El Sol de Mayo es uno de los emblemas nacionales de Argentina y Uruguay, presente en sus banderas y escudos. Toma su nombre de la Revolución de Mayo de 1810, hecho que impulsó el proceso de independencia en el Virreinato del Río de la Plata, y se interpreta como el símbolo del nacimiento de una nueva nación, idea que también aparece en el Himno Nacional aprobado por la Asamblea del Año XIII en 1813.
El primer uso oficial del sol como símbolo nacional fue en 1813 con la Asamblea Constituyente de las Provincias Unidas del Río de la Plata, apareciendo en su sello —que más tarde se convertiría en el escudo nacional argentino— y en sus primeras monedas nacionales. acuñadas en Potosí. Se cree que diseño del sello tendría un origen jacobino: se habría inspirado en un salvoconducto y emblema utilizado por clubes revolucionarios franceses durante la Revolución Francesa. El grabado se atribuye generalmente al orfebre cusqueño Juan de Dios Rivera Túpac, quien trabajó por encargo de la Asamblea a través del diputado Agustín Donado. El 25 de febrero de 1818, el Congreso de Tucumán, bajo el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón, ordenó agregarlo a la bandera de guerra como distintivo.
El emblema consiste en un disco dorado con rostro humano, del que salen rayos alternados rectos y ondulados (flamígeros). La versión argentina tiene 32 rayos (16 de cada tipo), mientras que la uruguaya sigue la convención heráldica europea de 16 rayos. Este número de 32 rayos coincide con el sol que rodeaba el monograma jesuita IHS en la iconografía colonial, lo que sugiere una posible influencia de esa tradición religiosa, muy presente en el espacio rioplatense.
A menudo se afirma que representa a Inti, el dios solar de los incas. Esta interpretación fue difundida principalmente por el historiador Diego Abad de Santillán en el siglo XX con su libro Historia Argentina (enciclopedia).Una de las principales referencias contemporáneas al respecto proviene de la letra extendida del himno nacional de Uruguay, escrita por el poeta Francisco Acuña de Figueroa en el año 1830, apenas dos años después de la creación de la primera bandera uruguaya:https://web.archive.org/web/20100105093623/http://www.ejercito.mil.uy/simbolos2/autorhimno.htm
La falta de una reglamentación precisa sobre su diseño durante el siglo XIX generó una gran variedad de estilos. La estandarización definitiva recién se produjo a mediados del siglo XX. A lo largo del resto del siglo , el sol apareció en numerosos diseños distintos en banderas, en particular en color rojo durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas, así como en monedas, con variaciones significativas en cada provincia. A comienzos del siglo surgieron estudios históricos sobre la bandera y el escudo, con propuestas orientadas a alinear el diseño del sol con el de la década de 1810. Sin embargo, no fue hasta 1944 cuando se estableció una reglamentación definitiva, que fijó el diseño del Sol de Mayo tomando como base las primeras monedas nacionales de 1813. Finalmente, en 1985, se estableció que la única bandera argentina era la que llevaba el sol, eliminando la obligación de los civiles de usar la versión sin sol.
En el caso de Uruguay, se constituyó como país en 1828 al término de la Guerra Cisplatina, que enfrentó a las Provincias Unidas del Río de la Plata y al Imperio del Brasil por el control de la Banda Oriental, y eligió símbolos nacionales vinculados a los de la independencia argentina. De manera similar al caso argentino, el sol utilizado en el escudo y la bandera uruguayos experimentó numerosas variaciones hasta que su diseño actual fue formalizado en 1952. Este decreto también estandarizó el color de las franjas de la bandera como azul, distinto del celeste utilizado en la bandera argentina.
Historia Origen y primeros usos
El primer uso del sol como símbolo en la región del Río de la Plata tuvo lugar a fines de 1810, como insignia en los uniformes militares. Sin embargo, el primer uso formal del sol fue en el sello oficial de la Asamblea del Año XIII (denominada así por haberse celebrado en 1813), una asamblea constituyente de las nacientes Provincias Unidas del Río de la Plata, el Estado sucesor del Virreinato del Río de la Plata tras la remoción de las autoridades españolas en la capital Buenos Aires mediante la Revolución de Mayo (de la cual el Sol de Mayo toma su nombre) del 25 de mayo de 1810. En 1944, el sello fue declarado oficialmente escudo nacional de Argentina mediante un decreto presidencial. Dado que las fuerzas de Buenos Aires ocupaban en ese momento la ciudad de Potosí en el Alto Perú, la Asamblea del Año XIII también decidió que las monedas de real español acuñadas en la Casa de la Moneda de Potosí debían modificar su diseño. Los legisladores determinaron que el anverso de las nuevas monedas debía llevar el sello de la asamblea pero sin el sol naciente, que en cambio aparecía en su totalidad en el reverso, como señal de la importancia que tenía como símbolo de la nueva nación. Aunque el sol de estas monedas se considera el mismo que el del sello de la Asamblea del Año XIII, existe una leve diferencia entre ambos: en las primeras, los rayos flamígeros tienen todos la misma dirección, variando su orientación según la emisión, mientras que en el segundo los rayos alternan entre sentido horario y antihorario. El diseño del sol incorpora 32 rayos, el doble de los 16 rayos típicos de la heráldica europea.
