miniatura|Bandera del nacionalismo vasco, llamada ikurriña, que en la actualidad es la bandera oficial de la comunidad autónoma del País Vasco. El nacionalismo vasco () es un movimiento político, social y cultural que sostiene que los vascos constituyen una nación y defiende el reconocimiento político de Euskal Herria. Sus distintas corrientes comparten la reivindicación de una identidad nacional vasca propia, basada en elementos como la historia, la cultura y el euskera, aunque difieren en sus objetivos políticos, que abarcan desde la ampliación del autogobierno hasta la independencia.

Aunque la idea de una identidad política vasca había sido formulada por diversos autores desde los siglos y , el nacionalismo vasco contemporáneo se desarrolló a finales del con Sabino Arana, fundador del Partido Nacionalista Vasco. Surgido en un contexto de abolición del régimen foral e intensa industrialización, el movimiento tuvo inicialmente un marcado carácter católico, tradicionalista y racialista, evolucionando posteriormente hacia planteamientos centrados en la lengua, la cultura y el derecho de autodeterminación.

Desde la Transición española, el nacionalismo vasco se ha articulado principalmente en torno a dos grandes corrientes: la representada por el Partido Nacionalista Vasco, de orientación democristiana y liberal, y la izquierda abertzale, de carácter independentista y de izquierdas. Durante varias décadas, una parte de esta última estuvo vinculada al denominado Movimiento de Liberación Nacional Vasco, en cuyo seno actuó la organización terrorista ETA, disuelta en 2018.

El nacionalismo vasco constituye una de las principales corrientes políticas del País Vasco y Navarra, donde los partidos nacionalistas obtienen una parte significativa del apoyo electoral. En el País Vasco francés también existen formaciones nacionalistas, aunque con una implantación política más reducida.

Concepto y fundamentos El nacionalismo vasco es una corriente política, social y cultural que sostiene que los vascos constituyen una nación y defiende el reconocimiento de Euskal Herria como una comunidad política diferenciada. Aunque comparte con otros nacionalismos europeos la afirmación de una identidad nacional propia, engloba corrientes ideológicas diversas que difieren tanto en los fundamentos de esa identidad como en los objetivos políticos que persiguen, desde la ampliación del autogobierno hasta la independencia.

El concepto de Euskal Herria ocupa un lugar central en el pensamiento nacionalista vasco. Tradicionalmente designa el territorio donde el euskera ha estado históricamente presente y que comprende las provincias de Álava, Guipúzcoa, Vizcaya, Navarra, Labort, Baja Navarra y Sola. Mientras que para algunos sectores el término posee principalmente un significado cultural y lingüístico, el nacionalismo vasco lo concibe generalmente como el ámbito territorial de la nación vasca y, en consecuencia, como el sujeto político del derecho de autodeterminación.

Desde sus orígenes a finales del , la definición de la identidad nacional vasca ha experimentado una evolución significativa. La doctrina formulada por Sabino Arana otorgaba un papel predominante a la religión católica, la tradición foral y el concepto de raza vasca, entendido como elemento diferenciador respecto al resto de España. Tras la guerra civil española y, especialmente, después de la Segunda Guerra Mundial, estas concepciones fueron progresivamente abandonadas por la mayor parte del nacionalismo vasco, que pasó a fundamentar la identidad nacional principalmente en factores culturales, históricos y lingüísticos.

En la actualidad, el euskera constituye uno de los principales elementos identitarios reivindicados por la mayoría de las corrientes nacionalistas, junto con la historia compartida, las instituciones forales y determinadas manifestaciones culturales consideradas propias del pueblo vasco. No obstante, existen diferencias internas acerca de la importancia relativa de cada uno de estos factores y sobre los criterios para definir la pertenencia a la nación vasca.

Desde el punto de vista político, el nacionalismo vasco defiende que la ciudadanía de Euskal Herria debe poder decidir libremente su estatus político mediante el ejercicio del derecho de autodeterminación, si bien las distintas corrientes discrepan sobre el alcance y la forma de ejercer dicho principio. Mientras algunos sectores consideran suficiente un elevado grado de autogobierno dentro de España o Francia, otros propugnan la constitución de un Estado vasco independiente o fórmulas de soberanía compartida.

La pluralidad ideológica constituye una de las principales características del nacionalismo vasco contemporáneo. Bajo esta denominación coexisten tradiciones de inspiración democristiana, liberal, socialdemócrata, socialista o ecosocialista, unidas por la reivindicación de la nación vasca, pero con posiciones divergentes en cuestiones económicas, sociales, institucionales y estratégicas. Esta diversidad ha dado lugar, desde comienzos del , a la formación de distintas organizaciones políticas y sociales que representan sensibilidades diferentes dentro del nacionalismo vasco

Historia

Antecedentes intelectuales Aunque el nacionalismo vasco como movimiento político organizado no surgió hasta finales del , diversos autores han señalado la existencia de antecedentes intelectuales que contribuyeron al desarrollo de una conciencia colectiva vasca. Desde la Edad Moderna aparecen referencias a los vascos como una comunidad diferenciada, así como obras que reivindicaban la singularidad histórica, lingüística y jurídica de los territorios vascos, si bien estos planteamientos no pueden equipararse al concepto moderno de nacionalismo.

