Guillermina de los Países Bajos (nacida ; La Haya, 31 de agosto de 1880 ‑ Apeldoorn, 28 de noviembre de 1962) fue la reina de los Países Bajos desde la muerte de su padre, el rey Guillermo III, en 1890, hasta su abdicación, en 1948, cuando volvió a retomar el título de princesa de los Países Bajos. Su madre, la reina Emma, fue regente durante sus primeros ocho años de reinado, mientras que ella alcanzaba la mayoría de edad. Posteriormente, entre 1947 y 1948 su hija, la entonces princesa Juliana, fue regente.

Con su ascenso al trono neerlandés dio inicio a un periodo de más de 130 años de reinados femeninos en los Países Bajos, el período más largo gobernado exclusivamente por mujeres en cualquier monarquía mundial.

Reinó en los Países Bajos durante más de cincuenta años, el reinado más largo de un monarca neerlandés. Durante su reinado se produjeron varios acontecimientos clave en la historia neerlandesa y mundial: la Primera Guerra Mundial y la Segunda Guerra Mundial, la crisis económica neerlandesa de 1933, derivada de la Gran Depresión, y el declive del imperio colonial neerlandés.

Fuera de los Países Bajos, es recordada por su papel durante la II Guerra Mundial, inspirando a la resistencia neerlandesa y convirtiéndose en una destacada líder del gobierno neerlandés en el exilio.

Infancia y juventud thumb|left|Guillermina en 1890 Fue la hija única del rey Guillermo III de los Países Bajos y de su segunda esposa, la princesa Emma de Waldeck-Pyrmont. Su infancia se caracterizó por una estrecha relación con sus progenitores, especialmente con su padre, que tenía 63 años en el momento de su nacimiento.

Guillermo III ya había tenido tres hijos con su primera esposa, la reina Sofía. Sin embargo, cuando Guillermina nació, el rey ya había sobrevivido a dos de ellos y solo vivía el príncipe Alejandro de Orange, que no tenía hijos. Por lo tanto, desde su nacimiento, fue la segunda en la sucesión al trono neerlandés. Cuando Guillermina tenía cuatro años, el príncipe Alejandro murió y ella se convirtió en la heredera real.

Guillermo III falleció el 23 de noviembre de 1890 y aunque la princesa Guillermina se convirtió inmediatamente en reina, fue su madre quien gobernó como regente. En 1895, Guillermina visitó a la reina Victoria del Reino Unido, que anotó una superficial entrada en su diario: «La joven reina (…) todavía tiene su pelo suelto. Es esbelta y grácil y en una primera impresión parece una niña muy inteligente y dispuesta. Habla bien el inglés y sabe cómo comportarse de forma encantadora»."Wilhelmina of Netherlands Dies" (UPI), New York Times, November 28, 1962. pp. A1-A39.

Guillermina contrajo matrimonio en 1901 con el príncipe Enrique Vladimiro, duque de Mecklemburgo-Schwerin en la Iglesia de San Jaime de La Haya. Aunque se ha dicho que fue un matrimonio de estado sin apenas amor, parece que, en sus comienzos, Guillermina sintió un afecto genuino por Enrique, al que no agradaba su papel como príncipe consorte, que consideraba aburrido y una mera formalidad decorativa, y que le obligaba a someterse a su esposa. Carecía de poder político efectivo en los Países Bajos y Guillermina se aseguró de que esa situación permaneciera.

Una serie de embarazos fallidos también contribuyeron a poner en crisis su matrimonio. Se sabe que Enrique tuvo varios hijos ilegítimos, lo que agravó la situación. Sin embargo, el nacimiento de la princesa Juliana el 30 de abril de 1909 constituyó un alivio después de ocho años de matrimonio.

Reinado izquierda|miniaturadeimagen|Moneda neerlandesa de 1912 con la efigie de la reina Guillermina Precavida, cuidadosa y actuando dentro de las limitaciones de lo que esperaba de ella el pueblo neerlandés y sus representantes electos, Guillermina mostró una fuerte voluntad y personalidad a lo largo de su reinado. Estas virtudes le proporcionaron gran popularidad cuando, con 20 años, ordenó a un barco de guerra neerlandés en Sudáfrica que rescatara a Paul Kruger, el presidente de Transvaal. Debido a esta acción, la reina atrajo la atención y el respeto internacional.

Guillermina sentía un profundo desagrado por el Reino Unido, que se había anexionado las repúblicas sudafricanas de Transvaal y el Estado Libre de Orange tras la guerras de los bóeres. Los bóeres eran los descendientes de los primeros colonos neerlandeses que habían llegado a la zona y Guillermina sentía simpatía por ellos.

También disponía de una gran perspicacia empresarial, y sus inversiones la convirtieron en una de las mujeres más ricas del mundo. Incluso, durante una tiempo, se la consideró como la mujer más rica del mundo, un mito heredado por su hija y su nieta. La familia real neerlandesa todavía sigue siendo la inversora más importante de la Royal Dutch Shell, la principal empresa petrolera de los Países Bajos, y una de las mayores empresas petroleras del mundo.

Antes del estallido de la Primera Guerra Mundial, Guillermina había visitado al emperador Guillermo II de Alemania, que según una anécdota presumió ante la reina de su poder diciendo: «Mis guardias miden más de dos metros y los vuestros solo les llegan al hombro». La reina sonrió educadamente y respondió: «Cierto, Su Majestad, sus guardias miden más de dos metros, pero cuando abrimos nuestros diques, el agua llega a más de tres».<ref>"Caged no more," Time. December 7, 1962.</ref>

Primera Guerra Mundial thumb|Fotografiada con su hija Juliana, hacia 1914|izquierda

Aunque permanecieron neutrales durante la Primera Guerra Mundial, las considerables inversiones alemanas en los Países Bajos y las importaciones neerlandesas estrecharon sus lazos comerciales con Alemania. Los alemanes disponían de queso Edam en sus raciones.

Guillermina fue apodada «la reina de los soldados» pero, como mujer, no podía ostentar el título de comandante supremo. A pesar de esta limitación, la reina aprovechó cualquier oportunidad para inspeccionar las fuerzas armadas neerlandesas y expresar sus opiniones. En muchas ocasiones, aparecía sin previo aviso, deseando contemplar la realidad militar, no un espectáculo preparado. Quería a sus soldados y se mostró disconforme con los sucesivos gobiernos neerlandeses, que continuamente aprobaban recortes en los presupuestos militares para ahorrar gastos.

Durante la guerra, también fue apodada «la reina guardiana». A pesar de sus buenas relaciones con Alemania, temía un ataque de las tropas alemanas contra su país, especialmente en los comienzos del conflicto. Sin embargo, los ataques a la soberanía neerlandesa acabaron proviniendo del Reino Unido y de los Estados Unidos que, con su bloqueo comercial, apresaron muchos barcos mercantes neerlandeses en un intento de entorpecer los suministros alemanes. Debido a las continuas tensiones entre los Países Bajos y los Aliados, los neerlandeses se aferraron a su neutralidad.

Hacia el final del conflicto, se extendió el descontento civil, provocado por la revolución bolchevique en Rusia en 1917. Un líder socialista neerlandés llamado Pieter Troelstra trató de derribar el gobierno y la monarquía. Pero en lugar de recurrir a una revolución violenta, quería controlar el Tweede Kamer, la cámara legislativa del Parlamento, y esperaba conseguirlo mediante las elecciones, convencido de que la clase trabajadora le apoyaría en masa. Sin embargo, la popularidad de Guillermina le ayudó a restaurar la confianza popular en el gobierno mediante una serie de actos públicos y populistas. Pronto quedó claro que la revolución socialista iniciada en Rusia no se extendería a los Países Bajos.

Después del armisticio y el fin de la guerra, Guillermo II, que había sido obligado a renunciar al trono imperial de Alemania, se exilió a los Países Bajos, donde el gobierno le ofreció asilo político, debido en gran parte a sus lazos con Guillermina. En respuesta a los esfuerzos de los Aliados por juzgar al káiser, la reina convocó a los embajadores ante su presencia y les leyó los derechos de asilo."Worried Queen," Time. November 27, 1939.

Período de entreguerras thumb|Sello de la reina Guillermina impreso durante el período de entreguerras Durante las décadas de 1920 y 1930, los Países Bajos comenzaron a emerger como poder industrial. Los ingenieros neerlandeses consiguieron ganar vastos terrenos al mar mediante el proyecto Zuiderzee.

A finales de 1934, falleció el príncipe Enrique, esposo de Guillermina —que también perdió a su madre, la reina Emma, ese mismo año—.

Durante este período y, sobre todo, durante la Gran Depresión, el poder personal de Guillermina alcanzó su auge, debido sobre todo a la elección de sucesivos gobiernos monárquicos, dirigidos por la destacada figura del primer ministro Hendrik Colijn, del Partido Antirrevolucionario. Guillermina participó en muchos asuntos y problemas de Estado, bien directamente o expresando su opinión en privado.

En 1939, el quinto y último gobierno de Colijn fue derribado por una moción de confianza dos días después de su formación. Parece que la Guillermina estuvo detrás de la formación de este último gobierno, que fue diseñado para convertirse en un gabinete «real» extraparlamentario. La reina se mostraba muy escéptica con el funcionamiento del sistema parlamentario y, de forma encubierta y sutil, trató de manipularlo en más de una ocasión.

Durante esta época, también preparó el matrimonio entre su hija Juliana y el conde Bernardo de Lippe-Biesterfeld, un príncipe alemán que había perdido la mayor parte de sus posesiones tras la Primera Guerra Mundial. Aunque al principio su elección como consorte despertó suspicacias ante los rumores infundados de sus simpatías hacia el gobierno nazi de Alemania, con el tiempo Bernardo se convertiría en una de las figuras más populares de la familia real.

Segunda Guerra Mundial thumb|Fotografía oficial de la reina, 1942|izquierda El 10 de mayo de 1940, el ejército de Alemania invadió los Países Bajos, y la familia real fue evacuada al Reino Unido tres días después. Guillermina deseaba permanecer en los Países Bajos: había planeado dirigirse a la provincia de Zelanda, en el sur del país, con sus tropas para coordinar la resistencia en la ciudad de Breskens y permanecer allí hasta que llegara la ayuda, como había hecho el rey Alberto I de Bélgica durante la Primera Guerra Mundial. Un crucero británico iba a llevarla primero a La Haya, pero cuando se encontraba a bordo, el capitán le dijo que le era imposible acercarse a la costa neerlandesa, ya que Zelanda estaba siendo bombardeada por la Luftwaffe y la situación era muy peligrosa. Guillermina aceptó viajar al Reino Unido, desde donde esperaba regresar tan pronto como le fuera posible, pero sus planes se demoraron. Durante un tiempo, estuvo en Canadá, donde se refugiaron varios miembros de su familia. Allí vivió en Rideau Hall, la residencia del gobernador general canadiense. Se dice que, mientras estuvo allí, llamó la atención por sus costumbres relativamente sencillas. La reina insistió en hacer las compras en persona, paseando por las calles de Ottawa sin compañía y viajando en transportes civiles.Hubbard, R.H.; Rideau Hall; McGill-Queen’s University Press; Montreal and London; 1977; p. 203

Los ejércitos neerlandeses terminaron rindiéndose el 15 de mayo de 1940. Guillermina asumió el liderazgo del gobierno neerlandés exiliado, estableciendo una estructura ejecutiva y enviando un mensaje al pueblo neerlandés.