miniaturadeimagen|upright=1.5|El Juicio de Osiris representado en el Papiro de Hunefer (ca. 1275 a. C.). Anubis, con cabeza de chacal, pesa el corazón del escriba Hunefer contra la pluma de la verdad en la balanza de Maat. Tot, con cabeza de ibis, anota el resultado. Si su corazón es más ligero que la pluma, a Hunefer se le permite pasar a la otra vida. Si no es así, es devorado por la expectante criatura quimérica Ammyt, compuesta por partes de cocodrilo, león e hipopótamo. Viñetas como esta eran muy comunes en los libros de los muertos egipcios.

El Libro de los muertos es el nombre moderno de un texto funerario del Antiguo Egipto. Empezó a utilizarse en el comienzo del Imperio nuevo (hacia el 1540 a. C.) y se mantuvo en uso hasta alrededor del 60 a. C., ya en el período helenístico de Egipto.El Libro de los muertos forma parte de una tradición de textos funerarios iniciada por los más antiguos textos de las pirámides y textos de los sarcófagos, que se inscribían sobre paredes de tumbas o en los féretros y no sobre papiros.

El nombre egipcio original para el texto, transliterado rw nw prt m hrw, es convencionalmente traducido por los egiptólogos como Libro de la salida al día, o Libro de la emergencia a la luz. El texto consistía en una serie de sortilegios mágicos destinados a ayudar a los difuntos a superar el juicio de Osiris, asistirlos en su viaje a través del inframundo (la Duat) y viajar al paraíso (Aaru) en la otra vida.

Algunos de los sortilegios del Libro de los muertos fueron extraídos de los antiguos textos de las pirámides y textos de los sarcófagos y datan del III milenio a. C., mientras que otras fórmulas mágicas fueron compuestas más tarde y datan del Tercer período intermedio (siglosXI-VII a. C.), entre el Imperio medio y el Período tardío. Algunos de los capítulos que componían el libro se siguieron inscribiendo en paredes de tumbas y sarcófagos, tal y como habían sido los sortilegios desde su origen. El Libro de los muertos se introducía en el sarcófago o en la cámara sepulcral del fallecido.

No existía un único y canónico Libro de los muertos. Los papiros supervivientes contienen una variada selección de textos religiosos y mágicos y difieren notablemente en sus ilustraciones. Algunas personas encargaban sus propias copias del libro, tal vez con una selección de los sortilegios que consideraban más importantes para su propia progresión en la otra vida. El Libro de los muertos fue comúnmente escrito sobre rollos de papiro con jeroglíficos o escritura hierática, y a menudo ilustrado con viñetas que representan al difunto y su viaje al más allá.

Origen y formación miniaturadeimagen|Textos de las Pirámides para el faraón Pepy I, procedentes de su pirámide en Saqqara y hoy en el Museo Petrie de Londres.

El Libro de los muertos se desarrolló como parte de una tradición de manuscritos funerarios que datan del Imperio Antiguo (c. 2686-2181 a. C.). Los primeros textos funerarios fueron los Textos de las pirámides, usados por primera vez en la pirámide de Unis, el último faraón de la dinastía V, hacia el 2400 a. C. Estos textos se grababan en las paredes de las cámaras sepulcrales del interior de las pirámides y eran para uso exclusivo del faraón y, a partir de la dinastía VI, también de su consorte. Los Textos de las pirámides se escribieron en un estilo de jeroglíficos poco usual, pues muchos de los ideogramas que representan humanos y animales se dejaron incompletos o se dibujaron con mutilaciones, muy probablemente para evitar causar cualquier daño al faraón muerto. El propósito de los Textos de las pirámides era ayudar al faraón fallecido a ocupar su lugar entre los dioses, en particular a reunirse con su padre divino Ra. En este temprano período de la historia egipcia, el más allá se situaba en el cielo, en lugar del inframundo descrito en el Libro de los muertos. Hacia el final del Imperio Antiguo los Textos de las pirámides dejaron de ser un privilegio exclusivamente real y fueron adoptados por los gobernadores regionales y otros funcionarios de alto rango.

