Vargas Llosa es “una novela ambiciosa y profunda que recorre todos los secretos de la sociedad chilena”.Contratapa de la reedición de Oír su voz publicada, Alfaguara, 2003

La sutil ironía implícita en el relato es lo que le da filo a la novela y la aparta por completo de lo documental. La novela requiere un lector alerta y no ingenuo. El académico Roberto Hozven plantea que es un “narrar” como “simular que se habla de los datos…”, un “realismo translúcido, y no realismo social o verismo”.Roberto Hozven. 'Oír su voz': ¿Novela social o realismo translúcido? , Anales de Literatura Chilena, Nº1 diciembre 2000; acceso 02.08.2012 “Los acontecimientos son mostrados desde el ángulo de Pelayo, un observador implacable”. A propósito del momento histórico en el que transcurre, la novela explora los recovecos y misterios del poder político y económico así como del erotismo de cualquier lugar. “De alguna manera, este deseo insatisfecho del narrador protagonista se identifica con el de la novela, es decir, con el deseo inquieto que los lectores establecen con la novela…Los circuitos emblemáticos del adulterio de Oír su voz son tres: uno va de Pelayo a Adelaida, un segundo va de Aliro Toro a la máquina financiera y el tercero es el de los lectores: nuestra mórbida complicidad con su mundo glamoroso y siniestro. Los tres cumplen sus batallas de amor”.

“Oír su voz ofrece algo bastante raro en la literatura: un cuadro auténtico, no prejuiciado del mundo de los negocios” y “el sexo es descrito con un gozo escaso en la lengua española, particularmente en Chile, donde la prosa del Opus Dei es más común”, gozo cuya extrema intensidad está ligada, sin embargo, a la culpa, escribe Gallagher para el que este obra es indudablemente la “estrella de las nuevas novelas chilenas”. Jorge Edwards, por su parte, hace notar que “su estilo es agudo, conciso, inteligente. A veces parece contagiado por el nerviosismo, por el permanente y sorprendente cambio de situaciones… una picaresca del dinero”.Jorge Edwards. Novelas impuras, El País, 24.11.1992; acceso 02.08.2012

Casi todos estos narradores han leído literatura europea y norteamericana, en especial anglosajona. Aparte de los maestros latinoamericanos como Borges, Cortázar, Rulfo, Onetti, Vargas Llosa, Fuentes, Donoso, Puig, entre otros, estos escritores han leído con especial cuidado a Vladimir Nabokov, Philip Roth, V.S. Naipaul, Julian Barnes, Martin Amis, Bret Easton Ellis, Ian McEwan, Raymond Carver, Hanif Kureishi, J.M.Coetzee. El estilo varía bastante de un autor a otro, pero se busca una prosa convincente, clara, directa. En los relatos de Gente al acecho, Jaime Collyer cultiva un estilo irónico, divertido, y siempre ágil. “Pone por delante un narrador ameno, displicente, informado y liviano de sangre, de frases rápidas, de buena ilación, ilustradas e ingeniosas.”Arturo Fontaine, Historias de Chile, Página/12, Primer Plano, 2 de mayo de 1993, pg.8. Del grupo es el que con mayor frecuencia recrea personajes y escenarios cosmopolitas. En el caso de Sobredosis y Mala onda de Fuguet, su proyecto requiere recoger el habla juvenil y su jerga propia. En La ciudad anterior, en cambio, Contreras trabaja un prosa elegante, insinuante, y, a la vez, sobria, sencilla y precisa, valga la paradoja.

Un nuevo público

La nueva narrativa chilena creó un público para relatos realistas o neorrealistas y fantásticos, muchas veces cosmopolitas y contemporáneos, en los que el mundo latinoamericano ya no es visto desde lo pintoresco, arcaico y rural. En muchas de estas novelas se investiga la llegada de las formas de vida de la globalización y los cambios y fracturas, ilusiones y pérdidas, que causa en una sociedad a medio camino entre el subdesarrollo tradicional y el desarrollo. Los desgarros de la modernización, las tensiones entre el centro dominante y la periferia mimética, los efectos de la globalocalización son temas que estos autores indagan en sus novelas. En tal sentido las inquietudes presentes en sus textos se pueden vincular a las que se encuentran en la obra de V.S. Naipaul, J.M. Coetzee y Orhan Pamuk, por mencionar algunos.

Patricia Poblete, al analizar la obra de Jaime Collyer, Gonzalo Contreras, Carlos Franz y Roberto Bolaño, dice que estos escritores “se hacen cargo en sus obras de la crisis existencial propia de un sujeto que hemos llamado posmoderno. Esta crisis se manifiesta en fenómenos como el individualismo y el desapego emocional, la orfandad dilatada, el consumismo, el narcisismo, etc. Todo ello enmarcado —con más o menos énfasis, según el autor— en una época que señala el fin de los relatos omnicomprensivos y la caída de las utopías colectivas. Hablamos, en todos los casos, de una literatura de la posmodernidad, que surge bajo su alero y la reproduce en sí misma, con todos los huecos y contradicciones que aquella adopta en los países en vías de desarrollo”.Patricia Poblete. El balido de la oveja negra: La obra de Roberto Bolaño en el marco de la nueva narrativa chilena. Memoria para optar al grado de doctor, Universidad Complutense de Madrid, 2006, pg.401

A Bolaño —que aunque nació en Chile, emigró a México en su temprana adolescencia y después se radicó en España—, en general, no se lo considera como integrante de este grupo, porque nunca más volvió a vivir en su país natal y también porque su fama se expande desde Europa más bien hacia fines de los años 90, algo después de la irrupción de la nueva narrativa en Chile. Pese a ello, hay diversos puntos en común, como los señalados, y que comienzan a investigarse.

Analizando la obra de Fuguet, el académico Luis E. Cárcamo afirma que “en su narrativa, la velocidad con que se superponen los ambientes y la presencia frecuente de diálogos rápidos, en frases breves y/o ligeras, constituyen las condiciones retóricas que le permiten desterritorializar, descontextualizar y diluir las referencias de sus escenarios narrativos. Si la temporalidad de la narrativa de Fuguet es la de la circulación intensiva, también el tramado de los espacios obedece a dicho flujo paroxístico de los signos en la urbe del libre mercado. Lo que emerge en su cartografía ficcional es el espacio trans…”Luis E. Cárcamo-Huechante. Tramas de mercado, Editorial Cuarto Propio, pg.228