Guanche es la denominación que reciben los primeros pobladores de la isla de Tenerife ―Canarias, España― que la habitaban antes de la conquista europea en el siglo , siendo uno de los pueblos aborígenes canarios entroncados genética y culturalmente con los bereberes del norte de África.
El término se ha extendido popularmente para designar también al resto de culturas aborígenes del archipiélago. Esto en parte se debió al hecho de ser la de Tenerife la cultura aborigen canaria más estudiada y difundida desde la conquista del archipiélago.
Los guanches comenzaron a poblar la isla de Tenerife en torno al último cuarto del , adaptando su modo de vida al ámbito insular. Posteriormente se desarrollaron de manera prácticamente aislada desde la caída del Imperio romano de Occidente hasta el redescubrimiento del archipiélago canario por los navegantes europeos a principios del . La posterior conquista y colonización castellana a finales del provocaron la desaparición de su cultura, organización social y su lenguaje, si bien algunas comunidades marginales se mantuvieron aisladas en las inmediaciones del Teide y conservaron parte de sus costumbres hasta bien entrado el . En cuanto a la población, se produjo el paulatino mestizaje con los nuevos pobladores y el bagaje genético guanche sobrevivió tanto en los modernos habitantes de Tenerife como en sus descendientes en América.
Se organizaban en una sociedad de jefatura con distintas clases sociales y tenían la isla dividida en varias demarcaciones territoriales relativamente independientes entre sí. Poseían una cultura material basada en la realización de útiles de piedra, hueso y madera, debido a la inexistencia de metales en la isla, así como una cerámica hecha a mano sin torno. Habitaban en cuevas naturales y chozas de piedra seca, y vestían con pieles. Para su sustento se dedicaban principalmente a la ganadería de ovicápridos y cerdos, actividad que complementaban con una agricultura básica de cereales y legumbres, el marisqueo y la recolección de productos silvestres.
En cuanto a sus creencias, adoraban a los astros y a un Ser Supremo creador y sustentador del mundo que habitaba en el cielo, y creían también en fuerzas negativas que asociaban con la actividad volcánica de la isla. Realizaban ofrendas a la divinidad en forma de libaciones en altares labrados en la piedra y rituales propiciatorios de lluvia, entre otros. Poseían además culto a los ancestros, destacando la práctica de la momificación de los cuerpos.
Hablaban una variedad insular de las lenguas guanches. No poseían escritura desarrollada, expresándose a través de grabados rupestres con motivos sobre todo geométricos y figurativos, si bien existen muestras de grabados alfabéticos de escritura líbico-bereber.
Fuentes para su estudio
Los principales datos para el estudio de la cultura y del individuo guanche provienen de dos fuentes principales: los textos etnohistóricos y las investigaciones arqueológicas y bioantropológicas modernas.
Etnónimo
El término guanche para designar específicamente a los antiguos pobladores de Tenerife aparece ya en documentos oficiales desde los primeros momentos de la colonización.
Tradicionalmente se ha considerado que el término era el modo en el que los aborígenes se referían a sí mismos, si bien los primeros historiadores como Fray Alonso de Espinosa o Juan de Abréu Galindo indican en sus obras que «los naturales de esta isla, que llamamos guanches» y «á los naturales llamaban Bincheni» respectivamente. José de Viera y Clavijo también apunta a que guanche era el término «con que los españoles distinguieron los naturales de esta isla», y que era la forma aborigen sincopada de Guanchinerfe u 'hombre de Chinerfe'.
Por su parte, el historiador Tomás Arias Marín de Cubas hace provenir la voz guanche de «Gucancha que significa perro».
La mayoría de los historiadores dan como traducción «hombre o habitante de Achinech», siendo Achinech la forma con que los aborígenes llamaban a la isla. Así, Juan Núñez de la Peña indica que «los habitantes de esta dicha Isla de Tenerife se llamaban Guanchinet, que los españoles corrompieron el nombre en Guanche, que quería decir, natural de Thenerife, porque en su lengua Guan, quiere decir persona, y Chinet lo mismo que Thenerife, así juntas las dos dicciones, dice hombre de Thenerife».
Para el filólogo Ignacio Reyes el término es genuinamente aborigen, traduciéndolo como «el/los de Achinech» desde una forma primaria wa-n-Šen, siendo la variante bincheni −wi-n-Šen− de Abréu la forma plural del término. También el profesor Juan Álvarez Delgado coincide en que guanche o wan-chen es la forma singular, y wincheni la plural, con el sentido de «el de ésta», 'los de ésta'.
En 1998 el también filólogo Maximiano Trapero propuso una nueva hipótesis sobre el origen no aborigen del término guanche. Para él, provendría originalmente del francés antiguo guinchet, argumentando que fue el nombre con el que los conquistadores normandos se referían no sólo a los aborígenes de Tenerife, sino de toda Canarias. Según esta hipótesis, guanche no sería un término nativo, sino extranjero, y estaría relacionada con la primera etapa de la conquista de las islas llevada a cabo por franco-normandos.
Orígenes de la población
Las dataciones más antiguas para el poblamiento de Tenerife obtenidas en yacimientos arqueológicos de Icod de los Vinos −Cueva de los Guanches− sitúan la llegada de los primeros pobladores en torno al siglo a. C.
Fray Alonso de Espinosa recoge en su obra confeccionada a finales del siglo una tradición que tomó de los descendientes de los guanches:
Estas poblaciones estaban entroncadas con los antiguos bereberes del norte de África. Un 55% de los linajes aborígenes tienen sus homólogos más cercanos en el Magreb. Sin embargo, estos no incluyen al haplogrupo U6b1, por lo que el origen concreto de los primeros pobladores sigue siendo una incógnita.
