Juan Díaz Porlier (Cartagena de Indias, 1788-La Coruña, 1815) fue un militar español perteneciente a una importante familia afincada en la América española. Su abuelo, Antonio Porlier y Sopranis, nacido en La Laguna, hijo del cónsul de Francia en las Canarias, fue fiscal pretorial de la Real Audiencia de Lima, siendo nombrado en 1773 para el mismo cargo en el Consejo de Indias en Madrid. Su abuela María Pereyra de Hoyos estuvo casada con el virrey de Nueva Granada, Juan de Torrezar Díaz Pimienta. Hijo natural del coronel Esteban Porlier Asteguieta, su tío, el célebre oficial de la Armada, Rosendo Porlier y Asteguieta se hace cargo de él en La Habana el 20 de febrero de 1802. A su lado participa en calidad de voluntario en la batalla del Cabo Finisterre el 22 de julio de 1805 y en la Batalla de Trafalgar el 21 de octubre de ese mismo año, embarcado en el navío Príncipe de Asturias.
Guerra de la Independencia (1808-1813) miniatura|izquierda|Retratado en La Ilustración Gallega y Asturiana (1880)
Tras la batalla, y viendo que la Armada había quedado sin navíos, Porlier solicita el traslado al Ejército como muchos otros marinos, y en enero de 1806 es capitán en el Regimiento de Infantería de Mallorca. La guerra de la Independencia lo encuentra, como teniente coronel de Granaderos y con veinte años de edad, en el Ejército de Extremadura que se dirige al norte peninsular. El 10 de noviembre de 1808 este ejército es barrido humillantemente por las fuerzas imperiales francesas a las puertas de Burgos (batalla de Gamonal). Porlier protagoniza uno de los escasos episodios heroicos de la batalla oponiendo una gran resistencia. Tras defender la posición que le había sido asignada en las estribaciones de Villimar, decide efectuar una retirada ordenada una vez que las bajas superan los 400 hombres. El día 12 se entera en San Felices de que las fuerzas españolas han sufrido otra derrota en Espinosa de los Monteros (Burgos).
Estos hechos, junto al fracaso de Trafalgar, le hacen reflexionar sobre la ineficacia de la guerra convencional y a partir de entonces se dedicará a preparar a sus hombres del regimiento de granaderos para la más provechosa guerra, la de guerrillas, en la que luchará durante seis años. Se le encargó agrupar a los dispersos del ejército de Extremadura y constituir una partida en la localidad de San Cebrián de Campos (a tres leguas de Palencia). Un mes después de la batalla de Gamonal, el grupo, al que se habían incorporado algunos paisanos, contaba ya con una cierta consistencia. Gracias a ello pudo emprender en enero acciones contra destacamentos franceses en Frómista, Rivas y Paredes de Nava, logrando liberar a prisioneros ingleses y capturar a varios oficiales franceses.
A comienzos de 1809 su fama se incrementó gracias a la conquista de Aguilar de Campoo, donde capturó 400 prisioneros franceses. Este éxito le granjeó el ascenso a brigadier, otorgado por la Junta Central. En mayo el marqués de la Romana dio orden de que los restos de los tres batallones cántabros, que en la zona de Liébana mandaba el general don Julián Albo, se reuniesen bajo las órdenes del joven general. Este las agrupó en un solo regimiento y creó además un Regimiento de Castilla, un cuerpo de caballería y una compañía de artillería con quintos reclutados en el territorio controlado por el enemigo. La incorporación de estas tropas le proporcionó los sargentos y oficiales de los que había carecido hasta entonces. Gracias a ello, mejoró notablemente el nivel de instrucción y de disciplina y pudo formar nuevos suboficiales y cabos. En junio de ese año sus tropas lograron interceptar entre Aguilar de Campoo y Reinosa más de 100 carros de trigo y de vino. Sin embargo, tras internarse en la provincia de Santander con la intención de reclutar a más hombres, sufrió un descalabro por haber destinado a su caballería a otros cometidos y se vio obligado a retirarse. Más tarde se colocó bajo las órdenes del mariscal de Campo don Francisco Ballesteros, hasta que por causa de una ofensiva francesa, tuvo que retirarse hasta Santoña, en donde recogió dos cañones, apresó a un oficial enemigo, hizo unos cincuenta prisioneros y alistó a varios mozos.