Durante los siglos y , escritores como Joanes Leizarraga o Pedro de Axular emplearon el término Euskal Herria para referirse al conjunto de territorios de lengua vasca, mientras que instituciones como la Diputación del Reino de Navarra utilizaron expresiones como «Nación Bascongada» en un sentido propio de la época. En el , el jesuita Manuel Larramendi defendió la antigüedad del euskera y la singularidad de los fueros, convirtiéndose en uno de los principales referentes del foralismo vasco.

A finales del y comienzos del surgieron diversas propuestas que concebían a los territorios vascos como una unidad política o histórica. Joaquín José de Landázuri y Romarate defendió la independencia tradicional de Álava y Vizcaya, mientras que Dominique Joseph Garat propuso a Napoleón la creación de un Estado vasco denominado Nueva Fenicia, integrado por los territorios situados a ambos lados de los Pirineos. Poco después, Alexander von Humboldt describió a los vascos como una nación desde una perspectiva etnográfica, y Juan Antonio de Iza Zamácola publicó una historia conjunta de los pueblos vascos.

Entre los autores considerados precursores del nacionalismo vasco destaca especialmente Augustin Chaho, quien en Viaje por Navarra durante la insurrección de los vascos (1836) formuló una interpretación romántica de la historia vasca y defendió la existencia de una nación diferenciada. Estas ideas coincidieron con la expansión del nacionalismo romántico europeo, influido por las teorías de Johann Gottfried Herder sobre el Volksgeist («espíritu del pueblo»), que concebían las naciones como comunidades históricas definidas por su lengua, cultura y tradiciones.

El contexto político también favoreció el desarrollo de estas corrientes. La progresiva centralización del Estado liberal español y, especialmente, la abolición del régimen foral tras la tercera guerra carlista mediante la Ley de 21 de julio de 1876, fueron interpretadas por diversos sectores fueristas como el final de un modelo político propio. Este proceso, unido a la rápida industrialización de Vizcaya y al incremento de la inmigración procedente de otras regiones españolas, creó el marco social e ideológico en el que surgiría el nacionalismo vasco contemporáneo.

Los orígenes del nacionalismo vasco (1892-1903) miniaturadeimagen|200px|Sabino Arana.El nacionalismo vasco moderno fue formulado por Sabino Arana Goiri, considerado el fundador de esta corriente política. En 1892 publicó Bizkaya por su independencia, obra considerada el texto fundacional del nacionalismo vasco, en la que defendía que Vizcaya había constituido históricamente una nación independiente y atribuía la pérdida de sus libertades a la incorporación al Estado español.

En el denominado discurso de Larrazábal, pronunciado en 1893, Arana desarrolló los principios fundamentales de su doctrina. Sostenía que los vascos constituían una nación diferenciada por su raza, religión, lengua, costumbres e instituciones forales, rechazaba el liberalismo y defendía la restauración de la independencia de los antiguos territorios forales. Ese mismo año comenzó a publicar el periódico Bizkaitarra, desde el que difundió sus ideas nacionalistas.

La doctrina de Arana presentaba un marcado carácter católico, tradicionalista y racialista. Consideraba que la identidad vasca estaba definida principalmente por la pertenencia a la «raza vasca», identificada mediante los apellidos, mientras que el euskera ocupaba un lugar secundario respecto a dicho criterio. Asimismo, denunciaba la industrialización y la inmigración procedente del resto de España, a cuyos habitantes denominaba maketos, al considerar que amenazaban la identidad tradicional de Vizcaya.

Entre las principales aportaciones de Arana se encuentran la creación de diversos símbolos que posteriormente serían adoptados por el nacionalismo vasco. Acuñó el neologismo Euzkadi —posteriormente normalizado como Euskadi— para designar el conjunto de los territorios vascos, creó el término aberri («patria») y popularizó el vocablo abertzale («patriota»). Junto con su hermano Luis diseñó la ikurriña, concebida inicialmente como bandera de Vizcaya y posteriormente convertida en el principal símbolo del nacionalismo vasco.

En 1895 fundó el Partido Nacionalista Vasco (EAJ-PNV), primera organización política nacionalista vasca, estructurada en torno a los batzokis, centros de sociabilidad política y cultural que contribuyeron a la expansión del movimiento. Aunque inicialmente el partido tuvo una implantación limitada y un carácter marcadamente confesional, sentó las bases organizativas e ideológicas del nacionalismo vasco durante el .

Consolidación y expansión (1903-1936)

Tras la muerte de Sabino Arana en 1903, el nacionalismo vasco inició un proceso de consolidación y transformación. El Partido Nacionalista Vasco amplió progresivamente su base social y moderó algunos de los planteamientos más radicales de su fundador, desplazando el énfasis desde el componente racial hacia la defensa de los derechos históricos, el autogobierno y la identidad cultural vasca.miniaturadeimagen|250px|Ikurriña con las proporciones del diseño original de los hermanos Luis y Sabino Arana.Durante las primeras décadas del el PNV se convirtió en una de las principales fuerzas políticas del País Vasco, especialmente en Vizcaya y Guipúzcoa. Su influencia se extendió mediante una amplia red de organizaciones culturales, juveniles, sindicales y asistenciales vinculadas a los batzokis, favoreciendo la construcción de un movimiento político con fuerte implantación social.

En este periodo aparecieron también nuevas sensibilidades dentro del nacionalismo vasco. Algunos sectores defendían posiciones más autonomistas y pragmáticas, mientras otros mantenían el objetivo independentista formulado por Arana. Paralelamente, intelectuales como Engracio de Aranzadi (Kizkitza) o fray Evangelista de Ibero contribuyeron al desarrollo doctrinal del movimiento.