Manuel II Paleólogo (; Constantinopla, 27 de junio de 1350-Constantinopla, 21 de julio de 1425), soldado, estadista, y emperador bizantino desde 1391 hasta 1425 cuya diplomacia le permitió establecer relaciones pacíficas con los turcos otomanos durante todo su reinado, retrasando por unos 50 años la conquista final del Imperio bizantino.

Manuel fue el hijo de Juan V Paleólogo (que reinó desde 1341 hasta 1391 con interrupciones) y Helena Cantacucena y fue nombrado heredero al trono en 1373 después de que su hermano mayor, Andrónico IV, condujera una rebelión contra su padre. Manuel fue coronado coemperador en septiembre de 1373 y, en 1379, ayudó a su padre a recuperar Constantinopla y el trono, que Andrónico había tomado en 1376. Juan V y Manuel recuperaron el trono con la ayuda de los turcos y se vieron obligados a pagar tributo al sultán y prestar ayuda militar. En 1390 Juan VII, hijo de Andrónico, se apoderó de Constantinopla y del trono pero los turcos nuevamente ayudaron a Manuel y a Juan a recuperarlo. Manuel se vio obligado a vivir en la corte de Beyazid I como vasallo sumiso, donde permaneció hasta que escapó a Constantinopla después de enterarse de la muerte de su padre en febrero de 1391.

Cuando los turcos invadieron Tesalia y el Peloponeso en 1396, Manuel hizo un viaje a Europa occidental para pedir ayuda contra ellos. Fue recibido amablemente en Roma, Milán, Londres y París, quedándose en la ciudad francesa durante dos años. Su visita hizo mucho para promover los lazos culturales entre Bizancio y Occidente, pero la ayuda militar no llegó.

Manuel organizó un tratado de paz (1403) con el sucesor de Beyazid, Mehmet I, recuperando Tesalónica (actual Salónica, Grecia) y poniendo fin al pago de tributos. Las relaciones pacíficas persistieron hasta 1421, cuando Mehmed murió, y Manuel se retiró de los asuntos de estado para perseguir sus intereses religiosos y literarios. Su hijo y coemperador, Juan VIII, ignoró el tenue lazo que se había establecido en 1421 y apoyó a un pretendiente, Mustafa, contra el legítimo heredero al trono turco, Murad II. Murad sofocó la revuelta, y en 1422 sitió Constantinopla. La ciudad sobrevivió, pero los turcos invadieron el Peloponeso (1423). Después de haber sido obligado a firmar un humillante tratado, Manuel se retiró a un monasterio muriendo en 1425.

Biografía

Juventud

Fue el segundo hijo del matrimonio entre el Emperador Juan V Paleólogo (1341–1376, 1379–1390, 1390–1391) y Helena Cantacucena, (hija del usurpador Juan VI Cantacuceno (1347–1354). Manuel era el preferido del Emperador, por encima del primogénito Andrónico, de mal carácter y muy a menudo envuelto en intrigas políticas. Designado déspota por su padre, participó en los acontecimientos políticos de su tiempo desde su juventud, en un principio a la sombra de su padre y de su hermano mayor, seguramente como futuro heredero del Imperio. A pesar de su juventud, Manuel siempre mostró buen criterio para gobernar, un gran amor por su padre y por su gente, y decisión a la hora de resolver las difíciles cuestiones que se le plantearon.

En 1371 Manuel, que a sus 21 años era gobernador de Tesalónica, tuvo que rescatar a su padre Juan V, el cual a la vuelta de su viaje a Roma, donde se sometió en forma personal al Papa en contra del sentimiento de su pueblo, pasó por Venecia y fue retenido durante 10 meses en contra su voluntad a causa de una deuda impagada con Venecia, que se remontaba a algunos años atrás, cuando la emperatriz Ana empeñó las joyas de la corona a cambio de un préstamo.

