El término Ejército Real de Nueva España alude a las fuerzas armadas europeas y americanas, utilizadas para tratar de sostener la integridad del virreinato de Nueva España dentro de la monarquía española y restaurarla cuando México se declaró independiente.

Las campañas contra la insurgencia mexicana fueron desarrolladas por los cuerpos americanos del ejército virreinal novohispano y combatieron en solitario contra Hidalgo y Morelos hasta la llegada de expedicionarios peninsulares, dos años más tarde, en 1812. Estas son fuerzas nativas de América esencialmente, y permanecieron en el bando español hasta la imposición del Trienio Liberal de 1820, motivando el pase mayoritario de los virreinales al bando Trigarante, liderado por Iturbide, que aseguró la independencia de México en 1821. España reembarcó sus tropas pero rechazó el tratado de Córdoba, y no concluyó ninguna paz. Las campañas contra el Imperio y República de México se sostuvieron casi únicamente por la fuerza expediciónaria y España mantuvo desde Cuba su armada y ejército, que resiste en la fortaleza de San Juan de Ulúa de Veracruz hasta 1825 y finalmente dispuso la expedición de Isidro Barrada en 1829.

Todo el esfuerzo militar realista entre los años 1810-1829 tiene el propósito de sostener la monarquía española durante la revolución hispanoamericana . Todos los planes de reconquista cesan y se pone punto final en España a toda operación militar con el fallecimiento del monarca Fernando VII en 1833. Finalmente las cortes españolas renuncian en 1836 a la soberanía del territorio continental americano y autorizan al gobierno a concluir tratados de paz y reconocimiento, siendo México el primer país reconocido por España.

Campañas contra la insurgencia en México

En principio la causa real se sostiene solo gracias a las tropas novohispanas. Por el contrario, cuando se inició la revolución estadounidense en los años 1775-76 inmediatamente el Reino Unido desplegó una flota que incluía 39 Navíos de guerra y un ejército expediciónario de 25 000 hombres. Al estallar la Revolución hispanoamericana Nueva España ya poseía una población y una extensión mucho mayor que toda la América colonial británica. Sin embargo, en contraste, España, que estaba inmersa en su guerra de independencia contra el emperador francés Napoleón Bonaparte, no pudo enviar ninguna expedición de refuerzo para ningún lugar de América al estallar la insurgencia americana. Tampoco pudo auxiliar a México hasta el año 1812, cuando ya habían pasado dos años después de iniciado el conflicto militar. A partir de entonces, como en otros lugares del conflicto hispanoamericano, el ejército se constituiría de una proporción de expedicionarios dentro de una mayoritaria tropa novohispana.

El apoyo novohispano El ejército de Nueva España, aunque numéricamente el más importante de la América colonial española, según McFarlane nunca antes de la revolución hispanoamericana llegó a superar la fuerza permanente de 6000 hombres.«Cuando inició la revolución estadounidense, en 1775-1776, Gran Bretaña no tardó en aumentar este nivel a más de 25 000 soldados regulares. En contraste, España nunca fue capaz de alcanzar despliegues militares comparables, en consonancia con la escala territorial mucho mayor de sus colonias. Sólo México tenía una población y un área mayor que todas las colonias británicas de la costa este juntas y, sin embargo, no contaba con un ejército comparable al de la América colonial británica en sus últimos años. El ejército regular de México, apostado principalmente en la ciudad de México, Veracruz y Puebla, nunca superó los 6000 hombres. Otras grandes colonias continentales contaban con fuerzas regulares aún más pequeñas». Sin embargo, la totalidad de la fuerza veterana secundó con disciplina a las autoridades virreinales, y casi toda la milicia lo hizo también. Al estallar el conflicto, la milicia novohispana de México, Puebla y Veracruz y del norte mexicano se mantuvo leal a la autoridad, y formó además la piedra angular del ejército de Calleja que salvó al gobierno virreinal y, con la excepción de los escasos oficiales de algunos batallones provinciales, ninguno más secundó al cura Hidalgo. Ortiz dice que en 1810 el ejército permanente se componía de 8257 hombres, más unos cuantos regimientos de provinciales en servicio, de manera que el total de fuerzas efectivas no sumaba más de 27 000 elementos. Pero indica que Humboldt da una cifra aproximada de 30 000 hombres, de los cuales la tercera parte pertenecía al ejército permanente. Mientras que Archer considera que la suma total de estas fuerzas era de 24 462 efectivos, pero no diferencia la fuerza permanente.

