La batalla de Otumba fue un enfrentamiento entre las fuerzas mexicas y aliadas encabezadas por el cihuacóatl Matlatzincátzin y las de Hernán Cortés conformadas por los conquistadores españoles y sus aliados tlaxcaltecas, que se llevó a cabo el 7 de julioCortés señaló en su segunda carta de relación que llegaron al territorio de los tlaxcaltecas el 8 de julio de 1520, un día después de haber combatido a los mexicas en las cercanías de Otumba. De esta forma, los historiadores Chavero, Orozco y Pereyra señalaron el día 7 como día de la batalla. Sin embargo los historiadores Martínez, Prescott y Thomas señalan el día 8. Por otra parte, Díaz del Castillo señaló el 14 de julio; de acuerdo a un análisis de Orozco el error pudo haberse generado por los copistas de López de Gómara al transcribir la fecha de la Noche Triste como el día 10 de julio confundiendo la escritura de la fecha señalada como 1 de julio, quedando en evidencia que Díaz del Castillo tomó como referencia a López de Gómara. de 1520 en Temalcatitlán —una llanura cercana a Otumba— durante el desarrollo de la conquista de México. El resultado de la batalla fue una victoria para los españoles y sus aliados tlaxcaltecas, la cual permitió a Cortés volver a reorganizar su ejército, el cual había sufrido bajas unos días antes en el episodio conocido como la Noche Triste. Un año más tarde, mediante el refuerzo de su ejército con nuevos hombres y pertrechos, y la creación de alianzas con los pueblos indígenas que habían sido sojuzgados por los mexicas, Cortés logró sitiar y conquistar México-Tenochtitlan.
La victoria del ejército de Hernán Cortés (españoles y aliados tlaxcaltecas), en extrema inferioridad numérica, cambió el rumbo de la conquista de Mesoamérica y ha sido reconocida como una de las más grandes hazañas bélicas en la historia del Imperio español.
Antecedentes Matanza de Tóxcatl Hernán Cortés había logrado subyugar al huey tlatoani Moctezuma Xocoyotzin, sin embargo el arribo inesperado de la expedición comandada por Pánfilo de Narváez a Veracruz alteró el avance que habían logrado los conquistadores. Narváez tenía órdenes específicas de Diego Velázquez de Cuéllar para capturar a Cortés y llevarlo de vuelta a Cuba en calidad de prisionero, pero este decidió enfrentar personalmente a su adversario sorprendiéndolo para después convencer a sus tropas de anexarse a sus planes de conquista.
Antes de partir a Veracruz, Cortés dejó a Pedro de Alvarado al mando de los españoles que quedaron en México-Tenochtitlan. En esos días, los mexicas celebraban el ritual del mes tóxcatl, dedicado a Tezcatlipoca. Los testimonios indígenas señalan que, tras la autorización de Moctezuma para la realización del ritual, los españoles se aprestaron a las armas. Durante el desarrollo de la fiesta, los españoles cerraron las entradas del recinto del Templo Mayor y atacaron a los mexicas.León Portilla, 2003: 88-92. En un principio, estos quedaron atónitos ante el ataque, una vez repuestos se organizaron para responder al ataque de los españoles y sus aliados tlaxcaltecas, quienes no tuvieron más remedio que refugiarse en el palacio de Axayácatl. Este episodio se conoce como matanza de Tóxcatl o del Templo Mayor.
Fray Bernardino de Sahagún narra el episodio en el Códice Florentino:
Cuando Cortés regresó de Veracruz, con parte del ejército de Narváez y más aliados tlaxcaltecas, encontró que los tenochcas estaban muy agraviados por los sucesos de Tóxcatl. Cortés convenció a Moctezuma para que se dirigiera a su pueblo para calmarlo. Los tenochcas desconocieron su autoridad y lo atacaron. Moctezuma murió después de ese episodio, en circunstancias poco claras. En sustitución de él, Cuitláhuac fue elegido nuevo tlatoani de Tenochtitlan. La hostilidad contra los conquistadores continuó durante los siguientes días. Considerando la superioridad numérica y la falta de abasto de alimentos, Cortés no tuvo más alternativa que organizar una retirada, la cual se llevó a cabo bajo llovizna, durante la noche del 30 de junio y la madrugada del 1 de julio de 1520.
