La ruptura sino-soviética (en chino, 中苏交恶; ) es el nombre que recibió la crisis en las relaciones entre la República Popular China y la Unión Soviética que comenzó a finales de la década de 1950 y se intensificó durante la siguiente década.
Las causas de la ruptura entre las dos grandes potencias comunistas se debió a los distintos intereses nacionales de ambos países y, sobre todo, al alejamiento sobre su interpretación del marxismo-leninismo. Mientras que el líder chino, Mao Zedong, prefería una mayor beligerancia hacia los países capitalistas (maoísmo), el Gobierno soviético orientó su política hacia una «coexistencia pacífica» con estos países, por lo que Mao y el Partido Comunista de China acusaron a la URSS de revisionismo.Chambers Dictionary of World History, B.P. Lenman, T. Anderson editors, Chambers: Edinburgh, año 2000. p. 769.
La ruptura provocó una fractura sin precedentes en el movimiento comunista internacional y abrió el camino al establecimiento de relaciones entre EE.UU. y la República Popular China. Según Lorenz M. Lüthi, la ruptura sino-soviética «fue uno de los eventos clave de la Guerra Fría, a la altura de otros acontecimientos como la construcción del Muro de Berlín, la Crisis de los Misiles o la Guerra de Vietnam».
Orígenes 300px|thumb|Mao y Stalin - junto a otros líderes comunistas del mundo - juntos en Moscú, celebrando el cumpleaños de Stalin en diciembre de 1949. Las raíces del conflicto entre los comunistas chinos y la URSS se remontaban a la época en que Mao Zedong se había hecho con el poder en el Partido Comunista de China en la década de 1930, contrariando las preferencias soviéticas. Hasta ese momento, el PCCh había estado prácticamente tutelado por la URSS a través de la Internacional Comunista, fuertemente ligada al aparato gubernamental soviético, y había operado mediante sucesivas alianzas o enfrentamientos con los nacionalistas del Kuomintang hasta que en 1927 el PCCh rompió definitivamente con el Kuomintang cuando el régimen nacionalista reprimió violentamente a sus aliados de izquierda en las grandes urbes.
Durante la Segunda guerra sino-japonesa, tanto el PCCh como el Kuomintang nacionalista pusieron fin temporalmente a su guerra civil para expulsar al Imperio Japonés de la República de China. En este contexto, Stalin ordenó a Mao Zedong cooperar con Chiang Kai-shek en la lucha contra los japoneses, demostrando una vez más la capacidad de Moscú para influir en las decisiones estratégicas del PCCh.
Mao Zedong había marcado distancias con la URSS desde antes de liderar por completo el comunismo chino, desarrollando una idea propia del leninismo basada en el apoyo político de los campesinos al PCCh en vez de buscar el apoyo en la clase obrera, en contra de la ortodoxia ideológica aplicada en la URSS, considerando Mao y sus seguidores que el elemento campesino y rural en China era mucho más numeroso y significativo que el proletariado estrictamente obrero y urbano.
En la lucha por el poder dentro del PCCh que tuvo lugar después de la Larga Marcha de 1934-1935, Mao se convirtió en el líder indiscutible del Partido frente a los dirigentes de formación soviética apoyados por Moscú como eran Bo Gu y Wang Ming: De este modo, Mao consiguió en la Conferencia de Zunyi que otros altos jefes del Partido Comunista de China le apoyaran en el proyecto de quitar poder a los líderes más prosoviéticos, conocidos colectivamente como los Veintiocho bolcheviques, quienes no fueron expulsados del PCCh sino paulatinamente marginados de los puestos directivos.
Sin embargo, tras la rendición japonesa al final de la Segunda Guerra Mundial, las tensiones entre ambos líderes comunistas se hicieron más evidentes. Stalin aconsejó a Mao no apoderarse del control político en ese momento y, en su lugar, colaborar con Chiang Kai-shek debido al Tratado de Amistad y Alianza URSS-KMT firmado en 1945. Mao obedeció a Stalin por solidaridad comunista, pero esta sumisión forzada añadió otra fuente de fricción a las ya existentes diferencias ideológicas. La situación cambió drásticamente tres meses después de la rendición japonesa, en noviembre de 1945, cuando Chiang se opuso a la anexión de Tannu Uriankhai (Mongolia) a la URSS. Stalin rompió entonces el tratado que requería la retirada del Ejército Rojo de Manchuria, otorgando a Mao el control regional, y ordenó al comandante soviético Rodion Malinovsky entregar a los comunistas chinos las armas japonesas abandonadas. Durante este período de cinco años posterior a la Segunda Guerra Mundial, mientras Estados Unidos financiaba parcialmente a Chiang y su Ejército Revolucionario Nacional, Washington presionó fuertemente al líder nacionalista para formar un gobierno conjunto con los comunistas, enviando al diplomático George Marshall, quien pasó 13 meses en China intentando sin éxito mediar la paz.
A pesar de estas diferencias entre los comunistas chinos y sus camaradas soviéticos, la victoria comunista en la guerra civil china de 1949 había hecho necesaria la alianza entre los dos regímenes por conveniencia mutua. En los tres años finales de la guerra civil china, el PCCh derrotó y expulsó al KMT de China continental, forzando la retirada de los nacionalistas a Taiwán en diciembre de 1949. La República Popular China, especialmente tras la guerra de Corea, no podía recurrir —ni tampoco buscaba— la ayuda del Occidente capitalista, y la Unión Soviética era todavía el referente internacional del movimiento comunista que, bajo la tutela de Stalin, había logrado convertirse en una de las grandes superpotencias del mundo después de la Segunda Guerra Mundial.
