El Maristán de Granada, también conocido como Maristán nazarí, fue un hospital fundado en 1366 por el sultán Muhammad V en el barrio del Albaicín. Ubicado estratégicamente junto al río Darro, este centro asistencial, de origen oriental y tardía introducción en el occidente musulmán, es el único hospital de tradición islámica documentado en la península ibérica. Está considerado, además, uno de los primeros hospitales en Europa que, aunque atendía a todo tipo de pacientes, en etapas posteriores también acogió a enfermos mentales. Su uso evolucionó significativamente a lo largo del tiempo, sirviendo sucesivamente como Casa de la Moneda (de Granada), almacén, presidio y casa de vecinos. Desde 2017, se encuentra en proceso de restauración y consolidación arqueológica.

Historia Fundación nazarí (1365–1494) miniaturadeimagen|Planta del Maristán de Granada. El Maristán fue edificado por orden del sultán Muhammad V (1338–1391), quien aprovechó la ubicación en el barrio de Axares para establecer el primer hospital de Granada. Su construcción se inició en septiembre de 1365 (mes de Muharram de 767 H.) y concluyó en junio]] de 1367 (Shawwal de 768 H.), en un plazo aproximado de veinte meses. La lápida fundacional describe la construcción como «una obra sin precedentes desde la introducción del Islam en este país», aludiendo a su magnificencia y relevancia.

El propósito original del edificio era ofrecer atención médica a enfermos musulmanes de escasos recursos. Diversos factores pudieron influir en su construcción, como el deseo del sultán de agradecer a Dios su retorno al trono tras un exilio en el Magreb y buscar mérito para la vida eterna. La prosperidad económica del Reino Nazarí en el también facilitó la obra. Además, la reciente experiencia de la peste negra en Granada (1348–1350) y la influencia de hospitales similares impulsados por Abu Inán Faris en ciudades como Fez, pudieron motivar la creación de un centro sanitario de esta envergadura.

Se ha atribuido un papel decisivo en la concepción y ejecución del proyecto a Lisan al-Din ibn al-Jatib, visir de Muhammad V y figura destacada de la cultura nazarí. Ibn al-Jaṭīb, sabio médico y autor de obras relevantes sobre enfermedades y la peste de 1348, fue clave en lo que se considera el proyecto asistencial y sanitario más relevante del reino nazarí. El diseño del Maristán respondía a una concepción científica e higienista de la arquitectura sanitaria. La elección de su emplazamiento obedecía a criterios hipocráticos de ventilación, soleamiento y acceso a agua.

El Maristán contaba con médicos permanentes, botica y baños. A diferencia de los hospitales cristianos de la época, que solían estar regentados por personal religioso, los maristanes islámicos estaban dirigidos por médicos profesionales de prestigio y funcionaban como clínicas universitarias donde se formaban nuevas generaciones de especialistas. Incluían una mezquita, biblioteca y botica (donde preparaban medicinas a partir de jardines botánicos). También integraba actividades educativas, como la enseñanza médica y la recitación de poesía, lo que subraya su dimensión cultural. Las fuentes históricas sugieren que su funcionamiento se sostenía mediante una dotación de bienes inmuebles (habices waqf), motivado por el principio religioso islámico del ihsan (tratar con bondad y justicia). Se agrupaba a los enfermos por especialidades e incluso se les proporcionaba un «socorro» a los pacientes pobres al ser dados de alta.

La medicina andalusí de la época se fundamentaba en el galenismo, una doctrina de raíces hipocráticas que explicaba las enfermedades por la alteración de los cuatro humores (sangre, bilis amarilla, flema, bilis negra) y los temperamentos. También se consideraban las «seis cosas no naturales» (aire, comida, trabajo, sueño, secreciones, movimientos del ánimo) como causas o remedios. Los tratamientos incluían sangrías, baños, dietas y, menos frecuentemente, cirugía, aunque se reconocía que la capacidad de curación era limitada. Existía una clara distinción entre la «medicina para ricos», de enfoque preventivo y regímenes de salud atendidos en mansiones, y la «medicina para pobres» en hospitales y maristanes.

