La batalla de Muret fue la batalla decisiva de la llamada cruzada albigense. Se libró el 12 de septiembre de 1213 en una llanura de la localidad fortificada occitana de Muret, unos doce kilómetros al sur de Toulouse. La contienda enfrentó a Pedro II de Aragón "el Católico" y Conde de Barcelona, sus vasallos y aliados, entre los que se encontraban Raimundo VI de Tolosa, Bernardo IV de Cominges y Raimundo Roger de Foix, contra las tropas cruzadas y las de Felipe II de Francia mandadas por Simón IV de Montfort.Jordi Bolòs, Diccionari de la Catalunya medieval (ss. VI-XV). Edicions 62, Col·lecció El Cangur / Diccionaris, núm. 284. Barcelona, abril de 2000. ISBN 84-297-4706-0, pág. 180.

El triunfo correspondió a las fuerzas de Simón de Montfort, quien se convirtió, como consecuencia de su victoria, en duque de Narbona, conde de Tolosa, vizconde de Béziers y vizconde de Carcasona. Las tropas de la corona de aragon y occitanas sufrieron pérdidas notables (unos ochenta caballeros muertos y heridos, y un número elevado de peones), entre las que se destaca la muerte de Pedro II de Aragón el Católico. Su hijo de cinco años, el futuro rey Jaime I de Aragón, que estaba bajo custodia de Simón de Montfort, con cuya hija se había concertado el matrimonio futuro en un nuevo intento para resolver el conflicto,Herradón, Jaime I el Conquistador, el rey cruzado. debió permanecer un año como rehén hasta que, por orden del papa Inocencio III, Montfort lo entregó a los templarios.

Esta batalla marcó el inicio de la dominación de los reyes franceses sobre Occitania. Fue también el comienzo del fin de la expansión de la Corona de Aragón en la zona. Antes de la batalla, Pedro II de Aragón había recibido el vasallaje del conde de Tolosa, el de Foix y el de Cominges. Tras su derrota y muerte, su hijo y heredero Jaime I tan solo conservó el señorío de Montpellier por herencia de su madre, María de Montpellier. A partir de esta fecha, la expansión de la Corona de Aragón se dirigió hacia Valencia y las Islas Baleares.

Antecedentes 300px|thumb|El espacio occitano-aragonés en vísperas de la batalla de Muret. En rojo y amarillo los dominios y vasallos de Pedro II de Aragón; en turquesa los antiguos territorios de los Trencavel, en cuya defensa se erigió Simón IV de Montfort.

A principios del , la herejía cátara se había afianzado en Occitania amenazando la doctrina de la Iglesia católica. El papa Inocencio III, después de lanzar una cruzada fallida contra los cátaros, intentó reconciliarse con el conde Raimundo VI de Tolosa. Sin embargo, Arnaldo Amalric, legado papal, y Simón IV de Montfort procuraban romper las negociaciones, exigiendo a Raimundo VI unas condiciones muy duras.

Raimundo VI buscó aliados con una ortodoxia católica indudable, y tras entrevistarse con diversos monarcas europeos, se alió con su cuñado Pedro II de Aragón. Este rey actuó como intermediario con el fin de encontrar una reconciliación, pero finalmente el papa Inocencio III se puso de parte de Simón IV de Montfort y proclamó la cruzada pensando que así erradicaría la herejía de forma definitiva. La cruzada comenzó con la masacre de Béziers y el sitio de Carcasona de 1209, continuando al año siguiente con el ataque a las fortalezas de Minerve, Termes y Cabaret.

En 1213, Simón de Montfort retomó su campaña contra el conde Raimundo VI de Tolosa. Este se retiró a su capital y pidió la intervención papal; el papa ordenó la celebración del concilio de Lavaur, que empezó el 15 de enero de 1213, y donde abogó por el retorno de los condados y tierras a sus titulares a cambio de la sumisión a la Iglesia.Sella, La batalla de Muret, pas a pas. A pesar de que los congregados rechazaron la propuesta, el rey Pedro II de Aragón consiguió que el papa enviase un legado. Ante la evidencia de que los cruzados estaban determinados a vencer al conde de Tolosa y que la intervención del papa solo lograría retrasar los hechos, Pedro II de Aragón decidió acoger a los condes de Tolosa, Foix y Cominges,Cabestany y Bagué, Història de Catalunya, vol. III. Els primers comtes-reis. y, junto con las fuerzas de sus vasallos tradicionales (como el de los vizcondes de Bearne), combatir a los cruzados.

Montfort fue ocupando progresivamente las villas cercanas a Toulouse hasta que esta cayó en su poder. Entre las villas ocupadas se encontraba Muret, que había conquistado sin encontrar resistencia en 1212. Su situación estratégica, al estar situada entre los ríos Garona y Loja, determinó que Simón IV de Montfort la eligiera como base de operaciones, dejando una guarnición de treinta a sesenta caballeros, y setecientos peones de infantería.

A partir de agosto, Pedro II cruzó los Pirineos desde Canfranc o BenasqueHernández, F. X., Historia militar de Catalunya. con unos mil caballeros y hombres de armas. Mientras se acercaba a Tolosa, los castillos de la cuenca del Garona que se habían rendido a los cruzados, se le fueron rindiendo fácilmente. Seguidamente, el rey envió su ejército hacia Muret, mientras Simón de Montfort se hallaba en Saverdun.Histoire de Languedoc (1648), pp. 326-327. Cuando este tuvo noticias del peligro, reunió sus tropas y se dirigió hacia Muret a toda velocidad, al encuentro de Pedro II de Aragón.

