thumb|Embarco de moriscos en el Grao de Valencia, de Pere Oromig. Los moriscos (palabra que deriva de moro) fueron los musulmanes del al-Ándalus bautizados tras la pragmática de conversión forzosa de los Reyes Católicos de 1502 en la Corona de Castilla, medida que las Cortes retrasaron en la Corona de Aragón hasta 1526. Tanto los convertidos con anterioridad al catolicismo de forma voluntaria como los convertidos obligatoriamente en adelante, y sus descendientes, pasaron a ser denominados moriscos. Antes de la conversión forzada, a los musulmanes que vivían practicando de manera más o menos abierta su fe en los reinos cristianos, la historiografía los llama mudéjares, voz derivada del árabe mudajjan, es decir, «tributarios»; aunque en la época, esta denominación se refería sobre todo a los musulmanes del Reino de Castilla, ya que en Aragón se les llamaba simplemente moros y en Valencia y Cataluña, sarraïns ("sarracenos").

Fueron numerosos en el Reino de Aragón y en el Reino de Valencia. En la Corona de Castilla, su número es más difícil de determinar, pues estaban altamente integrados en la sociedad y habían perdido muchos de sus rasgos diferenciadores. Su expulsión del reino fue decretada a principios del , y el esfuerzo por hacerlo duró varios años. Mientras que en la Corona de Aragón su expulsión fue implacable y recibió el apoyo de la comunidad cristiana, en Castilla hubo una gran resistencia entre la población y las autoridades, por lo que fue poco efectiva y hubo gran número de retornados. En Castilla la expulsión se centró sobre todo en los granadinos dispersados por el reino, que estaban menos integrados y eran vinculados a la rebelión de las Alpujarras. También se expulsó a los hornacheros de forma pactada, a los cuales se los transportó armados a Marruecos para formar la República de Salé.

Denominación

Moriscos es una adaptación peyorativa del adjetivo "morisco" que significa "pequeño moro" o "medio-moro", fue usada en 1517 para llamar a los musulmanes conversos en Granada y Castilla. El término se convirtió pronto en la referencia normalizada para referir a todos los ex musulmanes de España.

Moriscos, según el diccionario de Covarrubias, «son los convertidos de moros a la Fe Católica, y si ellos son católicos, gran merced les ha hecho Dios y a nosotros también». Salazar de Mendoza explicaba así el origen de la palabra: «Resultóles el nombre diminutivo, de los Moros que ocuparon a España, llamados assí, por hauer venido de las Mauritanias Tyngitana, y Cesariense. Los latinos los llamaron Mauros, y he aquí Mauriscos. El castellano, Moros, y de Moros Moriscos».

En la época se usaban también otras denominaciones como la de mudéjar (que la historiografía reserva ahora a los musulmanes en territorio cristiano antes de 1502, es decir antes de su conversión forzosa al catolicismo), sarraceno (en los territorios de la Corona de Aragón) y cristiano nuevo, o más específicamente cristiano nuevo de moro, para diferenciarlos de los judíos bautizados, que también eran cristianos nuevos. La palabra morisco tiene otros usos históricos menos conocidos: en Canarias se llamaba de este modo a los musulmanes de origen norteafricano y en América se usaba en ocasiones como sinónimo de "mestizo".

La conversión de los mudéjares castellanos thumb|Texto morisco aljamiado En 1491, Boabdil, el último rey nazarí, capituló ante los Reyes Católicos y negoció la entrega de Granada el 25 de noviembre. Entre otras cosas se acuerda:

Inmediatamente después de la entrada de los Reyes Católicos en Granada comenzaron una labor de conversión por métodos pacíficos. Para ello deciden encomendar a Fray Hernando de Talavera, primer Arzobispo de Granada, la tarea de convertir a los mudéjares a la fe católica. Este se dedicó a su cometido con gran entrega: aprendió el árabe, encargó la preparación del primer vocabulario árabe-español (véase Pedro de Alcalá) y predicaba con mansedumbre y bondad, tanto que los musulmanes le llamaban «el santo alfaquí».

