La red vial del Tahuantinsuyo, también conocida como red vial inca, fue un extenso sistema de caminos desarrollado por el Tahuantinsuyo en los Andes centrales. En su apogeo, conectaba regiones y centros urbanos de lo que hoy son Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y Argentina. Su longitud total superaba los 30 000 kilómetros. Las principales rutas, que sumaban más de 5 200 km de longitud, son conocidas como el «camino real», el «camino del inca» o el Cápac Ñan (en la ortografía contemporánea del quechua sureño: qhapaq ñan).El término <capac ñan> (en ortografía moderna quechua: qhapaq ñan) aparece como correspondencia del término hispánico camino real (i.e. ‘vía principal’) desde los primeros diccionarios quechuas. Ñan es, por supuesto, ‘camino’; mientras que qhapaq aparece glosado como "rey o emperador" (Domingo de Santo Tomás, 1560) o como "rey, rico, poderoso, ilustre" (Anónimo, 1586). Así, el compuesto correspondía exactamente a su contraparte castellana de "camino real". No es claro si el compuesto es prehispánico o un calco de los misioneros a partir del español. Este sistema es considerado patrimonio de la humanidad por su importancia histórica y cultural.
Aunque su origen se remonta a culturas preincaicas, la red vial alcanzó su mayor desarrollo durante el auge del Tahuantinsuyo. Posteriormente continuó utilizándose durante la etapa colonial. El diseño de la red se basaba en dos ejes longitudinales: uno que recorría la cordillera de los Andes y otro que cruzaba la costa del océano Pacífico. Desde estos ejes, una serie de caminos secundarios interconectaban los territorios del imperio, lo que facilitaba no solo el transporte de personas y bienes, sino también la integración política, administrativa, socioeconómica y cultural del Tahuantinsuyo. Todos los caminos convergían en Cusco, la capital del Tahuantinsuyo.
Gracias a su gran extensión geográfica, la red vial permitía la conexión de localidades distantes, como Quito, Cusco y Tucumán, lo que facilitaba la movilidad dentro del Imperio. Tras la conquista española en el , los europeos aprovecharon estos caminos para desplazarse a través de los Andes, utilizándolos como rutas estratégicas en los territorios de Perú, Bolivia, Chile y Argentina.
En 2014, gracias a una iniciativa conjunta de Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú, la Unesco declaró el Qhápac Ñan Patrimonio de la Humanidad, reconociendo su importancia como una obra de ingeniería sin igual en América precolombina. El nuevo sitio consta de 274 componentes (137 tramos independientes enumerados en la declaración) y se extiende a lo largo de más de 5000 kilómetros.
Cabe destacar que el popular "camino inca", que une Cusco con el histórico santuario de Machu Picchu, representa solo una pequeña fracción de la vasta red del Qhapaq Ñan. En total, la red de caminos incas alcanzaba hasta 60.000 kilómetros, equiparable en magnitud con otras rutas históricas, como la Ruta de la Seda o la Gran Muralla china.
Historia
thumb|320px|left|El camino entre el templo de Pachacámac y el Apu Pariacaca es anterior a la conquista incaica. Si bien existieron varios caminos construidos por civilizaciones complejas, es durante el Tahuantinsuyo cuando la red vial se incrementa notablemente. En la foto se observa una parte de la escalinata que subía hasta el nevado Pariacaca. thumb|320px|left|Calzada incaica. Gran parte del camino del Inca y algunas redes viales transversales estuvieron cubiertas por bloques de piedra o lajas.
