Antonio del Conde Pontones (Manhattan; 5 de enero de 1926-Tecate; 28 de marzo de 2023), conocido también como El Cuate o Tony, fue un comerciante y técnico industrial mexicano, hijo de Antonio del Conde y Conde y de Concepción Pontones Pliego.
Tuvo diversas actividades laborales, entre ellas comerciante, técnico armero, asesor técnico industrial, militar en el Ejército Mexicano con el grado de Capitán Segundo de Conscriptos, piloto civil, editor, representante de tractores Gravely en México y dueño de una imprenta, entre otros.
Trayectoria Infancia y adolescencia A su ingreso en México en 1933, Antonio del Conde no hablaba español, razón por lo cual su familia lo ingresó en la Escuela Americana, y estuvo después en “El Zacatito”, institución que administraban los hermanos lasallistas. Posteriormente, estudió en el Instituto Luis Vives, fundado por exiliados españoles, y fueron sus compañeros los "Niños de Morelia", un grupo de españoles que México acogió poco antes de la Segunda Guerra Mundial. En 1944, ingresó a la Universidad Nacional Autónoma de México, donde durante dos años cursó estudios de ingeniería, los que abandonó para ir luego a Charleston, West Virginia, Estados Unidos, a la fábrica de tractores de jardín Gravely, a efectos de profundizar los estudios técnicos en lo referente a la maquinaria de estos tractores.
A su regreso a México colaboró en el negocio de ventas de armas deportivas que su padre tenía en el centro de la Ciudad de México. En 1949 falleció su padre, un próspero hombre de negocios, en un accidente automovilístico. Antonio, con escasos veinticuatro años, se ocupó de los negocios familiares que incluían un taller de venta y reparación de armas deportivas, la representación de los tractores Gravely y una imprenta, entre otros.
Contacto con Fidel Castro En junio de 1955 visitó su armería un joven exiliado cubano llamado Fidel Castro, quien le hizo una serie de preguntas técnicas. A partir de ese momento, Antonio del Conde apoyó a Fidel Castro en su búsqueda de armas para la revolución que pensaba efectuar en Cuba. Casi de la misma edad, Antonio del Conde se convirtió, hasta la partida del Granma, en uno de los más importantes colaboradores técnicos que Fidel Castro tuvo en México. Inclusive fue un gran amigo de toda la familia Castro, sin ninguna distinción ideológica hasta la fecha. El Granma era un yate deportivo de 19. 2 metros (63 pies), propiedad de Antonio del Conde, el cual le prestó a Fidel Castro para que en conjunto con 81 revolucionarios iniciara la revolución en Cuba, la cual triunfó el 1 de enero de 1959.
El Granma Recientemente, al parecer, se entregó una copia del yate Granma a la Marina mexicana y la nave fue desguazada, y los motores de la misma se encuentran en el municipio de Santiago de la Peña en Veracruz aunque estos hechos no han podido ser confirmados oficialmente.
En sus constantes viajes a Estados Unidos para comprar refacciones, Antonio del Conde encontró a orillas del río Tuxpan, un yate destrozado por un ciclón que pertenecía a una pareja estadounidense, los Erikson, quienes tiempo atrás y visitando la zona de Tuxpan, anclaron en Santiago de la Peña y mientras construían una casa habitación y una bodega, habitaban la embarcación Granma en el medio del río.
Una noche fueron asaltados, por lo que decidieron quedarse en la Ciudad de México, alquilando un departamento en la calle Mariano Escobedo 487. Del Conde visitó a los Erikson, acordó comprar el yate en 20.000 dólares y entregó como adelanto la mitad de esa cifra. La idea original era dedicar la embarcación para viajes de placer. Al enterarse Fidel Castro, quien ya había fracasado en la compra de una lancha torpedera en Estados Unidos (trámite en el que colaboró Antonio), solicitó a Del Conde que le prestara el yate para llegar a Cuba, adonde partió desde Tuxpan, Veracruz, con 82 tripulantes el 25 de noviembre de 1956. Antonio del Conde estaba seguro de que él sería uno de los tripulantes, pero ya al pie de la embarcación, en el último instante, Fidel Castro le indicó que debía quedarse porque "sería más útil en México". miniaturadeimagen|Combatientes desembarcando del yate Granma hacia las costas cubanas.