Para liberarse, Juan había ofrecido la isla de Ténedos a los venecianos, un puerto estratégico donde solían anclar una gran cantidad de naves que atravesaban la región de los Dardanelos. Pero Andrónico había quedado como regente en ausencia del Emperador, y se negó a entregar la isla, no por patriotismo sino por estar al servicio de los genoveses que actuaban contra su rival comercial desde su colonia de Gálata, en la otra orilla del Cuerno de Oro, frente a Constantinopla. Hubo de ser Manuel quien juntara en Tesalónica una importante suma de dinero y viajara rápidamente para liberar a su padre. thumb|left|200px|El Emperador Manuel II y su esposa Helena. Entre ellos sus hijos. Ese mismo año ocurre uno de los acontecimientos más importantes para el futuro de los Balcanes: el 26 de septiembre, a orillas del río Maritza, los otomanos aplastan a un Ejército serbio, lo que les abrió las puertas de Serbia, Macedonia y Grecia. Los príncipes y nobles serbios se vieron obligados a prestar vasallaje a su conquistador, Murad I, y pronto su poderío se extendería por doquier en los Balcanes, incluyendo a los señores búlgaros.

Manuel no dejaba escapar oportunidad de obtener beneficios, por más negativa o difícil que se presentara la situación. De modo que los bizantinos aprovecharon los momentos posteriores a la batalla para reconquistar Serres, que había caído en manos de los serbios, y que fue administrada de forma personal por Manuel durante un tiempo. Esta actitud pudiera ser interpretada como mezquina y contraproducente, al aprovecharse de la desgracia de otro reino cristiano, pero cabe recordar según la doctrina política bizantina todo lo que algún día fue del Imperio lo sería por siempre, aunque finalmente cayera bajo el dominio de otros pueblos. En todo caso, Manuel no hizo nada que no hubiera hecho cualquier otro príncipe de su tiempo, en especial si tenemos en cuenta el estado de postración del Imperio y su desesperada necesidad de hombres y dinero.

Los sucesos fueron determinando un ascendente predominio otomano en toda la región, llegando a convertirse Juan V en 1373 en un simple vasallo de Murad. Esto era en parte consecuencia de la política desafortunada del Emperador, que al no confiar en sus propias fuerzas, y viendo que la posibilidad de una cruzada de Occidente se desvanecía al ser Serbia y Bulgaria estados vasallos de los otomanos, prefirió aliarse a ellos.

También pesó en esta decisión la molestia que significaba tener a su hijo Andrónico en la corte casi como un agente de los ambiciosos genoveses. Lo más vergonzoso de la situación fue que Murad I obligó a Juan a acompañarle en una campaña en Asia Menor, a lo que el Emperador no pudo negarse. Manuel, a pesar de todo, permaneció leal a su padre, aunque no compartiera su nefasta política de servilismo a los otomanos.

También estaba el heredero en complicidad con ciertos elementos turcos, con los cuales estaba planeando algunas acciones que iban a determinar el futuro rumbo de la política balcánica, y muy en especial el futuro de Manuel. Fue así como Andrónico organizó en 1373 una revuelta contra su padre, que debido a lo impopular de los genoveses en Constantinopla terminó en fracaso. Como se había producido en combinación pactada con un levantamiento del heredero del trono otomano, Saudji Tchelebi, el sultán Murad cegó a su hijo y obligó a Juan, como vasallo suyo, a cegar a su hijo también, para que los dos sublevados recibieran un mismo castigo ejemplar. A pesar de ello, en realidad el primogénito de Juan sólo recibió heridas menores que no le privaron de la visión, por orden expresa de su padre que lógicamente no quería hacerlo, lo que en definitiva le permitió seguir actuando en política para mayor desgracia del Imperio. Esta medida iba a costar más de un disgusto a Juan V y Manuel en el futuro.

Coemperador

La traición de Andrónico determinó que el príncipe Manuel fuera coronado como coemperador el 25 de septiembre de 1373. Sin embargo, los problemas no dejaron de atormentar al Imperio. En el año 1376 Juan V recibió la visita de una embajada veneciana que le pedía el cumplimiento de su promesa de entregar la isla de Ténedos a cambio de 30000 ducados y la devolución de las joyas de la Corona. Este acercamiento y ofrecimiento veneciano no les gustó a los genoveses, los cuales animaron a Andrónico a cercar Constantinopla. Éste visitó a Murad, a quien prometió Galípoli a cambio de ayuda para ocupar la capital imperial. Luego de un arduo sitio de 32 días, Andrónico entró en la ciudad con tropas genovesas y parte turcas y encarceló a Juan V y Manuel, que entonces contaba con unos 26 años, en la Torre de Anemas.

