thumb|right|Bandera oficial del Consell del País Valencià (1979-1982).Compromís: con falda y cuatribarrada en apoyo a la indenpendencia escocesa El nacionalismo valenciano, o valencianismo político, es un movimiento político que defiende la existencia de unos rasgos identitarios comunes de las tres provincias (de Alicante, de Castellón y de Valencia) en que quedó dividido a partir de 1833 el territorio del antiguo Reino de Valencia y que constituirían una «nación», designada generalmente con el término País Valenciano (País Valencià). Se distinguiría históricamente del regionalismo valenciano, que considera al pueblo valenciano como parte integrante de la nación española, en que defiende el reconocimiento oficial de la lengua propia (el valenciano) y en la demanda de autogobierno.

La consideración sobre cuál es su "nación cultural", sin embargo, varía dependiendo del momento histórico, pero generalmente se asume que el País Valenciano comparte gran parte de su condición cultural con Cataluña, Islas Baleares, y la Franja de Aragón, sin que ello influya en su "marco político" definido.I malgrat tot, valencians, encara artículo d e Albert Montón sobre el libro de Vicent Sanchis. Publicado el 28 de mayo de 2013 No obstante, un sector minoritario «pancatalanista» considera que el País Valenciano formaría parte de los «Países Catalanes».

Antecedentes La fundación del Reino de Valencia en 1238 por el rey de Aragón y conde de Barcelona Jaime I no supuso la aparición inmediata de una identidad valenciana diferenciada respecto de los otros dos estados de la Corona de Aragón (Reino de Aragón y Principado de Cataluña) a causa del pleito foral que se vivió durante los cien años siguientes entre los que defendían la aplicación de los Fueros de Aragón en el nuevo territorio —fundamentalmente la nobleza aragonesa que poseía dominios en el mismo— y los que propugnaban que los Furs constituyeran la única ley general del reino, encabezados por la ciudad de Valencia y la mayoría de las villas reales. Solo a partir de las Cortes celebradas en 1329-1330, bajo el reinado de Alfonso IV de Aragón, en las que se resolvió el conflicto foral, estableciendo que los Furs eran la ley del reino, apareció el concepto de «General del regne de València» para referirse a la comunidad política formada por el conjunto de los tres estamentos o braços (eclesiástico, nobiliario y real). El término lo utilizaron, por ejemplo, los representantes de las villas reales en una reunión que mantuvieron en 1332 con el rey Alfons IV en la que expusieron asuntos «tocants lo bon estament de tot lo General del regne» ['tocantes al buen estado de todo el General del reino'].

Y precisamente fue por esas fechas cuando empezó a utilizarse el gentilicio «valencianos» para referirse a los habitantes del reino —aunque siguieron predominando expresiones como «regnicolis regni Valencie», «habitadors del regne de València» o «los del regno de Valencia»—. Se ha documentado su uso por primera vez en una carta que envió Pedro IV de Aragón al magnate de estirpe aragonesa Pedro de Xèrica en noviembre de 1336 en la que le conminaba a que asistiera a la reunión de las «Cortes de Valencia» y allí lo jurara como su rey «segund fuero de Valencia», y en la que le recordaba, en romance aragonés, que así lo habían hecho sus predecesores en la casa nobiliaria de los Xèrica que nunca se habían negado a «fazer todos actos de richos homnes e valençanos» ['hacer todos (los) actos de ricoshombres y valencianos'].

Es a partir de mediados de la década de 1350 cuando aparece profusamente el gentilicio «valencianos» en la documentación de las Cortes («celebràs Corts generals als valencians», «les Corts per ell començades de celebrar als valencians», etc.) y de la cancillería real («demanàs graciosament ajuda als valencians per la guerra», «per demanar ajuda e secors als valencians», etc.), y en muchas ocasiones al lado de los otros gentilicios de la misma Corona (cuya aparición era muy anterior): «aragonesos e valencians», «cathalans e valencians», «aragonenses, cathalani et valentini» (en latín), etc. También aparece en la Crónica de Pedro el Ceremonioso, escrita hacia el final de la década de 1370.

«Si anteriormente se tenían que utilizar términos como "habitantes" o "regnícolas", que hacían referencia exclusiva a la residencia en el reino, ahora también se usaba el término de "valencians", un nombre vinculado a un grupo poblacional que se asentaba dentro de aquellas fronteras, con unas mismas leyes, un sistema de autogobierno y un sentimiento diferencial respecto al resto de pueblos que lo rodeaban. Es decir, que de un periodo al otro se había constituido una comunidad humana con conciencia colectiva propia. Había nacido, como tal, la primera identidad valenciana que englobaba al conjunto de pobladores del reino de Valencia, fueran quienes fueran sus orígenes, catalanes, aragoneses o de otros lugares. Había nacido, por tanto, un nuevo pueblo europeo», ha señalado el historiador Vicent Baydal.

Orígenes (1902-1930) miniatura|izq|Mapa que muestra en rojo la región de Valencia, según la división territorial de Javier de Burgos de 1833 y vigente hasta 1978. Comprende el territorio del antiguo Reino de Valencia, abolido por el Decreto de Nueva Planta de 1707.