Usos posteriores y declive (1494–) alt=Grabado en acero que muestra una vista del Hospital Árabe (Maristán) de Granada, con detalles arquitectónicos de estilo nazarí y su entorno.|miniaturadeimagen|Grabado en acero de Ribault y J.J. Sulpis, basado en un dibujo de F. Enríquez (posiblemente Francisco Enríquez y Ferrer), que representa el Maristán de Granada, con las imprecisiones que se señalan en el texto. A partir de finales del , el edificio dejó de funcionar como hospital.

La Casa de la Moneda Real (1497-1685) Desde 1497 hasta 1685, el Maristán fue transformado en la Real Casa de la Moneda de Granada por orden de los Reyes Católicos. La producción de moneda era un privilegio real que, en la península ibérica, solo tenían siete ciudades, a las que se unió Granada tras la reconquista de 1492. El antiguo hospital, por su amplitud y seguridad, ofreció el espacio idóneo para esta nueva función. Las excavaciones arqueológicas han revelado las importantes reformas estructurales de esta etapa, incluyendo la demolición de algunas celdas para la creación de naves de tipo industrial y la instalación de hornos en el pórtico oriental. Del periodo posnazarí se recuperaron hornos de fundición y un estanque de enfriamiento pertenecientes a la ceca del , elementos que han sido integrados en el espacio restaurado y están accesibles al público. La Sala del Tesoro, ubicada en la planta alta del pórtico sur, reutilizó una estancia grande del hospital, mientras que otras habitaciones superiores se convirtieron en salas de trabajo para los acuñadores.

Otros usos y demoliciones izquierda|miniaturadeimagen|Fotografía de los leones del Maristán tomada en 1872 por Mariano Fortuny, cuando se hallaban en el Carmen de la Mezquita (actual oratorio del Partal). En siglos posteriores, el edificio pasó diversos avatares. En 1637 fue adquirido por su tesorero y posteriormente pasó a manos de los frailes mercedarios descalzos del Convento de Belén, quienes lo vendieron en 1748 a José Marchante, un comerciante de vinos, convirtiéndose así en almacén de vinos en el . Más tarde, sirvió como prisión durante parte del y, finalmente, como casa de vecinos. Estas transformaciones y usos industriales supusieron remodelaciones estructurales que iniciaron su destrucción.

En 1843, el edificio fue parcialmente demolido, a pesar de las protestas de la intelectualidad granadina y del periódico El Grito de Granada. La lápida fundacional y los leones de la alberca fueron salvados y adquiridos por Francisco de Acebal y Arratia, quien los custodió en el carmen de su propiedad conocido como de la Mezquita (actual oratorio del Partal, en la Alhambra). Existen registros gráficos, como una fotografía tomada en 1872 por Mariano Fortuny, en la que se muestran los leones; el artista incluso manifestó interés en adquirirlos como antigüedades. El Ayuntamiento de la época se desentendió de su conservación, alegando no ser el propietario. Los escombros del derribo fueron utilizados para rellenar la alberca central del patio.

Redescubrimiento y protección (siglos -) En el , solo una parte de la crujía sur permanecía en pie, muy alterada por construcciones posteriores. Paradójicamente, un segundo intento de derribo en la década de los 80 del fue el detonante para su rescate del olvido. En 1987, la Junta de Andalucía adquirió los restos (el pórtico sur, la nave oriental y los vestigios arqueológicos del subsuelo) y comenzó un proceso de estudio y excavación arqueológica. El Maristán fue declarado bien de interés cultural (BIC) con categoría de monumento en 2005.

