La torre musulmana de Silla es una edificación defensiva musulmana situada en Silla (Valencia), esta edificación es el único signo testimonial que queda en pie del antiguo castillo de la localidad, el cual está edificado sobre la base de sillares romanos situado junto al patio del ayuntamiento, en la plaza del pueblo. En el momento de su creación, su función era defender a la población de los posibles ataques enemigos y, por otro lado, también servia como refugió para la población. Aunque posteriormente también ha presentado otras funciones como es el caso de prisión y como almacén donde guardavan las semillas de las cosechas, además de objetos de valor o viandas.
Es un bien de interés cultural con número de registro ministerial R-I-51-0004662 de fecha 18 de junio de 1982.http://www.cult.gva.es/dgpa/bics/detalles_bics.asp?IdInmueble=194
Contexto histórico Alrededor del las tierras valencianas experimentaron un fenómeno peculiar, ligado a una gran transformación que se dio en la mayor parte de las tierras de la península ibérica. Podemos ver entonces un amplio proceso de islamización el cual fue el resultado de la conquista musulmana, proceso el cual se estableció y se arraigó en amplias zonas de la región, proceso que no fue eliminado del todo ni siquiera después de las conquistas cristianas. A diferencia de lo que se suele pensar, la conquista de la región de Valencia se realizó más que por tratados y pactos de rendiciones que por acciones violentas, asumiéndose así de manera pacífica los valores del Islam, de la misma manera que también lo hicieron la mayoría de las ciudades hispánicas mediterráneas dejando así huellas y rastros imborrables del pasado.
Sin duda alguna, una de estas huellas de la presencia musulmana en la región valenciana puede ser la reconocible torre de Silla, aunque esta no fue la única construcción que se realizó pudiendo destacar así también las edificaciones pertenecientes a Torrente o Paterna. Estas torres se caracterizan por su base cuadrada con alturas proporcionales entre los 3 y 26 metros. Estas construcciones fueron el punto neurálgico y de concentración de los asentamientos humanos de un circuito defensivo y amurallado.
De manera cronológica es difícil precisar el momento en el que fueron construidas estas edificaciones por los musulmanes con esta finalidad defensivo-ofensiva, aunque fue a partir de finales del cuando estas construcciones proliferaron, principalmente en un contexto de debilidad almorávide. En la segunda mitad del se construyeron muchas otras, puesto que el amenazante peligro catalano-aragonés aumentó de manera considerable, de tal manera que cuando Jaume I, a principios del , empezó a conquistar las taifas valencianas, el paisaje defensivo con el que se encuentra era estratégicamente delimitado por este tipo de construcciones, puesto que las torres son uno de los últimos reductos defensivos. La torre de la huerta sud y todo su conjunto fortificado nacieron no solo por la necesidad defensiva de la población de los alrededores, sino por su proximidad a la capital, Valencia, y por lo tanto como parte integrada de un cinturón de seguridad de la ciudad, formado, entre otros por localidades como Museros, Moncada o Paterna. Estas fortificaciones indican, de manera indirecta, una estructura sociopolítica diferente a la Europa feudal.
La torre de Silla La localidad valenciana de Silla, como resultado respecto su situación geográfica, constituyó unos de los puntos neurálgicos por lo referido a la defensa de la capital, es por lo cual encontramos en su núcleo urbano una torre de planta cuadrada que habla de un pasado musulmán.
El principal objetivo de esta construcción, la cual se caracterizó por ser una construcción de tipo tapial, en combinación con la resta de los bastiones de la huerta, era la de comunicarse cualquier tipo de eventualidad. Sus emplazamientos, los cuales estaban no muy distantes, les permitían transmitir cualquier noticia por todo el territorio en poco tiempo, mediante señales de humo durante el día y de fuego durante la noche. Aunque a pesar de esto, su función principal era la de defensa, así lo dejó establecido también Jaime I en su crónica dirigiéndose a sus nobles, refiriéndose a este sistema defensivo: «… Las torres hi son de València son en semblança d´ull home, car aquelles torres guarden a València de pendre mas moltes vegades que el pendria…». La torre en sí tenía, a su misma vez, otra misión además de ser el último refugio: guardaba las joyas, oro y objetos de valor.
Su estado actual forma parte de un paralelepípedo rectangular de 13 metros de base y 13.75 de altura, que deja patente así el continuo rebajamiento que ha sufrido a lo largo de los años, encontrándose en la actualidad en el patio central del Ayuntamiento, al cual se une por el costado del este. Las edificaciones con las que está adosada desfiguraban sus costados exteriores y eliminaron el ligero talud que ofrecen este tipo de edificaciones. La construcción presenta así dos plantas y una terraza donde el acceso a su interior se hace por medio a una puerta flanqueada por sillares (de 1,95 x 0,85 m.), situada a una altura de 4,25 metros, a la cual se accede por otra escalera de mano y a través de un corredor (2,40 x 1,30) que traviesa el amplio del mismo, por donde se accede a la primera planta, la cual presenta una forma casi cuadrada ( de 7,5 m de costado), donde se distribuyen tres galerías cubiertas con vuelta: las dos laterales, de 1,5 m de amplio, y la central, un tanto más pequeña, de 1, 35 m.
Adosado al muro este de a torre, las excavaciones realizadas dejaban al descubierto ligeras construcciones que también aparentan haber existido en otras torres, como ha estudiado A. Bazana, el cual establece la hipótesis que podría tratarse de fortificaciones parecidas a las ubicadas en la Agadir bereberes, sirviendo así a su misma vez de graneros y de refugio para las comunidades rurales.