Al igual que el nacionalismo catalán y el nacionalismo vasco el nacimiento del valencianismo político se sitúa en torno al «desastre del 98» que puso en evidencia las carencias del sistema político de la Restauración, pero a diferencia de lo sucedido en Cataluña y en el País Vasco, como ha destacado Ferran Archilés, «los réditos de la crítica del sistema restauracionista en Valencia los capitalizará el movimiento blasquista (así como otros movimientos republicanos semejantes como es el caso de la ciudad de Castellón)». Además, señala Archilés, «las fuerzas políticas valencianas mayoritarias, conservadoras o republicanas, habían interiorizado —en versiones rivales donde el peso de la religión, del relato histórico o de la cultura popular podían ser contrapuestos— buena parte del programa identitario y simbólico del discurso regionalista. De hecho eran sus autores...». «En este contexto, las posibilidades de articular un valencianismo político que propugnase e impulsase la reconstrucción nacional del País Valenciano no dejaban de ser muy reducidas», ha indicado Antoni Furió. La única excepción la constituiría, según este historiador, un sector del republicanismo federal, ligado en sus orígenes a Constantí Llombart, que en 1903 se reunió en Valencia para constituir la Regió Federalista Valenciana y que al año siguiente aprobaba en Alicante un proyecto de Constitución para el Estado Valenciano, aunque plagado de contradicciones porque no solo no hacía ninguna alusión a la lengua de los valencianos, sino que invitaba a los federales de Murcia y Albacete a formar conjuntamente el Estado de Levante. thumb|De regionalisme i valentinicultura. Discurs vell i comentaris nous de Faustí Barberà. Está considerada como la obra fundadora del valencianismo político.

El historiador Alfons Cucó ya señaló como el momento fundacional del valencianismo político el discurso inaugural que pronunció Faustí Barberà (De regionalisme i valentinicultura) en Lo Rat Penat en 1902, en el que sentó las bases de lo que sería el primer cuerpo teórico del nacionalismo valenciano. Abogó claramente por la «liberación autonómica de nuestra tierra». Fue la primera vez en que se cuestionó el imaginario del regionalismo valenciano y su propuesta, como la de todo el valencianismo político posterior, se basó en dos elementos: la lengua («la característica más culminante que tenemos», en palabras de Barberà) y el relato histórico del pasado valenciano (el del antiguo Reino de Valencia abolido por los Decretos de Nueva Planta de 1707). «Estos dos elementos habían sido codificados por los autores de la Renaixença en décadas anteriores: Teodor Llorente o Vicent Boix, por ejemplo. Hasta entonces, sin embargo, no se habían contemplado como una palanca para la politización de la identidad en ningún sentido que no fuera español. Este fue el salto adelante del valencianismo político», ha señalado Ferran Archilés. thumb|left|Josep Maria Puig i Torralva fue el fundador en 1904 de la sociedad Valencia Nova, basada en los principios propuestos dos años antes por Faustí Barberà. Dos años después del discurso de Barberà nacía Valencia Nova, una sociedad impulsada por el escritor Josep Maria Puig i Torralva, basada en los principios propuestos por aquel, y que en 1907, intentando reproducir el éxito de la Solidaritat Catalana, convocó una Asamblea Regionalista Valenciana con la finalidad de conmemorar el segundo centenario de la abolición de los Furs, pero que fracasó a causa de la hostilidad de los blasquistas y de la indiferencia del resto de fuerzas políticas. Sin embargo, se ha destacado la importancia de los debates y de las conclusiones de la Asamblea, especialmente en lo referente a la cuestión lingüística. Ya en las bases organizativas se establecía que la lengua oficial sería «la valenciana y ses similars la catalana, mallorquina, etc.» y entre las conclusiones de la Sección de Filología y Literatura figuraba el reconocimiento oficial del valenciano y la necesidad de crear un «diario regionalista». En 1908 se fundó Joventut Valencianista, que pronto se enfrentaría a los conservadores regionalistas de Lo Rat Penat y difundirá su ideario por medio del semanario Pàtria Nova. Ese mismo año de 1908 Valencia Nova cambió su nombre por el de Centre Regionalista Valencià.

En efecto, el valencianismo político nació en un momento de máxima consolidación de la identidad «regional» por lo que tuvo muchas dificultades para desmarcarse de ella. Y además tuvo que hacer frente a la feroz oposición del blasquismo, que lo consideraba un movimiento «catalanista» y «separatista» y cuyos militantes a menudo reventaban los actos valencianistas al grito de ¡Viva Cervantes!. En 1916 el líder blasquista Félix Azzati (sucesor de Vicente Blasco Ibáñez, que se había retirado de la política) se posicionó en contra de la cooficialidad del «dialecto» valenciano:

thumb|Eduard Martínez Ferrando escribió la Síntesi del criteri valencianista, uno de los primeros escritos del valencianismo político. Hay que esperar a la segunda década del para encontrar «un nacionalismo mucho mejor organizado y coherente y con propuestas más complejas que, sin duda, tensaban mucho más las relaciones con la identidad regional». El año clave es 1918 cuando se publica la Declaración Valencianista, posiblemente el documento más complejo hasta esa fecha, y se funda la Unió Valencianista, que se suele considerar como el primer partido propiamente dicho del nacionalismo valenciano (estrechamente relacionado con la Lliga Regionalista catalana, en plena campaña en favor de un Estatuto de Autonomía para Cataluña). Ese mismo año también se publica la Síntesi del criteri valencianista.

En 1919 se entró en lo que el historiador Alfons Cucó ha denominado «fase intermedia del valencianismo» que llegaría hasta el advenimiento de la Dictadura de Primo de Rivera en septiembre de 1923. En esos años se fundaron la Agrupació Nacionalista Escolar, la Lliga de Solitaris Nacionalistas y se volvió a publicar Pàtria Nova, tres iniciativas del joven estudiante Vicent Tomàs i Martí; también la Joventut Republicana Nacionalista (que contaba con el antecedente de la Joventut Nacionalista Republicana), la Joventut Valencianista Obrera, y la entidad cultural Nostra Parla, presidida en Valencia por Francesc Almela i Vives.

Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930)