El idioma asturleonés es una lengua romance conocida por diversos glotónimos como asturiano, leonés o mirandés. La lengua cuenta con diversas variedades con sus propias denominaciones, fruto del aislamiento de las poblaciones por la geografía, como cabreirés, sanabrés, berciano, paḷḷuezu, pixueto, etc.

Filogenéticamente, el asturleonés forma parte del grupo iberorromance occidental y surge de la peculiar evolución que sufrió el latín en el reino de Asturias (posteriormente llamado reino de León). Los filólogos dividen el asturleonés en tres bloques dialectales (occidental, central y oriental) con divisiones de norte a sur desde Asturias hasta el norte de Portugal, formando así el dominio lingüístico asturleonés.Segunda acepción del DRAEEl cántabro o montañés en el noreste y el extremeño en el sur son variedades lingüísticas con rasgos de transición con el dominio castellano septentrional (el primero) y castellano meridional (el segundo).Fernández-Ordóñez, Inés (1993). "El dominio lingüístico asturleonés: historia y situación actual". En Revista Española de Lingüística, Vol. 23, pp. 295-329. El asturleonés también tiene continuidad dialectal con el gallego y portugués, especialmente con la variedad conocida como eonaviego.

Aspectos históricos, sociales y culturales

Origen miniatura|272px|Operaciones militares romanas llevadas a cabo durante la guerra en los dos frentes contra cántabros (Bellum Cantabricum) y astures (Bellum Asturicum). El idioma asturleonés tiene su origen en el latín vulgar, transmitido principalmente por las legiones romanas asentadas en Asturica Augusta y la Legio VI. La suplantación de la lengua de los astures por esta otra fue lenta pero imparable, ya que el uso del idioma imperial era la llave que abría las puertas para la obtención de muchos derechos y libertades, entre ellos el más importante: la ciudadanía romana. No obstante, como en el resto de la península, no fue hasta el establecimiento de los reinos germánicos (visigodos) cuando el latín, más o menos modificado, se termina de establecer como lengua única y común en la península.

En las lenguas asturleonesas concurren, por partida doble, rasgos marcadamente conservadores, como el mantenimiento de los grupos AI, AU y MB junto a otros disgregadores del sistema latino, como es la transformación del vocalismo originario hacia un sistema de diptongos. Esto se explica por el carácter de encuentro en el territorio de los astures de dos procesos de romanización muy diferenciados: el procedente de la Bética y el procedente de la Tarraconense. Kurt Baldinger, Krüger, Menéndez Pidal y otros autores han destacado la importancia del río Sella como límite lingüístico de estos dos mundos. Señala así Menéndez Pidal en Orígenes del español: “El límite de f y h hacia las fuentes del río Sella es, pues, un límite antiquísimo y estacionario o casi estacionario”. La Bética, con su floreciente cultura ciudadana y su activa vida cultural, se opondría al carácter militar y vulgar de la Tarraconense. Resulta en este sentido de interés la exposición que Fernández Pousa hace respecto de la incidencia que las comunidades judías pudieran haber tenido para conservar el hilo conductor desaparecido entre la Bética y el noroeste peninsular. Véase en este sentido la exposición respecto de la Jaryas en romance realizadas por Fernández Pousa en relación a la poesía gallego-portuguesa, pero cabría hacer igual consideración respecto de la lengua asturleonesa. Fernández Pousa, Ramón, Selección literaria del idioma gallego, siglos XI-XX, prólogo de Santiago Montero Díaz, Madrid, 1951, p. 11 y ss. A esta diferenciación cultural y social respondería seguramente el carácter conservador del Sur, que explicaría según Baldinger el carácter conservador del asturleonés y del portugués: mantenimiento de la -U final y de los grupos AI, AU, MB. Este carácter conservador se refleja en determinadas palabras que solo están presentes en el noroeste peninsular, que ya en tiempos de Cicerón estaban en desuso: así 'fabulari' (falar, hablar) frente a 'parlare' (parlare, parlar), para 'quaerere' (querer) frente a 'volere' (voler, vouloir), 'percuntari' (preguntar) frente a 'questionare', campsare (cansar), etc. Por otra parte, la situación periférica del noroeste peninsular determinaría también que, una vez adoptado el latín, se mantuvieran conservadoramente muchas palabras latinas que solo perduran como palabras populares en el noroeste; así, p. ej., el lat. culmus ‘tallo’ es en portugués colmo, en asturiano cuelmu (véanse las formas reunidas por Corominas y FEW; a causa del diptongo ue, que solo puede deberse a una ŏ, supone Corominas un celta 'kŏlmos', ZCPhil 25, 1956, pág. 42); Silva Neto reúne nada menos que 51 ejemplos (pág. 269 y sig.; a propósito de ATRIUM véase especialmente pág. 353, nota 8). Malkiel ha demostrado que el lat. ALIQUIS “como pronombre se guareció en un distrito alejado y conservador: el NO. y O. de la península ibérica”.No obstante, son el río Salja por el este y el Eo por el oeste los que marcan los verdaderos límites lingüísticos, evidenciando un sustrato social común para el espacio entre ambos cauces.Menéndez García, Ramón (1981). Dialectología astur-leonesa. Real Academia Española, Madrid.

