El Movimiento Blanco (, Béloye dvizhéniye), cuyo brazo militar es conocido como Ejército Blanco (, transliterado como Bélaya Ármiya) o Guardia Blanca (Белая Гвардия, белогвардейцы; Bélaya Gvárdiya, belogvardeitsy) y cuyos miembros fueron llamados blancos (Белые, o despectivamente Беляки, Béliye o Belyakí) o rusos blancos (no confundir con los ciudadanos de Bielorrusia), estaba formado por fuerzas nacionalistas contrarrevolucionarias rusas, en muchos casos prozaristas, que tras la Revolución de Octubre lucharon contra el Ejército Rojo (al igual que el nacionalista Ejército Verde) durante la guerra civil rusa desde 1918 hasta 1921. Fueron apoyados por los gobiernos occidentales ante la amenaza de una revolución comunista mundial.
Durante la guerra civil rusa, el Movimiento Blanco fue un movimiento político atrapatodo, representando una serie de opiniones políticas en Rusia, unidas en su oposición a los bolcheviques (comunistas); desde los liberales burgueses y socialistas de mentalidad republicana que se habían beneficiado de la Revolución de Febrero de 1917 a la izquierda (como los colaboradores de Kerenski), a los campeones del zarismo y la Iglesia ortodoxa rusa del cristianismo ortodoxo oriental a la derecha.
Tras su derrota, hubo remanentes y continuaciones del movimiento en varias organizaciones, algunas de las cuales solo tuvieron un apoyo estrecho, perdurando dentro de la comunidad de emigrantes blancos de todo el extranjero hasta después de la caída del comunismo en las revoluciones de Europa oriental de 1989 y la posterior disolución de la Unión Soviética en 1990-1991. Esta comunidad en el exilio de anticomunistas a menudo se dividía entre los liberales y los segmentos más conservadores, y algunos todavía esperaban la restauración de la dinastía Románov, incluidos varios reclamantes al trono vacío como Nicolás Románov, Príncipe de Rusia (1924-2014) que vivió en Italia y el príncipe Andréi Románov (nacido en 1923) de los Estados Unidos y otros exiliados que desean una república democrática constitucional en Rusia.
Organización En sentido estricto, no existía un Ejército Blanco como fuerza unificada y menos un «gobierno» que dirigiera al Movimiento Blanco y rivalizara coherentemente con el gobierno bolchevique. Sin coordinación central, las fuerzas blancas nunca fueron más allá de una débil confederación de grupos contrarrevolucionarios.Kenez (1980), p. 81 La mayoría de sus miembros había servido en el Ejército Imperial Ruso comandado por el zar Nicolás II y buscaban el retorno de la monarquía en el Imperio ruso.Kenez (1980), p. 69 La ausencia de una administración gubernamental central y la falta de una jefatura aceptada de forma unánime eran un problema para el Movimiento Blanco, mientras que los bolcheviques sí contaban con un partido político y una jerarquía disciplinada y sólidamente establecida que les permitía imponer su autoridad sin disensiones internas.
El Movimiento Blanco carecía de las estructuras políticas de los bolcheviques, y pronto sus jefes militares empezaron a convertirse en verdadera autoridad política. Pero sin coordinación central, las ambiciones de cada grupo o camarilla de oficiales generaron graves pugnas entre los blancos. Tal situación se agravó al saberse que el zar Nicolás II había sido fusilado con toda su familia en Ekaterinburgo en julio de 1918. Al carecer desde entonces de una figura en nombre de la cual administrar vastas extensiones de territorio ruso, los generales del Movimiento Blanco se transformaron en pequeños caudillos regionales casi autónomos. Incluso hubo extensas regiones en Siberia donde simples grupos de bandoleros locales eran la única autoridad y sobre las cuales los generales blancos no ejercían control alguno.
La falta de una organización administrativa competente que organizase los territorios bajo su control, se considera la principal causa de la derrota del movimiento.
A veces, los aliados occidentales de la Triple Entente y fuerzas extranjeras intervencionistas proporcionaron importante asistencia a las unidades del ejército. Esto llevaría a algunos a ver al Ejército Blanco como representante de los intereses de las potencias rivales, elemento que la propaganda bolchevique aprovechó plenamente, difundiendo que los oficiales blancos sólo obedecían órdenes de Francia y del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, contrariando el interés de Rusia. thumb|right|388x388px| Máxima expansión del Ejército Blanco en la guerra civil rusa: La guerra civil rusa entre blancos y rojos duraría hasta 1921. El Ejército Blanco contó con la colaboración ocasional de fuerzas japonesas, británicas, canadienses, francesas y estadounidenses, entre otras. Estas potencias aportaron al Movimiento Blanco dinero, asesoramiento militar, trenes acorazados y artillería pesada, además de recibir, entre marzo y abril de 1918, un cuerpo expedicionario Aliado para intervenir específicamente en Siberia Oriental.
Lentamente, el apoyo de estos contingentes extranjeros fue disminuyendo debido a que la opinión pública en sus países (sobre todo en Francia y Reino Unido) rechazaba la idea de continuar sosteniendo tropas para combatir en Rusia cuando la Primera Guerra Mundial ya había terminado y los soldados exigían volver a sus hogares. El creciente aislacionismo de EE. UU. a partir de inicios de 1919 hizo que dicho país también redujera su auxilio a los blancos. Estaba en discusión la utilidad de apoyar militarmente a un movimiento antibolchevique muy desorganizado y sin líderes reconocidos por todos, lo que podría implicar desperdiciar recursos sin apreciar ventajas efectivas. Algunas tropas francesas se opusieron a continuar el apoyo a los antibolcheviques, como en el caso de los motines del Mar Negro. Finalmente, los éxitos repetidos de los bolcheviques desde mediados de 1919 y su consolidación como gobierno efectivo de Rusia causaron dudas sobre las posibilidades reales de que el régimen bolchevique pudiese ser desalojado del poder, y que a su vez el Movimiento Blanco lograra efectivamente sustituirlo.
