miniatura|Una mujer descubre a un hombre que se ha suicidado colgándose desde un balcón. Ilustración de José Guadalupe Posada (Museo Metropolitano de Arte, Nueva York).
Para recibir apoyo para personas que piensan en suicidio ver el capítulo «Lugares de ayuda» El suicidio (del latín: suicidium)es un acto por el que una persona se provoca la muerte de manera intencional. Por lo general, es consecuencia de un sufrimiento psíquico y desesperación derivado o atribuible a circunstancias vitales como las dificultades financieras, los problemas en las relaciones interpersonales, enfermedades dolorosas, soledad, circunstancias políticas adversas o el acoso psicológico. Estas pueden llegar a dar forma a una patología psiquiátrica y ser catalogadas de trastornos mentales como la depresión, el trastorno bipolar, la esquizofrenia, el trastorno límite de la personalidad, el alcoholismo o el uso de drogas. El indicador conocido más «importante» y factor de riesgo individual es el antecedente de un intento de suicidio no consumado.
Los métodos de suicidio varían por país y están parcialmente relacionados con su disponibilidad. Los más comunes son el ahorcamiento, el envenenamiento con plaguicidas y la manipulación de armas de fuego. Esta fue la causa de muerte de 817 000 personas globalmente en 2016, un aumento en comparación con las 712 000 muertes por esta razón en 1990. Por lo anterior, el suicidio es la novena causa de muerte a nivel mundial, elevándose a la tercera entre jóvenes de 15 a 29 años. Es más común en hombres que en mujeres; los primeros tienen entre tres y cuatro veces más probabilidades de suicidarse que las últimas. Se estima que cada año hay de diez a veinte millones de intentos de suicidio, que cuando no son mortales pueden acarrear lesiones e incapacidades a largo plazo. Por su parte, los intentos no consumados son más comunes en hombres jóvenes y mujeres en general.
Para prevenir el suicidio resulta efectivo abordar las causas y circunstancias a través de psicoterapia. Algunas medidas limitantes del momento inmediato y previo al acto suicida son limitar el acceso a los métodos –como armas de fuego, drogas y venenos–, o del abuso de sustancias. Se considera que una apropiada cobertura del tema por los medios de comunicación limita los intentos. Un abordaje dirigido hacia las raíces y causas del suicidio implica, entre otras vías, trabajar con la mejora de las condiciones económicas. «El abordar la complejidad de las conductas suicidas comienza por identificar los factores de riesgo y de protección. Los factores de riesgo clave abarcan desde los sistemas sanitarios y la sociedad hasta los niveles comunitario, relacional e individual. Entre ellos se encuentran las barreras de acceso a la atención de salud, las catástrofes, las guerras y los conflictos, los intentos de suicidio anteriores, etc. Estos factores suelen actuar de forma acumulativa para aumentar la vulnerabilidad a la conducta suicida. Aunque la relación entre el suicidio y los trastornos mentales está bien establecida, muchos suicidios también pueden producirse de forma impulsiva en momentos de crisis, como una pérdida económica. Algunos factores de protección son las relaciones personales sólidas, las creencias religiosas o espirituales y las estrategias de afrontamiento y prácticas de bienestar positivas.» Aunque son comunes las líneas telefónicas de ayuda, no hay evidencia sobre su efectividad. En la actualidad, están en marcha varios estudios de lingüística computacional que trabajan con algoritmos para detectar patrones en el lenguaje de la persona que planea un suicidio.
La visión del suicidio está influenciada por temas como la religión, el honor y el sentido de la vida. Tradicionalmente las religiones abrahámicas lo consideran un pecado, debido a su creencia en la santidad de la vida. Durante la era de los samuráis en Japón, el harakiri era respetado como una manera de resarcir un fracaso o como una forma de protesta. El ritual hinduista denominado satí, prohibido en el Raj británico, implicaba la inmolación de la viuda en la pira funeraria del marido recién fallecido, ya fuera voluntariamente o por presión de la familia o la sociedad.
Aunque en diversos países el suicidio o su intento son considerados un delito, en la mayoría de las naciones occidentales no son punibles. Durante los siglos y , el suicidio mediante inmolación fue utilizado en algunas ocasiones a manera de protesta, mientras que los ataques suicida, como el kamikaze, han sido empleados como una técnica militar y terrorista.
Definiciones El suicidio es el «acto de quitarse deliberadamente la propia vida». Mientras que el intento de suicidio —también llamado comportamiento suicida no mortal— es la autoagresión llevada a cabo con la intención de morir que, sin embargo, no resulta en la muerte del individuo. Por su parte, el suicidio asistido consiste en la ayuda que una persona brinda a otra que desea acabar con su vida, ya sea con los conocimientos o los medios para hacerlo. En contraste, en la eutanasia la persona que ayuda a otra a finalizar su vida juega un papel más activo, por ejemplo al no instaurar o al suspender el tratamiento médico. La ideación suicida implica pensamientos sobre suicidarse «con diversos grados de intensidad y elaboración» y el «homicidio seguido de suicidio» representa el suicidio de un individuo en un periodo máximo de veinticuatro horas después de asesinar a una o más personas.
