John Norreys (1547 – 3 de julio de 1597), escrito frecuentemente John Norris, fue un militar inglés de la época isabelina. Hijo de Henry Norris, I Baron Norreys, amigo personal de Isabel I, Norreys participó activamente en las operaciones militares inglesas: las Guerras de Religión de Francia, la Guerra de los Ochenta Años en Flandes, la Guerra contra España, y la reconquista Tudor de Irlanda en la Guerra de los Nueve Años, siendo el responsable de la masacre de Rathlin Island de 1575. Fue uno de los militares ingleses más reputados de su época.
Primeros años Norreys, segundo hijo de Henry Norris y Marjorie Williams, nació en el castillo de Yattendon. Su abuelo paterno, Sir Henry Norreys había sido ejecutado en la Torre de Londres, acusado de ser uno de los amantes de Ana Bolena.
Un tío abuelo de Norreys había sido guardián de la joven princesa Isabel, que había estado alojada en Yattendon durante su viaje a Woodstock. La futura reina entablaría una amistad muy íntima con la madre de Norreys.
Norreys creció con cinco hermanos, varios de los cuales servirían con él durante las guerras de Isabel. Se cree que asistió, aunque por poco tiempo al Magdalen College de Oxford.
Su padre fue nombrado embajador en Francia y en 1567, John y su hermano mayor William estuvieron presentes en la Batalla de Saint-Denis y colaboraron en el informe que su padre presentaría a la reina.
Primeros años en el ejército Cuando su padre fue convocado nuevamente a Londres en enero de 1571, Norreys permaneció en Francia, donde comenzó a tratar al nuevo embajador Francis Walsingham. En 1571, Norrey sirvió como voluntario a las órdenes del Almirante Coligny en el bando Protestante durante las guerras civlies en Francia.
Dos años más tarde, sirvió como capitán bajo Walter Devereux, I conde de Essex, que estaba tratando de impulsar la colonización de la provincia irlandesa del Ulster. Servía de apoyo a su hermano William al frente de un ejército de 100 caballeros reclutados por su padre, por aquel entonces Lord Teniente de Berkshire.
Cuando el conde de Essex atacó a Sorley Boy MacDonnell en Antrim, este y otros jefes escoceses habían mandado a sus esposas e hijos a Rathlin Island para protegerles. Lord Essex envió entonces a Norreys a la isla con órdenes de matar a todas aquellas personas que encontrara.
Norreys, que contaba con piezas de artillería, destruyó las defensas sin problemas, y tras un violento asalto capturó y asesinó a toda la población, excepto jefes y familiares que fueron mantenidos con vida para intercambiarlos. En total, doscientas personas murieron en el castillo. Varios cientos de personas, principalmente mujeres y niños que habían encontrado refugio en las cuevas de los acantilados fueron perseguidos y masacrados.
Las tropas inglesas levantaron un fuerte en la isla, pero fue evacuado tres meses después cuando Norreys y sus tropas fueron llamados a Dublín.
En 1577, Norreys dirigió un contingente de voluntarios ingleses en los Países Bajos, luchando en el bando de los Estados Generales levantadas en armas contra el gobierno de Felipe II de España al comienzo de la Guerra de los Ochenta Años. En un enfrentamiento durante la batalla de Rijmenam, el 2 de agosto de 1578, sus hombres fueron rechazados por una tropa de 3.000 hombres encabezada por Don Juan de Austria. A lo largo de 1579 colaboró con el ejército francés y fue puesto al mando de todas las tropas inglesas, 150 soldados y 450 caballeros. En febrero de 1580 consiguió levantar el sitio de Steenwijk y trató de entorpecer las operaciones españolas en torno a Meppel.
Sus victorias como mercenario contribuyeron a mantener alta la moral de los ejércitos Protestantes y le convirtieron en un personaje famoso en Inglaterra. La moral de sus hombres dependía de los pagos de los Estados Generales y Norreys se ganó reputación como líder fuerte. Tras varias campañas más en Flandes junto al Duque de Anjou, Norreys fue nombrado embajador no oficial de Isabel I. En 1584 regresó a Inglaterra para apoyar la declaración de guerra contra España para luchar por la liberación de los Estados Generales de la supuesta tiranía de los Habsburgo.
Regreso a Irlanda En marzo de 1584, Norreys abandonó los Países Bajos para ser destinado a Irlanda en julio, al ser nombrado Presidente Provincial de Munster. Norreys incentivó la colonización de la provincia con colonos ingleses, pero la situación resultaba insostenible, llegando a ser abandonado por muchos de los hombres que le habían acompañado en los Países Bajos.
En septiembre de ese mismo año, Norreys acompañó al Lord Diputado John Perrot y al Conde de Ormond en una expedición al Ulster con el fin de controlar a los escoceses de The Route y los Glynns. Norreys consiguió capturar 50.000 cabezas de ganado en los bosques de Glencokyne, privando al enemigo de sus medios de subsistencia. La campaña no tuvo demasiado éxito, y los escoceses simplemente se retiraron a Kintyre para volver a Irlanda en cuanto los ingleses se retiraron al sur. Norreys regresó a Munster, pero fue convocado a Dublín en 1585 para la inauguración del Parlamento, representando a la ciudad de Cork. Como parlamentario, solicitó medidas que contribuyeran a reforzar la autoridad real en la isla. Igualmente, protestó cuando se le prohibió lanzar una nueva campaña en el Ulster.
