thumb|Bandolero andaluz arquetípico en una litografía de 1836Un bandolero (también llamado bandido, encartado, brigante, facineroso, salteador de caminos, fugitivo, cuatrero, malhechor, proscrito o forajido) era un ladrón armado que se dedicaba al contrabando, al abigeato y al secuestro. Por lo general, asaltaban a los viajeros en despoblados, bosques y caminos peligrosos de las montañas, lo que facilitaba su ocultación y dispersión. No solían actuar en solitario, sino organizados en "partidas" o "cuadrillas".

Historia El fenómeno del bandolerismo es universal y muy antiguo; se origina en regiones donde la miseria y la injusticia se han cebado especialmente con algunas personas, empobreciéndolas y arrojándolas en brazos del contrabando, el robo o el crimen, lo que generaba una forma más o menos colectiva de saqueo organizado que incluía también delitos como el asalto, el secuestro y la vendetta. Se trata del llamado bandolerismo social, definido por Eric Hobsbawm:

Otras veces eran militares mercenarios o desertores extranjeros que se dedicaban a vivir sobre el terreno hasta que encontraban un mejor acomodo; por ello se situaban en la tierra de nadie de la Reconquista española (véase Golfines) o se daban justificación engrosando las partidas guerrilleras del carlismo o de otra cualquier ideología recusada por el oficialismo. En la terminología del , se denominaba a este tipo de bandoleros con un gramo de ideología política latro-facciosos.

Los griegos conocieron a bandoleros como Esciro y Procusto. Una carta del historiador Asinio Polión dirigida a Cicerón desde Corduba (Epist., X, 31, 1) alude ya a Sierra Morena como una región plagada de bandoleros que interceptan el correo.Vid. Asinio Polión, en Cicerón,Epistulae ad familiares, X, 31, 1: "La Sierra Morena, que siempre ha demorado mis correos, ahora está peor a causa de la abundancia de salteadores". Texto completo en latín: Minime mirum tibi debet videri nihil me scripsisse de re publica, posteaquam itum est ad arma; nam saltus Castulonensis, qui semper tenuit nostros tabellarios, etsi nunc frequentioribus latrociniis infestior factus est, tamen nequaquam tanta in mora est, quanta qui locis omnibus dispositi ab utraque parte scrutantur tabellarios et retinent; itaque, nisi nave perlatae litterae essent, omnino nescirem, quid istic fieret. En el Octavio Augusto se enfrentó al bandolero cántabro Corocotta, y Tito Livio cuenta también cómo había numerosos salteadores de caminos que asediaban las caravanas mercantiles en la Bética (XXVIII, 22). En la península itálica, un epigrama, el más antiguo de los dísticos atribuidos a Virgilio, informa sobre un salteador de caminos, Balista, que fue apedreado hasta la muerteMonte sub hoc lapidum tegitur Balista sepultus / nocte diu tutum perge, viator, iter. Citado por Gregorio Mayáns y Siscar en su ed. de P. V. M. Opera omnia, variis interpretibus et notis illustrata / Todas las obras de Publio Virgilio Marón, ilustradas con varias interpretaciones. Valencia, imprenta de los hermanos de Orga, 1795, I, p. 10 y, según narra Dion Casio, un tal Bulla Felix se adueñó del trayecto entre Roma y Brindisi en tiempos del emperador Septimio Severo, hacia el año 200 d. C., y llegó a reclutar una cuadrilla de hasta seiscientos bandoleros, manteniendo en jaque durante dos años a las tropas que los perseguían. De este personaje se cuentan golpes y latrocinios de gran audacia y numerosos asaltos a viajeros, de una forma tal que recuerda a la historia de bandoleros más modernos.