Antecedentes
Varios de los caminos que actualmente se observan en el área andina ocupada por el Tahuantinsuyo tuvieron un origen preinca, y fueron construidos por entidades políticas de alta complejidad como Tiahuanaco o Huari; otros caminos menores, en cambio, los construyeron pequeños grupos étnicos que trataron de unir centros de culto o templos regionales. Tal es el caso del camino construido entre el templo de Pachacamac (frente al mar) y el «apu» Pariacaca, nevado localizado a más de 5700
La cantidad y longitud de los caminos de la época preincaica se vieron limitadas por las constantes tensiones y el ambiente de guerra que vivían los señoríos y Estados; la construcción de caminos era peligrosa y solo se ejecutaban algunos tramos durante períodos de tregua. Antes de la llegada de los incas, los caminos eran exclusivamente locales; fue con su llegada y poder centralizador cuando la red vial se amplió a grandes magnitudes.
Tahuantinsuyo
Cuando los incas empezaron a conquistar el resto de los pueblos de Sudamérica, el dominio del espacio para la construcción de caminos quedó enteramente a disposición de la etnia cuzqueña; a partir de este momento las redes viales se incrementaron exponencialmente hasta cubrir una extensión que posiblemente alcanzó los 60 000 kilómetros.
Los incas aprovecharon la red viaria existente de culturas anteriores, mejorándola y expandiéndola; especialmente la de la cultura Huari (800-1200 d. C.), que dominó gran parte del Perú precolombino.
El inicio de las grandes obras viales fue llevado a cabo por orden expresa del Inca Pachacútec. Este soberano vio la necesidad de construir caminos con el objetivo de mantener el control sobre los territorios anexados, ya que de esa manera los funcionarios y las tropas se podían trasladar más rápidamente.
Según lo señala Juan de Betanzos, antes de que Pachacútec iniciase su gobierno se lo observaba pintando y dibujando caminos y puentes, especificando a los orejones cuzqueños la manera en que había que construirlos. La obra de Pachacútec fue continuada por sus sucesores. La red vial incaica la componían tres elementos básicos: las calzadas y bordes de los caminos, los puentes y los depósitos.
La red vial era indispensable para la organización incaica, no solo para trasladar ejércitos y funcionarios sino también para la movilización de los «mitimaes», el desplazamiento de los «chasquis» y el transporte de productos cosechados en los territorios conquistados por los incas (en cada territorio existían tierras específicamente destinadas para que su producción fuera trasladada al Cuzco; estas cosechas eran almacenadas en los «tambos»). Partiendo desde el Cusco, el Qhapaq Ñan permitía recorrer los cuatro «suyos del imperio incaico» (del quechua suyu: 'región' o 'territorio') que constituían el Tahuantinsuyo:
al norte el Chinchaysuyo, ocupado por grupos como los chincha, chimúes o yungas y pastos; al sureste el Collasuyo, ocupado por aymaras, qollas y puquinas; al suroeste el Contisuyo, ocupado por grupos como los conti o conde, collaguas y colonos de origen puquina; y al oriente el Antisuyo, ocupado por los antis (las actuales poblaciones nativas de la Amazonia).
El Qhapaq Ñan permitió el control económico y político de estos pueblos. Al mismo tiempo, permitió su integración, el intercambio y movilización estatal de diversos productos, la transmisión de valores culturales, el acceso a los diferentes santuarios incaicos y el desarrollo de prácticas comunes; fue además un símbolo del poder imperial cusqueño y de su expansión a lo largo de Sudamérica, que incluyó cuatro países andinos actuales: Bolivia, Chile, Ecuador y Perú, además del caribeño Colombia y el rioplatense Argentina.
Arquitectura
Puentes
thumb|320px|En la foto el puente colgante de Q'eswachaca hecho de una fibra de ichu denominada «qoya ichu». La renovación de este puente se hace mediante un ritual de 4 días que se ha mantenido desde el periodo incaico.
thumb|320px|Puente inca tendido sobre el río Pucayacu, conecta a los distritos ancashinos de Llama y Yauya. Alberto Regal en sus investigaciones cataloga a los puentes incaicos sobre la base de las técnicas de elaboración de la siguiente manera: colgantes, flotantes, de madera, de piedra y oroyas.
