250px|thumb|David (1501-1504), de Miguel Ángel, Galería de la Academia de Florencia. El desnudo es un género artísticoSin embargo, decía Kenneth Clark que el cuerpo humano desnudo no es un tema del arte, sino una forma de arte, un modo de realizar el ideal artístico; más que un motivo, es una de las formas como se ha realizado el arte —al menos, en el ámbito occidental—. que consiste en la representación en diversos medios artísticos —pintura, escultura o, más recientemente, cine y fotografía— del cuerpo humano desnudo. Es considerado una de las clasificaciones académicas de las obras de arte. La desnudez en el arte ha reflejado por lo general los estándares sociales para la estética y la moralidad de la época en que se realizó la obra. Muchas culturas toleran la desnudez en el arte en mayor medida que la desnudez en la vida real, con diferentes parámetros sobre qué es aceptable: por ejemplo, aun en un museo en el cual se muestran obras con desnudos, en general no se acepta la desnudez del visitante. Como género, el desnudo resulta un tema complejo de abordar por sus múltiples variantes, tanto formales como estéticas e iconográficas, y hay historiadores del arte que lo consideran el tema más importante de la historia del arte occidental.Según Francisco Calvo Serraller, «el desnudo no es solamente una forma de arte, sino que es la explicación o la razón misma de ser del arte occidental: ese punto o intersección dramática entre lo natural y lo celeste, entre el ideal y lo real, entre lo carnal y lo espiritual, entre el cuerpo y el alma». También Javier Portús, conservador del Museo del Prado, opina que «durante siglos el desnudo ha sido la forma artística por excelencia en Occidente, aquélla capaz de expresar mejor que ninguna otra los valores del color y de la materia pictórica». ()

Aunque se suele asociar al erotismo, el desnudo puede tener diversas interpretaciones y significados, desde la mitología hasta la religión, pasando por el estudio anatómico, o bien como representación de la belleza e ideal estético de perfección, como en la Antigua Grecia. El arte ha sido desde siempre una representación del mundo y el ser humano, un reflejo de la vida. Por ello, el desnudo no ha dejado de estar presente en el arte, sobre todo en épocas anteriores a la invención de procedimientos técnicos para captar imágenes del natural (fotografía, cine), cuando la pintura y la escultura eran los principales medios para representar la vida. Sin embargo, su representación ha variado conforme a los valores sociales y culturales de cada época y cada pueblo, y así como para los griegos el cuerpo era un motivo de orgullo, para los judíos —y, por ende, para el cristianismo— era motivo de vergüenza, era la condición de los esclavos y los miserables.

El estudio y representación artística del cuerpo humano ha sido una constante en toda la historia del arte, desde la prehistoria (Venus de Willendorf) hasta nuestros días. El ser humano ha sentido desde antaño la necesidad de profundizar en su esencia, de conocerse a sí mismo, tanto en el aspecto exterior como interior. El cuerpo proporciona placeres y dolores, tristeza y alegría, pero es un compañero presente en todas las facetas de la vida, con el cual el ser humano transita por el mundo, y por el cual siente la necesidad de indagar en su conocimiento, en sus pormenores, en su aspecto tanto físico como recipiente de su «yo interior». Desde su faceta más mundana, relacionada con el erotismo, hasta la más espiritual, como ideal de belleza, el desnudo ha sido un tema recurrente en la producción artística prácticamente en todas las culturas que se han sucedido en el mundo a lo largo del tiempo. Kenneth Clark, en su obra El desnudo. Un estudio de la forma ideal (1956), enfatiza la distinción en lengua inglesa de dos tipos de desnudo: la forma humana natural (naked) y la transcripción de esa forma de un modo idealizado (nude). Esta distinción entre desnudo corporal y desnudo artístico proviene de los críticos ingleses del , para los que la esencia de la pintura y la escultura era el cuerpo humano desnudo.

El desnudo ha tenido desde tiempos antiguos —especialmente desde las formulaciones clásicas de la Antigua Grecia— un marcado componente estético, por cuanto el cuerpo humano es objeto de atracción erótica, y constituye un ideal de belleza que va cambiando con el tiempo, según el gusto colectivo de cada época y cada pueblo, o incluso el particular de cada espectador. La sexualidad más o menos implícita de estas imágenes ha llevado al género del desnudo a ser objeto de admiración o bien de condena y rechazo, llegando a estar prohibido en épocas de moral puritana, si bien siempre ha gozado de un público que ha adquirido y coleccionado este tipo de obras. En tiempos más recientes, los estudios en torno al desnudo como género artístico se han centrado en los análisis semióticos, especialmente en la relación entre obra y espectador, así como en el estudio de las relaciones de género. El feminismo ha criticado el desnudo como utilización objetual del cuerpo femenino y signo del dominio patriarcal de la sociedad occidental. Artistas como Lucian Freud y Jenny Saville han elaborado un tipo de desnudo no idealizado para eliminar el concepto tradicional de desnudo y buscar su esencia más allá de los conceptos de belleza y género.

En la actualidad, el desnudo artístico es ampliamente aceptado por la sociedad —al menos en el ámbito occidental—, y su presencia cada vez mayor en medios de comunicación, cine, fotografía, publicidad y otros medios, lo ha convertido en un elemento icónico más del panorama cultural visual del hombre y la mujer actual, aunque para algunas personas o algunos círculos sociales sigue siendo un tema tabú, debido a convencionalismos sociales y educacionales, generando un prejuicio hacia la desnudez, que es conocido como «gimnofobia» o «nudofobia».