Durante las invasiones bárbaras y la crisis del poder imperial, el fenómeno se recrudeció en Occidente y hubo guerras en el contra los llamados Bagaudas en Francia y España. Si se hace caso omiso de la fértil historia del bandidaje en la Edad Media, en la que se puede citar entre los rombritters alemanes a Wolf de Warrstein y a los golfines de La Mancha, que llegaron a suscitar con el tiempo en este territorio incluso una específica policía denominada Santa Hermandad vieja, existieron famosos bandoleros en las montañas de Escocia y los caminos de Inglaterra, los llamados highwaymen, como Dick Turpin o John Nevison, entre otros outlaw o forajidos (del latín fora exitus, "expulsados fuera"); en Francia también los hubo, como los brigants u hors-la-loi. Especialmente famoso fue Louis Dominique Bourguignon, "Cartouche", durante el , pero también Mandrin o Claude Duval, y asimismo en la Italia meridional (Nino Martino, Marco Berardi, Marco Sciarra, Angelo Duca, Fra Diavolo y Carmine Crocco); en la Serbia invadida por los turcos otomanos se llamaban hajduks y protagonizaban canciones y leyendas épicas; en todo caso, siempre en épocas de guerras, hambrunas, epidemias, revoluciones o crisis.

En tierras musulmanas también cundió esta plaga, con personajes como Ibn Hamdun, Alí al Tanuji o Imran b. Sahin, entre otros muchos. El fenómeno se reprodujo en el Nuevo Mundo: en los Estados Unidos son célebres p. ej. Joaquín Murrieta, Billy el Niño, los hermanos Jesse y Frank James y los Dalton. En Japón, la posición social del bandolero estaba desmarcada: unas veces eran ninja y otras ronin; el más famoso fue, sin duda, el ronin Ishikawa Goemon, personaje habitual del teatro kabuki.

Al mismo tiempo que todos estos forajidos realizaban sus fechorías, se creaba alrededor de ellos una cierta aura de leyenda que se aumentaba mediante algunos géneros literarios como la biografía criminal, la novela picaresca, las jácaras o los llamados romances de guapos de la literatura de cordel, comunes en los siglos , y , llegando a ser particularmente famosos algunos, como los siete romances consagrados al bandolero Francisco Esteban "el Guapo". Los ilustrados, empero, rechazaban estas manifestaciones de la literatura popular por ofrecer modelos al pueblo de delincuencia y mala vida que gente de poca instrucción y escasa moral podía seguir.

El bandolerismo en España thumb|210px|Asalto al coche, de Francisco de Goya. Tradicionalmente se han señalado cinco focos endémicos de bandolerismo en España: Andalucía, Extremadura, Cataluña, Galicia y los Montes de Toledo. La investigación más reciente ha incorporado además el interior de Castilla —la meseta—, un foco largo tiempo desatendido por la historiografía, donde el bandolerismo alcanzó gran intensidad a finales del (véase Bandolerismo en Castilla).

Aparte de los mencionados precedentes de época romana, en España tratadistas musulmanes como Ibn Abdun daban consejos para reprimir el bandolerismo que se desarrollaba en los alrededores de Sevilla. Las Siete Partidas contienen leyes para proteger a los mercaderes que son frecuentes víctimas de estos delincuentes, llamados por entonces bandidos, por haber sido pregonados en algún bando de busca o captura, forajidos, por haber sido expulsados o huidos de alguna ciudad, relegados, acotados o encartados. Salteador viene de saltus, "bosque" en latín, porque era el lugar preferido para sus fechorías, aunque era lo más común que sus acciones se desarrollasen en las montañas, donde entraban en connivencia con algunos venteros que ojeaban a las víctimas de más caudal y menos escolta y avisaban para que estuvieran esperando a la comitiva o diligencia en algún paso estrecho entre peñas. Enrique II quiso fortalecer estas leyes con disposiciones contra los encubridores en 1369, ley ratificada en 1471, por lo general venteros, posaderos, chalanes, cuatreros, prostitutas, contrabandistas, ermitaños o incluso merinos y corchetes asociados a los bandidos, por no citar a los mismísimos nobles, con frecuencia hidalgos pobres, antiguos soldados u hombres de armas comidos o apurados por las deudas: Juan I y Juan II se enfrentaron contra estos poderosos que encubrían malhechores, y que con frecuencia constituían los niveles más altos de asociaciones criminales organizadas como La Garduña, nacida en Toledo y con versiones en Sevilla y otras grandes ciudades del imperio español, incluido el Reino de Nápoles y su sucesor el Reino de Dos Sicilias, donde operaban los antecedentes de la Camorra napolitana, la Cosa Nostra siciliana y la 'Ndrangheta calabresa.