No se observa ningún tipo de edificación con un claro destino señorial, ni tampoco identificables con una residencia permanente.
Evidentemente las torres van a ser menos fuertes que los castillos o las villas fortificadas y las defensas que acababan de verse son insuficientes para sostener un ataque importante y largo. De toda manera, defendidas por los civiles, bien por militares, constituyeron obstáculos importantes que requerían ciertos días de asedio y la utilización de maquinarias para la guerra.
Evolución urbanística de la torre miniaturadeimagen|274x274px|imagen de la torre adosada al Museo de Historia y Arqueología de Silla. Con el paso de los años la torre originaria cambió su estilo sarraceno y adaptándose en función de las nuevas necesidades estructurales que la localidad necesitase. Actualmente la construcción se encuentra envuelta dentro del edificio del ayuntamiento entre la plaza de la localidad y la calle Cavallers. En los últimos años, se ha incorporado a la torre el Museo de Historia y Arqueología de Silla (MARS), lugar donde se recogen toda una serie de objetos pertenecientes a las excavaciones arqueológicas de la ciudad pudiendo destacar así elementos de las villas romanas como también de la alquería Andalusí.
De manera progresiva al lado de este núcleo principal se fueron adosando otros edificios en función de las actividades imprescindibles para la subsistencia de los sarracenos (como es el caso de un granero, molino o un horno), además de las posteriores construcciones realizadas por los conquistadores en querer controlar toda la producción agraria y la transformación de cosechas sometidas a renda.
Colonización cristiana Durante la etapa previa a la llegada de los primeros cristianos a la localidad, la administración del castillo iba destinada a gestionar la explotación agrícola. Gracias a la documentación rescatada por actuaciones burocráticas de la época (letras notariales, contratos de alquiler…) podemos estimar las actividades de una incipiente industria. La primera constancia de una administración cristiana fue durante los años 1239-1318 bajo las órdenes de la orden del hospital que gestionaba la incipiente actividad ‘industrial’ de la misma manera que la torre se utilizó como granero.
Una vez consolidada la repoblación cristiana, la orden debió de hacer frente a las demandas de una exponencial actividad agrícola, motivo por el cual en el año 1317 se realizó una ampliación en las instalaciones edificando una nueva almazara. Fue en el 1319 cuando Silla vivió un cambió de dominio feudal a favor de la orden de Montesa convirtiendo así la torre en el escenario para la liturgia correspondiente a la presa de posesiones y entrega de llaves.
La torre no volvió a protagonizar grandes episodios de protagonismo hasta el 1347-48 durante las conocidas como Guerras de la Unión, momento en el cual sirvieron como refugió para ciertos sectores de la sociedad, de esta manera lo relata Josep Antich: Los conflictos provocarán nuevos episodios de armas en nuestro pueblo, donde las clases más desfavorecidas asaltarán por la fuerza el castillo de Silla poniéndolo a disposición de los nobles valencianos opositores al rey. Pero a pesar de la derrota de los rebeldes y la consecuente represión fiscal del comendador de Montesa (fiel aliado en la corona), todo se va solucionar con una sanción económica de 6.000 sueldos, sin tener ninguna noticia de enfrentamientos directos con el ejército real. Pero en cambio sí que tenemos una clara reseña edificatoria, está situada al contexto de la primera “guerra de Castilla” motivada por sus reivindicaciones de fronteras (1356-1375). De este periodo es muy conocida una disposición de Pedro IV, por la cual, después de construir el segundo muro defensivo de la ciudad de València, el denominado actualmente “muralla cristiana”, se ordena mediante un mandamiento real librado al Maestro de Montesa, fortificar los lugares de Sueca y Silla… quizás para reparar los destrozos habidas en combate, pues sabemos que el ejército castellano desembarcó a Gandia, haciendo que necesariamente tuviera que transitar por esta ruta poco antes de asediar el jefe y casal; o bien simplemente en previsión de futuras incursiones enemigas. Las nuevas infraestructuras defensivas tuvieron lugar en el año 1376 presentando unas mejoras de las instalaciones presentes y la elevación de un nuevo muro de piedra perimetral con un foso. De esta manera quedaba conformado el primer núcleo urbano medieval dentro del castillo.
Las infraestructuras comunitarias cayeron en desuso con el tiempo como resultado quizás de la descentralización física de los monopolios señoriales que se vieron reflejados en un serio deterioramiento del castillo. Su administración llevada a cabo por entonces por la orden de Montesa no presto gran relevancia a las instalaciones que en la actualidad precisaban de mano de obra para su mantenimiento. La torre estuvo en el centro del poder social, el castillo que en un pasado sirvió como refugio ahora era más lo contrario, el interior de la torre sirvió como prisión. Con el tiempo, las edificaciones presentaban una gran cuantiad de deficiencias hasta que en el año de 1640 cambió de manos en favor de Na Caterina de Moncada, hija del Marqués de Aytona que recibió la rendas de Silla como obsequio, de esta manera lo relata Josep Antich: El 22 de diciembre de 1640 se presenta en el pueblo una comitiva armada encabezada por el procurador de la doncella, Joan Francesc Andreu, acompañado de escribiente y notario para recibir oficialmente las actas de sumisión y protocolo, encontrándose un pueblo medio vacío donde solo acudieron 25 personas en el llamamiento señorial, a pesar de estar sin trabajo al término al ser pleno invierno. Fue durante este contexto en el cual el recinto del castillo experimentó una reforma radical para su adaptación como hospedaje nobiliario con funciones de edificio consistorial.