El ecofeminismo es una corriente de pensamiento y un movimiento social que integra feminismo y ecologismo poniendo de manifesto las relaciones existentes entre la subordinación de las mujeres y otros grupos sociales no privilegiados con la sobreexplotación y degradación del medio natural. Propugna que el sistema capitalista y neoliberal, en alianza con el patriarcal, ha generado una cultura de dominación y extractivista sin control suicida, puesto que los seres humanos somos ecodependientes, que debe ser sustituida por una relación armónica con la naturaleza. El término fue acuñado por la ecofeminista francesa Françoise d'Eaubonne en 1974 y se desarrolló sobre todo en Estados Unidos en el último tercio del . Existen una diversidad de subcorrientes en el ámbito sociocultural, político y activista.

Planteamiento general Aunque han surgido diversas perspectivas ecofeministas de activistas y pensadoras de todo el mundo, los estudios académicos sobre el ecofeminismo han estado dominados por las universidades norteamericanas. Así, en el artículo de 1993 titulado «Ecofeminism: Toward Global Justice and Planetary Health», las autoras Greta Gaard y Lori Gruen esbozan lo que llaman el "marco ecofeminista". El ensayo proporciona una gran cantidad de datos y estadísticas, además de sentar las bases de los principales aspectos teóricos de la crítica ecofeminista. Dicho marco establece claves para entender la actual situación global y qué se puede hacer para revertir la degradación

Basándose en el trabajo de las académicas norteamericanas Rosemary Ruether y Carolyn Merchant, Gaard y Gruen sostienen que este marco tiene cuatro aspectos a tener en cuenta:

El modelo materialista mecanicista del universo resultante de la revolución científica y la consiguiente reducción de todas las cosas a meros recursos que hay que optimizar, materia inerte muerta que es necesario utilizar. El auge de las religiones patriarcales y su establecimiento de jerarquías de género junto con su negación de la divinidad inmanente. Los dualismos del yo y del otro y la ética de poder y dominación inherente que conlleva. El capitalismo y su supuesta necesidad intrínseca de explotación, destrucción e instrumentalización de los animales, la tierra y las personas con el único fin de crear riqueza.

Sostienen que estos cuatro factores nos han llevado a lo que las ecofeministas ven como una "separación entre la naturaleza y la cultura" que es, para ellas, el origen de nuestros males planetarios.

El ecofeminismo se desarrolló a partir de la preocupación anarcofeminista por la abolición de todas las formas de dominación, centrándose en la naturaleza opresiva de la relación de la humanidad con el mundo natural. Según Françoise d'Eaubonne en su libro Le Féminisme ou la Mort (1974), el ecofeminismo relaciona la opresión y la dominación de todos los grupos marginados (mujeres, personas de color, niños, pobres) con la opresión y la dominación de la naturaleza (animales, tierra, agua, aire, etc.). En el libro, la autora argumenta que la opresión, la dominación, la explotación y la colonización de la sociedad patriarcal occidental han causado directamente un daño medioambiental irreversible. Françoise d'Eaubonne fue una activista y organizadora, y sus escritos alentaban la erradicación de todas las injusticias sociales, no sólo las que afectan a las mujeres y al medio ambiente.

Esta tradición incluye una serie de textos influyentes como: Women and Nature (Susan Griffin 1978), The Death of Nature (Carolyn Merchant 1980) y Gyn/Ecology (Mary Daly 1978). Estos textos contribuyeron a impulsar la asociación entre la dominación del hombre sobre la mujer y la dominación de la cultura sobre la naturaleza. A partir de estos textos, el activismo feminista de los años 80 vinculó las ideas de ecología y medio ambiente. Movimientos como la Campaña Nacional de Tóxicos, Madres del Este de Los Ángeles (MELA) y Nativos Americanos por un Medio Ambiente Limpio (NACE) fueron liderados por mujeres dedicadas a cuestiones de salud humana y justicia medioambiental. Los escritos de este círculo hablaban de ecofeminismo a partir de la política del Partido Verde, los movimientos pacifistas y los movimientos de acción directa.

Historia

Inicios thumb|Petra Kelly. Las primeras conexiones entre el feminismo y el ecologismo que dieron origen al ecofeminismo se encuentran en las utopías literarias de las feministas de los años setenta. En ellas se define una sociedad en la que las mujeres viven sin opresión, lo que implica la construcción de una sociedad ecológica, descentralizada, no jerárquica y no militarizada, con democracia interna y en la que prevalece el uso de tecnologías más respetuosas con el medio ambiente, etc. Las ideas ecofeministas surgieron en distintos países entre ellos Francia, Alemania, Estados Unidos, Japón, Australia, Finlandia, Venezuela, por la influencia del conocimiento de los problemas ecológicos. Una bióloga marina y periodista científica Rachel Carson ya en 1962 había denunciado las fumigaciones de DDT que mataban a los pájaros y a través de la cadena alimentaria envenenaban poco a poco a los seres humanos. Carson no era una pensadora feminista pero influyó notablemente en el ecofeminismo posterior.

Françoise d'Eaubonne, creadora del término ecofeminismo en 1974, sostuvo la existencia de un matriarcado originario que implicaba unas relaciones sociales de equidad entre hombres y mujeres. Más tarde este matriarcado sería reemplazado por un dominio absoluto de los varones sobre la fertilidad de las mujeres y de la tierra. La destrucción medioambiental contemporánea sería el resultado de esa historia de dominio patriarcal.