La construcción de puentes se hacía indispensable debido a la realidad geográfica andina. Los puentes más comunes fueron los hechos con troncos de árboles y los elaborados con trenzas de diversas fibras. En el caso de los puentes con troncos se utilizaron solo en los lugares en donde la geografía se lo permitía, y para esto era necesaria una base de piedra (dos peñones contrapuestos) que eran labrados para que los maderos encajaran. En tiempos coloniales tempranos, Miguel de Estete afirmó que a la salida de Huánuco Pampa existía un puente hecho con gruesos maderos, en tanto que cerca de Cajamarca había un puente hecho con bases de piedra y maderos muy gruesos.
Los puentes colgantes fueron los más comunes en la zona andina. Se construían con fibras vegetales que se trenzaban hasta formar cables de 50 o 60 centímetros de diámetro y se fijaban a unas sólidas bases de piedra a cada lado. Para pasar la cuerda de un lugar a otro se utilizaba otra cuerda más fina hecha de cáñamo que se denominaba «chahuar». La fibra utilizada para los puentes variaba según la región. Podía ser mimbre, tasca (Escallonia patens), lloque (Kageneckia lanceolata), ichu (Stipa ichu) o chachacomo (Escallonia resinosa); en algunas zonas se utilizó el denominado «arbusto de Chilca» (Baccharis latifolia), y en aquellas donde no había arbustos se empleó también el maguey (Furcraea andina), conocido asimismo como «pita» o «cabuya». En algunos casos los puentes tuvieron troncos tendidos para facilitar el tránsito, que la mayoría de las veces tenían fibras tejidas o entrelazadas.
Hay que acotar que la mayoría de los puentes incaicos fueron quemados durante las guerras civiles entre los conquistadores españoles y la sublevación de Manco Inca. En la Relación francesa de la Conquista (escrito en 1534) se describe que en las Indias existían poderosos ríos sobre los cuales colgaban puentes de gruesas cuerdas, y que por algunos de estos pasaban los grandes señores y por otros, el común popular.
Los ríos también se podían cruzar por medio de oroyas (denominadas también tarabitas o huaros, dependiendo de la región). Bernabé Cobo describe que estas "tarabitas" se hacían con cuerdas de ichu o lianas tan gruesas como una pierna, que se amarraban a peñas de una y otra orilla. De ellas colgaba una canasta, en la que se sentaba una persona y que se jalaba de una orilla hacia la otra por medio de una soga .
En el caso del río Desaguadero existía un puente flotante hecho por una hilera de balsas de totora cubierta por diversas plantas acuáticas secas (entre las cuales también había totora). Según testimonios recogidos por los cronistas, este puente se colocó por orden del Inca Huayna Cápac, quien consideraba indecoroso que su ejército cruzara el río en balsas.
Extensión Principales caminos 250px|thumb|right|Qhapaq Ñan 250px|thumb|right|Gran Camino inca de Áncash en rojo con los ramales longitudinales y transversales. El camino más importante era el Cápac Ñan, con una longitud de 5200 kilómetros, que se iniciaba en Quito (Ecuador), pasaba por Cuzco y terminaba en lo que hoy es Tucumán, Argentina; atravesaba montañas y sierras, con alturas máximas de más de 5000 metros. El Camino de la Costa (o Camino de los Llanos), tenía una extensión de 4200 kilómetros, iba paralelo al mar y se unía con el Cápac Ñan por muchas conexiones. Tanto en el Cápac Ñan como en el Camino de la Costa existían cada cierto tramo tambos en donde se almacenaban granos y otros alimentos que eran usados por el ejército incaico cuando salía en campaña de conquista o para abastecer a los mitimaes trasladados por orden del Inca. El ancho máximo de ambos caminos era de unos cuatro metros. Durante el incanato, todos los caminos de Sudamérica conducían al Cuzco, una de las metrópolis más importantes de América, heredera de una tradición cultural milenaria. Los incas hicieron caminos que integraban todo el imperio, a lo largo y a lo ancho. Se crearon cuatro caminos principales:
A. Caminos de la Costa Norte