Los llamados Banderizos eran dos linajes de hidalgos vascos, los Oñaz y los Gamboa, que anduvieron enfrentados en guerra mutua durante los siglos , y y frecuentemente recurrieron al pillaje y al saqueo de las villas y pueblos que no les eran asociados, aunque el pretexto superficial era el "más valer" hidalgo; similares guerras privadas se dieron en Álava entre los Mendoza y los Guevara; en Vizcaya entre los Múgica y los Avendaño y en Navarra entre los Beaumonteses y los Agramonteses. También había salteadoras femeninas o serranas. El fenómeno era tan grave en La Mancha que suscitó una reacción social, al fin, cuando una banda denominada los Golfines aterrorizaba la meseta sur en la Baja Edad Media, lo que dio lugar al nacimiento de la primera guardia civil moderna, la llamada Santa Hermandad vieja de Toledo y Ciudad Real, que tenía su centro de ejecuciones por asaeteamiento en la localidad ciudadrealeña de Peralvillo.

En España y durante el hubo dos grandes focos de bandolerismo, el andaluz y el catalanoaragonés; el mismo Fernando el Católico organizó una campaña contra los bandoleros de Aragón en 1515. Muchos de ellos, tanto en Aragón como en las Alpujarras (los monfíes), eran moriscos, como los hermanos Lope y Gonzalo Xeniz; el fenómeno se reprodujo también en la piratería marítima, porque muchos piratas moriscos asediaron las costas mediterráneas de España, sobre todo tras la llamada expulsión de los moriscos en 1609 por Felipe III; muchos de ellos se dedicaron a asaltar los puertos mediterráneos y atlánticos de su antiguo país, como por ejemplo el pirata Amurates.

También fueron célebres Lucas de Burgos "el afanador de Cabra", Pero Vázquez de Escamilla y otros. Era habitual despeñar a sus víctimas en barrancos hondísimos para que no quedara huella alguna de los crímenes. En Cataluña y en el actuaban Antonio Roca, Testa de Ferro y Perot Rocaguinarda, rememorado por Cervantes, y, ya en el , Joan Sala i Ferrer, apodado "Serrallonga". Muchos de estos bandoleros catalanes fueron en realidad instrumentos del clan popular de los Nyerros o Nyarros en su lucha privada contra el clan aristocrático de los Cadells. Con el tiempo, estos bandoleros catalanes fueron denominados en catalán y castellano trabucaires. En La Mancha, donde tuvieron sus correrías medievales los Golfines, hubo a mediados del un tal Pedro Andreu o Perandrés de origen valenciano que con una cuadrilla de treinta hombres y aunque dejaba a sus presas el suficiente dinero para seguir su camino y pagaba donde se alojaba, según José Pellicer, fue autor de una venganza terrible contra un médico de Cuenca. También en La Mancha, pero en el , la banda de los tres hermanos Juanillones se conchabó para repartir beneficios con un escribano de Toledo, que luego los traicionó y fue asesinado por la novia de uno de ellos. Ya en Extremadura y en el se hizo famosa, incluso mítica, una feroz bandolera que actuaba sola y asesinaba a sus víctimas, La Serrana de la Vera, que inspiró romances y piezas teatrales; incluso hubo un género dramático especializado en este tipo de criminales, la Comedia de bandoleros.