Junto a estos rasgos conservadores inciden otros que presentan un carácter marcadamente innovador y que solo se explican por la resistencia de los pueblos del Norte a la romanización, situación de conflicto que hoy conocemos a través del relato de las guerras cántabras. Estas dos tendencias, junto a la expansión y el retroceso posterior de las lenguas vernáculas como el vasco, tras el periodo de inestabilidad que sigue a las invasiones germánicas, van a determinar la especial evolución lingüística del noroeste peninsular. En el vocabulario se hallan así elementos prerromanos procedentes de las más diversas capas, que sobrevivieron a la tardía romanización de esta zona, e incluso elementos preindoeuropeos que solo se habían conservado en la toponimia.De especial interés son palabras preindoeuropeas que, extendiéndose desde Portugal-Galicia hasta las Provincias Vascongadas, son testimonio aún hoy en día de capas antiquísimas; así, p. ej., el port. samo 'albura', gallego 'id.; la capa blanda que se halla debajo de la corteza de los cuernos', ast. samu 'la superficie', vasc. zama 'albura', o el ast. cotolla 'árgoma o tojo, aulaga', gall. cotaño 'cepa de hiniesta', vasco othe 'árgoma', ejemplos tomados de Hubschmid, Enc Hisp I, 1960, pág. 54). En otros casos sólo se han conservado los pilares laterales; así, p. ej., en el caso de la palabra gangorra, 'especie de carapuça', testimoniada por un lado en el port. del siglo XV, y por otro, en el vasco gangorra, 'la cresta'. La relación entre ambas palabras se ve confirmada por la palabra, testimoniada también en las zonas intermedias: montañés, asturiano, Soria ganga, 'puntos extremos del corte de las herramientas (hachas, azuelas, dalles, etc.)' y más allá del vasco en el bearn. gangue 'arête, crête' (d’une montagne)” (J. Hubschmid, Português “gangorra”, RBras 3, 1957, págs. 83-86, y Enc Hisp I, 1960, pág. 56, ver Baldinger Kurt, La formación de los dominios linguísticos,, cit. 1962, 148.