En el Imperio medio surgió un nuevo tipo de texto funerario, los Textos de los sarcófagos, que usaban una nueva versión del lenguaje, nuevos sortilegios y, por primera vez, ilustraciones. Los Textos de los sarcófagos se inscribieron comúnmente en las caras internas de los féretros, aunque ocasionalmente se han hallado en las paredes de las tumbas o en papiros. Estos textos estaban a disposición de particulares adinerados, con lo que así aumentó enormemente el número de personas que podían esperar tener otra vida en el más allá. Este proceso ha sido descrito como «la democratización del más allá».

El Libro de los muertos se desarrolló inicialmente en la ciudad de Tebas hacia comienzos del Segundo período intermedio, alrededor del 1650 a. C. La primera aparición conocida de los hechizos contenidos en este libro son los textos del sarcófago de la reina Montuhotep, de la dinastía XVI, en el que los nuevos salmos fueron incluidos junto con pasajes más antiguos de los Textos de las pirámides y los Textos de los sarcófagos. Algunos de los hechizos introducidos en este momento parecen tener un origen anterior, caso de la rúbrica para el sortilegio 30B, que afirma que fue descubierta por el príncipe Dyedefhor durante el reinado de Micerino, muchos cientos de años antes de lo que atestigua el registro arqueológico.

Hacia la dinastía XVII el Libro de los muertos se había extendido no solo para los miembros de la familia real, sino también para otros cortesanos y funcionarios. En esta etapa los sortilegios se inscribían comúnmente sobre los sudarios de lino en los que eran envueltos los difuntos, y en ocasiones también han sido hallados sobre sarcófagos y papiros.

Durante el Imperio nuevo se desarrolló y expandió considerablemente el uso del Libro de los muertos. El famoso capítulo 125, el "Pesaje del corazón", aparece por vez primera en los reinados de Hatshepsut y Tutmosis III, c. 1475 a. C. A partir de este período, el Libro de los muertos se escribió normalmente en un rollo de papiro y el texto se ilustró con viñetas. Durante la dinastía XIX en particular las viñetas se hicieron de gran riqueza, con preeminencia sobre el texto. En el Tercer período intermedio el Libro de los muertos comenzó a aparecer en escritura hierática además de en los tradicionales jeroglíficos. Los rollos hieráticos fueron una versión más barata, producidos en papiros más pequeños y con solo una pequeña viñeta en principio. En la misma época muchos enterramientos usaban otros textos funerarios, como el Libro del Amduat.

Durante las dinastías XXV y XXVI el Libro de los muertos se actualizó, revisó y estandarizó. Los sortilegios fueron ordenados y numerados por primera vez, dando lugar a la versión que hoy llamamos «Recensión saíta» por la Dinastía Saíta. En el Período tardío y el Ptolemaico el Libro de los muertos se mantuvo sobre la base de esta revisión, aunque cada vez más abreviada hacia el final del período Ptolemaico. Aparecieron nuevos textos funerarios, como los Libros de las respiraciones o el Libro del recorrido de la eternidad. El Libro de los muertos se dejó de usar en el siglo I a. C., aunque algunos vestigios artísticos inspirados por este indican que se siguió usando en época romana.

Sortilegios miniaturadeimagen|upright=2|El místico Sortilegio 17, del Papiro de Ani. La viñeta superior ilustra, de izquierda a derecha, al dios Heh como una representación del mar, una puerta de entrada al reino de Osiris, el Ojo de Horus, la vaca celestial Mehet-Weret y una cabeza humana emergiendo de un féretro custodiado por los cuatro Hijos de Horus.