Una excepción notable a esta política fue Japón, que por su proximidad geográfica a Rusia esperaba aprovechar las riquezas naturales de Siberia, cuya explotación no podían realizar los blancos debido a las presiones de la guerra. Los intereses económicos de Japón justificaban entonces mantener la presencia de tropas en zonas de la Siberia rusa. La participación bélica de Japón en la Primera Guerra Mundial había sido muy pequeña y, por lo tanto, no había problemas estratégicos ni financieros que le impidieran sostener una ocupación militar en Rusia, más aún considerando que el Ejército Blanco dependía por completo del apoyo material japonés y que, por lo tanto, no se opondría a la penetración económica de Japón. La posterior retirada japonesa en 1922 resulta explicable al expandirse el poder soviético y quedar anuladas las tropas de los blancos (suprimiendo así el único apoyo efectivo a los japoneses dentro de Rusia), además de la negativa del gobierno nipón a embarcarse en una impredecible guerra contra las tropas bolcheviques.
Los blancos aguantaron bastante tiempo en algunas zonas (especialmente en el este de Siberia, sur de Ucrania y Crimea), pero desde mediados del año 1919 las fuerzas del Ejército Rojo empezaron a obtener victorias relevantes. En julio de 1919, el almirante Aleksandr Kolchak asumió el mando militar del Ejército Blanco en Siberia y se reveló como uno de los jefes militares más capaces de los blancos. Pero la falta de coordinación con otros líderes blancos y la impopularidad de sus caudillos locales hicieron que el Ejército Blanco perdiera terreno ante el renovado Ejército Rojo. A fines de 1919, los bolcheviques habían recuperado la mayor parte de la Rusia europea y habían expulsado a los blancos a las zonas más remotas de Siberia. Las tropas blancas, desmoralizadas y en desintegración permanente, empezaron a depender fuertemente del apoyo militar japonés a lo largo del año 1920.
Algunos soldados blancos lucharon bajo la dirección del autoproclamado «general» Grigori Semiónov, formando bandas armadas dedicadas al pillaje. Otros pasaron a Mongolia, donde establecieron un régimen prorruso a las órdenes del barón Roman von Ungern-Sternberg, a costa de considerables bajas. Pero fracasaron en la unidad o la cooperación efectiva entre sus cuerpos, mientras que el Ejército Rojo conseguía ventaja paulatinamente y tomaba el poder en Mongolia.
Principales núcleos del movimiento Gracias a la debilidad inicial del gobierno bolchevique, sus enemigos pudieron organizarse con impunidad.Kenez (1980), p. 66 Las principales agrupaciones antibolcheviques fueron: El Ejército de Voluntarios y otras fuerzas (finalmente agrupadas en 1919 en las «Fuerzas Armadas del Sur de Rusia») centradas en el este de Ucrania, la región del bajo Don y de Kubán. Este fue el primero en formarse. La Administración Suprema de la Región Norte y su sucesor el Gobierno Provisional de la Región Septentrional, en el norte de Rusia, con su centro en los puertos árticos de Múrmansk y Arcángel. El Ejército del Noroeste, que operó entre Estonia y Petrogrado. El «Ejército Ruso» del almirante Aleksandr Kolchak, que controló gran parte de Siberia.
Ideología La ideología del Movimiento Blanco estuvo en permanente desarrollo durante la guerra civil. Los generales Lavr Kornílov y Antón Denikin sostuvieron ciertas formas de base ideológica pero ninguna era tan concreta o coherente como la del general Piotr Wrangel durante el llamado «experimento de Crimea» en 1920. Fue ahí donde Wrangel planteó brevemente el núcleo del «ideal blanco», que hacía énfasis en la liberación de Rusia de los bolcheviques y otras fuerzas «anárquicas», el establecimiento de un gobierno justo y honrado, la protección de los fieles contra las persecuciones religiosas, los derechos del labrador a la propiedad de la tierra y la oportunidad de todos los rusos de elegir a un «líder». Por las ideas albergadas por la mayoría de sus oficiales y por las medidas aplicadas allí donde controlaron el territorio, sin embargo, el movimiento fue en la práctica conservador y reaccionario.Kenez (1980), p. 82
Los militares rusos que acabaron dirigiendo el movimiento, dieron erróneamente un papel secundario a la política en su movimiento de oposición a los bolcheviques.Kenez (1980), p. 58 Más capaces militarmente que los socialistas moderados, que también se oponían al gobierno de Lenin, eran, sin embargo, menos populares. Ideológicamente su variedad era mayor que la de sus enemigos y carecían de una doctrina tan clara y un dirigente tan respetado como Lenin entre los bolcheviques. En cuestiones fundamentales, como la forma del Estado (monarquía o república), la conveniencia de pactar con los Imperios Centrales o mantener el pacto con los Aliados, o la aplicación de una reforma agraria, no había acuerdo en sus filas.Kenez (1980), p. 59 Políticamente ineptos y ansiosos por evitar disensiones en su seno, fueron incapaces de presentar un programa político que ganase las simpatías de la población, trataron de evitar en lo posible cualquier cuestión que produjese desacuerdos y permitieron que la propaganda de sus enemigos presentase su ambigüedad e indecisión en el peor aspecto posible.Kenez (1980), p. 67