La aparición de la lengua romance en los Reinos de Asturias y León miniatura|Reino de León en 1030 miniatura|Gráfica cronológica de las lenguas más relevantes en la península ibérica En el , la lengua de la Iglesia y la administración era tan diferente de la hablada que ya se puede pensar en dos sistemas diferentes: el latín y el romance. Esta evolución a lo largo del tiempo dio lugar a que a mediados del aparezcan los primeros documentos con expresiones escritas en lengua romance en diversos monasterios de Asturias y León. Como por ejemplo el manuscrito de la Nodicia de Kesos, donde el romance de esa época sustituye al latín en un acto rutinario de compra-venta. Se considera a menudo este texto, el más antiguo escrito en una lengua romance en territorio peninsular, como la primera muestra del empleo del asturleonés. Del latín escrito en los siglos y , muy alterado por la lengua romance local se encuentra un fondo documental muy importante procedente de los monasterios leoneses de Sahagún, Otero de Dueñas y la Catedral de León.<ref>http://www.saber.es/web/biblioteca/libros/documentos-selectos-estudio-origenes-romance-reino-leon-siglos-x-xii/html/indice.htm?idLibro=155 . Véase también en este sentido los estudios de Alvárez Maurín Diplomática asturleonesa. Topografía terminología toponímica (1994), García Leal, El latín de la diplomática asturleonesa (1986) y Fernández Catón, Colección documental del archivo de la catedral de León (1109-1187), León 1990 y Herrero de la Fuente, Marta, Colección diplomática del monasterio de Sahagún (857-1230), II (1000-1073)<7i>, León 1988</ref>Véase en concreto al respecto el análisis de García Leal que hace sobre el particular, "Aportación del análisis lingüístico a la datación del diploma del Rey Silo y a la determinación de su procedencia" , Signo: revista de historia de la cultura escrita, nº 11, pp. 121-172

Una teoría ya obsoleta es la de Hanssen, según la cual el leonés no sería sino castellano hablado por individuos cuyo dialecto primitivo era el gallego y que fueron castellanizados.«Los estudios que se han hecho sobre los dialectos de otros países han probado que, por regla general, no hay límite geográficos precisos y claros entre las hablas populares... es verosímil que desde tiempos tempranos hubo un tránsito insensible entre el castellano y el gallego, mezclándose las particularidades de las dos lenguas en Asturias y León. Sin embargo, los dialectos asturianos y leonés no son verdaderos términos medios entre las lenguas vecinas, sino que deben ser clasificados de dialectos castellanos, por participar de las principales particularidades de la lengua de Castilla... creo que el castellano ha avanzado hacia el Oeste, quitando las tierras de Oviedo, León, Zamora, Salamanca, etc. a un dialecto semejante al gallego y he sostenido en otra parte Estudios sobre la conjugación aragonesa, que el leonés es castellano transformado en boca de los habitantes de León cuyo idioma primitivo fue el gallego». Hanssen, Federico (1896), Estudios sobre la conjugación Leonesa Impr. Cervantes., p. 754

Menéndez Pidal conseguiría demostrar la existencia de supuestos de diptongación anteriores en el tiempo al predominio castellano, fijando la existencia de criterios propios y distintos en orden a la traslación de las vocales latinas breves -e- y -o-.Rafael Lapesa Melgar, El dialecto asturiano occidental en la Edad Media, tesis doctoral, publicado por la Universidad de Sevilla, 1998, p. 22 Para este autor el grupo asturleonés sería consecuencia del aislamiento de las modalidades dialectales más occidentales del primitivo romance peninsular central como consecuencia de la irrupción del castellano y de la latinización tardía de grupos primitivamente vascófonos, que romperían la primitiva unidad lingüística de la península. Señala así Menéndez Pidal en Orígenes del Español:

" ...la nota diferencial castellana obra como una cuña que, clavada en el Norte, rompe la antigua unidad de ciertos caracteres comunes románicos antes extendidos por la península y penetra hasta Andalucía, escindiendo la antigua uniformidad dialectal, descuajando los primitivos caracteres lingüísticos del Duero a Gibraltar, esto es, borrando los dialectos mozárabes y en gran parte también los leoneses y aragoneses, y ensanchando cada vez más su acción de Norte a Sur para implantar la modalidad especial lingüística nacida en el norte cántabro. La gran expansión de la lengua castellana no se realiza sino después del , es decir, después de la fecha que nos hemos impuesto como término a este estudio." (Menéndez Pidal, Orígenes del Español, 1950, pp: 513-514).