Ubicación El Maristán se localiza en el bajo Albaicín, en la margen derecha del río Darro. Está situado entre las calles Bañuelo y Portería de la Concepción, las edificaciones medianeras de la calle Concepción de Zafra y la huerta jardín situada al sur del edificio. Esta zona era históricamente conocida como de Axares o al-rāha («el de la tranquilidad»), y el hospital se conectaba con el huerto sur mediante un pasillo central y un portillo. Además, se sitúa cerca de la Puerta de los Tableros (Bab al-Difaf) y los Baños del Nogal (El Bañuelo). En la esquina suroeste, existía un espacio para las letrinas y una puerta secundaria que comunicaba con la calle Bañuelo y el cercano baño del Nogal.

Conforme a los criterios hipocráticos de salud, la ubicación buscaba un ambiente sano y bien ventilado. Excavaciones recientes han documentado una posible estructura previa en el lugar, como un funduq (alhóndiga) o incluso un sistema hidráulico (qawraya) que permitía elevar agua del río mediante bestias de carga, así como un pozo del bajo el patio, anterior al Maristán nazarí. izquierda|miniaturadeimagen|Escultura de uno de los dos leones que flanqueaban la alberca central del Maristán, conservada en el Museo de la Alhambra.

Arquitectura El Maristán presentaba una planta rectangular de 37,30 por 25,15 metros, organizada en torno a un patio central de 26 por 15 metros. En este patio se encontraba una alberca de 16,20 por 4,5 metros y 1,10 metros de profundidad, decorada con dos leones de piedra caliza nodulosa gris por cuyas bocas fluía el agua. Estas esculturas, talladas de forma sucinta y con una «manera oriental» que recuerda a los leones del Patio de los Leones de la Alhambra, se datan en los siglos u y pudieron haber sido reutilizadas del alcázar del rey Badis en el Albaicín. Aunque las albercas centrales eran habituales en la arquitectura andalusí de la época, la presencia de escaleras que descendían a la pileta hizo pensar que pudo utilizarse para baños terapéuticos. No obstante, excavaciones arqueológicas recientes han demostrado que, al menos en tres de las esquinas examinadas, la alberca no presentaba indicios de dichas escalerillas, lo que refuta la hipótesis basada en interpretaciones de dibujos históricos. Tras haber estado situadas, entre 1908 y 1994, en el borde de la alberca de los jardines del Partal, se conservan restauradas en el Museo de la Alhambra. En el interior del edificio, se han hallado restos de azulejos, estuco tallado y mármol, evidenciando la riqueza decorativa original.

El edificio constaba de dos plantas y al menos ocho naves, cuatro por planta, sumando cerca de 50 habitaciones en total. Si bien originalmente estas naves pudieron funcionar como grandes salas comunes, las excavaciones arqueológicas han revelado que hacia el final de su uso como hospital se compartimentaron en pequeñas celdas individuales cuadradas (2,5 x 2,5 m), con suelos de tierra compactada. Estas estancias se comunicaban entre sí y contaban con un pavimento de mortero rojo sobre una capa de yeso. Delante de ellas se extendía una galería que conectaba directamente con el patio central. Este «concepto de aislamiento» se considera una novedad significativa del Maristán granadino, posiblemente surgida o potenciada por la experiencia de la peste negra para la terapia de enfermos. En la planta alta, existía una sala de mayores dimensiones, probablemente destinada a reuniones, docencia o terapias especiales, no usada para albergar enfermos, lo que sugiere un uso plurifuncional. El hospital disponía además de un complejo sistema de saneamiento de aguas residuales, con varias canalizaciones en compartimentos estancos. miniaturadeimagen|Réplica de la portada del Maristán de Granada, realizada posiblemente por Francisco Contreras Muñoz y conservada en el Museo Arqueológico Nacional hasta su destrucción durante la Guerra Civil.

La portada La portada principal del Maristán de Granada, hoy desaparecida en su configuración original, se encontraba en la fachada norte del edificio, mirando hacia el atrio de la Iglesia del Convento de la Concepción, en el barrio histórico de Axares (el bajo Albaicín).