En plena explosión revolucionaria, la activación y movilización de las milicias borbónicas y la incorporación de la población civil a la guerra contra los insurgentes fue posible por la extraordinaria actividad de Calleja, que había llegado a Nueva España en 1789, a la edad de 36 años, y conocía y convivía con los mexicanos y había creado varias de aquellas milicias en años anteriores. La organización y funcionamiento de las milicias novohispanas pasó según Ortiz por cuatro etapas:

Entre octubre de 1810 y mayo de 1811: las activadas con el estallido de la insurrección. Entre junio de 1811 y febrero de 1813: las organizadas por Félix María Calleja. Entre marzo de 1812 y febrero de 1821: la reestructuración político-económico-militar. Entre marzo y septiembre de 1821: tras la subversión del plan de Iguala.

En los años que se sucedieron, la creencia de los gobiernos españoles, de cualquier signo, de la presencia de un apoyo de la opinión pública novohispana hacia la monarquía, incluso más allá de la consolidación de la independencia mexicana, justificó el envío de expedicionarios europeos para sostener la causa realista hasta el final de la contienda. Sin embargo, este apoyo al régimen español se agotó, entre otras razones, debido a la devastación del país producto de una guerra que se hacía perpetua, lo que conlleva a la desarticulación de la jerarquía virreinal, atomizada por caudillos realistas regionales con cada vez más poder, a los que se sumaron los acontecimientos políticos peninsulares que afectaron al monarca español y a sus representantes más directos en el gobierno virreinal.

+Estado de Fuerza el 20 de septiembre de 1816DepartamentosNombres de los comandantesNúmero de hombres División de México El virrey2660División de Apan Cor. Manuel de la Concha1310Secc. Huejutla Tte. Cor. Alejandro Álvarez de Güitián151 Ejército del Sur Brig. Ciriaco del Llano6699División de Veracruz Mariscal José García Dávila16482Tropas destinadas a convoyes Cor. Francisco Hevia968Tropas Isla del Carmen Cor. Cosme de Urquiola339División AcapulcoCor. José Gabriel de Armijo2651Sección TolucaCor. Nicolás Gutiérrez282División IxtlahuacaCor. Matías Martín y Aguirre787División de TulaCor. Cristóbal Ordónez888División de QuerétaroBrig. Ignacio García Rebollo991Ejército del NorteCor. José Castro3803Ejército de reservaMariscal José de la Cruz3363División de San Luis PotosíBrig. Manuel María de Torres614Div. Provincias Internas de OrienteBrig. Joaquín Arredondo3987Div. Provincias Internas de OccidenteMariscal Bonavia279Antigua CaliforniaCap. Argüello109Nueva CaliforniaTte. Cor. Pablo Sola3665Total39 436

Las milicias de pueblos y pequeñas localidades Se trata de cuerpos armados locales, de cada pueblo, no permanentes, no regulares, de carácter voluntario, y composición popular. Estas compañías de voluntarios llamados «patriotas distinguidos defensores de Fernando VII» y «fieles realistas defensores de Fernando VII» se fusionaron y formaron las compañías de milicias «patrióticas». Estas milicias se crearon para defender cada pueblo de la insurgencia, delegando la responsabilidad de la protección de cada pueblo en las élites locales y sus pobladores. Puso a prueba la capacidad de cada pueblo de organizarse y armarse en defensa de sus intereses locales frente a la insurgencia y al ejército regular que iba en busca de los insurgentes, y que imponían contribuciones, víveres y caballos y recluta de gente.

