thumb|200px|Telégrafo óptico restaurado de Adanero, España.

Un telégrafo óptico es un utensilio diseñado para ser visto a gran distancia configurando diversas señales por medio de un mecanismo operado por una o varias personas. Colocando varias torres en cadena podía hacerse que cada torre repitiese el mensaje de la anterior, propagándose así y recorriendo grandes distancias en un tiempo muy inferior al que requería un mensajero a caballo. Han existido diferentes modelos de telégrafo a lo largo de la historia, y en los diferentes países y el principio de funcionamiento básico de todos ellos es prácticamente idéntico. Etimológicamente, «telégrafo» es un aparato para escribir a grandes distancias (en ocasiones, este artefacto es denominado también «semáforo», del griego sema, signo o señal, y foro, llevar).

Descripción general El telégrafo óptico consiste en un aparato situado a distancia visual de otro aparato similar. El operador maneja unos controles que sitúan los elementos del telégrafo en una posición reconocible por la torre siguiente. Esta repite el mensaje, que es leído y reproducido por una tercera, y así sucesivamente. No obstante, las frecuencias vienen marcadas por el material que se emplea en su construcción.

Historia thumb|Atalaya de Torrelodones, en España, una de las almenaras construidas para vigilar los pasos de la frontera norte de al-Ándalus (siglos -) y que se comunicaban con señales de fuego en caso de ataques de los reinos cristianos. thumb|Torre de los Espejos de la Alcazaba de Almería (), donde según la tradición, se ubicaba un sistema de espejos para comunicarse con las embarcaciones que se acercaban al puertohttps://www.museosdeandalucia.es/web/conjuntomonumentallaalcazabaalmeria/-/torre-de-los-espejos. Es bien cierto que desde los inicios de la Historia, el ser humano se ha servido de medios ópticos para transmitir mensajes a gran velocidad. Ya en "La Orestíada", Esquilo narra cómo Agamenón envía noticias a los palacios del Átrida mediante hogueras durante la guerra de Troya. A finales del , Pedro IV de Aragón usa un sistema de ahumadas para comunicar movimientos de flotas o ejércitos enemigos a sus propias tropas, y Enrique III de Castilla envía un mensaje desde Toro a Segovia para anunciar el nacimiento de su heredero. Además, son de sobra conocidos los sistemas de señales de humo utilizados por algunas tribus de amerindios. No obstante, estos sistemas de comunicación visual no pueden considerarse técnicamente como telegrafía óptica por no conformar un sistema unificado con unas reglas homogéneas y regularizadas. Esto empezó a ser una realidad a finales del .

Inicios Ya en 1684 Robert Hooke presenta ante la Royal Society un sistema de telegrafía óptica que no tiene demasiada acogida.

Durante el sobreviene una serie de avances sociales, políticos, científicos y tecnológicos que confluirán en las condiciones idóneas para el desarrollo de esta técnica. En concreto, la mejora de las ópticas permitió construir utensilios para mejorar la visión a grandes distancias, lo que permitía alargar los espacios entre cada estación telegráfica y la siguiente, haciendo más económico el tendido de las redes. Las nuevas lentes acromáticas (que no presentaban aberración cromática) alcanzaban una precisión mucho mayor y su técnica de construcción permitía hacerlas mayores y con más potencia de aumento.

Además, durante la citada centuria se establece el pensamiento ilustrado en toda Europa, que hace que desde las cúpulas de poder se impulse de manera decisiva todo avance científico-tecnológico.

Así, Francia es el primero de los reinos europeos que se interesa seriamente por la telegrafía. El clima de inestabilidad existente a finales del hace que desde la corona se financie un sistema de comunicaciones rápido y eficaz que permita mejorar el control del territorio y mantener el orden. En 1792, ya en plena I República, se da luz verde al proyecto de construcción de Claude Chappe y de su hermano Ignace Chappe, que colaboró, de la primera red de telegrafía. En 1793 se le concede a Chappe, en Francia, el primer título mundial de ingeniero telegrafista como reconocimiento a sus trabajos para poner en funcionamiento estaciones repetidoras de signos gráficos y darles el nombre de telégrafo. thumb|Claude Chappe presentando su telégrafo óptico en Francia. En 1794 se transmite el primer telegrama de la Historia desde Lille a París, a lo largo de 230 kilómetros y 22 torres. El éxito de esta primera prueba es el espaldarazo definitivo a la telegrafía que en Francia llegará a tener en toda su red, una extensión de casi 5000 kilómetros.

Antes incluso del éxito de Chappe, los informes de este avance tecnológico son difundidos por los servicios de información y espionaje, y numerosos países europeos se apremian a construir sus redes telegráficas. El segundo en hacerlo es Suecia, casi a la par que Hungría. España, el Reino Unido y Alemania tampoco tardan en dotarse de este sistema de comunicación. En Estados Unidos se comienza a principios del una red de telegrafía en la costa Este, aunque no llegará a tener relevancia ya que nunca llegará a abarcar una parte apreciable de su territorio.

La telegrafía óptica en España thumb|Telégrafo Portuario del Miguelete. Catedral de Valencia.

A España llegan las primeras noticias a través de La Gaceta de Madrid, que en su número del 14 de octubre de 1794 publica los resultados de las pruebas de Chappe. Igualmente, el 4 de noviembre se da cuenta de las pruebas realizadas por el equipo del profesor del Real Observatorio de Madrid, don Salvador Ximénez Colorado en las que se corroboraron los excelentes resultados obtenidos con lentes acromáticas.

