La batalla de Yerbas Buenas (también llamada Sorpresa de Yerbas Buenas) fue un enfrentamiento militar librado en la madrugada del 27 de abril de 1813, durante las primeras etapas de la guerra de Independencia de Chile, entre las fuerzas realistas mandadas por el brigadier Antonio Pareja y un destacamento patriota dirigido por el coronel Juan de Dios Puga. La lucha fue inicialmente favorable a los patriotas, sin embargo, al final se impusieron los realistas por su mayor número. Pese al triunfo realista, la sorpresa los desmoralizó y frenó su avance.
Antecedentes Avance realista El 8 de abril de 1813, empezaron a salir las unidades realistas de Concepción, once días después de tomar la ciudad. Se demoró en salir porque carecía de suficientes caballos y vehículos para transportar su impedimenta. Primero partió la vanguardia esa misma jornada, al día siguiente la 1.ª, el día 10 la 2.ª y el 11 la 3.ª división. El 13 o 14 de abril salieron la retaguardia, la reserva, el tren de bagaje, el Estado Mayor y sus escoltas. Tomaron el camino de Florida hacia Chillán. Su moral era alta. A su paso, los lugareños remendaban sus uniformes, les calzaban los pies con ojotas nuevas y proporcionaban comida fresca y buenos lechos. A la vez, los franciscanos del colegio de Propaganda y Fide de Chillán les convencían de la justicia de su causa.
La marcha fue penosa, de apenas 16 km diarios, con cada división siguiendo el mismo camino embarrado y sobrecargadas con una treintena de cañones y quinientas cargas de pertrechos y municiones. El brigadier Antonio Pareja era marino y por su formación sabía que el poder de un barco dependía de su número de piezas de artillería, sin embargo, para un ejército de tierra lo importante era la velocidad. El mismo Napoleón Bonaparte aconsejaba una media de 2 a 5 cañones por cada mil fusiles, así que el general de brigada había sobrecargado a su ejército. De hecho, tantas mulas y bueyes llevaban el parque y la artillería que tomaba del amanecer al mediodía el cargarlas y enyuntarlas, luego debían descargarlas a las 16:00 horas para descansar antes seguir la marcha.
Los realistas llegaron a Chillán el 15 de abril. Ahí se encontraron a la villa abandonada por las autoridades patriotas y con el pueblo recibiendo feliz al subdelegado José María Arriagada, nombrado por Pareja, como nueva autoridad. De inmediato empezaron a reconcentrar las milicias locales, unidades indisciplinadas y armadas solo con lanzas de coligüe pero con buenos caballos. Pasaron en misa la Pascua del 18 de abril, dando a entender que su causa afirmaba defender la religión católica.
El día 20, el brigadier decidió que debían seguir a Santiago con su ejército ya descansado. Para entonces, habían incorporado numerosas milicias sureñas reunidas por el subteniente Antonio de Quintanilla y un regimiento de caballería y la unidad de infantería «batallón de milicias regladas de Chillán» o «batallón cívico de infantería», al mando de los tenientes coroneles José María Arriagada y Clemente Lantaño respectivamente. Estas unidades aumentaron grandemente el número de plazas, pero por su carencia de disciplina no eran un gran auxilio. La unidad de infantería había sido formada en 1811, sus granaderos estaban a cargo del entonces capitán Lantaño y tenían un uniforme propio.
El avance siguió sin contratiempos hasta el 24 de abril, cuando Pareja se reunió con el capitán Melchor Carvajal en Linares, quien fue enviado con una avanzadilla a reclutar milicianos en Quirihue. Al día siguiente se enteró de que un gran ejército enemigo estaba al norte del Maule, pero que sus fuerzas carecían de buen armamento o disciplina.
Por entonces, dragones y milicianos del Itata estaban por Quirihue y Cauquenes al mando de Carvajal, pero al no encontrar reclutas o recursos mandaron a su vanguardia a cargo del comandante Matías Alarcón a Linares, quien sorprendió al coronel patriota Antonio Merino cuando se retiraba con el regimiento miliciano de Quirihue hacia Talca; el coronel fue capturado y llevado a Linares para entregarlo a Pareja.