En julio de 1499 los reyes visitan Granada y se asombran del aire tan musulmán que aún conservaba la ciudad, incluso en sus vestidos y costumbres. Deciden por ello encomendar al cardenal Cisneros, que ya había participado en la conquista del reino de Granada, la tarea de persuadir con más dureza a la conversión. Este comenzaría a forzar las conversiones mediante un plan con tres puntos: a) devolver a la fe católica a los elches o renegados católicos convertidos al islam; b) presionar a los jefes musulmanes para fomentar la conversión. Normalmente los medios de presión eran económicos: exención de deudas y sobornos; también hubo malos tratos físicos. Se cuenta de un zegrí que resistió veinte días, ganando fama de hombre duro; c) presentar al pueblo el ejemplo de los jefes convertidos.

Estos medios de presión fueron efectivos. Los métodos represivos empleados por el cardenal cumplieron su objetivo, ya que fueron varios miles los musulmanes que recibieron el agua del bautismo, convirtiéndose en católicos. También se confiscaron muchos libros, y se dividieron en dos lotes, uno de temática religiosa, coranes, etc., todos los cuales fueron quemados en la hoguera, en la plaza céntrica de Bibarrambla, y el otro lote, de materias científicas, que fue enviado a la universidad de Alcalá. Estos hechos se produjeron en ausencia de los Reyes Católicos. Posteriormente, a la vista de los resultados, los Reyes declararon que no eran esas sus instrucciones. Probablemente el cardenal Cisneros sobrepasó las instrucciones recibidas.

La mayor parte de ellos, sin embargo, continuaron manteniendo su lengua, sus costumbres y su antigua religión. Indicio de ello son los textos aljamiados, escritos en romance pero con grafía árabe.

He aquí cómo veía el historiador coetáneo, Luis del Mármol Carvajal, a los moriscos:

Durante la primera mitad del hubo cierta tolerancia.Benítez Sánchez-Blanco, Rafael (2001). Heroicas decisiones. La Monarquía Católica y los moriscos valencianos. Valencia: Alfonso el Magnánimo. Diputación. El autor sostiene que el año 1551 marca el principio de la recuperación de la actividad inquisitorial, al menos en tierras valencianas. La autoridad reprobaba esta fidelidad al islam, que combatía mediante la Inquisición y la toleraba al mismo tiempo, esperando la conversión.

Muchos mudéjares del Albaicín se vieron estafados por cómo los estaban engañando los católicos, ya que primero les garantizaron que iban a poder seguir con su religión y después los estaban «convenciendo» para que se convirtieran. Los mudéjares granadinos comenzaron a protestar y a pedir la destitución de Cisneros, y como respuesta a estas quejas, Cisneros encarceló a los mudéjares más respetados de Granada, teniéndolos por los instigadores de los revoltosos, y pensando que si éstos dejaban de sermonear a la gente, se convertirían al catolicismo. En enero de 1500 mataron a un oficial de Cisneros, lo cual provocó el alzamiento de musulmanes y conversos. De este modo comienza en 1500 el levantamiento popular del Albaicín. Este levantamiento se extiende por toda la sierra de las Alpujarras, llegando hasta Almería y Ronda, contestando los reyes con una fuerte represión militar de la mano del conde de Tendilla.