La colonización de las islas por norteafricanos se produjo probablemente en diversas migraciones, a las que contribuyó la desertización del Sáhara y el empuje de los establecimientos fenicios y romanos en el norte de África.
Una evidencia de la procedencia norteafricana de los guanches es la toponimia, que muestra un claro parentesco con las lenguas bereberes. Muchos de los topónimos guanches son interpretables a partir del bereber continental. Usualmente en bereber los nombres y adjetivos masculinos empiezan por a- (a veces i- o u-), mientras que los nombres femeninos empiezan en t-.
Aparte de la vecindad y del parecido físico de muchos habitantes de ambos pueblos y en el parecido de algunas costumbres, existen varias coincidencias como que los guanches no eran marinos, aunque eran pobladores de islas, ni tenían armas de largo alcance, como las tribus bereberes del norte de África.
Un caso a destacar es cómo teniendo grandes bosques en las islas, no tenían ningún tipo de embarcación, simplemente en algunos casos excepcionales tenían balsas de zurrones. También siendo grandes guerreros no utilizaban ni tenían conocimiento del uso de las flechas. Pues todos estos acontecimientos también se repetían con los pueblos berberiscos fronterizos de las costa de África. Se cree que la invasión del archipiélago por los bereberes fue gracias a que fueron transportados por ribereños de otro pueblo, tal vez por los descendientes de las colonias tirias que en la Antigüedad se establecieron en las costas occidentales de Mauritania.
Características físicas
El fraile Espinosa da una descripción física de los guanches:
Tras los estudios antropológicos modernos se suele englobar a los guanches en dos tipos según la tipología craneal: cromañoides, de cara ancha y robusta y cráneo alargado y estrecho, y mediterranoides, de caras altas y delicadas con cráneos cortos.
Los guanches presentaban un acusado dimorfismo sexual, siendo los hombres robustos con alturas comprendidas entre los 164 y 170 centímetros, y las mujeres entre 152 y 158 cm. Estas estaturas variaban en las conocidas como zonas de aislamiento −macizos montañosos de Anaga y Teno−, donde los hombres no superarían los 160 cm y las mujeres los 150, siendo en estos lugares menos marcada la diferencia sexual.
Las investigaciones suponen una esperanza de vida para los guanches de entre 30 y 45 años. Los miembros de la nobleza, con una mejor alimentación y menores esfuerzos físicos, podían alcanzar los 65 años.
Demografía
Aunque no existen cifras exactas para el número de guanches que poblaban la isla antes de la conquista, las investigaciones al respecto apuntan una posible población total de entre 15 000 y 20 000 habitantes para el momento final de la cultura aborigen.
Dentro de la demografía guanche cabe destacar que los territorios del norte de la isla estaban más densamente poblados que los del sur, dadas sus mejores condiciones ambientales. Así, los primeros historiadores apuntan a que el rey de Taoro −el más poderoso de la isla ubicado en el fértil valle de La Orotava− «tenía seis mil hombres de pelea».
Tenerife era, junto a Gran Canaria, la isla más poblada a la llegada de los conquistadores en el siglo .
Economía y subsistencia
miniaturadeimagen|220px|El pastoreo de cabras era la principal actividad económica del guanche.
La actividad principal del guanche era la ganadería. Su cabaña ganadera se componía principalmente de cabras y ovejas. Existían dos tipos de cabra: una de cornamenta cerrada y ubre pequeña, y otra de cornamenta abierta y ubre más voluminosa. La oveja por su parte, era de un tipo africano de pelo liso y cola lanuda.
Habían introducido también cerdos de tipo arcaico y perros de una raza de pequeño tamaño que llamaban cancha. En algunos yacimientos arqueológicos también han aparecido restos de gatos y erizos. Todos estos animales parecen haber formado parte también de la dieta aborigen.
Desarrollaban un pastoreo de trashumancia. Los pastores del sur de la isla desplazaban sus ganados constantemente por todo su territorio, mientras que los del norte llevaban a cabo una trashumancia estacional, trasladándose a la alta montaña en el entorno de Las Cañadas del Teide en verano y aprovechando los pastos de las zonas medias y costeras en invierno. Los habitantes de los macizos de Anaga y Teno, que constituían áreas de aislamiento, limitaban sus movimientos a las montañas de su entorno inmediato.
Del ganado además de carne −que consumían a medio asar sin acompañamiento− obtenían leche o ahof, con la cual hacían manteca, que denominaban oche, y queso.
La agricultura se desarrollaba de manera complementaria, siendo rudimentaria y de secano. Se cultivaban la cebada o tamo, el trigo o irichen y diversas legumbres —habas y guisantes— o hacichey. Con los cereales, una vez tostado y molido el grano, hacían gofio, también llamado por los guanches ahoren, que era consumido mezclado con agua, leche o manteca. Asimismo, con el trigo molido y cocido con leche y manteca hacían gachas.
miniaturadeimagen|220px|Los frutos del mocán o yoyas eran consumidos por los guanches, con los que además confeccionaban un jarabe medicinal denominado chacerquén.
La presencia de la agricultura era mayor en los territorios del norte de la isla, dadas sus mejores condiciones climáticas, donde existe la posibilidad de cultivos de regadío.
La tierra era propiedad del rey o mencey, quien la repartía en usufructo entre los miembros de la comunidad. Los huertos, de pequeña extensión, se situaban en áreas de medianías entre los 200 y 400 en el dominio del bosque termófilo, donde existían mejores condiciones climáticas, y en las proximidades de las cuevas de habitación. Los sembrados eran protegidos de los animales por cercas de madera o piedra.