Día anterior El 26 de abril, los monárquicos dejaron Linares con rumbo al río Maule a enfrentar al enemigo. Antes de partir, el brigadier aceptó la propuesta del sargento mayor de las milicias de Rere, Estanislao Varela, de llevar una propuesta de paz. A cambio de retornar a la autoridad del rey Fernando VII de España volviendo al sistema de gobierno, se olvidarían todas las conductas pasadas a los revolucionarios, los hermanos Carrera conservarían sus grados y honores, los empleados civiles y militares de la administración patriota mantendrían sus cargos y se respetarían las libertades señaladas por la nueva Constitución española.
El sargento fue escoltado por el capitán Ildefonso Elorreaga, quien mandaba la vanguardia realista. Esta tropa se componía de 300 jinetes según el Borrador de José Miguel Carrera, pero en su Diario militar eleva el número a 400, dato que repite en un oficio posterior. Sin embargo, los historiadores posteriores siempre aceptaron la primera cifra. Diego Barros Arana habla que este número proviene de sus conversaciones con el auditor Vásquez de Novoa, que aseguraba que Varela le dijo a Carrera que ese número de realistas lo habían acompañado y el grueso de las tropas estaban en Linares. Claudio Gay indica que proviene de sus conversaciones con O'Higgins. Como el comandante en jefe del ejército patriota también menciona que Varela era oficial del regimiento de Rere, el historiador Benavente Ormeño asume que esos 300 hombres venían de ese regimiento y ese sería el único número confiable de milicianos realistas que entregan las fuentes.
Al llegar a un vado en Bobadilla, desplegaron la bandera blanca y Varela, quien secretamente deseaba pasarse a los patriotas, fue escoltado hacia el cuartel general rebelde, llegando a las 16:00 horas. El auditor de guerra, Manuel Vásquez de Novoa, reconoció a Varela y leyó el pliego con la propuesta a José Miguel Carrera. Luego, Varela les informó de la situación de los monárquicos en Linares y que fue acompañado por la vanguardia enemiga. Tras oír los informes, el general en jefe ordenó que el negociador se retirara a Talca. Cuando aquel le pidió incorporarse a su bando, se optó por enviarlo a Santiago.
El capitán Elorreaga intentó evaluar las fuerzas enemigas, pero estaban ocultas por tupidos bosques, lo que le hizo dispersar a sus milicianos para estudiar mejor la situación. En esos momentos empezaron enfrentamientos entre la vanguardia realista y la 2.ª división patriota, hubo disparos y dos soldados del regimiento de San Fernando murieron. Sus compañeros quisieron vengarlos y sólo sus oficiales lograron contenerlos, pero el sonido se escuchó en el cuartel y José Miguel Carrera, considerando que se había violado las normas de la guerra, ordenó un golpe de mano contra la primera fuerza enemiga que se acercara.
Elorreaga reagrupó a sus milicianos y se retiraron al cerro de Bobadilla, temiendo que se enviará una partida de caballería a perseguirlo, siguió hasta la capilla de Yerbas Buenas, donde informó lo sucedido a Pareja. Se decidió acampar en ese mismo lugar y los preparativos empezaron de inmediato, deseosos de estar listos ante un posible ataque.
Respuesta revolucionaria A las 16:00 o 18:00 horas del 31 de marzo, después de un viaje comenzado a las 07:30 del día 27, un exhausto dragón llegó a Santiago y le dio a José Miguel Carrera unos documentos informando del desembarco realista en Talcahuano y la caída del puerto. De inmediato, se convocaron a los vocales de la Junta, al Congreso Nacional y los jefes militares; las disputas internas entre los dirigentes revolucionarios quedaron atrás y se formó un frente unido para defenderse. José Miguel fue nombrado brigadier y general en jefe del Ejército de la Frontera, luego Ejército Restaurador de los Derechos de la Patria, se declaró la guerra al virreinato del Perú, se ordenó al gobernador de Valparaíso embargar todos los barcos peruanos en el puerto, una hora después se publicaron bandos decretando la pena de muerte a quien se opusiera a estas medidas y se hizo una lista de realistas para desterrarlos o imponerles un empréstito forzoso de pesos (aunque luego subió a ). Por último, el Congreso Nacional cedió su autoridad a la Junta de Gobierno, donde Juan José Carrera reemplazó a su hermano José Miguel el primer día de abril y quedó a cargo de comandancia general de armas en la intendencia de Santiago. Aunque su hermano quería que se quedará en la capital, Juan José fue inducido a marchar a Talca a mediados de abril.