Pese a ello, con la ayuda de la población bizantina de la isla, y en especial de su gobernador (ambos muy hostiles a los genoveses), Ténedos fue ocupada por los venecianos en octubre de 1376. Mientras estas dos repúblicas italianas se peleaban entre sí y no dejaban de obtener beneficios y territorios, el Imperio se desmoronaba.

Como consecuencia del trato firmado a fines de 1377 Andrónico entrega Galípoli a Murad, en pago por su promesa anterior. Este acto fue fatal para el futuro no ya del Imperio, sino de toda Europa, ya que con Galípoli en sus manos, los turcos se trasladaron a millares desde Asia Menor hacia los Balcanes, sin que nadie pudiera impedirlo. La posesión de este puerto era fundamental para alimentar al Ejército otomano con miles y miles de jóvenes procedentes de todas las comarcas turcas de Anatolia.

En un golpe de mano, 2 años después Juan y Manuel escaparon de su prisión ayudados por los venecianos, dirigiéndose en cuanto atraviesan las murallas hacia Crisópolis, cerca de la cual se hallaba el campamento de Murad. Se entrevistaron con el sultán, a quien terminaron prometiendo ayuda militar y la ciudad de Filadelfia, última posesión bizantina en Asia Menor, con tal de que los ayudara a recuperar la ciudad. Recurrir a los turcos no era el deseo de Manuel, pero la política de Juan V era muy clara: ser vasallo del sultán para sobrevivir y obtener beneficios. Manuel volvía a demostrar su lealtad, apoyando a su padre, pero aún no demostraba que había otro camino posible.

Murad puso en las manos de Juan y Manuel un pequeño Ejército y los venecianos, que odiaban a Andrónico IV por sus pactos con los genoveses, le proporcionaron una pequeña flota. Con esa ayuda recuperan el control de Constantinopla el 1 de julio de 1379. Andrónico se refugió en Gálata, la colonia genovesa del otro lado del Cuerno de Oro, en Pera. Escaramuzas y permanente inquietud se vivieron entre los partidarios de Manuel y de Andrónico, sin que Juan pudiese establecer la paz por cerca de 2 años. Idas y venidas como ésta eran muy comunes y la inestabilidad política hacía que nadie se sintiera seguro, máxime con las injerencias de extranjeros interesados.

La pérdida de Tesalónica

Entre tanto la marcha turca por los Balcanes era imposible de frenar. En 1380 los otomanos al mando de Jaireddin entran en Ocrida y Prilep, marchando sobre Albania. Poco a poco fueron derrotando a los caudillos albaneses quitándoles su territorio. Tardaron algunos años pero los otomanos siguieron afirmándose en el poder, ayudados por la enorme división entre las potencias cristianas que los habitan.

La situación en el seno de la familia imperial era insostenible por la rivalidad entre Juan y su hijo Andrónico. Para sobreponerse a esta situación, aunque no se puede descartar que haya sido por influencia genovesa, en 1381 Juan repone como heredero del trono a Andrónico como parte de un tratado de paz para que se termine la hostilidad y la competencia en el seno de la familia gobernante.

Sin embargo, de hecho gobernaba con Manuel, el cual toma nuevamente posesión de Tesalónica en 1383. Por aquel entonces los restos dispersos y aislados del Imperio estaban divididos entre los miembros de la familia Paleólogo: Juan V gobernaba desde Constantinopla, Manuel II desde Tesalónica, su hermano Andrónico IV desde las costas del Mármara al sur de Tracia y Teodoro en el Peloponeso. Todos eran prácticamente independientes unos de otros, y a su vez dependían del sultán. Manuel era el único de ellos que gobernaba realmente como un verdadero Emperador, ya que transformó a Tesalónica en el verdadero centro de actividad imperial, llegando a imponer su autoridad sobre Macedonia y Tesalia, aumentando la resistencia contra los otomanos.