A su vez, el gobierno soviético, en su papel de "vanguardia" del movimiento comunista internacional, veía la subida al poder de un partido comunista en el país más poblado del mundo como un paso de suma importancia en la expansión de su sistema político y su influencia global; de hecho, Stalin consideraba que la implantación de un régimen comunista en China debía ser un proceso estrechamente seguido por la URSS, para lo cual ofreció a Mao Zedong toda la cooperación posible.
Desarrollo del conflicto Influencia y asistencia soviética en China Sin embargo, las diferentes visiones que ambos países tenían acerca de la colaboración mutua provocarían un conflicto creciente. Mientras que Stalin consideraba válido tratar a China de modo parecido a un país satélite de la URSS, al estilo de los estados de Europa Oriental, los nuevos dirigentes chinos deseaban un trato en condiciones de igualdad. No en vano, uno de los objetivos de la lucha comunista en China había sido liberar al país de la histórica sumisión a las potencias extranjeras que se remontaba al . Asimismo, Mao y sus colaboradores consideraban adecuado recibir un trato igualitario al haber triunfado durante la guerra civil china con poca ayuda concreta de la URSS, y advirtiendo que el gobierno comunista de Beijing había ganado el poder con sus propias fuerzas y sin haber necesitado apoyo de tropas soviéticas, caso muy distinto a lo ocurrido con los regímenes comunistas de Europa Oriental.
La ayuda de la URSS a la República Popular China fue vista como "mezquina" e "interesada" por muchos líderes chinos, entre ellos el propio Mao, a quien ya Stalin había tratado de modo paternalista en su primera visita a Moscú en diciembre de 1949. No obstante, sobre todo desde la muerte de Stalin en 1953, la URSS empezó a remitir ayuda financiera y técnica a China a gran escala, considerando que el atraso tecnológico e industrial de China resultaba en un fértil terreno para asentar firmemente la influencia soviética en el país. Esta asistencia fue descrita por el historiador William Kirby como «la mayor transferencia de tecnología en la historia del mundo», pues la Unión Soviética gastó un 7% de sus ingresos nacionales entre 1954 y 1959 ayudando al desarrollo de China. Asimismo, China se convirtió en "país observador" del COMECON desde 1950.
La asistencia soviética a China se extendió así a las industrias, la agricultura, la educación, la sanidad, las fuerzas armadas, y dando énfasis a la construcción de infraestructura a gran escala utilizando capitales soviéticos en transportes, aprovechamiento agrícola, y edificaciones de todo tipo. Se destacó además la presencia de varios miles de soviéticos enviados como asesores técnicos, administrativos, y militares a China, apoyando en la ejecución de amplios y ambiciosos planes de desarrollo económico destinados a sacar a China de su atraso tecnológico en el menor tiempo posible, emulando el ejemplo de los planes quinquenales de la URSS en la década de 1920. El estallido de la guerra de Corea en 1950, donde China intervino militarmente en ayuda de Corea del Norte, forzó más el acercamiento entre los gobiernos de Beijing y Moscú, siendo que para dicho conflicto el régimen chino intervendría con tropas y los soviéticos aportaron armamento y asesores bélicos (o directamente aportaron personal de combate de la VVS soviética para la aviación).
La influencia soviética sobre la política y la economía de China resultó más acentuada tras el fin de la guerra de Corea en 1953, pero el régimen de Mao Zedong cuidó de silenciar todo cuestionamiento doméstico a esta situación en vista de la urgencia por contar con el apoyo y financiamiento de la URSS para la ansiada industrialización de China. Si bien el prestigio de Stalin había mantenido las formas y la necesidad de la colaboración con el único aliado natural posible del nuevo régimen comunista chino, la subida al poder de Nikita Jrushchov reveló las profundas discrepancias —esencialmente ideológicas pero también geopolíticas— entre las dos potencias comunistas.
Impacto del deshielo en China thumb|right|300px|alt=A balding Russian man (Nikita Kruschev) and a younger Chinese man (Mao Zedong) sit and smile, the balding man holding a fan|Mao Zedong y Nikita Jruschov en 1958, durante una visita del líder soviético a China. Tanto China como la URSS mantuvieron su alianza en la política internacional tras la muerte de Stalin en marzo de 1953, y en 1954 ambos países apoyaron a Vietnam del Norte en la Conferencia de Ginebra para la pacificación de Indochina.
No obstante, cuando en febrero de 1956 Nikita Jruschov emitió su célebre "Discurso secreto" condenando el régimen de Stalin y sus políticas, Mao reaccionó agriamente debido a la fuerte adhesión que éste había mostrado previamente al estalinismo. Cuando Jruschov restauró las relaciones diplomáticas de la URSS con la RFS de Yugoslavia (las cuales había roto Stalin en 1948), el Gobierno chino cuestionó tal decisión advirtiendo cómo Yugoslavia pactaba en simultáneo con países comunistas y capitalistas. Cuando Jruschov postuló la necesidad de una "coexistencia pacífica" con el Occidente capitalista, tal fórmula ofuscó a Mao, para quien la lucha del comunismo contra el capitalismo hasta el aplastamiento de este último era un principio ideológico irrenunciable al punto que la lucha de clases ni siquiera terminaba con la instauración de un gobierno comunista sino que proseguía incluso tras dicho evento.