El ecofeminismo nació como contestación a lo que desde ese movimiento definen como apropiación masculina de la agricultura y de la reproducción, (es decir, de la fertilidad de la tierra y de la fecundidad de la mujer) que habría derivado más tarde en el desarrollismo occidental de tipo patriarcal y economicista. Según el ecofeminismo esta apropiación habría producido dos efectos perniciosos: la sobreexplotación de la tierra y la mercantilización de la sexualidad femenina.

Otra de las autoras iniciales fue Susan Griffin con su libro Women and nature:The Roaring Inside Her (1978) una obra de gran poder evocador poético que llama a recuperar el contacto de las mujeres con la naturaleza, un contacto perdido por la dominación patriarcal. Algunas de las autoras iniciales eran teólogas feministas, entre ellas Rosemary Radford Ruether o Mary Daly.

En Estados Unidos el ecofeminismo giró en torno a dos corrientes: el feminismo radical/cultural/espiritual, el cual resaltaba la que tendía a resaltar la similitud "natural" de las mujeres con el mundo natural y por otro lado el que se orientaba hacia perspectivas políticas más sociales derivadas del socialismo y el marxismo.

Movimientos de los años 1970 thumb|Françoise d'Eaubonne. En 1973, en el norte de la India las mujeres del Movimiento Chipko lograron proteger los bosques comunales abrazándose a los árboles en un acto de protesta pacífica que impedía su tala. Estas mujeres demostraron el valor del medio ambiente y lo defendieron en nombre del principio femenino de la naturaleza.

En 1977, Wangari Maathai creó en Kenia el Movimiento Cinturón Verde, un programa rural de plantación de árboles para prevenir la desertificación alrededor de los pueblos logrando plantar más de 50 millones de árboles. Al mismo tiempo que frenaba la desertificación tenía un contenido social dando trabajo a mujeres pobres.

En 1978 en Nueva York la activista ambientalista Lois Gibbs lideró las protestas tras descubrir que su barrio Love Canal había sido construido sobre un vertedero tóxico. Muchos niños habían enfermado por esta causa que también producía problemas reproductivos en las mujeres. El movimiento fue un éxito y logró que el gobierno federal llevara adelante la evacuación y realojamiento de cerca de 800 familias.

De los años 1980 a la actualidad miniaturadeimagen|Alicia H. Puleo Si en un principio las tesis ecofeministas eran de corte esencialista con autoras como Mary Daly, en los años 90 se produce un giro constructivista. No se puede hablar de ecofeminismo sino de ecofeminismos en plural. thumb|Yayo Herrero. En los años 80 y 90 el ecofeminismo explora nuevas intersecciones entre feminismo y otros movimientos de liberación y justicia social. Examina la relación entre género, raza, clase, naturaleza, especies y colonialismo. Se inspiran en las políticas de los partidos verdes, los movimientos pacifistas y de acción directa.

Uno de los textos más influyentes es The Death of Nature (1980) de Carolyn Merchant que estudia la evolución del concepto de naturaleza desde el renacimiento a la modernidad mostrando la relación entre el imaginario filosófico y la aparición del capitalismo que reduce la naturaleza a materia prima.

A finales de los 80 surge una importante obra proveniente del Sur, Staying Alive (1988) de Vandana Shiva que critica el "mal desarrollo" que Occidente impone al resto del mundo. En 1990 Carol Adams publicó La política sexual de la carne explorando la relación entre la opresión de las mujeres en nuestra sociedad y la explotación animal. En él plantea un ecofeminismo vegetariano.

En Australia destacan dos importantes pensadoras: la socióloga Ariel Kay Salleh y la filósofa Val Plumwood. Ambas han establecido un diálogo crítico con la ecología social y la ecología profunda. En América Latina la teóloga brasileña Ivone Gebara desarrolla su obra ecofeminista desde la Teología de la liberación. Constituye un referente para el colectivo ecuménico ecofeminista Con-spirando. La estadounidense Karen Warren categorizó un marco conceptual opresivo o Lógica de la Dominación que sería común a todas las formas de opresión.

En España la filósofa ecofeminista Alicia Puleo plantea un ecofeminismo crítico no esencialista, que tanto en la ética de la vida cotidiana como en los movimientos sociales permitiría avanzar hacia una convivencia de respeto y justicia hacia la naturaleza. En 2024, su trabajo ha sido clave para articular debates sobre la crisis climática y su impacto desproporcionado en mujeres y colectivos marginados, especialmente en el contexto de políticas europeas como el Green New Deal.

En Iberoamérica, el ecofeminismo ha evolucionado notablemente, integrando perspectivas decoloniales que conectan la defensa de los derechos de las mujeres indígenas con la resistencia al extractivismo. Maristella Svampa ha sido una voz destacada en este ámbito, denunciando los impactos de las industrias extractivas en comunidades vulnerables y proponiendo alternativas basadas en el buen vivir y la justicia ecológica.

La teóloga brasileña Ivone Gebara, desde la teología de la liberación, continúa siendo un referente al vincular espiritualidad, justicia de género y justicia ecológica. El legado de Gebara también ha sido actualizado en investigaciones recientes que exploran el papel de la espiritualidad en los movimientos sociales y la acción climática, como se detalla en estudios sobre justicia ambiental publicados en revistas como Ecumenical Review y Worldviews on Ecology, Religion, and Culture. Su perspectiva ha sido adoptada por organizaciones ecuménicas como el colectivo Con-spirando en Chile y movimientos de base que abogan por una ética comunitaria frente a las crisis ecológicas y sociales exacerbadas por el cambio climático y la desigualdad global.

Argumentos comunes El ecofeminismo:

Señala que, en el orden simbólico patriarcal, existen conexiones importantes entre la dominación y explotación de las mujeres y de la naturaleza, aunque dicha relación se interprete de manera distinta de acuerdo con cada enfoque ecofeminista.