La historia de la organización territorial de España, en sentido moderno, es un proceso iniciado en el con la unión dinástica de la Corona de Aragón y la Corona de Castilla, la conquista del Reino de Granada y posteriormente el Reino de Navarra. No obstante, es relevante aclarar el origen del topónimo España, así como cuáles fueron las divisiones territoriales que existieron anteriormente en el actual territorio español.
Definición de España
El nombre de España deriva de Hispania, nombre con el que los romanos designaban geográficamente al conjunto de la península ibérica, término alternativo al nombre Iberia, preferido por los autores griegos para referirse al mismo espacio. Este nombre se conservó tras la caída del Imperio Romano como designación de la península bajo los godos y entre el mundo cristiano grecolatino. Tras la conquista árabe, la parte de la península controlada por estos se llamó, durante siglos, Al Ándalus o alternativamente Spania, aunque el proceso de Reconquista terminó eliminando estos nombres.
La unificación de los diversos reinos de esa región geográfica llevó a una correspondencia entre esa región y un solo estado durante el breve periodo de unión de España y Portugal, terminado en 1640. Desde entonces se usa de forma explícita España para referirse al actual país de ese nombre mientras que se prefiere Iberia para englobar a este y Portugal.
En el presente artículo se hablará de la organización territorial de España a lo largo de la historia, si bien se incluirá la organización de otras zonas peninsulares o limítrofes cuando imponer las fronteras actuales resulte anacrónico.
Etapa prerromana
La península ibérica fue ocupada, en origen, por pueblos de distintas procedencias (indoeuropeos, ibéricos o de etnogenia desconocida como cántabros, várdulos y vascones). Estos pueblos no realizaron ninguna división administrativa, organizándose como ciudades o tribus independientes entre sí.
De forma posterior, algunos historiadores han tratado de crear familias de tribus que comparten unas mismas características culturales, particularmente distinguiendo entre íberos del Levante y Sur peninsular, celtas en la meseta y vascones y cántabros en el norte. Los límites entre unas zonas y otras son motivos de discusión, sin acuerdo con incluir o no a pueblos como los lusitanos entre los celtas o como pueblos per se. Dichas clasificaciones no implican que existiera organización administrativa común entre dichas tribus.
Pueblos prerromanos y su afiliación lingüística antes de la conquista center|250px C1: Galaicos / C2b: Brácaros C3: Cántabros / C4: Astures / C5: Vacceos / C6: Turmogos / C7: Autrigones-Caristios / C8: Várdulos / C9: Berones C10: Pelendones / C11: Belos / C12: Lusones / C13: Titos / C14: Olcades / C15: Arévacos C16: Carpetanos / C17: Vetones / C18-C19: Célticos / C20: Conios / L1: Lusitanos A1: Aquitanos / A2: Vascones I1: Ceretanos / I2: Ilergetes / I3: Lacetanos / I4: Indigetes / I5: Layetanos / I6: Ilercavones / I7: Sedetanos / I8: Edetanos / I9: Contestanos / I10: Oretanos / I11: Bastetanos / I12: Turdetanos G1: Griegos / P1: Fenicios/Cartagineses / B1: Bereberes
División romana
thumb|División provincial entre el 27 a. C. y el 298. Hispania queda dividida en tres provincias: Tarraconensis, Baetica y Lusitania Los romanos realizaron diversas divisiones de la península a lo largo de la historia de su Imperio: División de 197 a. C. (sus límites no eran precisos, ya que solo el litoral estaba dominado): Hispania Citerior: Valle del Ebro y litoral mediterráneo. Hispania Ulterior: Valle del Guadalquivir.
División en el Alto Imperio romano en tres provincias divididas en conventos jurídicos: Hispania Ulterior Bética Hispania Ulterior Lusitania Hispania Citerior Tarraconensis
Diócesis Hispaniarum () dividida en seis (más tarde siete) provincias (una de ellas en el norte de África): Tarraconense Carthaginense Baetica Lusitania Gallaecia Balearica: esta división apareció a mediados del , bajo el reinado de Constancio I y Constantino II Mauretania Tingitana.