Asedio de Muret thumb|300px|Plano de la ciudad de Muret en 1213, obra de F. X. Hernández. El 10 de septiembre, las tropas de Pedro el Católico se unieron a las de sus aliados occitanos y montaron el campamento en el llano de la ribera izquierda del Garona. El campamento estaba situado a una distancia prudencial de la fortaleza de Muret. Según distintas hipótesis, alejado o cercano a las embarcaciones amarradas que habían llegado desde Tolosa llenas de provisiones, y contaban con unos 2000 caballeros (la caballería pesada de la época), la mitad aragoneses y la otra mitad occitanos; a este número podrían sumarse como máximo otros 2000 jinetes más ligeramente armados.

El ejército al mando del rey de Aragón estaba dividido en dos o tres haces o filas, según distintas hipótesis: la vanguardia estaba dirigida por Raimundo Roger de Foix; el haz central o medianera estaba al mando del propio monarca, Pedro II, en tanto que la tercera línea o zaga (que según otras teorías podría estar integrada en la primera) la comandaban Raimundo VI de Tolosa y Bernardo IV de Cominges.

El 10 de septiembre, el ejército tolosano-aragonés comenzó el asedio con almajaneques y otras armas de asedio. Simón de Montfort salió por una puerta distinta, oculto a las tropas del rey aragonés, y atacó con unos 900 caballeros, reservando un escuadrón que dirigía personalmente, el cual avanzó por la izquierda y atacó por el flanco; probablemente el ejército occitano-aragonés no pudo formar correctamente sus filas y los cruzados llegaron al cuerpo donde estaba el rey y lo mataron. En todo caso, existen al menos siete hipótesis diferentes sobre el desarrollo de la batalla.Alvira Cabrer, 2008, págs. 350-359.

Simón IV de Montfort, en clara inferioridad numérica, y con víveres para solo una jornada y a más de cien leguas de su base de operaciones, decidió no quedarse encerrado en el castillo de Muret y lanzó un ataque fulminante,Oldenbourg, La hoguera de Montsegur, pp. 216-217. utilizando la mejor arma de la caballería pesada, la carga. Organizó la caballería francesa en tres escuadronesSoldevilla, Historia de Cataluña, pág. 170. de unos trescientos caballeros cada uno: el escuadrón de vanguardia lo dirigían Guillaume de Contres y Guillaume des Barres, el segundo escuadrón estaba mandado por Bouchard de Marly y el tercero por el propio Simón de Montfort.

La batalla La madrugada del 13 de septiembre, la infantería tolosana reinició los trabajos de asedio, atacando las puertas de la muralla mientras la caballería vigilaba la posible salida de los cruzados. Por la tarde, la mayor parte de la caballería aragonesa se retiró para descansar, y ese fue el momento elegido por Simón de Montfort para atacar con su tropa descansada saliendo por la puerta de Salas,Interpretación más extendida que parte de la crónica de Pedro de Vaux-de-Cernay. en dirección suroeste y que los sitiadores no podían ver, doblando una esquina de la muralla del castillo, girando luego en dirección norte y atravesando el río Louge por un vado para enfrentarse al ejército del rey de Aragón.

La caballería cruzada emergió, de repente, del nivel del lecho del río avanzando hacia el llano y sorprendiendo a los sitiadores. Los dos primeros cuerpos giraron a la izquierda, y la primera de las tres acometidas de los franceses fue respondida por las tropas de Raimundo Roger de Foix,Michel Roquebert afirma que la caballería cruzada cargó directamente contra el grueso de la caballería aragonesa.Charles Oman, que consideraba el campamento al este de la ciudad, afirma que los cruzados marcharon hacia Sales simulando la huida, girando noventa grados, cruzando el Loja, y cargaron posteriormente. pero tuvieron que replegarse rápidamente ante la impetuosidad de la caballería francesa, tomando el relevo las tropas del rey aragonés. Los franceses, con su gran maniobrabilidad y conservando la formación, mantuvieron la ventaja numérica en las dos acometidas siguientes y no permitieron que los aragoneses se reagruparan.

thumb|250px|La batalla de Muret según el Libre dels fets.

Pedro el Católico había decidido probar su valía como caballero cambiándose la armadura con uno de sus hombres para enfrentarse como simple caballero a Simón de Montfort, pero el objetivo cruzado era el de matar al monarca a cualquier precioAubarbier, Jean-Luc; Binet, Michel (2008), Le pays cathare, Ouest France. ISBN 978-2-7373-4401-5. porque la defensa de la Iglesia justificaba todas las acciones, y así se lo encargó a dos de sus caballeros, Alain de Roucy y Florent de Ville, que abatieron al caballero que vestía la armadura real y después al propio rey cuando este se descubrió al grito de «El rei, heus-el aquí!» ('Aquí está el rey'), a pesar de haber acabado con algunos de sus atacantes, todo ello según la crónica de Bernat Desclot, fuente muy tardía, teniendo en cuenta que ni las contemporáneas al hecho ofrecen datos fiables.

La noticia de la muerte de Pedro II extendió el pánico entre el resto del ejército, que fue completamente derrotado al ser sorprendido por un ataque por el flanco efectuado por las tropas de reserva de Montfort, que motivó que los caballeros aragoneses emprendieran la retirada. Los peones del contingente provenzal, que eran siempre muy numerosos, y que aún no habían participado en el combate, viéndose desbordados por el alud de caballeros aragoneses y occitanos que retrocedían de forma desordenada, fueron alcanzados por los caballeros franceses y sufrieron muchas bajas. No sucedió tal cosa con la caballería, que logró huir, a excepción de los magnates que constituían la mesnada real de Pedro II, y que tenían como misión última defender a su monarca, los cuales sufrieron también notables bajas, que se podrían cuantificar en unos ochenta caballeros entre muertos y heridos.

Consecuencias miniatura|220px|Simón IV de Montfort. Ilustración de 1835.