La zona de operaciones de Porlier se extenderá entre el Duero y el Cantábrico, colaborando tanto con el Ejército de Galicia y Asturias como con la Armada británica. En diciembre de 1809 se encontraba operando en la zona de Pradilla y Valgañón, en el límite de las provincias de Burgos y Logroño con más de 2000 hombres. Porlier aspiró siempre a transformar su unidad en una división bien instruida y disciplinada, por lo que perserveró en su entrenamiento. 250px|thumb|right|Monumento erigido a Juan Díaz Porlier en la plaza de España de La Coruña, lugar de su ejecución. A comienzos de 1810 Juan Díaz Porlier formaba parte del ejército de Asturias con unos 1000 hombres, que constituían la división volante llamada de Cantabria. Tras una reciente incursión por la zona de La Rioja, su grupo se encontraba apostado al sur de la Cordillera Cantábrica, en la parte del puerto de Tarna, cerca de la frontera con León. A partir del 25 de enero la división del general Bonet, que había emprendido una ofensiva desde Cantabria contando con unos 5.300 hombres, había logrado ocupar Llanes, Ribadesella e Infiesto. En febrero de ese año Porlier acudió desde Tarna a Infiesto. En ese lugar derrotó a un destacamento francés capturando muchos prisioneros y bagajes, cortando además las comunicaciones del enemigo con Cangas de Onís. Avanzó después con algunos infantes y jinetes a lo largo de la costa, situándose entre Avilés y Oviedo, donde contactó con el resto de las fuerzas españolas, a las que se iban incorporando soldados dispersos en combates anteriores. Sumaban en total unos 2300 combatientes cuyo mando efectivo lo ejercía por entonces el coronel Moscoso, que había llegado desde Galicia por orden del general Mahy. El 31 de enero Bonet se había hecho con la capital asturiana, por lo que los españoles decidieron cruzar el Nalón y atacar al enemigo el 5 de febrero. El día 10 Porlier efectuó una incursión hacia Oviedo al mando de 50 jinetes y 300 infantes. Entretanto, Moscoso solicitaba la ayuda de Mahy desde Galicia y del general don Juan José García, acantonado en el Bierzo. Bonet se replegó el 12 sobre Pola de Siero para restablecer sus comunicaciones con Cangas de Onís. El día 13 las tropas del brigadier don Pedro de la Bárcena apoyadas por los jinetes de Porlier se lanzaron en su persecución. El teniente general Nicolás de Llano Ponte, que tenía órdenes de respaldarlos marchando tras ellos, prefirió entrar en Oviedo para recibir el homenaje de la población. Aprovechando el aislamiento de la infantería de Bárcena y de los jinetes de Porlier, la niebla que ocultaba sus movimientos y una espesa nevada, Bonet procedió a contraatacar el 14, de modo que la reconquista de Avilés por Porlier y de Oviedo por Llano Ponte resultó efímera. Pese a que los asturianos contaban con 7000 hombres, Bonet los obligó a retirarse hasta el Navia, quedando Porlier en Pravia, a la izquierda del Nalón. De esta fecha se conserva una carta enviada por el coronel Moscoso a Mahy en la cual le informa de que le habían llegado noticias de que Polier había "tenido diputaciones de algún concejo para nombrarlo jefe de la provincia". Aunque el mismo Porlier lo había puesto al corriente de esto, haciéndole saber además que se encontraba enfermo, Moscoso recelaba de su actitud, puesto que en esa fecha se mantenía en Oviedo pese a la necesidad de que sus tropas se enfrentasen al enemigo. Añadía que temía que pudiese prestarse a esta conjura dado que era "un joven; por consiguiente, ambicioso y fácil de alucinar".