Después del Granma Al partir el yate Granma, Antonio del Conde permaneció en México y se dedicó a enviar armas a Cuba que compraba en Estados Unidos con la ayuda de otros políticos cubanos de oposición. Con motivo de esta actividad fue detenido dos veces en Estados Unidos. En la primera consiguió una fianza, y en la segunda, triunfante la Revolución cubana, fueron once meses y días de prisión y, por solicitud de Fidel Castro al pasar por Texas, se consiguió el perdón por parte del gobernador de ese estado y fue liberado, ocasión en la que partió de inmediato a Cuba.
Actividades en Cuba Antonio trasladó a ese país también a su familia, donde nació una de sus hijas. De inmediato lo enviaron a trabajar al ministerio de industrias, que estaba a cargo de Ernesto Guevara. Le encomendaron construir una fábrica de medidores de agua, y entre otras tareas viajó a Checoslovaquia para supervisar la posible compra de una fábrica de rifles calibre 22. Su familia en un momento decidió regresar a México, y él hizo lo mismo en 1964. Su colaboración con Fidel Castro y el Estado cubano duró ocho años.
Detención en México Regresó en junio de 1964 y fue detenido en el aeropuerto de la Ciudad de México, enviado a la cárcel de Lecumberri y liberado tres meses después con la obligación de presentarse en un juzgado de paz cada mes, situación que se revirtió durante el gobierno de Luis Echeverría Álvarez (1970-1976), por lo que fue eximido de esa obligación y se le devolvió el pasaporte.
Actividades al regreso de Cuba Antonio del Conde laboró para una empresa láctea, para el Club Med en Acapulco, y en otras empresas. Como ícono y actor relevante de esta primera etapa de la Revolución Cubana en México, fue frecuente invitado en universidades y otros centros culturales para que relatara sus experiencias.
Escritor En edición de autor, publicó en el 2004 el texto Memorias del dueño del yate Granma, que fue un gran éxito editorial.
Síntesis del libro El autor Antonio del Conde Pontones, afirma a manera de introducción que se vio obligado a escribir estas memorias ” …debido a las mentiras, aberraciones y omisiones en torno a la historia del Yate Granma…” a pedido de su hija Susana del Conde Pardo. En el primer capítulo cuenta como conoció a Fidel Castro Ruz, quien se presentó con el nombre de “Alejandro”, en su armería del centro de la Ciudad de México (Revillagigedo 47), enviado por otro armero en julio de 1955.
Inicio de actividades. En este capítulo se narran las precauciones tomadas para la entrega de armas a Fidel Castro, entre las que se incluía no regresar por su armería que estaba a la vuelta del cuartel de policía, sin excluir que Antonio era ampliamente conocido por ser su taller uno de los más importantes de México en el tema de reparación de armas. La situación que se le creaba a Antonio del Conde era difícil por las restricciones que en ese tiempo existían para la venta de armas a particulares. Es el momento que comienza a utilizar el seudónimo “El Cuate”, nombre por el cual sería buscado afanosamente por la policía posteriormente, llegando a tener un precio por su cabeza. El texto describe en detalle los calibres de armas que se buscaban, las modificaciones que se le podían hacer, los costos (a un precio más bajo que cualquier otra armería de la ciudad) y la información de armas que podría ofrecer algún particular. Las ventas se ampliaron entregando del Conde pistolas, fundas y enseres para campamento. Durante esta etapa Fidel le presentó a Juan Manuel Márquez, quien tenía una larga trayectoria de lucha política en Cuba y era trece años mayor que Fidel y Antonio del Conde.