Alta Edad Media Reinos bárbaros thumb|220x220px|División territorial visigoda. Con la caída del Imperio romano, los suevos, visigodos y otros pueblos ocuparon gran parte de la península ibérica. Finalmente, los visigodos obtuvieron el control de prácticamente toda la península en el siglo VI tras conquistar el reino suevo.
Mantuvieron la división administrativa provincial romana (bajo la denominación de «ducados») e incluso crearon nuevos ducados, como los de Asturias y Cantabria, así como la provincia de Celtiberia y Carpetania.
Edad Media y comienzos de la Edad Moderna: «al-Ándalus» y «Reconquista»
Tras la conquista musulmana de la península ibérica iniciada en 711, la mayor parte de la península pasó a integrarse en el califato omeya, inicialmente dependiente de Damasco y posteriormente del califato abasí de Bagdad, como la provincia de al-Ándalus. El territorio se organizó en provincias denominadas coras o kūras, generalmente articuladas en torno a importantes núcleos urbanos como Córdoba, Toledo, Zaragoza, Mérida o Sevilla. En las regiones fronterizas se establecieron amplios distritos militares conocidos como thughūr o marcas, especialmente a lo largo de las fronteras con los territorios cristianos del norte.
Tras la revolución abasí y la caída de los omeyas en Oriente, Abderramán I estableció en 756 el Emirato de Córdoba, políticamente autónomo de Bagdad. Durante este periodo, la organización territorial de al-Ándalus se centralizó progresivamente en torno a Córdoba, manteniéndose la división en kūras y marcas fronterizas. La administración combinó gobernadores provinciales, autoridades militares y distritos fiscales heredados en parte de estructuras romanas y visigodas anteriores.
Simultáneamente, en el norte de la península se fueron consolidando otras entidades políticas, en un proceso tradicionalmente denominado Reconquista. Surgieron diversos reinos, entre ellos el Reino de Asturias (718), que reivindicó una continuidad legitimadora visigoda y pasó a conocerse como Reino de León a partir de 925. En 1065, el Reino de Castilla se independizó de León, seguido en 1139 por el Reino de Portugal. También se creó el Reino de Galicia en 910, independiente de manera intermitente del Reino de León aunque subordinado a este en distintos periodos (910-914, 926-929, 981-984 y 1065-1073).
En 929, Abderramán III proclamó el califato de Córdoba. Bajo el califato, al-Ándalus alcanzó su mayor grado de centralización política y desarrollo administrativo. El territorio continuó dividido en coras, aunque las zonas fronterizas adquirieron una mayor importancia militar mediante las Marcas Superior, Media e Inferior (al-Tagr al-A'la, al-Tagr al-Awsat y al-Tagr al-Adna). Córdoba actuó como capital política y administrativa del principal estado peninsular de la época.
Tras la desintegración del califato durante las guerras civiles de comienzos del siglo XI (la fitna de al-Ándalus), el poder político se fragmentó en numerosos e independientes reinos de taifas. Estos estados taifa se articularon en torno a ciudades como Sevilla, Zaragoza, Toledo, Badajoz, Valencia o Granada, desarrollando sus propias administraciones territoriales y estructuras dinásticas.
A partir de finales del siglo XI, diversas dinastías norteafricanas bereberes intervinieron en la península y reunificaron gran parte del territorio musulmán bajo entidades políticas más amplias. Primero los almorávides y posteriormente los almohades integraron al-Ándalus en imperios extendidos a ambos lados del estrecho de Gibraltar, reorganizando el territorio mediante gobernadores dependientes de Marrakech o Sevilla.
