Amaro Rodríguez-Felipe y Tejera Machado (San Cristóbal de La Laguna, 3 de mayo de 1678-Ibid., 4 de octubre de 1747), más popularmente conocido como Amaro Pargo, fue un corsario, prestamista y comerciante español.

Participó en la carrera de Indias, logrando una gran fortuna debido a la inversión de sus beneficios en las tierras de las que era propietario en Tenerife, dedicadas principalmente al cultivo de la vid. El intenso comercio que se desarrolló entre el Atlántico y el Caribe fomentó las actividades piráticas y corsarias. Amaro Pargo llegó a participar en intervenciones corsarias a las flotas de otros países europeos, apresando buques y destinando algunos a su venta.

Sintió una considerable devoción por sor María de Jesús de León y Delgado, llegando incluso a financiar su funeral y su sepulcro. Realizó diversas donaciones con el objetivo de mejorar la vida de los más pobres de Tenerife, especialmente para la mejora de las condiciones de vida de los presos de la cárcel de San Cristóbal de La Laguna.

Su figura se ha visto envuelta en un halo de romanticismo que lo ha relacionado con la piratería, tesoros ocultos y romances ilícitos. Diferentes autores han aprovechado este misticismo que rodea su figura para elaborar sus novelas.

Contexto histórico El tráfico comercial del se vio condicionado por diversos conflictos bélicos con Gran Bretaña, tales como la Guerra de Sucesión Española, la Guerra anglo-española de 1727-1729 y la Guerra del Asiento. Los ataques de corsarios berberiscos continuaron durante este periodo.

Este panorama histórico condicionó lo que más tarde se llamaría «Edad de oro de la piratería», un período en el cual los grandes imperios europeos de la época como Gran Bretaña, España, Holanda, Portugal y Francia pugnaban por el comercio y la colonización de nuevas tierras. En esta época toma auge la piratería, es decir, la práctica de saqueo organizado o bandolerismo marítimo.

Este contexto hizo necesario que los navíos dedicados al comercio atlántico se artillasen adecuadamente. Además, motivó la compra-venta de los buques apresados durante las etapas de conflicto, actividad en la que participó tanto Amaro Pargo como su hermano, José Rodríguez Felipe. Algunos documentos ―como el «Poder otorgado por Amaro Rodríguez Felipe a Bartolomé Farraz y Baltasar García Calzada, para que le representen en los trámites de declaración de buena presa de una embarcación enemiga capturada» (16 de abril de 1712)«una enbarcazion enemiga qu’este otorgante apressó con su navio (…) en virtud de patente que tiene de capitan de corsso». Documento transcrito en . El original se encuentra en el Archivo Histórico Provincial de Santa Cruz de Tenerife, Sección Histórica Protocolos Notariales, signatura 1.107, folios 31 ro-31 vo.― señalan que Amaro Pargo realizó acciones corsarias, individualmente o en colaboración con otros capitanes que participaban en la Carrera de Indias.

Biografía Primeros años miniaturadeimagen|250px|Panorámica de San Cristóbal de La Laguna, ciudad en la que nació Amaro Pargo. Nació en una vivienda situada justo por encima de la actual ermita de San Cristóbal, en La Laguna, en mayo de 1678. Sus padres fueron Juan Rodríguez Felipe de Barrios y Beatriz Tejera Machado, quienes tuvieron otros siete hijos: Francisca, Ana, Pedro y José, además de otras tres hermanas que ingresaron en el convento de Santa Catalina de Siena ―sor María Santa Beatriz, sor Clara de San Juan Bautista y sor Juana de San Vicente―. Sus abuelos paternos fueron Cristóbal Rodríguez de Barrios y Ana Lorenzo Machado, y los maternos, Juan González Pargo de Castro y María Texera Machado.

Fue bautizado por el padre Manuel Hurtado Mendoza en la Iglesia de Nuestra Señora de Los Remedios (actual catedral de la ciudad), siendo su padrino Amaro López. Su familia residió principalmente en la ciudad de La Laguna, donde tuvieron diferentes propiedades ―rústicas, urbanas, etc.― en torno a la plaza de San Cristóbal (también conocida como plaza Tanque de Abajo).