Cruz Verde. Al estrecharse los lazos amistad Antonio del Conde permite que las armas se prueben en la inmensa residencia que su padre había construido en la entonces afueras de la Ciudad de México en la calle de Cruz Verde 53, barrio del Niño Jesús, en Coyoacán y que contaba con una galería de tiro. Conoce aquí a Jesús Reyes García, "Chuchu" quien en esa época y por instrucciones de Fidel lo acompañaba constantemente en todas sus actividades inclusive en viajes a los Estados Unidos. En esas ocasiones Fidel leía todos los catálogos de armas, que recibía Antonio quien tenía, como comerciante establecido, excelentes conexiones con las casas que vendían armas y municiones en los Estados Unidos. También le propuso que probara los fusiles con miras telescópicas, que acondicionó especialmente, y que fueron motivo de otras compras y viajes a EE. UU. Con Chuchu realiza un primer viaje , a efectos de comprar armas largas automáticas. Las mismas llegaban a través de una red que detentaba un exjefe de aduanas y que se entregaban sin preguntas y sin problemas en la Ciudad de México.
Transporte. Tema vital para el viaje de los expedicionarios a Cuba era obtener un medio de transporte. Se detalla un primer intento de comprar una lancha torpedera en los Estados Unidos que fracasó, explicando en este capítulo los problemas familiares con motivo de su colaboración con el grupo de Fidel Castro, que finalizaron con un interrogatorio por parte de un grupo jesuita y la posterior excomunión de Antonio del Conde, católico devoto de toda la vida, quien no se preocupó mucho por esta situación.
Santa Rosa. Cuyo nombre real era Rancho San Miguel, a 40 kilómetros de la Ciudad de México, fue alquilado por el general Alberto Bayo, por instrucciones de Fidel, para entrenar a su primer grupo, alquiler en el que nada tuvo que ver del Conde, pese a que conocía al dueño y con cuyo hijo salía constantemente de cacería, pero le dedica unas páginas de este texto, donde lo importante es que Antonio se entera de que se ofrecían diez mil dólares por conocer su nombre, “El Cuate”, que le fuera puesto por Fidel como seudónimo.
thumb|Foto de archivo de una lancha torpedera Tipo PT-105. Lancha torpedera. Esta nave que parecía ideal para la invasión de Cuba, apareció en un catálogo de sobrantes de guerra y así Antonio fue a revisarla a Dover, Delaware encontrándola perfecta para la misión. Pero el permiso de venta no fue otorgado por el gobierno de los Estados Unidos perdiéndose además la suma de diez mil dólares que se habían dado de adelanto. Con detalles y grandes gastos de dos viajes a EE. UU., este capítulo cuenta un primer fracaso en conseguir un trasporte. Pero aún faltaba lo peor: los teléfonos de la Ciudad de México no contestaban al haber sido detenidos Fidel y parte de su grupo. Al regreso, después de tres días de incertidumbre en la Ciudad de México, también es arrestado Chuchu Reyes.
Detención de Antonio. Finalmente la policía detiene y lo somete a un interrogatorio donde niega todo. Aunque aquí lo ayudó un poco conocer a sus interrogadores. Por la tarde lo llevan a la cárcel clandestina de El Pocito, donde ya habían torturado a Chuchu Reyes. Esta detención dura unos diez días aunque no fue torturado pero si tuvo que pagar una importante suma de dinero para que lo liberaran y pudo ayudar a Chuchu. Al salir libre Antonio continúa con sus actividades al frente de su negocio hasta que aparece Chuchu, libre sin cargos pero enfermo por las torturas a las que fue sometido, acompañado por Eva Jiménez, una cubana activista. Por orden de Raúl Castro. La tarea siguiente fue vaciar las casas de los exiliados de todo lo que pudiera comprometerlos.
Castro en libertad. Liberado Fidel, le entregó a del Conde, parte del armamento que tenía escondido. Al poco tiempo y con Juan Manuel Márquez, Antonio viaja a Miami donde se entrevista con el expresidente Carlos Prío Socarrás (1948 - 1952) quien le entrega veinte mil dólares. Al regreso se aplica a la fabricación de cartucheras y uniformes.