A las 18:00 horas del 1 de abril, después de ordenar reunir milicias y organizar la salida de los cuerpos militares al sur, José Miguel Carrera salió hacia Talca con el cónsul Joel Roberts Poinsett, algunos oficiales y 14 húsares de la Gran Guardia al mando del capitán Diego José Benavente Bustamante. En su marcha se les unieron patriotas que habían huido de Concepción y daba órdenes en toda villa donde pasaba. En la tarde del 4 de abril llegó a Curicó, donde el tesorero José Jiménez Tendillo le entregó pesos y una copia de la rendición de Concepción. A las 20:00 horas del 5 o el 9 de abril José Miguel Carrera instaló el campamento en Talca acompañado de 50 húsares, dragones y oficiales, donde se encontró a los vecinos poco dispuestos a ayudarlo. Su intención era esperar que las fuerzas de Santiago fueran llegando durante los próximos días, mientras él reunía a las milicias de la intendencia de Concepción que escapaban al norte. Esa tarde el teniente coronel Bernardo O'Higgins reportó de la cercanía de una avanzadilla realista en la zona. Convencido por este último que la presencia monárquica impedía la reunir de las milicias de Linares, el brigadier Carrera le autorizó a atacarlos, consiguiéndose una primera victoria.
El 12 de abril los vocales de la Junta, Pedro José Prado y José Santiago Portales, cedieron su poder a José Miguel Carrera, pero como él había marchado al sur el Congreso Nacional designó a José Miguel Infante y Francisco Antonio Pérez para formar una Junta el 13 de abril con Agustín Eyzaguirre. En Santiago, el cabildo hizo llamados al pueblo para defender el país y se centró en conseguir donativos voluntarios para los equipos y mantenimiento de los soldados, reuniéndose hasta el día 10 más de pesos.
Entre tanto, en el litoral se movilizaban milicias para llevarlas a Talca. En Quirihue, el subdelegado del partido Raimundo de Prado y el comandante de milicias Antonio Merino juntaron algunos hombres y los enviaron y apresaron a un sargento y dos dragones realistas enviado por Pareja a comprar caballos. El subdelegado de Cauquenes, Juan de Dios Puga, logró reunir muchos milicianos e interrumpir las comunicaciones enemigas. Los subtenientes Jerónimo Villalobos y José Ignacio Manzano retiraron de las haciendas al sur del Maule 5000 vacas y muchos caballos y ovejas. El ayudante del general en jefe, Juan Felipe Cárdenas, pasó por esas comarcas y arrestó a todo vecino que colaboraba con los realistas y envió a 1800 reclutas a Talca a cargo del teniente coronel Fernando Vega, eran poco útiles en el campo de batalla, pero servían para el servicio y la carga. Finalmente, el día 12 milicianos patriotas tomaron Nueva Bilbao, donde acababan de llegar las avanzadillas realistas. Al mismo tiempo, José Miguel Carrera instaló una batería en el cerro de Bobadilla por consejo del cónsul Poinsett y dejando 200 o 300 hombres para vigilarla.
Después de su salida, el comandante en jefe fue seguido por 300 húsares de la Gran Guardia a cargo del comandante Juan Antonio Díaz Muñoz. El 6 de abril les siguieron 400 granaderos encabezados por el sargento mayor Carlos Spano y el día 8 Luis Carrera con 200 soldados y 16 cañones con un parque de 70 carretas y 400 mulas. El batallón Granaderos era la mejor unidad organizada por los revolucionarios en Chile, con cerca de mil plazas dirigidos por jóvenes pero energéticos oficiales.