El catalanismo es un movimiento orientado a la exaltación de los valores propios y distintivos de la personalidad histórica de Cataluña: sus tradiciones, su cultura y la lengua catalana. Según John H. Elliot el término «catalanismo», «hasta entonces reducido al movimiento cultural, comenzó a adquirir un serio significado político en el curso del llamado sexenio revolucionario, de 1868 a 1874». Más concretamente el adjetivo «catalanista» empezó a ser usado entre 1870 y 1871 para referirse a sí mismos por los miembros de la Jove Catalunya y de la revista La Renaixensa.
Historia thumb|right|200px|Sello de la Renaixença catalana dedicado a Wifredo el Velloso Surgido en el , dentro de la corriente cultural del Romanticismo, el catalanismo lo constituyeron tres corrientes principales: aquellos que, sin posicionamiento político, vindicaban la tradición, la lengua, y el derecho histórico propio de Cataluña; el tradicionalismo catalán que propugnaba los derechos históricos de Cataluña dentro de la tradición hispánica; y el catalanismo político que postulaba la consecución, en último término, de un estado propio para la nación catalana.
No es infrecuente el uso del término catalanismo para referirse al catalanismo político, como sucede, por ejemplo, en un artículo publicado en 1915 en la revista Renaixement, en el que se decía que el catalanismo era «la exaltación del sentimiento nacional, el reconocimiento, por los catalanes, de la Patria Catalana y la doctrina que lucha por las reivindicaciones políticas de Cataluña». En ese mismo artículo se definía el Pancatalanismo como «la expansión fuera de los límites históricos de Cataluña, no sólo de esa doctrina, sino de las manifestaciones vitales de nuestra tierra».Artículo publicado en la revista Renaixement en 1915 Se define catalanismo y pancatalanismo, sus objetivos y estrategias (en catalán)
En el terreno cultural, el catalanismo se articuló como corriente de pensamiento en el , con el movimiento de la "Renaixença" (en castellano, Renacimiento (no confundir con el renacimiento de los siglos y , que en catalán se denomina Renaixement o Renaiximent)) surgido en la década de 1830 que promovía la recuperación, normalización y reconocimiento de la lengua catalana. Más allá de la lengua, el catalanismo impulsó otras tradiciones históricas distintivas de la cultura catalana como la música tradicional, la sardana, los castellers o el conocimiento de la historia de Cataluña y sus símbolos.
El catalanismo cultural promovió la recuperación de la memoria histórica de Cataluña. Así, en las últimas décadas del proliferaron los artículos y obras que glosaban la milenaria historia de Cataluña y, especialmente, la trayectoria vivida desde los hechos de 1714, cuando las tropas borbónicas ocuparon el Principado de Cataluña y Felipe V dictó los Decretos de Nueva Planta que abolieron las instituciones catalanas.
Todo ello aumentó la concienciación política de las élites culturales catalanas y dio lugar al nacimiento del catalanismo político, que se estructuró durante el último cuarto del . Intelectuales y líderes políticos de diferentes ámbitos, como Valentí Almirall o Josep Torras i Bages, articularon la ideología política del catalanismo, lo que dio lugar a los primeros partidos políticos y organizaciones sociales que reclamaban una autonomía política para Cataluña respecto a España, en razón a su historia y a su "hecho diferencial" cultural, económico y político. Se considera que el catalanismo político quedó definitivamente concretado en 1892 con la redacción de las Bases de Manresa.
El catalanismo político ha dado lugar a diversas variantes en función de la concepción sobre cuál debe ser la relación de Cataluña con el resto de España. Las principales propuestas históricas del catalanismo han sido el regionalismo, el autonomismo y el federalismo, fórmulas que otorgan diferentes niveles de autogobierno a Cataluña dentro del estado español, y que permiten tanto preservar los rasgos propios de la cultura catalana como participar en el proyecto común de construcción del estado español. En la primera década del , sin embargo, el catalanismo político dio lugar a una variante, el nacionalismo catalán, que parte de la idea de que Cataluña es una nación, y que guio sus planteamientos políticos a partir de los parámetros del nacionalismo. Posteriormente, en los años 1930, el nacionalismo catalán dio lugar a una nueva variante, el independentismo catalán, que promovía la independencia de Cataluña respecto de España.
Históricamente, y hasta la consolidación del nacionalismo catalán como movimiento político, el catalanismo defendió los valores culturales de Cataluña y su autonomía respecto a España en el terreno político, pero sin definir a Cataluña como "nación", y sin guiarse por los parámetros del nacionalismo. El catalanismo era regionalista, federalista o autonomista, y aspiraba a preservar la autonomía de Cataluña y el restablecimiento de sus instituciones y, a la vez, contribuir a construir un nuevo modelo de estado español descentralizado.
Actualmente se considera que si bien todos los nacionalistas catalanes son catalanistas, no todos los catalanistas son nacionalistas catalanes. Pese a que según diversas encuestas la mayoría de catalanistas consideran que Cataluña es una nación, una parte no hacen de ello el motor de su acción política y defienden la plena integración de Cataluña en el marco de España, descartando la opción del independentismo catalán. A este ámbito se adscriben partidos como el Partit dels Socialistes de Catalunya, Iniciativa per Catalunya Verds o el Partit Socialista Unificat de Catalunya Viu, que no se reconocen como "nacionalistas" sino como "catalanistas", y aunque defienden pública y formalmente la idea de que Cataluña es una nación, defienden al mismo tiempo su pertenencia a España, ya sea bajo el marco actual del estado de las autonomías, o con la fórmula de un estado federal.