Fundamentos del desnudo en el arte thumb|250px|El Hombre vitruviano (1487), de Leonardo da Vinci, Galería de la Academia de Venecia. Estudio de las proporciones en el cuerpo humano. El desnudo ha tenido desde la Antigua Grecia un marcado componente idealizador, por lo general se ha representado más desde el idealismo que desde la imitación naturalista, procurando hallar en la forma humana un ideal de perfección que trascendiese la materia para evocar el alma, la pureza de la unión entre cuerpo y espíritu. Así, los artistas griegos más que imitar el cuerpo humano lo perfeccionaban. En palabras de Aristóteles: «el arte completa lo que la naturaleza no puede terminar. Por el artista conocemos los objetivos inalcanzados de la naturaleza». Así, en el desnudo el espectador aprecia errores que no son tales, sino que son juicios de gusto, reflexiones estéticas que derivan de un concepto de belleza ideal inherente a cualquier persona. De tal manera resulta imposible establecer unos criterios generales por los que cualquier desnudo resulte bello para todo el mundo, y algunos autores han intentado —sin éxito— establecer una «forma media», basada en las proporciones más habituales, que sin embargo no llega a satisfacer al espectador, puesto que la belleza es algo abstracto, inconmensurable, utópico, y por tanto de difícil realización práctica.

El ideal de perfección del cuerpo humano proviene de la Grecia clásica, y es constatable en todas sus obras, si bien no existe referencia de cómo expresaban los escultores griegos las proporciones ideales del cuerpo humano. Han llegado noticias del célebre «canon de Policleto», pero no se sabe exactamente en qué consistía. Sin embargo, una de las expresiones más famosas de las proporciones en el cuerpo humano proviene de un arquitecto romano, Vitruvio, quien en el tercer libro de su De architectura establecía que las proporciones ideales en arquitectura se deben basar en la medida del cuerpo humano, que es un modelo perfecto porque con brazos y piernas extendidos encaja inmejorablemente en las dos principales formas geométricas —consideradas perfectas—, el círculo y el cuadrado. Esbozó así el llamado Hombre de Vitruvio, que tuvo gran relevancia en la teoría artística del Renacimiento.

Sin embargo, estos intentos de fundamentar el cuerpo humano en proporciones perfectas fueron un tanto baldíos, y sus resultados a menudo insatisfactorios, como la Némesis de Alberto Durero (1501), basada en las proporciones vitruvianas y sin embargo carente de atractivo físico. En última instancia, no hay fórmulas para plasmar de forma exacta la belleza del cuerpo, porque nuestra percepción siempre está tamizada por el pensamiento, por nuestro gusto, nuestros recuerdos, nuestras vivencias. Decía Francis Bacon que «no hay belleza excelente que no tenga algo raro en la proporción». El mismo Durero, tras sus primeros intentos de una geometrización del cuerpo humano, renunció a tal pretensión, y pasó a inspirarse más en la naturaleza. En la introducción de su tratado Cuatro libros de las proporciones humanas (1528) expresó: «no existe un hombre en la tierra capaz de emitir un juicio definitivo sobre cuál pueda ser la forma más hermosa del hombre».

thumb|250px|left|El estudio del pintor (1563), de Giorgio Vasari, Casa Vasari, Florencia. Se puede concluir que el factor estético del desnudo depende tanto de ciertas reglas en cuanto a proporción y simetría como a un variado conjunto de valores de carácter subjetivo, desde la espontaneidad y exuberancia de la naturaleza hasta el componente psíquico de la percepción estética, sin desechar el carácter individual de todo juicio de gusto. Según Kenneth Clark, «el desnudo representa el equilibrio entre un esquema ideal y las necesidades funcionales», siendo éstas el conjunto de factores que otorgan vida y credibilidad al desnudo artístico.

Las primeras reflexiones teóricas sobre el desnudo se efectuaron en el Renacimiento: en el tratado Della Pittura (1436-1439), Leon Battista Alberti opinaba que el «estudio del desnudo» era la base del procedimiento académico de la pintura, estableciendo que «para pintar el desnudo, empezad por los huesos; añadid luego los músculos y cubrid después el cuerpo con carne, de forma que quede visible la posición de los músculos. Podrá objetarse que un pintor no debe representar lo que no se puede ver, pero este procedimiento es análogo a dibujar un desnudo y luego cubrirlo de ropajes». Esta práctica académica ha llegado prácticamente hasta nuestros días, junto al estudio del natural, constatable a principios del en unos dibujos de Pisanello, primer autor del que se conservan este tipo de bocetos —otros anteriores pueden haberse perdido—. Alberti también recomendaba para cualquier representación de grupo efectuar antes un boceto con las figuras desnudas, antes de vestirlas en la obra final, como se percibe en un boceto de la Disputà de Rafael, donde un grupo de jóvenes desnudos y de complexión atlética conforma el conjunto que luego serían los Padres de la Iglesia y los teólogos. El desnudo, junto a la perspectiva, fueron los dos grandes factores estructurales de la composición pictórica renacentista, y en la segunda mitad del era ya un estudio común para el aprendizaje de cualquier aspirante a artista, como se denota por obras conservadas de los talleres de Filippino Lippi, Ghirlandaio y los hermanos Antonio y Piero Pollaiuolo, y así está documentado en las Vidas (1542–1550) de Vasari.

thumb|300px|El desnudo era aceptado por los que concurrían a los salones literarios franceses del , siempre y cuando el entorno fuera claramente «clásico», presentando personajes de una cultura en la cual la desnudez era usual, como en este cuadro de Jean-Léon Gérôme, Jóvenes griegos con pelea de gallos (Musée d'Orsay, París, 1846).