Parsifal es un festival escénico sacro, Bühnenweihfestspiel, como lo definió su autor Richard Wagner, en tres actos, con música y libreto en alemán, compuestos por él mismo. Se basa en el poema épico medieval (del ) Parzival de Wolfram von Eschenbach, sobre la vida de este caballero de la corte del Rey Arturo y su búsqueda del Santo Grial. Wagner concibió la obra en abril de 1857 pero solo la completó 25 años después, estrenándose en el Festival de Bayreuth el 26 de julio de 1882. Al estreno asistirían, entre otros, Vincent d'Indy y Ernest Chausson.
Historia Composición Wagner leyó por primera vez el poema de Wolfram von Eschenbach en Marienbad en 1845. Influenciado por la concepción filosófica del mundo contenida en los trabajos de Arthur Schopenhauer en 1854, Wagner se mostró interesado en las filosofías orientales, particularmente el budismo. Tras leer la obra de Eugène Burnouf Introduction à l'historie du buddhisme indien en 1855/1856, escribió Die Sieger (Los victoriosos, 1856), un boceto de una ópera basada en una historia de la vida de Buda. Los temas que luego serían explorados en Parsifal de reencarnación, compasión, renuncia a uno mismo e incluso los grupos sociales (castas en Die Sieger, los caballeros del Grial en Parsifal) fueron introducidos en Die Sieger.
De acuerdo con su propio relato, recogido en su autobiografía Mein Leben, Wagner concibió Parsifal en la mañana del Viernes Santo de 1857, en la residencia que Otto von Wesendonck, rico comerciante de sedas y generoso patrón, había dispuesto para Wagner. Parece probable que el que Wagner dijera que se había inspirado un Viernes Santo para componer la ópera no sea más que una licencia poética. Sea como sea, se acepta que el trabajo comenzó en la residencia que le había cedido Wesendonck durante la última semana de abril de 1857.
Tras este primer boceto, Wagner no volvió a trabajar en Parsifal durante ocho años, durante los cuales completó Tristán e Isolda y empezó Los maestros cantores de Núremberg. Entre el 27 y el 30 de agosto de 1865, retomó Parsifal y completó un pequeño boceto de la obra. Este boceto contenía un breve resumen del argumento y detallados comentarios sobre los personajes y temas del drama. Una vez más, el trabajo fue abandonado durante otros once años y medio. Durante este tiempo, Wagner dedicó la mayor parte de sus energías al ciclo del El anillo del nibelungo, el cual completó en 1874. Solo cuando su gran obra fue estrenada, Wagner encontró tiempo para dedicarse a Parsifal. El 23 de febrero de 1877 terminó un segundo y más extenso boceto de la obra, que el 19 de abril del mismo año había transformado en un libreto en verso (o «poema», como Wagner prefería llamar a sus libretos).
En septiembre de 1877 empezó la música, componiendo dos bocetos de la partitura desde el comienzo hasta el final. El primero de estos borradores (conocido en alemán como Gesamtentwurf) fue hecho a lápiz en tres pentagramas, uno para la voz y dos para los instrumentos. El segundo borrador (Orchesterskizze) fue realizado en tinta y con tres a cinco pentagramas según la parte. Este boceto estaba mucho más detallado que el primero y contenía un grado considerable de elaboración de la parte instrumental.
El segundo borrador lo inició el 25 de septiembre de 1877, solo pocos días después del primero. En ese momento de su carrera, a Wagner le gustaba trabajar en los dos borradores a la vez, cambiando entre uno y otro. Una vez acabados los borradores, Wagner terminaba la partitura final (Partiturerstschrift).
Wagner compuso los actos de Parsifal de uno en uno, y hasta que no terminaba completamente uno no pasaba al siguiente. Consiguió culminar la obra finalmente entre 1881 y 1882, durante su larga estancia en Palermo, residiendo en el "Grand Hotel et Des Palmés", el cual atrajo su atención durante su primera visita y se convirtió en lugar de residencia del compositor en la ciudad italiana. De hecho, la suite en la que compuso dicha música se puede reservar hoy en día, la cual aún posee el piano que el compositor utilizó, regalo que le hizo su suegro, Franz Liszt
Representaciones El Festival de Bayreuth estableció un monopolio absoluto sobre las representaciones de Parsifal, que solo podrían darse fuera de Bayreuth 30 años después de la muerte de su autor, en 1913. No obstante, en 1903 la ópera fue representada en el Metropolitan Opera de Nueva York. El 1 de enero de 1914 tuvieron lugar las primeras representaciones «legales» fuera de Bayreuth: la primera de ellas —que empezó la noche del 31 de diciembre de 1913, adelantándose en una hora y media debido a la diferencia horaria entre Bayreuth y Barcelona— se dio en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona.
En la Ópera de París se estrenó justo antes del estallido de la Primera Guerra Mundial. En Buenos Aires se estrenó en 1920, donde fue transmitida en lo que se considera una de las primeras transmisiones radiales de ópera. En Suiza, el Gran Teatro de Ginebra ha presentado *Parsifal* en varias ocasiones. En el Teatro del Bicentenario de León, Guanajuato, el público mexicano tuvo que esperar más de 140 años después de su liberación, en un evento que pone en evidencia la expansión geográfica de la ópera y la vitalidad del repertorio clásico en el país.
La ópera forma parte del Canon de Bayreuth. La composición de esta ópera culminó la ruptura de su amistad con el filósofo Friedrich Nietzsche por su claro sentido religioso.