Después de sofocar los levantamientos, en 1501, Tendilla pidió «pasar por cuchillo a todos los moros que habían participado en las revueltas», a lo que el rey Fernando le contestó: «Cuando vuestro caballo hace alguna desgracia no echáis mano de la espada para matarle, antes le dais una palmada en las ancas, y le echáis la capa sobre los ojos; pues mi voto y el de la Reina es que estos moros se bauticen, y si ellos no fueron católicos, lo serán sus hijos o sus nietos». thumb|Paño decorativo de azulejería, perteneciente a la torre de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Utebo, realizada en 1545 por alfareros moriscos de Muel. Con el motivo del levantamiento de las Alpujarras, los católicos aprovecharon para afirmar que los musulmanes habían quebrantado el pacto alcanzado en 1491. Por ello dictaron la Pragmática de 14 de febrero de 1502, que ordenaba la conversión o expulsión de todos los musulmanes del reino de Granada, exceptuando a los varones de menos de 14 años y las niñas menores de 12, antes de abril del citado año. Esta Pragmática supuso un quebrantamiento de los compromisos firmados por los Reyes Católicos con el rey Boabdil en las Capitulaciones para la entrega de Granada, en las que los vencedores castellanos y aragoneses garantizaban a los musulmanes granadinos la preservación de su lengua, religión y costumbres.

Los mudéjares de toda España tuvieron que ir a las iglesias a bautizarse. Se les preguntaba qué nombre querían tener, y si alguno no entendía bien el castellano, cosa que pasaba sobre todo en el antiguo reino de Granada, o no se le ocurría ningún nombre, se le ponía Fernando si era hombre e Isabel si era mujer. La conversión fue general en todas partes. A partir de esta conversión forzada, los mudéjares dejaron oficialmente de serlo, ya que estaban bautizados y se les llamaba moriscos, expresión que en esta época tenía un matiz claramente peyorativo.

Para evitar el exilio, la mayoría de los musulmanes optaron por la conversión al catolicismo. La conversión fue general en todo el Reino de Granada. Durante el reinado de Carlos V, gracias al apoyo que los moriscos prestaron al rey y a sustanciosos donativos, la corona adoptó una posición flexible con ellos y les permitió que conservaran sus usos y costumbres. De esta forma, los moriscos se mantuvieron como una comunidad propia sin integrarse con el resto de la sociedad española de su tiempo.

Moriscos en América

Durante la era virreinal, también se registró la presencia de moriscos musulmanes de la península ibérica convertidos forzosamente al cristianismo tras la Reconquista en distintos territorios del Imperio Español en América. Las Leyes de Indias prohibían de manera explícita su entrada a los territorios de ultramar, ya que eran considerados indeseables y potencialmente subversivos. En consecuencia, los moriscos no eran bienvenidos en América, y quienes lograron establecerse allí lo hicieron de forma ilegal, ocultando su origen o mediante redes de migración encubierta.Konetzke, Richard. Colección de documentos para la historia de la formación social de Hispanoamérica, 1493–1810. Instituto Panamericano de Geografía e Historia, 1953.Ehlers, Benjamin. Between Christians and Moriscos: Juan de Ribera and Religious Reform in Valencia, 1568–1614. Johns Hopkins University Press, 2006.

Algunos moriscos consiguieron establecerse en varias regiones , ciudades y pueblos, donde se dedicaron a oficios artesanales, comercio menor y actividades agrícolas.Domínguez Ortiz, Antonio y Vincent, Bernard. Historia de los moriscos: vida y tragedia de una minoría. Alianza Editorial, 2000. Su situación social era precaria y vigilada, ya que tanto las autoridades civiles como eclesiásticas los consideraban sospechosos de mantener prácticas islámicas encubiertas o de representar un peligro para la ortodoxia católica.Netanyahu, B. The Origins of the Inquisition in Fifteenth Century Spain. New York Review Books, 2001.

La expulsión de los moriscos decretada por Felipe III en 1609 agravó aún más la represión y obligó a muchos a esconder su identidad para evitar la deportación o el castigo. En América, esta clandestinidad dificultó el registro formal de su presencia, pero existen documentos del Santo Oficio en ciudades como México y Lima que mencionan a personas procesadas por prácticas islámicas o por tener ascendencia morisca.Sweet, James H. Domingos Álvares, African Healing, and the Intellectual History of the Atlantic World. University of North Carolina Press, 2011.

La Guerra de las Alpujarras y la dispersión de los cristianos nuevos por Castilla