En 1799 se presentan ante Carlos IV varias propuestas de modelos de telégrafo. De todas ellas, cabe destacar la de Josef Fornell, consistente en 11 bolas de día o faroles de noche que conformarían los diferentes símbolos. Se encomendó el estudio detallado de esta propuesta a Agustín de Betancourt y Molina, que la desestimó por considerarla demasiado compleja y propensa a fallos mecánicos. Poco después, el propio Agustín de Betancourt, que gracias a sus viajes de estudios conocía los sistemas francés (Chappe) y británico (Murray), y sus defectos y carencias, diseñaría un sistema que superaba al sistema de Claude Chappe en velocidad, seguridad, fiabilidad y facilidad de lectura y manejo. Merece la pena reseñar que este sistema fue presentado ante la Academia de Ciencias del Instituto de Francia, la cual, reunida en comisión, estudió el modelo de Betancourt y emitió un juicio muy favorable, si bien se encontró con la oposición del Director de Telégrafos francés, el propio Chappe.

Un caso de uso de telegrafía óptica es el sistema que comunicó y unió el centro histórico de Valencia, en la torre el Miguelete, con el puerto durante cerca de 50 años, desde 1841 hasta finales del , del cual se expuso una réplica funcional en 2019.

Funcionamiento de la red El funcionamiento de la red comenzaba en la estación desde la que se emitía el mensaje. Se colocaba el telégrafo en una posición prefijada de alerta o de atención para "avisar" a la estación vecina y que la misma coloque su telégrafo en posición para captar el mensaje. Cuando la estación siguiente avistaba esta señal, colocaba su telégrafo en posición listo o preparado y el primer telégrafo sabía que podía comenzar a transmitir. Una vez que se comenzaba a transmitir, cada símbolo debía estar unos 20 segundos como mínimo en la posición para que la siguiente estación lo leyese correctamente y colocase su telégrafo en la misma posición, lo cual indicaba a la estación precedente que podía transmitir el siguiente símbolo del mensaje.

La vida en la torre Las condiciones de trabajo eran especialmente duras. La dotación de cada estación telegráfica se componía de tres o cuatro personas. Durante su jornada laboral, que se extendía de sol a sol, mientras hubiese luz suficiente para divisar una torre, los torreros debían mirar regularmente a las torres anterior y posterior de la línea para comprobar si alguna de ellas se encontraba en posición de atención. Los operadores desconocían la naturaleza del mensaje y simplemente se limitaban a lo que veían en la torre anterior, para que fuese copiado por la posterior.

Además de la dureza de los factores antes mencionados, la vida de los operadores de cada estación era durísima. A la dureza del clima había que añadir que las torres solían estar en lugares elevados, donde las condiciones se recrudecen, también expuestas a los rayos de tormenta. Esto se unía al hecho de que las deficiencias presupuestarias hacían que en demasiadas ocasiones muchas torres fuesen abastecidas por la buena voluntad de los habitantes de las localidades circundantes.

En España los mensajes se enviaban cifrados según un código existente en el libro de códigos, que estaba en posesión del Comandante de Línea, que era el único autorizado a la codificación y decodificación. En el mensaje se enviaba el número de página del libro, y luego un código alfanumérico que hacía referencia a una de las palabras que aparecían en dicha página. Esto hacía que la transmisión fuese mucho más rápida, eficaz y segura que si se transmitiese letra a letra.

Problemas de operación Uno de los mayores problemas que presentaba el telégrafo óptico era que el símbolo o señal producidos era plano, por lo que había de ser leído de frente. Un telégrafo visto desde un lateral no presentaba información alguna, como puede imaginarse. Esto obligaba a que los trazados fuesen casi rectilíneos y hacía que dar una curva fuese realmente complicado. De todos los sistemas existentes en Europa, los ideados por Betancourt y por Mathé fueron los que admitían mayor ángulo de visión (más de 45°), por lo que ambos sistemas fueron muy elogiados en círculos científicos del continente.

Pero el que quizá era el mayor inconveniente de este sistema de comunicación era el derivado de las lógicas inconveniencias de su medio. De noche era poco fiable y aunque se hicieron experimentos fijando faroles a los telégrafos, lo cierto es que ninguno de los prototipos superó la prueba con resultados satisfactorios en ningún país de Europa. Por otro lado, con lluvia intensa, niebla, nieve o calima se hacían prácticamente invisibles las estaciones contiguas, por lo que la transmisión había de ser interrumpida.

El proyecto de Betancourt. El germen De vuelta en España, en 1798 Betancourt obtiene de Carlos IV una Real Orden (RO de 17 de febrero de 1799) por la cual se aprobaba el proyecto de instalación de la telegrafía óptica en España.

La primera línea proyectada es Madrid-Cádiz, consistente en unas 60 o 70 estaciones, dotada con un millón y medio de reales y dirigida directamente por el propio Betancourt. No obstante, de toda esta línea solo se construye el tramo Madrid-Aranjuez, el cual comienza a ser operativo a partir de agosto de 1800. En cualquier caso, la crisis económica que atraviesa España impide que se llegue a completar el sueño de Betancourt.

El telégrafo militar de Cádiz

Sin embargo estas experiencias han sentado un precedente. En 1805 comienza a funcionar una red telegráfica militar, concebida por el teniente coronel de Ingenieros Francisco Hurtado, consistente en cuatro líneas que unían Cádiz con Sanlúcar de Barrameda, Medina Sidonia, Chiclana de la Frontera y Jerez de la Frontera, con un tramo desde esta última localidad hasta Sevilla que funcionó temporalmente. Esta red en su totalidad o en parte, estuvo en funcionamiento hasta 1820. Se acaba de restaurar en Cádiz el Telégrafo Principal que controlaba las cuatro líneas y que fue la única torre que funcionó desde 1805 hasta su desaparición en 1820.

La red en los Reales Sitios