El Libro de los muertos se compone de una serie de textos individuales acompañados de ilustraciones. La mayoría de sus capítulos comienzan con la palabra ro, que puede significar boca, habla, un capítulo de libro, pronunciación o sortilegio. Esta ambigüedad refleja la similitud de pensamiento en egipcio entre el discurso ritual y el poder mágico. En el contexto del Libro de los muertos se suele traducir como «capítulo» o «sortilegio», y de ambas maneras serán referidos aquí.

En la actualidad se conocen 192 sortilegios, aunque ningún manuscrito individual los contiene todos. Sirven a una gran cantidad de propósitos. Algunos están destinados a dar al fallecido conocimientos místicos en el más allá, o identificarlos a ellos con los dioses, caso del sortilegio 17, una oscura y larga descripción del dios Atum. Otros son encantos para garantizar que las diferentes partes de un fallecido sean preservadas y reunidas, o también para otorgar al muerto el control sobre el mundo que le rodea. Algunos protegen al difunto de fuerzas hostiles o lo guían a través de los obstáculos del inframundo. Los más famosos son los capítulos referidos al juicio de Osiris en el ritual del "Pesaje del corazón".

Los textos y las imágenes del Libro de los muertos eran tanto mágicos como religiosos. La magia era una actividad tan legítima como el rezo a los dioses, aun cuando la magia estaba dirigida a influir en los propios dioses. De hecho, para los antiguos egipcios hay poca diferencia entre las prácticas mágicas y religiosas. El concepto de magia, heka, estaba íntimamente ligado a la palabra escrita y hablada, por lo que el acto de pronunciar un ritual era una acción de creación; la acción y la pronunciación se consideraban lo mismo. El poder mágico de las palabras se extendió a las palabras escritas. Los egipcios creían que los jeroglíficos eran un invento del dios Tot y gozaban de poder, pues también transmitían toda la fuerza de un sortilegio. Esto era efectivo incluso cuando el texto se acortaba u omitía, como ocurre en los rollos tardíos del Libro de los muertos y en los que las imágenes gozaban de mayor protagonismo. Los egipcios también creían que conocer el nombre de algo les daba poder sobre ello, por lo que el Libro de los muertos dotaba a su propietario de los nombres místicos de muchas de las entidades que se encontraría en el más allá y de poder sobre ellas.

Los sortilegios del Libro de los muertos hacen uso de varias técnicas mágicas que también podían ser usadas en otras áreas de la vida egipcia. Algunos son para amuletos mágicos que podían proteger a los muertos de cualquier daño. Además de ser representados en los papiros del Libro de los muertos, estos sortilegios han aparecido en amuletos envueltos junto con la momia. La magia diaria hacía uso de un gran número de amuletos. Diferentes artículos que estaban en contacto directo con el cadáver en la tumba, como el soporte de la cabeza, también tenían valor de amuleto. Otros sortilegios también se refieren a las creencias egipcias sobre el poder mágico y curativo de la saliva.

Organización Casi todos los ejemplares del Libro de los muertos eran únicos, pues contenían una selección distinta de sortilegios de todo el corpus de textos disponible. Durante la mayor parte de su historia el libro no tuvo orden o estructura definida. De hecho, desde el temprano estudio de Paul Barguet de 1967 sobre los temas comunes entre los diferentes textos, los egiptólogos concluyeron que no había ninguna estructura interna. Fue solo desde el Período Saíta (la dinastíaXXVI) en adelante cuando se dotó al libro de organización.

Los Libros de los muertos de la época Saíta tienden a organizar los capítulos en cuatro secciones:

Capítulos 1-16 El difunto entra en la tumba, desciende a los infiernos y el cuerpo recupera el movimiento y el habla.

Capítulos 17-63 Explicación del origen mítico de los dioses y los lugares, los fallecidos son obligados a vivir de nuevo a fin de que puedan surgir, nacer, con el sol de la mañana.

Capítulos 64-129 Los fallecidos viajan a través del cielo en el arca solar como uno de los muertos benditos. Por la noche descienden al inframundo para presentarse ante Osiris.