La llegada el 24 de febrero de 1700 hombres enviados por Mahy desde Galicia y las escasas tropas de las que Bonet disponía, por haber dejado a parte de sus hombres como guarnición de las localidades de las que se había ido apoderando, permitieron la reorganización de los españoles. A principios de marzo la Junta del Principado nombró a don José Cienfuegos y Jovellanos, antiguo director de la Fábrica de Armas de Oviedo y de la Fundición de Trubia, capitán general del Ejército de Asturias en sustitución del general Arce, el cual había presentado su renuncia. El coronel Moscoso, por su parte, fue ascendido a brigadier. Según este, Porlier se resistió a reconocer a Cienfuegos y realizó algunos movimientos sospechosos con sus tropas, que se interrumpieron al comprobar que la Junta estaba dispuesta a hacerles frente.
El 19 de marzo de 1810 Porlier salió de Ribadeo y desembarcó en Asturias detrás de las líneas enemigas, forzando una retirada hacia Oviedo. Sin embargo, tras una serie de ofensivas y contraofensivas, los franceses ocuparon en abril la mayor parte del occidente asturiano, apoyadas desde el 26 por las tropas que habían conquistado Astorga para los imperiales.
A principios de julio partió una vez más de Ribadeo con unos 7500 hombres entre ingleses y españoles, a bordo de seis fragatas británicas mandadas por el comodoro Mends y de ocho lanchas españolas armadas. Bajo sus órdenes servían los coroneles Escalera y Carlena, el teniente coronel marqués de Villa Alcázar y los capitanes Velarde y Riva, todos ellos naturales de los valles santanderinos. El día 5 desembarcó a media milla de Santoña, la cual estaba defendida por solo 120 franceses, entre los que se contaban sólo 20 soldados de caballería. Tras hacerles al día siguiente 27 prisioneros y algunas bajas, los obligó a retirarse hacia Laredo, desde donde pasaron a Castro-Urdiales. En el puerto se apoderó de 50 embarcaciones y destruyó algunos cañones. A su regreso hacia Santander batió en Galizano a un destacamento de 250 hombres, a los que tomó algunos caballos, armas y pertrechos. Según algunos testimonios, parece que su intención era la de unirse a las partidas guerrilleras de Cubillas y Campillo y sublevar al paisanaje contra las tropas de ocupación. A causa de la reacción de los franceses, que habían enviado refuerzos desde Santander, se hizo de nuevo a la mar sin que los hombres que se habían incorporado a las partidas del interior tuviesen tiempo de actuar. Desembarcó en Bermeo el 10 de julio. Ni el general Avril, ni el general Thouvenot, gobernador francés de Vizcaya, disponían de tropas suficientes para hacerle frente. Gracias a ello, los hombres de Porlier pudieron saltar a tierra durante el día y regresar a sus embarcaciones por la noche repetidamente, auxiliados en ocasiones por las embarcaciones de los pescadores. Ello les permitió destruir baterías y fuertes enemigos, arrojando al mar más de 100 cañones y gran cantidad de municiones. Aprovechó la oportunidad para proveer de armas a los paisanos, con las que pudiesen oponerse al invasor. El 22 de julio la expedición regresó a La Coruña llevando con ellos a 200 prisioneros y a 300 voluntarios vizcaínos, sin que por falta de espacio pudiesen transportar a más. Así mismo, procedieron a convoyar cinco quechemarines y un buque mercante estadounidense que había sido apresados durante la expedición. Pese a todo, Mahy no se sintió completamentamente satisfecho de los resultados, dado que no se había logrado el objetivo de distraer las tropas de Bonet, que a finales de julio operaban con éxito en el occidente asturiano.