La palabra en sí (latín:suicidio) fue acuñado por el monje cisterciense español Juan Caramuel y es mencionado por primera vez en su obra Theologia moralis fundamentalis del 1652
Campo suicidológico El campo interdisciplinar que estudia los diversos aspectos relacionados con los comportamientos suicidas. Entendiendo que el comportamiento suicida tiene origen multicausal y que requieren de intervenciones interdisciplinarias e intersectoriales. Este campo interdisciplinar está orientado al desarrollo de conocimientos científicos, teóricos, metodológicos y éticos en relación con la promoción, prevención, atención y asistencia, posvención, investigación, formación, capacitación y políticas de estado para la intervención en el proceso suicida y/o en el trastorno del comportamiento suicida.
Factores de riesgo El suicidio consumado suele ser la consecuencia de la suma de diversos factores determinantes, precipitantes o predisponentes, de índole social, cultural y biológico. Los trabajos sociológicos recientes han enfatizado cada vez más el significado, la cultura y los mecanismos de nivel meso en las explicaciones del suicidio.
Las causas concretas de suicidio son de difícil evaluación entre otros motivos porque solo entre un 15 y 40% de los casos tienen una nota de suicidio.
Padecer algún trastorno mental de base (como trastorno depresivo, trastorno bipolar, esquizofrenia, trastornos del espectro autista, trastorno límite de la personalidad, trastornos de la conducta alimentaria entre otros), haber sufrido traumatismos craneoencefálicos, o ser portador de diversos factores genéticos son elementos asociados a un mayor riesgo suicida. Sobre el factor genético, en Brent y Melhem (2008) se señala que podría influir a entre 38 y 55 % de los comportamientos suicidas.
Las condiciones estructurales y problemas socioeconómicos como pobreza, violencia, desempleo, migración, abuso de sustancias, sinhogarismo, discriminación, estigma social, etc., facilitan la sinergia de los distintos factores que influyen en el suicidio. De esta forma, es frecuente que coexistan trastornos mentales y abuso de sustancias (patología dual) que inclinan al suicidio. Estos trastornos y adicciones aparecen a su vez asociados a historiales de maltrato infantil o situaciones familiares económicamente difíciles. La presencia de antecedentes familiares también es un factor de riesgo.
A nivel individual los factores más importantes son los antecedentes de conductas autolesivas o de intentos suicidas.También se ha encontrado un mayor riesgo entre personas con un bajo rendimiento académico durante el bachillerato a la edad de 16 años.
La disponibilidad de medios incrementa el riesgo, encontrándose tasas de suicidio mayores en hogares con armas de fuego. Los veteranos de guerra tienen, en parte, un mayor riesgo de suicidarse debido a la elevada incidencia de trastornos mentales, como el trastorno por estrés postraumático, y problemas de salud física relacionados con la guerra. Los cuerpos policiales también son un colectivo afectado por unas altas tasas de suicidio.
En la actualidad según diversas investigaciones realizadas en la atención clínica de pacientes con trastorno por comportamiento suicida, se acuña el término proceso suicida. Éste consiste en una sucesión de fases que se van encadenando, teniendo diferentes tiempos de tránsito y niveles de gravedad. Dicho proceso se construye en la trama de la historia vital del sujeto, donde tres preguntas guían su pensamiento: cómo, cuándo y dónde. Las fases nombradas tienen su raíz en dificultades para resolver problemas de la vida cotidiana. Dichas fases son: acumulación de problemas sin resolver acumulación de conflictos crisis pensamientos negativos ideación suicida crisis por intento de suicidio suicidio thumb|right|250px|El trastorno depresivo mayor y otros trastornos del estado de ánimo, como el trastorno bipolar, pueden incrementar hasta veinte veces el riesgo de suicidio.A partir de observar que el acto suicida no constituye en sí mismo un suceso acabado, reducido, sino que atraviesa diferentes fases, es que se puede comprender que es posible intervenir en cada una de ellas a partir de intervenciones preventivas, diagnósticas, clínicas y posventivas.
Los factores de riesgo para el suicidio se pueden dividir en dos grupos: Factores de riesgo modificables.- Los cuales se relacionan a factores sociales, psicológicos y psicopatológicos que pueden ser potencialmente modificables clínicamente. Factores de riesgo no modificables.- Los cuales se asocian al propio sujeto o al grupo social al que pertenece, caracterizándose por su mantenimiento en el tiempo y porque su cambio es ajeno al clínico.
Enfermedades mentales Se ha estimado que, al momento del suicidio —incluidos los intentos del mismo—, en más del 90% de los casos existía la presencia de alguna enfermedad mental; de entre estos, en un 27% concurrían problemas importantes con el alcohol o las drogas. En aquellos pacientes ingresados en unidades psiquiátricas el riesgo vitalicio de concretar el suicidio es de aproximadamente 8.6 %. De acuerdo con Chehil y Kutcher (2012), la mitad de las personas fallecidas por esta razón podrían haber padecido de trastorno depresivo mayor. Este y otros trastornos del estado de ánimo, como el trastorno bipolar, pueden incrementar hasta veinte veces el riesgo de suicidio. La esquizofrenia, los trastornos de la personalidad y el trastorno por estrés postraumático son algunas condiciones también relacionadas. Cerca del 5 % de los individuos con esquizofrenia mueren por suicidio. Por su parte, los trastornos de la conducta alimentaria también son un factor de riesgo.