Tras los avances cristianos de los siglos y , el territorio musulmán peninsular quedó progresivamente reducido al reino nazarí de Granada, fundado en 1238. El emirato se organizó en distritos administrativos dependientes de Granada y sobrevivió hasta 1492, año en que la ciudad fue conquistada por la Corona de Castilla. Con los Reyes Católicos, que unieron dinásticamente las coronas de Castilla y Aragón e incorporaron los antiguos territorios nazaríes tras la guerra de Granada, cada uno de los reinos mantuvo sus propias divisiones administrativas: en Castilla, las provincias; y en la Corona de Aragón, distritos en Aragón, veguerías en Cataluña y Mallorca, mientras que en el Reino de Valencia existían cuatro gobernaciones y once distritos.
Corona de Castilla
200px|miniatura|Provincias fiscales de la Corona de Castilla en 1590.Estas circunscripciones creadas a finales del en la Corona de Castilla, que reciben en ocasiones la denominación de provincias, carecían de cualquier valor jurídico o administrativo y tenían un carácter meramente fiscal, por lo que se debe evitar confundir este concepto de provincia con la actuales Provincias de España creadas en 1833.
El territorio de la Corona de Castilla estaba distribuido entre las 18 ciudades con derecho a voto en Cortes y a su vez subdividido en partidos, que en el censo de 1591-1594 no se denomina de ese modo, recibiendo en algunos casos también el nombre de provincia. Estas circunscripciones creadas a finales del , que reciben en ocasiones la denominación de provincias carecían de cualquier valor jurídico o administrativo y tenían un carácter meramente fiscal, por lo que se debe evitar confundir este concepto de provincia con el actual, y no constituían en absoluto una división administrativa. La única verdadera división administrativa existente en aquel tiempo era la villa y el municipio. El término provincia en la península ibérica era polisémico y divergente en esta época, hasta la creación de las provincias actuales en el , donde se acotó el término, colocándose en un punto intermedio entre comarca y región.
Asimismo, también existían en la Corona de Castilla del otras estructuras, como los corregimientos, alcaldías mayores, diócesis, hermandades o señoríos. Existirían por ejemplo el ducado de Medina Sidonia, los corregimientos de Rioja, de Granada o de Vizcaya o las hermandades de Asturias o Álava. Había por tanto una división territorial caótica y atomizada, propia del antiguo régimen.
Las provincias fiscales eran las siguientes : Burgos, con Trasmiera, capital: Laredo y Tierras del Condestable, capital: Villalpando. Soria. Valladolid, con Tierras del conde de Benavente, capital: Benavente. León, con Principado de Asturias de Oviedo, capital: Oviedo y Ponferrada. Zamora, con el Obispado de Lugo, La Coruña y Betanzos, Orense, Mondoñedo, Santiago de Compostela y Tuy. Toro, con el Partido de Palencia, el Partido de Carrión y el Partido de Reinosa. Salamanca, con Trujillo y la provincia de León de la Orden de Santiago, capital: Llerena. Ávila. Segovia. Guadalajara. Madrid. Reino de Toledo, con Campo de Calatrava, capital: Almagro; Mesa Arzobispal de Toledo, capital: Talavera, Castilla de la Orden de Santiago, capital: Ocaña; Alfoz de Alcaraz, capital: Alcaraz; Castilla del Campo de Montiel, capital: Infantes y Ciudad Real. Cuenca, con Huete. Reino de Murcia; Reino de Sevilla; Reino de Córdoba; Reino de Jaén, con Calatrava del Andalucía, capital: Martos; Reino de Granada.miniatura|204x204px|División territorial de la península ibérica durante el Antiguo Régimen.
A lo largo del se crean tres nuevas provincias al comprar su derecho a poder votar en Cortes. Reino de Galicia, con Santiago de Compostela, La Coruña, Lugo, Orense, Tuy, Mondoñedo y Betanzos; Extremadura, con voto en Cortes por parte de las ciudades de Badajoz, Cáceres, Plasencia, Trujillo, Mérida y Alcántara. Palencia.
A finales de siglo se consideró que la provincia de Toledo tenía una extensión demasiado grande, por lo que desgajó la parte meridional para crear la nueva provincia de La Mancha, con capital en Ciudad Real. Al contrario que las otras provincias, La Mancha no tenía voto en Cortes.
Algunos de los señoríos de la corona de Castilla fueron: