La generación del 98 es el nombre con el que se ha reunido tradicionalmente a un grupo de escritores, ensayistas y poetas españoles activos en tiempos de la guerra hispano-estadounidense (1898), quienes revitalizaron las letras españolas y restauraron a España a una posición de prominencia intelectual y literaria que no había tenido en siglos. Profundamente afectados por la crisis moral, política y social desencadenada en España por la derrota militar en la guerra hispano-estadounidense y la consiguiente pérdida de Puerto Rico, Guam, Cuba y Filipinas en 1898, los últimos vestigios de su imperio y su prestigio internacional, estos escritores y pensadores se vieron abocados a embarcarse en un proceso de introspección y un análisis de los problemas de España y su destino.

El nombre fue acuñado por José Martínez Ruiz (comúnmente conocido como «Azorín») en sus ensayos de 1913 titulados «La generación de 1898», que aparecieron en varios periódicos y fueron recopilados en su Clásicos y modernos (1913). Pronto el término empezó a aplicarse de manera general a los escritores que se ocupaban de pensar y escribir sobre la herencia de España y su posición en el mundo moderno. El historiador Raymond Carr define la generación del 98 como el «grupo de escritores creativos nacidos en la década de 1870, cuyas obras principales se ubican en las dos décadas posteriores a 1898». Nunca fueron un movimiento o escuela organizada, y trabajaron en campos y estilos diversos, y rara vez estuvieron de acuerdo sobre cómo entender o solucionar los problemas de España, pero tenían en común un deseo de sacudir a los españoles de lo que veían como apatía y de restaurar un sentido de orgullo nacional. Los intelectuales de este grupo son conocidos por sus críticas al mundo literario y educativo español, al que consideraban conformista, ignorante y carente de espíritu. Sus críticas estaban estrechamente relacionadas con la aversión del grupo hacia el movimiento de Restauración que se desarrollaba en el Gobierno español.

Se inspiraron en la corriente crítica del canovismo denominada regeneracionismo y ofrecieron una visión artística en conjunto en La generación del 98. Clásicos y modernos.

Joaquín Costa, Ángel Ganivet y Miguel de Unamuno son considerados generalmente precursores de la generación del 98, pero muchos historiadores de la literatura consideran a Ganivet y, por lo general, a Unamuno como miembros propiamente del grupo. Otras figuras sobresalientes incluyen al propio Azorín, el filósofo y crítico José Ortega y Gasset, los novelistas Pío Baroja, Vicente Blasco Ibáñez y Ramón María del Valle-Inclán y los poetas Antonio Machado y Manuel Machado. En su revitalización de las letras españolas, trajeron una nueva seriedad de propósito a la novela española y elevaron el ensayo (crítico, filosófico, psicológico) a una posición de importancia literaria. A la vez, trajeron a España un conocimiento de las tendencias extranjeras en la literatura y el pensamiento que permitieron a los españoles reevaluar sus propios valores en el contexto del mundo moderno, despertando así una conscienca nacional que allanó el camino para el desarrollo cultural de España en el .

Contexto histórico

El grupo conocido como la generación del 98 se vio influenciado por varios acontecimientos y tendencias importantes de la historia española. Según la definición de Carr, la mayoría de ellos nacieron en la década de 1870. Estos hombres se vieron especialmente influenciados por la derrota y humillación de España en la guerra hispano-estadounidense de 1898, que cristalizó en dos movimientos políticos distintos, el republicanismo y el monarquismo carlista, marcados por la oscilación del poder: izquierda|miniaturadeimagen|281x281px|Antonio Cánovas del Castillo, por Ricardo de Madrazo (1896, óleo sobre tela, , Senado)

La Revolución Gloriosa de 1868 y los seis años de revolución siguientes, en los que el país derrocó a la reina Isabel II y a la monarquía, y posteriormente tuvo que intentar llenar el vacío político con un gobierno estable. La Primera República española que duró solo 11 meses. El proyecto de la Restauración de Antonio Cánovas del Castillo fue un intento de crear una monarquía constitucional basada en la Gran Bretaña victoriana, que comenzó poco después de que la monarquía borbónica fuera restaurada en la persona de Alfonso XII gracias pronunciamiento de Sagunto por el general Arsenio Martínez Campos. Poco después Cánovas fue nombrado primer ministro por Alfonso XII en 1874. Se ideó un sistema llamado «turno pacífico» o «turnismo» , en el que dos partidos políticos se alternaban el control del gobierno mediante un proceso electoral rigurosamente orquestado y controlado. La Restauración tuvo un éxito razonable en restablecer la estabilidad política, pero finalmente culminó con la Segunda República española en 1931. Los años comprendidos entre 1876 y 1898 son de hastío creativo debido al proyecto de la Restauración de Cánovas durante el reinado de Alfonso XIII. Cuando España pierde en 1898 las colonias la sociedad vuelve a poner el dedo en la llaga de la Revolución de 1868 (Revolución de la Gloriosa). La literatura del realismo se halla anquilosada y, pese a su estabilidad, la vida política se encuentra corrompida por la oligarquía, el caciquismo y el régimen de turno de partidos, que se está descomponiendo en banderías internas en el seno de los grandes partidos progresista y conservador, mientras que un tercer gran partido, el democrático, permanece marginado y ninguneado por el reparto canovista del poder. Las perspectivas profesionales de los escritores noventayochistas habían alcanzado su cima (o estaban haciéndolo). Los más viejos se acercan a la edad de Galdós y los más jóvenes a la de Unamuno. Esto significa, en contraste con la generación del 98, que se habían formado espiritualmente en los tiempos de la Revolución de septiembre. miniaturadeimagen|225x225px|El ministro de fomento Manuel Orovio

El proyecto de restauración

Las primeras críticas intelectuales surgieron en los albores del movimiento de la Restauración. En 1875, el ministro de Fomento, Manuel Orovio (1817-1883), buscó reforzar los valores españoles tradicionales y la unidad católica de España, mediante un edicto conocido como el Decreto Orovio. El rechazo al decreto y a la circular por parte de varios catedráticos y profesores, que por esta causa fueron suspendidos o cesados, provocó la llamada segunda cuestión universitaria (la primera había tenido lugar nueve años antes, en 1866, durante el reinado de Isabel II).

Represión académica

Esta represión fue una respuesta a diversos intentos, en particular, pero no exclusivamente, de la élite intelectual que se menciona a continuación, de introducir alguna forma de democracia liberal tanto en la vida académica española como en la sociedad en general.

Varios profesores progresistas fueron despedidos de la Universidad Central de Madrid por promover las ideas de Karl Christian Friedrich Krause (1781-1832), filósofo alemán defensor del krausismo.

La Institución Libre de Enseñanza

En 1876, estos profesores destituidos, liderados por Francisco Giner de los Ríos, fundaron la Institución Libre de Enseñanza (ILE), una institución educativa privada y laica que comenzó con la enseñanza universitaria y posteriormente extendió sus actividades a la educación primaria y secundaria. Su labor constituyó un repudio indirecto a la instrucción oficial de la época, que consideraban ineficaz, insuficiente y sujeta a un control asfixiante por intereses políticos y religiosos. La Institución se apartó de esta norma al enfatizar la importancia de la libertad intelectual y la superación moral.

Contexto histórico Los años comprendidos entre 1876 y 1898 son de hastío creativo debido al proyecto de la Restauración de Cánovas durante el reinado de Alfonso XIII. Cuando España pierde en 1898 las colonias la sociedad vuelve a poner el dedo en la llaga de la Revolución de 1868 (Revolución de la Gloriosa). La literatura del realismo se halla anquilosada y, pese a su estabilidad, la vida política se encuentra corrompida por la oligarquía, el caciquismo y el régimen de turno de partidos, que se está descomponiendo en banderías internas en el seno de los grandes partidos progresista y conservador, mientras que un tercer gran partido, el democrático, permanece marginado y ninguneado por el reparto canovista del poder. Las perspectivas profesionales de los escritores noventayochistas habían alcanzado su cima (o estaban haciéndolo). Los más viejos se acercan a la edad de Galdós y los más jóvenes a la de Unamuno. Esto significa, en contraste con la generación del 98, que se habían formado espiritualmente en los tiempos de la Revolución de septiembre.

Lo importante de considerarlos en conjunto es el hecho de que han vivido dos épocas emocional e intelectualmente distintas.

La revolucionaria: efervescencia ideológica, afán de reforma y confianza en la virtud correctora de los programas políticos. La restauradora: atonía de los espíritus, el apocamiento con que se abordan ineludibles problemas, la sospecha que inspira toda idea de cambio y la creciente desconfianza en la política vigente.

Se trata pues de hombres doblemente engañados ya que vieron fracasar dos estructuras políticas de cariz contradictorio (Revolución y Restauración). De estos dos experimentos políticos los intelectuales del 98 sacaron una misma conclusión: la urgencia de buscar en zonas de pensamiento y actividad ajenas a la política los medios de rescatar a España de su progresiva catalepsia [muerte aparente].

La primera repulsa intelectual tuvo lugar en los albores de la Restauración. En 1876 Francisco Giner de los Ríos funda la Institución Libre de Enseñanza. Su tarea constituye el repudio indirecto de la enseñanza oficial, probadamente ineficaz e insuficiente en aquella época, y sujeta a la agobiante tutela de los intereses políticos y religiosos.

Se planteó entonces el problema de la personalidad histórica de España (así como lo hiciesen en Francia poco antes tras la derrota de Sedán). Unamuno estudió el casticismo, Ricardo Macías Picavea la «pérdida de la personalidad», Rafael Altamira la psicología del pueblo español, Joaquín Costa la personalidad histórica de España… Figuras clave

El Grupo de los Tres (Baroja, Azorín y Maeztu), comenzaron a escribir en una vena juvenil hipercrítica e izquierdista que más tarde se orientará a una concepción tradicional de lo viejo y lo nuevo. Pronto, sin embargo, siguió la polémica: Pío Baroja y Ramiro de Maeztu negaron la existencia de tal generación, y más tarde Pedro Salinas la afirmó, tras minuciosos análisis, en sus cursos universitarios y en un breve artículo aparecido en Revista de Occidente (diciembre de 1935), siguiendo el concepto de «generación literaria» definido por el crítico literario alemán Julius Petersen; este artículo apareció luego en su Literatura española. Siglo XX (1949).

José Ortega y Gasset distinguió dos generaciones en torno a las fechas de 1857 y 1872, una integrada por Ganivet y Unamuno y otra por los miembros más jóvenes. Su discípulo Julián Marías, utilizando el concepto de «generación histórica», y la fecha central de 1871, estableció que pertenecen a ella Miguel de Unamuno, Ángel Ganivet, Valle-Inclán, Jacinto Benavente, Carlos Arniches, Vicente Blasco Ibáñez, Gabriel y Galán, Manuel Gómez-Moreno, Miguel Asín Palacios, Serafín Álvarez Quintero, Pío Baroja, Azorín, Joaquín Álvarez Quintero, Ramiro de Maeztu, Manuel Machado, Antonio Machado y Francisco Villaespesa. No incluyó a mujeres, pero de hecho Carmen de Burgos «Colombine» (1867-1932), Consuelo Álvarez Pool «Violeta» (1867-1959), Concha Espina (1869-1955) o María de Maeztu (1881-1948), podrían pertenecer a ella, pues se encuentran en esa franja de fechas y sus características coinciden.Falcón, Lidia. «Mujeres del noventa y ocho.» 1 de abril de 1998. El País.