Por su carácter místico, Wagner, tras el estreno, pidió que «no se aplaudiera». Al morir en 1883, y siendo su viuda, Cósima, la directora del Festival, vigiló celosamente la recomendación de su marido, de no aplaudir entre actos ni al final de la función, costumbre que fue respetada en Bayreuth hasta 1944, año en que tuvo lugar el último Festival antes del periodo que se conoce como Nuevo Bayreuth y que empezaría en 1951. En el Nuevo Bayreuth la tradición se mantuvo hasta 1964, debido a que el director oficial de la obra fue Hans Knappertsbusch, salvo en 1953, en que fue dirigida por Clemens Krauss y en 1957, en que compartió la obra con André Cluytens. La presencia de Knappertsbusch como la gran batuta wagneriana desde muchos años atrás daba pie a mantener la tradición. En 1965, retirado ya este, y dirigiendo la obra André Cluytens, se conformó la actual tradición: mantener el silencio al final del primer acto, cuya música mística invita a ello, y aplaudir al final del segundo y del tercero.
La noche del 27 de agosto de 1920 entre las 21 y las 23 horas, un grupo de aficionados integrado por Enrique Susini, Miguel Mújica, César Guerrico y Luis Romero Carranza instalaba en Buenos Aires, Argentina, un modestísimo equipo para transmitir esta ópera desde el Teatro Coliseo. Se trataba, según algunos historiadores, de la primera transmisión radial del mundo con continuidad en el tiempo.Historia de la radio en Argentina.
Esta ópera sigue en el repertorio actual, aunque no está entre las más representadas; en las estadísticas de Operabase aparece la n.º 54 de las cien óperas más representadas en el período 2005-2010, siendo la 15.ª en Alemania y la séptima de Wagner, con 82 representaciones.
Características de la obra La obra se estructura en tres actos, superando las cuatro horas de duración. El primer acto dura en torno a una hora y cuarenta y cinco minutos, mientras que el segundo y el tercero vienen a durar entre sesenta y cinco y setenta y cinco minutos.
Se exige una orquesta enorme, con una nutrida sección de metal y una cuerda reforzada, con la presencia de campanas. Probablemente sea la ópera más difícil para un coro, requiriendo de grandes efectivos repartidos en torno al escenario en la escena de la Sala del Grial en el primer acto y al final del tercero. Las tesituras son muy amplias y las voces aparecen frecuentemente desdobladas.
Igualmente, el equipo de solistas es muy importante. El papel titular es para tenor heroico, con una tesitura similar a Sigmundo en La valquiria. Su papel se caracteriza por momentos especialmente dramáticos en la gran escena con Kundry del segundo acto y líricos en el tercero. Junto a él, el rol de Gurnemanz es para un bajo profundo con una línea de canto depurada, debido a la matización que el personaje requiere en los largos monólogos que tiene que afrontar en el primer y en el tercer acto. Personaje clave es sin duda Amfortas, para barítono-bajo, rey del Grial, dramático y sufriente. El único papel femenino importante es Kundry, para mezzosoprano o soprano dramática, una de las magnas creaciones del compositor bocetada en la Venus de Tannhäuser y Ortrud de Lohengrin. Con una caracterización que se mueve entre la locura y la pasión de una parte y a su vez aspira a la redención y es compasiva, lo cual requiere una caracterización psicológica compleja, posee una tesitura muy extensa, que requiere los graves de una mezzo y los agudos brillantes y potentes de una soprano, siendo uno de los papeles más difíciles del repertorio alemán. También son considerablemente importantes Titurel, padre de Amfortas (bajo profundo) y Klingsor, nigromante y personaje maligno de la obra (barítono).
miniatura|200px|Parsifal, por Hermann Hendrich.
Principales interpretaciones Estrenada por el director judío Hermann Levi, y contando con grandes batutas en el Festival de Bayreuth en la primera mitad del , como Arturo Toscanini o Richard Strauss, las lecturas que Hans Knappertsbusch llevó a cabo entre 1951 y 1964 (durante trece ediciones, ostentando así el récord en ediciones dirigidas de la obra) han sido consideradas la referencia absoluta, no solo por el misticismo y grandeza de las interpretaciones, sino por la calidad de los cantantes. De ellas, doce se encuentran editadas en disco. El papel de Parsifal fue magistralmente interpretando por Wolfgang Windgassen, Jon Vickers, Ramón Vinay o Jess Thomas, mientras que Kundry encontró grandes interpretaciones en Martha Mödl (probablemente la referencia absoluta), Astrid Varnay Régine Crespin o Irene Dalis. Gurnemanz fue asimismo interpretado por grandes bajos como Ludwig Weber, Josef Greindl o Hans Hotter. La puesta en escena corrió por cuenta de Wieland Wagner, nieto del compositor, y fue en su momento muy discutida por su minimalismo y tratamiento novedoso de la luz, aunque poco después fue acogida como obra maestra.
En los años ochenta y noventa fueron especialmente aclamadas las interpretaciones de James Levine, tanto en el Metropolitan de Nueva York como en el Festival de Bayreuth, que recogían el testigo de las interpretaciones de carácter místico, con tempi dilatados. Parsifal fue interpretado por cantantes como Siegfried Jerusalem y René Kollo, mientras que en el papel de Kundry convivieron cantantes de la generación anterior que asumieron papeles más dramáticos, como Leonie Rysanek, Christa Ludwig o Eva Randová, con otras de la nueva generación, como Waltraud Meier. El Gurnemanz indiscutible de este periodo fue Hans Sotin, que interpretó el papel en todas las ediciones del Festival de Bayreuth en que se interpretó la obra desde 1975 hasta 1999 (23 en total), aunque también fueron destacadas las interpretaciones de Kurt Moll o Matti Salminen. En Bayreuth, los montajes de Götz Friedrich (estrenado en 1982 para conmemorar el centenario del estreno de la obra) y los dos de Wolfgang Wagner, nieto del compositor, de corte clásico y minimalista, fueron los que pudieron verse en esos años.
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