El surgimiento del catalanismo cultural
La Renaixença es un movimiento cultural en los territorios de habla catalana que llega a su esplendor durante la segunda mitad del . Su nombre surgió de la voluntad de hacer renacer el catalán como lengua literaria y de cultura después de los siglos de diglosia respecto al castellano (periodo llamado genéricamente Decadència). Es paralelo a otros similares, como el Rexurdimento gallego.
Los autores más importantes de este movimiento fueron Joan Maragall, Jacinto Verdaguer y Bonaventura Carles Aribau y uno de los puntos clave de su difusión fueron los Jocs Florals. El estilo de la Renaixença es parecido al Romanticismo europeo, predominio de los sentimientos, la exaltación patriótica y los temas históricos. La lengua utilizada mezclaba cultismos y neologismos con palabras de la cultura popular.
thumb|200px|Número del 24 de agosto de 1833 del periódico El Vapor donde apareció publicada la Oda a la Patria de Bonaventura Carles Aribau que inició la Renaixença. El inicio de la Renaixença se ha situado tradicionalmente en agosto de 1833 cuando se produjo la publicación de la Oda a la Patria de Bonaventura Carles Aribau en el diario El Vapor, a la que siguieron los 27 poemas en catalán de Joaquim Rubió i Ors que publicó en el Diario de Barcelona a partir de 1839 y que fueron reunidos en el libro titulado Lo Gayter del Llobregat (1841), el seudónimo del autor, quien en la introducción exponía su programa literario, basado en el amor a «las cosas de sa patria» y en la reivindicación del idioma que «desgraciadament se pert dia a dia» y del que algunos se avergüenzan de que se les «sorprengue parlant en catalá». Rubió i Ors también decía (en catalán):
El interés del movimiento se centró en la literatura, y dentro de ella en la poesía, por lo que se considera como uno de sus hitos la celebración de los primeros Jocs Florals en 1859 organizados por el Ayuntamiento de Barcelona —aunque tuvo un antecedente en 1841 con el certamen poético convocado por la Academia de Buenas Letras, en el que resultaron premiados un poema de Rubió i Ors sobre los almogávares y una memoria histórica de Braulio Foz sobre el compromiso de Caspe—. Los Jocs con sus tres premios ordinarios —a la fe, la patria y el amor— fomentaron los poemas de exaltación historicista y los tres discursos rituales —del presidente, el secretario y uno de los mantenedores— se convirtieron en «una cátedra de regionalismo», según se dijo tiempo después, que atraían a un público numeroso y variado. Así, «los Jocs avivaron el sentimiento de catalanidad, mientras proclamaban la españolidad de Cataluña».
Sin embargo, como denunció a principios del el líder nacionalista catalán Enric Prat de la Riba, los que impulsaban los Jocs Florals, «lloraban los males de la lengua catalana y en su casa hablaban en castellano; enviaban a los Juegos Florales hermosas composiciones llorando trágicamente los males de Cataluña, y fuera del redil de los Juegos ya no se acordaban de Cataluña y se asociaban con sus enemigos». Proponían la huida hacia un pasado idealizado en un momento de grandes cambios económicos y sociales, ya que, a excepción del liberal progresista Víctor Balaguer —aunque su primera poesía en catalán la dedicó A la Verge de Montserrat—, la mayor parte de los integrantes de la primera Renaixença fueron afines al moderantismo. Rubió i Ors, por ejemplo, fue mucho más conocido en España por obras integristas como El libro de las niñas (1845) o Manual de elocuencia sagrada (1852) y en el discurso que pronunció ante la reina Isabel II con motivo de la apertura del curso 1861-1862 de la Universidad de Barcelona, defendió que «las universidades, manteniéndose católicas, sean en España las encargadas de impedir que el error se derrame por nuestro suelo». También fue muy conservador y clerical, Antoni Bofarull, autor del primer folletín en catalán L'orfeneta de Menargues o Catalunya agonisant (1862). thumb|300px|left|Cuadro histórico de Claudio Lorenzale (1843-1844) que representa la leyenda de las cuatro barras de sangre del escudo del condado de Barcelona. Al mismo tiempo se produjo el resurgimiento de la historiografía catalana, que arranca en 1836 con la publicación de las Memorias para ayudar a formar un diccionario crítico de escritores catalanes, de Félix Torres Amat —«la primera historia indirecta de la literatura catalana»— y Los condes de Barcelona vindicados, de Próspero de Bofarull y Mascaró —«una historia a la vez crítica y laudatoria de los primeros condes-reyes»—, a las que siguieron tres años después Recuerdos y bellezas de España de Pau Piferrer, que en palabras de su autor relata con pasión «las felices épocas de los Raimundos y los Jaimes» y elogia a todos los que fueron «el sostén de las libertades de su patria, que nunca consintieron que fuesen holladas por mano de Rey», por lo que esta obra es considerada como la primera «en dibujar las grandes líneas de la historia nacional de Cataluña», en palabras de Josep Fontana, quien además señala que en ella se esboza «el cuadro esencial de los hechos que hoy conmemoramos como los hitos de la nacionalidad, incluyendo el 11 de septiembre».
Entre los continuadores de estas obras pioneras destacaron Víctor Balaguer, con Bellezas de la historia de Cataluña (1853) e Historia de Cataluña y de la corona de Aragón (1860) —cuyo propósito según el autor era reivindicar para España «un único, sí, unido, pero confederado», y Antoni Bofarull, quien además de editar las grandes crónicas medievales catalanas inició en 1876 la Historia crítica (civil y eclesiástica) de Cataluña. El historiador Jaume Vicens Vives señaló en el siglo siguiente que la obra de Balaguer proporcionaba argumentos a los poetas patrióticos y la de Bofarull a los juristas y a los políticos.