Noche Triste y escape hacia Tlaxcala miniatura|derecha|Batalla de Otumba. Óleo del siglo miniatura|Ruta de escape de los españoles hacia Tlaxcala tras la Noche Triste.|alt= miniatura|Aychqualco en el Lienzo de Tlaxcala. Se observa un grupo de españoles y tlaxcaltecas descansando y otro montando guardia.|alt=
Los conquistadores emprendieron su escape hacia el poniente, por la calzada de Tlacopan, que era la más corta para salir de la ciudad. Utilizaron vigas y tablas del palacio de Axayácatl como puentes portátiles para cruzar las cortaduras de la calzada. Los siete u ocho mil hombres que emprendieron la retirada marcharon en tres grupos, el de vanguardia comandado por Gonzalo de Sandoval, el central, que era el grupo más numeroso comandado por Hernán Cortés, y la retaguardia, en donde iban Pedro de Alvarado y Juan Velázquez de León. Lograron cruzar los canales de Tecpantzinco, Tzapotlan y Atenchicalco, pero la sigilosa marcha fue descubierta cuando llegaron a Mixcoatechialtitlan, lugar en donde comenzó la batalla. Se intercambiaron dardos y lanzas por tiros de ballestas y arcabuces, hubo bajas por ambos bandos.
Al llegar al canal de los Toltecas, en Tlaltecayohuacan, muchos españoles y tlaxcaltecas cayeron en el agua. Se perdieron cuarenta y seis caballos, toda la artillería y una buena parte del tesoro de Moctezuma. Existen fuertes discrepancias en cuanto al número de españoles y tlaxcaltecas que murieron o fueron aprehendidos esa noche, no obstante, se estima que sobrevivió tan solo una tercera parte de ellos. Entre los muertos se encontraban el nigromante Blas Botello, Francisco de Morla, Francisco de Saucedo y Juan Velázquez de León. Es muy probable que los prisioneros y los que no pudieron escapar fueran sacrificados días más tarde a Huitzilopochtli. Al amanecer, los sobrevivientes se reunieron en tierra en firme, en Popotla, después de hacer el recuento de los daños a Cortés «se le saltaron las lágrimas de los ojos».
Los conquistadores continuaron su marcha hasta Tlacopan (hoy Tacuba), en donde descansaron en el monte de Otocampulco (hoy Los Remedios), aunque fueron ayudados por algunos otomíes, fueron obligados a retirarse al ser atacados por los tepanecas. Pasaron la noche en Acueco, al emprender la marcha en la madrugada del día siguiente, los mexicas los iban acosando dando gritos de guerra a lo lejos. Cuando los conquistadores llegaron a Calacoaya atacaron a sus habitantes, quienes no se les habían enfrentado. Una vez que desquitaron su ira destruyendo este pueblo, cruzaron los llanos de Atizapán y subieron a Teocalhueyacan. Tras confrontar nuevamente a sus perseguidores, continuaron su camino a Cuautitlán y Tepotzotlán, por los lomeríos del poniente del valle de México, para rodear la zona lacustre por el lado norte y después dirigirse hacia el oriente rumbo al territorio amigo de Tlaxcala.
Poco después de cruzar por Zumpango, pernoctaron la noche del 5 de julio en Aychqualco. Cuando emprendieron la marcha al día siguiente, fueron atacados por la retaguardia en Aztacuemecan en donde los mexicas mataron al caballo de Cristóbal Martín de Gamboa, el cual fue la primera carne que comieron los españoles desde que habían salido de México. Después de librar otra escaramuza pasaron la noche en Tonaxipan..
Beligerantes miniatura|derecha|Representación de Aztacuemecan en el lienzo de Tlaxcala. En esta lámina se observa el asedio de los mexicas y la muerte del caballo de Cristóbal Martín de Gamboa, el cual fue la primera carne que comieron los españoles desde que huyeron de Tenochtitlan. Todas las narraciones —incluyendo los relatos de los indígenas— coinciden en que una multitud de mexicas los atacaron en las cercanías de Otumba. Pero ninguna de las crónicas escritas por Hernán Cortés, Bernal Díaz del Castillo, Francisco de Aguilar, Bernardino Vázquez de Tapia o los testimonios de los informantes de Bernardino de Sahagún<ref> «Y cuando esto se oyó, luego un rumor se alza. Luego se ponen en plan de combate los que tienen barcas defendidas [...] Otros también fueron a pie, se dirigieron rectamente a Nonohualco, encaminando hacia Tlacopan. Intentaban cortales la retirada».</small></ref> consigna un número específico de sus contrincantes.