El testamento de su madre, doña Beatriz, presenta los rasgos típicos de la burguesía agraria, que se han podido definir a través de los objetos que se describen ―bien de subsistencia y de intercambio (cereales, higos, pipas de vino, etc.), ajuar doméstico, vestuario y diferentes útiles (para tareas hogareñas, labores del campo y trabajo artesanal)―; además, la contabilidad, las memorias de venta de mercancías y la evidencia de la importancia de productos americanos, como el cacao, muestran el entramado comercial en el que participaban todos los miembros de la familia.

La carrera de Indias Su participación en la carrera de Indias comienza en el bienio 1703-1705, periodo en el que fue dueño y capitán de la fragata El Ave María y las Ánimas, navío con el que navegó desde el puerto de Santa Cruz de Tenerife hasta el de La Habana. Esta misma ruta la realizó en diferentes ocasiones y con distintos navíos. Sus conocimientos sobre los medios de transporte y de las mercancías exportadas desde el archipiélago canario hacia las Indias Occidentales le permitieron obtener grandes beneficios. Reinvirtió los beneficios del comercio canario-americano en sus heredades, destinadas principalmente al cultivo de la vid de malvasía y de vidueño, cuya producción ―principalmente la de vidueño― se enviaba a América.

Amaro Rodríguez Felipe formó parte de la Compañía de Honduras que era una empresa de modernización comercial en relación con los tratos y servicios de España en sus posesiones americanas. El monarca español Felipe V había promulgado un decreto el 25 de enero de 1714, en el cual daba garantías y estabilidad a dicho proyecto comercial transoceánico. Amaro, al igual que su superior, Diego de Zárate y Murga ―marqués de Montesacro― se vinculó a la nueva Dinastía Borbónica y a sus intereses atlánticos.

La compañía destinó a Amaro Pargo como capitán del barco Nuestra Señora de la Concepción a Caracas, en virtud de una Real orden dada en el Palacio de El Pardo de Madrid el 26 de septiembre de 1714. La orden dice textualmente: «Os nombro a vos, don Amaro Rodríguez Felipe, para que vayáis sirviendo de capitán de mar en el navío destinado para Caracas, nombrado Nuestra Señora de la Concepción». El 24 de octubre del mismo año, Amaro Rodríguez Felipe tomó posesión como capitán de dicha embarcación en la plaza de Cádiz, bajo juramento y pleito-homenaje en presencia del intendente don Francisco de Varas y Valdés. miniaturadeimagen|izquierda|350px|Principales rutas comerciales del Imperio español con las Indias (en rojo). Amaro Pargo utilizaba la ruta que cruzaba el Atlántico y se dirigía al mar Caribe.

Durante esta empresa, Amaro Pargo y su hermano, José Rodríguez Felipe se vieron envueltos en las disputas de poder que estaban teniendo lugar en la Capitanía General de Venezuela, la cual, en 1717 pasó a integrarse en el Virreinato de Nueva Granada. En concreto, Pargo tuvo un pleito con el gobernador Marcos de Bethencourt y Castro, debido a que este último no lo había incluido entre sus simpatizantes, sino más bien todo lo contrario. Dicho pleito no sería resuelto sino hasta 1724. El mismo, se detalla en un legajo perteneciente al Archivo General de Indias llamado: «Autos contra Amaro Rodríguez Felipe, capitán encomendero del navío nombrado NUESTRA SEÑORA DE LA CONCEPCIÓN sobre haberse opuesto a la visita de este navío».

Está documentado que en marzo de 1719, Amaro tuvo problemas con la justicia, pues fue detenido por la Casa de Contratación de Cádiz por impedir que revisaran uno de sus navíos. Amaro aclaró que este barco, apodado "El Blandón" había sido fabricado en Campeche, y había salido desde La Guaira cubriendo la ruta hasta Veracruz, y que transportaba cacao. Sin embargo, ante la insistencia del gobernador Francisco de Varas para detener al corsario y llevarlo a prisión, Pargo informa directamente al rey Felipe V lo sucedido y acusó a Francisco de Varas de abuso de autoridad, de la poca eficacia de su administración y de corrupción. Tras esto, el asunto quedó zanjado a favor de Amaro que quedó en libertad.