Guerra Anglo-Española Al conocer el Sitio de Amberes, Norreys se apresuró a solicitar apoyo para los holandeses protestantes y se dirigió inmediatamente a Londres en mayo de 1585, dejando la presidencia de Munster en manos de su hermano Thomas. En agosto se puso al frente de un ejército inglés de 4.400 hombres enviado por la reina Isabel para apoyar a los Estados Generales en su lucha contra los españoles, en virtud de lo acordado en el Tratado de Nonsuch. Esta tropa de infantería consiguió rechazar a las fuerzas del Duque de Parma cerca de Aarschot y constituyó una amenaza para las fuerzas hispanas hasta que se agotaron los suministros. La tasa de mortalidad de sus hombres aumentó alarmantemente, pero se había conseguido eliminar el aura de invencibilidad de los tercios españoles, e Isabel I decidió implicarse plenamente en la guerra.
En diciembre de 1585, el conde de Leicester desembarcó en los Países Bajos, convirtiéndose en Gobernador General. Durante un ataque contra Farnesio, Norreys recibió una herida de pica en el pecho, aunque consiguió aliviar el sitio de Grave, la última barrera para los españoles en el norte; Leicester le ordenó caballero por esta victoria durante un gran festín en Utrecht el día de San Jorge, junto con sus hermanos Edward y Henry. Pero los españoles consiguieron finalmente entrar en Grave por traición. Leicester dio orden de decapitar al traidor, a lo que Norreys se opuso, presumiblemente porque mantenía relaciones con la tía del traidor.
A partir de entonces, el enfrentamiento entre ambos comandantes continuó durante la campaña, que acabó siendo un fracaso. Leicester comparaba a Norreys con el conde de Sussex, uno de sus principales enemigos. Pese a los intentos de Leicester por que Norreys fuera reenviado a Inglaterra, éste continuó en servicio en los Países Bajos y se le destinó a Utrecht en agosto de 1586. Esta decisión acabaría por revelarse como problemática, ya que Leicester no situó a William Stanley bajo las órdenes de Norreys. Ambos se encontraron en una escaramuza en Zutphen, en la que resultó fatalmente herido Sir Philip Sidney.
Por el otoño de ese mismo año, Leicester pareció haber olvidado pasados resentimientos y estaba orgulloso de Norreys, al igual que los Estados Generales, que vertían encomiosas opiniones sobre su labor. Sin embargo, Norreys fue llamado a Inglaterra en octubre, donde la reina le recibió con desdén, aparentemente por los problemas habidos con Leicester; antes de un año, sin embargo, Norreys había regresado ya a los Países Bajos, donde el nuevo comandante, Willoughby, reconoció que Norreys sería el hombre más apropiado para el puesto con el comentario "Si yo fuera suficiente, Norreys sería superfluo".
Expediciones marítimas A comienzos de 1588, Norreys regresó a Inglaterra, donde fue presentado con el título de Maestro de Artes en Oxford
Ese mismo año, y ante la esperada aparición de la Armada Invencible, fue nombrado Mariscal de Campo en West Tilbury bajo las órdenes de Leicester. Visitó las fortificaciones de Dover y en octubre regresó a los Países Bajos como embajador ante los Estados Generales. Preparó la retirada de tropas inglesas para preparar una expedición con destino a Portugal tras la derrota de la Armada Invencible, tratando de aprovechar el mal momento de los españoles.
En abril del año siguiente, Norreys partió con Drake al frente de una fuerza de 23.000 hombres (conocida como la Invencible Inglesa) con la misión de asolar las costas hispanas y apoyar al Prior de Crato en sus aspiraciones de alcanzar la Corona portuguesa. 8.000 soldados de Norreys desembarcaron en La Coruña y prendieron fuego a la parte inferior de la ciudad pero perdiendo más de 1000 hombres y 5 buques. Norreys atacó después Lisboa, pero lo cierto es que el ejército inglés tuvo que soportar una durísima marcha hasta llegar a Lisboa, siendo diezmados por los constantes ataques de las partidas hispano-portuguesas, que les causaron cientos de bajas, y por las epidemias que ya traían de los barcos. Además, las autoridades españolas habían vaciado de materiales y pertrechos utilizables por los ingleses todos los pueblos entre Peniche y Lisboa. Por otro lado, la esperada adhesión de la población portuguesa no se produjo nunca. Más bien al contrario, la población civil lusa hizo el completo vacío a las tropas inglesas, y en todo el camino hacia Lisboa los ingleses no consiguieron sumar más que unos 300 hombres. En realidad, parece que para los portugueses de a pie, los supuestos libertadores no eran más que unos herejes que llevaban años saqueando sus costas y atacando sus barcos pesqueros y mercantes.14 Por otro lado, los ingleses no contaban más que con 44 caballos, por lo que tenían que transportar la mayor parte del material haciendo uso de los soldados. Al llegar los ingleses a Lisboa, tras haber recorrido 75 kilómetros infernales, su situación era dramática porque carecían de medios para forzar su entrada en la capital. Les faltaban pólvora y municiones, no tenían caballos ni cañones suficientes y se les habían agotado los alimentos.
Sorprendentemente para los ingleses, la ciudad no solo no daba muestras de pretender rendirse, sino que se aprestaba a la defensa. La guarnición lisboeta estaba compuesta por unos 7.000 hombres entre españoles y portugueses. Si bien las autoridades españolas no confiaban totalmente en las tropas portuguesas, nunca llegaron a producirse levantamientos ni motines. Por otra parte, en el puerto fondeaban unos 40 barcos de vela bajo mando de don Matías de Alburquerque, y las 18 galeras de la Escuadra de Portugal, bajo mando de don Alonso de Bazán (hermano del ilustre marino español), se preparaban para el combate.