El informe sobre la aplicación de la Estrategia Europea de Seguridad –Ofrecer seguridad en un mundo en evolución– es un documento publicado en 2008 por el Consejo de la Unión Europea.

El documento centra esencialmente su análisis en la globalización que vive el mundo en que la Unión Europea se mueve. Partiendo de una reflexión y caracterización de este proceso, que califica de intrínsecamente complejo, evolutivo y permeable, la redacción se centra rápidamente en los nuevos retos a que se enfrenta el mundo, y en particular Europa, y las nuevas posibilidades e instrumentos que un entorno cambiante ofrece o favorece.

La Estrategia centró su atención en tres objetivos fundamentales: la seguridad interior, el entorno de seguridad y el multilateralismo eficaz.

Historia La relativa antigüedad de la Estrategia Europea de Seguridad, adoptada en 2003, parecía propiciar un rediseño de dicha política que pudiera cristalizar en la adopción de una nueva y más ambiciosa estrategia, o cuando menos en una honda actualización y profundización de la misma.

Sin embargo, la diplomacia francesa -y con ella todos los Estados interesados en una mayor integración militar europea- pronto pudo comprobar por sí misma la opaca robustez de la oposición de algunos países, y particularmente el más desarrollado en capacidades militares: el Reino Unido. Frustrada por los mismos y persistentes obstáculos a que había tenido que enfrentarse en 2003 el alto representante Javier Solana, la presidencia francesa del Consejo de la Unión Europea de 2008 tuvo que conformarse con impulsar la redacción de un mero informe de evaluación sobre la aplicación y utilidad de la Estrategia, que fue finalmente aprobado por el Consejo Europeo de diciembre en Bruselas, bajo el nombre de Informe sobre la aplicación de la Estrategia Europea de Seguridad –Ofrecer seguridad en un mundo en evolución–.

Definición de los retos y las amenazas thumb|Atentado en Grozny (Chechenia).

El informe identifica y enumera como "amenazas" las más peligrosas o acuciantes derivas que se detectan -en algunos casos proliferan ya y rápidamente- y sus implicaciones negativas. Son las siguientes:

El terrorismo, que el documento relaciona con factores que denomina "estructurales", como la desigualdad, la desintegración cultural y la intolerancia que apareja, la captación y enajenación de los jóvenes, fruto de una creciente incomprensión y frustración ante el cambio de estructuras sociales que implica la globalización, etc. Asimismo señala que es precisamente esta misma globalización la que, a través de internet como fuente de comunicación inédita, ha puesto al descubierto y señalado a todo el mundo la fiereza e injusticia de estos desajustes, todo lo cual retroalimenta entre sí los eslabones de una misma cadena, cuya mecánica más perversa es el terrorismo. La proliferación de armas de destrucción masiva que, permanentemente sofisticadas por el desarrollo de la tecnología, constituyen en sí mismas una amenaza continua a la seguridad. Sin embargo, el análisis señala con preocupación la emergencia de un nuevo riesgo que, solapado hasta el momento, ha venido incrementándose hasta constituir un escenario muy posible en la actualidad: la proliferación descontrolada o secreta de estas armas y el afán de poseerlas que han mostrado diversos países de estabilidad precaria facilita cada vez más la sustracción o creación delictiva de estas armas con el fin de introducirlas el mercado negro. El paso que separa la existencia de este mercado negro del aprovisionamiento de grupos criminales con estas armas es estrechísimo. Los conflictos regionales, cuyo recalentamiento, facilitado por el abandono o la renuencia de los Estados a intervenir militar o civilmente en el exterior, podría acrecentar progresivamente la frustración, y el sentimiento de impunidad, de las partes y poblaciones involucradas, lo que unido al empobrecimiento y la fuga de riqueza y de personas que generan estos conflictos, podría facilitar e incluso empujar de facto a un recurso a la fuerza (ofensiva o de autodefensa), contribuyendo a la degeneración estructural de estas regiones, a través de la miseria y la guerra permanente. Las reacciones que la prolongación de estas situaciones promueven pueden transitar de la indignación a la violencia con rapidez. El terrorismo sería, una vez más, el último eslabón de la cadena. La Estrategia Europea de Seguridad menciona en particular, como específicos riesgos para la seguridad de la Unión y de sus ciudadanos, los conflictos en Cachemira, la región de los Grandes Lagos africanos, los problemas de Corea con sus vecinos y, fundamentalmente y como el más enquistado y socialmente permeabilizado de todos ellos, el que desangra desde hace tanto el Oriente Próximo.

thumb|Índice de gobernabilidad y Estados fallidos (FP 2009)