Los historiadores españoles Francisco López de Gómara, Francisco Cervantes de Salazar, Antonio de Solís y Rivadeneyra, y el novohispano Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, afirmaron en sus obras que eran 200 000 mexicas y aliados las fuerzas que confrontaron a los conquistadores españoles, quienes con ayuda de los tlaxcaltecas les produjeron 20 000 muertos. A mediados del siglo , el historiador estadounidense William H. Prescott consignó los mismos números haciendo referencia a las obras de los historiadores españoles.
En contraste, a finales del mismo siglo , los historiadores mexicanos Manuel Orozco y Berra y Alfredo Chavero calificaron dichas cifras como exageradas y jactanciosas, de igual forma lo hizo el historiador español Manuel Serrano y Sanz.Serrano y Sanz, 1919; 89: "Su número se ha calculado en 200 000, con manifiesta exageración."
Hacia mediados y finales del siglo , los historiadores mexicanos Carlos Pereyra, José Luis Martínez y el historiador británico Hugh Thomas describen una fuerza numerosa de guerreros mexicas sin especificar un número determinado de beligerantes, tal y como lo reflejaron las crónicas de los conquistadores del siglo .
Según Pablo Martín Gómez, hablando de los efectivos totales que podían movilizar los aztecas:
Por lo tanto, los aztecas y sus vasallos podían reunir como mucho unos 100 000 guerreros. De esta cifra es necesario descontar las bajas ya sufridas, las deserciones de pueblos vasallos, los contingentes ocupados en otras tareas (como asediar a los españoles que se habían rezagado en la capital) y los que por cualquier motivo estaban demasiado lejos, en diversos puntos del imperio azteca. También es necesario tener en cuenta que los españoles habían demostrado ser enemigos temibles, muy difíciles de vencer por la superioridad de su armamento, de manera que para acabar con ellos definitivamente, los aztecas enviarían la fuerza más grande posible, y que muchos guerreros desearían unirse al combate para participar en lo que se preveía iba a ser una gran victoria. Por lo tanto es razonable estimar los efectivos aztecas y aliados en Otumba en 20 000 guerreros, o incluso más.
Aunque existen muchas discrepancias en cuanto al número de bajas que sufrieron los conquistadores durante la Noche Triste, se describe que el número de españoles que participaron en la batalla de Otumba oscila entre 340, 440 o 600 hombres. El número de tlaxcaltecas es generalmente omitido por todos los historiadores, aunque de acuerdo a Chavero podrían haber sido de 3000 guerreros aliados. Sin embargo todos los demás historiadores y cronistas dan cifras mucho más bajas, de un millar o menos. Por su parte, Bernal Díaz del Castillo describe que al acudir al socorro de Pedro de Alvarado, en México, fueron por todos alrededor de 1300 soldados, 97 a caballo, 80 ballesteros, otros tantos escopeteros, más de 2000 soldados tlaxcaltecas y mucha artillería. De ellos habría que descontar los caídos en la Noche Triste, que fueron, aún citando a Díaz del Castillo, sobre 870 españoles y 1200 tlaxcaltecas. Por lo tanto unas cifra razonables para ambos bandos son de 20 000 aztecas contra 600 españoles (incluidas algunas mujeres) y algo menos de 1000 tlaxcaltecas.
Desarrollo miniatura|Representación de la batalla de Otumba en el lienzo de Tlaxcala. Esta lámina muestra que la batalla de Otumba se desarrolló en las llanuras de Temalcatitlán. Se observa la muerte del cihuacóatl, quien se encontraba al pie de la loma de Petzicatla, nombre que además de estar escrito en caracteres latinos se representa con el glifo de tres tallos de la hierba petzicatl o pitzicatl.