El Sol de Mayo es en ocasiones atribuido al «sol incaico», ya que la explicación más difundida afirma que representa a Inti, el dios solar de los Incas. El supuesto origen incaico del símbolo suele relacionarse con el hecho de que el escudo nacional fue realizado por Juan de Dios Rivera, un orfebre de ascendencia inca oriundo de Cusco pero radicado en Buenos Aires. Por esta razón, algunos lo consideran el creador del Sol de Mayo.Investigaciones recientes han demostrado la existencia de un emblema revolucionario francés de fines del siglo que sirvió de modelo para el sello.
miniatura|upright|derecha|El escudo real ornamentado de los Reyes de España durante la era borbónica, con un sol junto al lema «a solis ortu usque ad occasum».
En una carta de 1900 dirigida a José María Gutiérrez, Bartolomé Mitre escribió: «La revolución estaba dominada por la idea de promover un nuevo alzamiento de las masas incásicas contra la dominación española en el Alto Perú. La adopción del Sol heráldico en el blasón nacional era, sin duda, un motivo de atracción y de reverencia para los pueblos indígenas quechuas y aimarás adoradores del astro». Sin embargo, Mitre también señaló en dicha carta que, en su opinión, la inclusión del sol en el sello de la Asamblea del Año XIII era una referencia al sol que acompañaba el lema latino «A solis ortu usque ad occasum» en las versiones ornamentadas del escudo de los Reyes de España. Esto se relaciona con el hecho de que el proceso de independencia en Argentina comenzó cuando llegaron a Buenos Aires las noticias de la destitución del rey Fernando VII por Napoleón Bonaparte, lo que provocó la destitución del virrey a manos de la élite local bajo una profesada lealtad al rey ausente, fenómeno conocido como la «máscara de Fernando VII». El motivo del sol era frecuente en las decoraciones militares de la época borbónica tanto en la España peninsular como en sus colonias americanas, representado habitualmente como una estrella radiante con numerosos rayos que iluminaba todo el campo, y con menor frecuencia en su forma heráldica. El sol también se utilizaba con frecuencia en decoraciones de madera, tela o cartón pintado para ceremonias fúnebres, juramentos de lealtad a nuevos monarcas y exhibiciones prominentes en pueblos y ciudades. Además de las teorías que vinculan el origen del Sol de Mayo con la heráldica europea, algunos sugieren una posible influencia masónica, relacionando el emblema con la iconografía de la Masonería.
Uso en la bandera argentina y evolución del diseño
Algunos años después de que se acuñaran las primeras monedas en Potosí, el sol fue incorporado a la bandera nacional de Argentina. En un primer momento, el Congreso de Tucumán legalizó la bandera formada por tres franjas horizontales celeste, blanca y celeste como «bandera menor» hasta que se definiera la forma de gobierno que adoptarían las Provincias Unidas del Río de la Plata. Aunque aún no se había definido dicha forma de gobierno, resultaba urgente definir una bandera para uso militar que diferenciara los buques de guerra de los mercantes. Por ello, a principios de 1818, bajo el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón, se legisló que: «sirviendo a toda bandera nacional los dos colores blanco y azul en el modo y forma hasta ahora acostumbrados, sea distintivo peculiar de la bandera de guerra, un sol pintado en medio de ella». El decreto no detalla el significado del sol ni su origen, limitándose a decretar su uso y la función de la nueva «bandera de guerra». En la Constitución redactada en 1819 no se definió una forma de gobierno, por lo que la «bandera mayor» quedó sin regular, mientras que en la Constitución promulgada en 1826 se definió formalmente la forma republicana de gobierno, aunque la cuestión de la bandera fue olvidada. En cambio, la «bandera de guerra» fue adoptándose gradualmente como una especie de «bandera mayor», representando al Estado nacional de manera amplia y no únicamente para fines militares, mientras que la versión sin sol quedó reservada para los buques mercantes y el uso civil.
Aunque la legislación vigente exigía la inclusión de un sol en la bandera, no especificaba ningún detalle sobre su diseño, lo que dio lugar a una gran variedad de diseños solares a lo largo del siglo , con diferencias en las proporciones, el número y la forma de los rayos, los rasgos del rostro y otros elementos. Prácticamente no había dos banderas con el mismo sol y, en algunos casos, ciertos diseños llegaron a ser muy elaborados, reflejando los estilos ornamentados prevalecientes en la heráldica europea durante ese siglo. Si bien la legislación no especificaba el color del sol, se asumía habitualmente que era amarillo —e incluso se designó bordado en oro en la banda del Director Supremo el mismo día en que se adoptó oficialmente la «bandera de guerra»—, durante la era de Juan Manuel de Rosas el rasgo distintivo fue el uso ocasional de un sol rojo, ya que ese color era uno de los símbolos de adhesión al gobernador y a la causa federalista. La ausencia de un diseño estandarizado del sol también se evidenció en la numismática, ya que la mayor parte de la moneda provincial presentó diseños solares variados, salvo las monedas de La Rioja, que replicaban las monedas potosinas de 1813 y 1815. Entre los ejemplos notables de los diversos diseños solares que aparecen en su totalidad en una cara de moneda se encuentran los reversos de todas las monedas de la Provincia de Córdoba y los anversos de las monedas de cobre de la Confederación Argentina.
miniatura|derecha|El escudo nacional argentino, el Sol de Mayo y la bandera oficiales según lo reglamentado por el Decreto 10302/44 de 1944.