El debilitamiento de los Estados, que favorece la aparición de zonas y regiones donde la precariedad de las estructuras de gobierno del Estado es tal que, en los casos más extremos, se ha llegado a hablar de la existencia de "Estados fallidos" y del hundimiento de las instituciones. Todos estos problemas se presentan en países, por lo general y en cualquier caso con más gravedad, donde la debilidad del Estado es interna y sus causas son estructurales, si bien su naturaleza puede ser diversa (así la guerra, la corrupción, la impunidad judicial, el asentamiento de redes fuertes del crimen organizado, etc.). No se trataría, por tanto, de regímenes más o menos autoritarios o antidemocráticos (si bien lo esperable es que así sea), sino precisamente de la debilidad, en el peor caso la ausencia, de una autoridad pública o legal, cualquiera que fuera su legitimidad democrática o la de su gobierno. El vacío de poder que se presenta en estos lugares propicia que se adueñen de él estructuras de poder privado autoimpuestas por razón de su fuerza, que en la mayoría de los casos serán, por su propia naturaleza violenta, grupos terroristas u organizaciones criminales, que fácilmente podrán desde esa plataforma exportar sus actividades fuera de sus difuminadas fronteras. Todo esto supone un fenómeno alarmante que mina la gobernanza mundial y puede contribuir a la inestabilidad regional. La delincuencia organizada, finalmente, es ya no sólo una amenaza exterior, sino en el caso de Europa una amenaza interior fortísima, dado que el continente es no sólo uno de los destinos preferentes de muchas de las actividades criminales que se desarrollan a escala mundial -así el tráfico de drogas, la venta ilegal de diamantes, las redes de tráfico de inmigrantes, etc.-, sino que es, por sus características de comunidad política sin Estado unitario ni fronteras interiores, un espacio ideal para el tránsito de algunas de estas mercancías y para el camuflaje de estas operaciones criminales.

Los objetivos estratégicos Sigue al anterior análisis diagnóstico de la situación internacional en relación con los intereses de Europa, el planteamiento común de la estrategia que adopta la Unión frente a la realidad imperante. Con este fin, la Estrategia centra su atención en tres objetivos fundamentales, cuya consecución y consolidación deben servir como pilar para la construcción de un marco internacional seguro donde los intereses europeos puedan salvaguardarse y promoverse adecuada y equilibradamente.

La seguridad interior

La Estrategia Europea de Seguridad dirige su foco en primer término a la propia Unión Europea, a su territorio, a sus políticas -especialmente en el marco del espacio de libertad, seguridad y justicia-, a su actuación y a la de sus Estados miembros. Si bien reconoce el considerable impulso que se ha dado, a escala europea, desde todas estas instancias a las políticas de cooperación policial y judicial en materia penal (así la euroorden, el listado europeo de grupos terroristas, etc.), el documento señala la urgente necesidad de reforzar algunos de los logros obtenidos a través de nuevas políticas. Además apunta la existencia del "espacio Schengen" como una experiencia única en el mundo y una oportunidad novedosa para la aplicación de nuevos métodos de coordinación multinacional en asuntos de interior, donde el libre tránsito de personas y la supresión de las fronteras interiores ejercerían una presión motora hacia acciones cuya eficacia podría después adaptarse y aplicarse en el exterior.

Siguiendo estas recomendaciones y otras de las tácticas establecidas por la Estrategia Europea de Seguridad, la Comisaria de Asuntos de Interior, la sueca Cecilia Malmström, presentó ante el Consejo en 2009 un documento titulado "Una Europa abierta y segura al servicio de sus ciudadanos" donde se desarrollaban los objetivos y se planificaban los instrumentos del conocido como Programa de Estocolmo, presentado semanas antes por la Presidencia sueca, y que buscaba adoptar por vez primera una auténtica estrategia europea de seguridad interior. Sin embargo, este programa recibió críticas desde algunos círculos comunitarios, que lo consideraron poco ambicioso, y hubo de ser retocado y profundizado en diversos aspectos. Finalmente, bajo Presidencia española se alcanzó en febrero de 2010 un acuerdo en el Conseojo sobre el texto definitivo,Estrategia de Seguridad Interior, aprobada el 25 de febrero de 2010 que fue rebautizado como Estrategia de Seguridad Interior de la Unión Europea: "Hacia un modelo europeo de seguridad".

El entorno de seguridad

El documento señala asimismo como una de las prioridades que la Unión adopta la existencia y promoción de un lo que denomina «un entorno de seguridad para Europa». Este concepto tendría una dimensión múltiple que englobaría parámetros de vecindad espaciales o geográficos, políticos y de gobernanza, jurídicos, sociales y demográficos de naturaleza variable. Las relaciones internacionales y de vecindad de la Unión Europea, su entorno de seguridad natural vendría esencialmente condicionado por el estado y las perspectivas de su ampliación, y se focaliza en las siguientes regiones y situaciones políticas:

Los Balcanes, donde la Unión y los Estados de Europa han involucrado desde las Guerras de Bosnia y de Kósovo tales dosis de capital político y financiero que un fracaso en el camino de esta región hacia la integración comunitaria podría comprometer más que ningún otro la credibilidad y la importancia de la política exterior europea en el mundo. Señala asimismo que la cooperación activa con sus socios de la OTAN y con Rusia no es menos importante que la participación positiva de Turquía en el proceso, sin que nada de ello obste a la particular y preeminente responsabilidad que incumbe en esta área a los europeos como tales. El este de Europa, donde son tan fuertes los intereses de la Unión y tan variada su naturaleza, que exigen la creación y consolidación de unos lazos especiales, que podrían ir desde la adopción de acuerdos especiales de asociación hasta la plena integración de algunos estados, pasando por la creación de mecanismos multilaterales de cooperación regional (fortalecimiento de la OSCE), donde la paz, la seguridad y la estabilidad política y el respeto a los derechos humanos en estos países serían los principales intereses y valores que la Unión debería promover y supervisar. Evidentemente merece mención aparte el caso de Rusia, con la que por intereses políticos y económicos, especialmente delicados en el ámbito de la energía.