Amaro Pargo llegó a realizar el transporte de esclavos al Caribe, si bien, se estima, que en menor medida que otros capitanes y personajes de la época dedicados a esta actividad. En 1710, el corsario se vio envuelto en una denuncia por parte del presbítero Alonso García Ximénez, el cual le acusaba de liberar a un esclavo africano llamado Sebastián, que era transportado hasta Venezuela en uno de los barcos de Amaro. El citado Alonso García otorga un poder el 18 de julio de 1715 a Teodoro Garcés de Salazar para que le reclamara en Caracas su devolución. A pesar de este hecho, el propio Amaro Pargo poseyó también esclavos en su servicio doméstico.

Se tiene poco conocimiento de la estancia de Amaro Rodríguez en el Caribe. Sin embargo, hay registros documentales de la época que hacen referencia a un proceso de reclamación de filiación. Este proceso lo inició Manuel de la Trinidad Rodríguez, bastardo nacido en La Habana e hijo de Josefa María del Valdespino y Vitrián. Aportó declaraciones de testigos, entre otros testimonios, mediante los procesos legitimadores del . No obstante, Amaro nunca lo reconoció como su hijo. Otro hijo ilegítimo fue Juan Rodríguez Felipe nacido en Santa Cruz de Tenerife y que sería enterrado en la parroquia de San Marcos en Tegueste. Juan Rodríguez fue criado por la madre de Amaro Pargo, Beatriz Tejera, y su madre era una mujer casada que conocía a la familia de Amaro desde la infancia según se desprende en los documentos de la época. También se sabe que Amaro apadrinó a una novicia del convento de Santa Catalina en La Laguna, llamada sor Michaela Rossa de San Vicente Ferrer, de padres desconocidos. Se debate si esta novicia fue otra hija no reconocida del corsario o si bien fuese recogida por él de entre los niños expósitos y entregada al convento para su manutención y educación.

Según su testamento y los repartos de bienes, Amaro Rodríguez Felipe acumuló un gran patrimonio, constituido por 733 fanegadas, tanto de secano como de regadío, repartidas por Tenerife ―en lugares como Valle Colino y Vinagre, Tegueste el Viejo y Tegueste el Nuevo, entre otros―; 42 casas, tanto en las medianías como en los núcleos urbanos de San Cristóbal de La Laguna y Santa Cruz de Tenerife; bienes muebles ―muebles, cuadros, ornamentos litúrgicos y mercancías, entre otros―; y «títulos de propiedad de tributos». Aunque una parte de esta fortuna corresponde a la herencia de sus padres y a la adjudicación de tierras por pleitos judiciales, la gran mayoría de ellas fueron compradas por Amaro Pargo a partir de 1714.

Actividades corsarias La patente de corso de Amaro Pargo fue encontrada en 2024 en el Archivo General Militar de Segovia, junto a otros documentos que relatan diversos aspectos de su vida. Este documento le fue otorgado el 14 de diciembre de 1711, en Santiago de León de Caracas, por don José Francisco de Cañas y Merino, en nombre del rey Felipe V de España. Si bien, se trataba de un permiso vinculado exclusivamente al navío denominado Nuestra Señora de Candelaria, Santo Domingo y San Vicente Ferrer, alias El Bravo:

Sin embargo, ya habían sido hallados anteriormente varios documentos coetáneos que aluden a que este marino llegó a participar individual o colectivamente en incursiones corsarias, tales como la captura de navíos pertenecientes a potencias europeas enemigas. Los textos dejan entrever que se trataban de flotas hostiles a la Monarquía Hispánica y que la mayoría de estos buques apresados eran destinados a su venta o compra-venta. En estos documentos, estas naves capturadas suelen ser denominadas comúnmente como «presas».