El sistema de milicias fue eficaz en la lucha contra la insurgencia, pero estableció la base de una estructura que puso los cimientos del triunfo de los pueblos y élites locales contra la centralización del poder y la monarquía. Zarate dice que es posible que el número de combatientes españoles se elevase hasta 80 000 «hombres sobre las armas», con base en una carta secreta de 1814 del obispo Manuel Abad y Queipo en la que se queja contra el virrey Calleja, sumando estos «realistas de los pueblos».GUERRA Y GOBIERNO.Juan Ortiz EscamillaRey, cortes y fuerza armada en los orígenes de la España liberal, 1808-1823.Roberto Luis Blanco Valdés

Las expediciones de reconquista a México (1812 - 1817) La primera expedición de reconquista por fin llegó en el año 1812, y estas unidades no pretendían constituir una fuerza decisiva, ya que por sí mismas no eran una fuerza numéricamente significativa, pero buscaron servir de argumento político y materialmente de auxilio, ya que, engarzadas en el ejército novohispano, cumplían la misión de cohesionar el ejército. La misión consistía en dar asistencia al ejército del país. Se debían alejar rápidamente de la costa, debido al vómito negro (fiebre amarilla). Pero los regimientos prácticamente desaparecían por la extensión del virreinato y los batallones se desintegraron divididos en secciones que servían en guarniciones, convoyes y en la lucha contrainsurgente. De esta forma, los escasos destacamentos expedicionarios prolongaron indefinidamente la guerra contrainsurgente.

Pero en el año 1820, tras la crisis política en el seno del gobierno español, los ejércitos realistas abandonados a su suerte ya no recibían paga ni asistencia o refuerzos por parte del gobierno liberal, y el giro político mexicano determinó que en 1821 la mayor parte de sus hombres, algunos peninsulares, se unieran a Iturbide: Melchor Álvarez, Rafael Bracho y Domingo Luaces. Y que para diciembre de 1821, con el acuerdo de abandonar México, las tropas españolas se dirigiesen al reembarque: 492 oficiales y 3699 sargentos cabos y soldados. Desde La Habana fueron repatriados a España y arribaron a Cádiz entre el 27 de abril y 3 de octubre de 1822, y quedaron acantonados en Mahón, Murcia, Alicante, Valencia y Madrid.

+ Año Número total de hombresJefe de la expediciónUnidades y comandantes (entre paréntesis los cambios de nombre de unidades en el año 1820)UnidadComposiciónOficiales18123857 -Batallón Asturias (Mallorca)270 soldados Juan Cándamo, teniente coronel Batallón Lobera (Infante Don Carlos)847 soldadosJosé Joaquín Márquez y Donallo, coronel; Francisco Bucelli, teniente coronelRegimiento América (Murcia)817 soldados,un batallónConde de Castro-Terreño; Juan José OlazábalBatallón Castilla (Voluntarios de Castilla)649 soldadosFrancisco Hevia Batallón Zamora910 soldadosRafael BrachoBatallón Fernando VII -expedicionario-364 soldadosÁngel Díaz del Castillo y Sanjurjo, teniente coronel18131895 -Batallón Extremadura995 soldadosBenito Armiñan, coronelBatallón Saboya (Reina)900 soldadosMelchor Álvarez, coronel18151749Brigadier Fernando Miyares y ManceboRegimiento Órdenes Militares1126 soldados,2 batallonesFrancisco LLamas, coronelBatallón Voluntarios de Navarra (Barcelona)623 soldadosJosé Ruiz, coronel18171547Mariscal de Campo Pascual LiñanRegimiento de Zaragoza2 batallonesDomingo Estanislao de Luaces, brigadier

Expedicionarios del año 1812 Parten de puertos españoles un total de 3857 hombres, que llegan al puerto de Veracruz organizados en entidades de batallón. Procedente de La Coruña, arriba el batallón tercero de Asturias el 14 de enero de 1812, formado por 270 soldados, en el barco Miño. El batallón Lobera lo hace dos días más tarde, el 16 de enero de 1812, también procedente de La Coruña, en el barco Algeciras, con 847 soldados.