El castillo de Mota del Marqués es una fortaleza en estado de ruina situada en el municipio de Mota del Marqués, en la provincia de Valladolid (Castilla y León, España). Se alza sobre un cerro testigo que domina la población y que da nombre al lugar —mota designa en castellano antiguo a una pequeña elevación coronada por una fortificación—, en el extremo occidental de los Montes Torozos y a escasa distancia del río Bajoz.

Aunque la historiografía tradicional vinculó el castillo al reinado de Alfonso X el Sabio y a la presencia de la Orden Teutónica —que poseyó la villa desde 1222—, la investigación documental más reciente atribuye su configuración actual al taller del arquitecto Juan de Álava entre 1524 y 1534, a partir de un pleito conservado en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid dado a conocer por el hispanista Edward Cooper. Posteriormente fue gravemente dañado durante la revuelta comunera de 1520 y destruido casi por completo en 1810 por las tropas francesas durante la guerra de la Independencia española.

Hoy solo queda en pie la torre del homenaje, una pieza singular por ser la única torre del homenaje de planta cilíndrica conservada en la provincia de Valladolid y una de las pocas de toda Castilla. El monumento figura desde 2021 —por segunda vez— en la Lista Roja del Patrimonio de Hispania Nostra por riesgo de derrumbe.

Emplazamiento y entorno

El castillo se levanta sobre un teso de pequeñas dimensiones y planta aproximadamente circular, con laderas suaves al noreste, norte y noroeste, y más pronunciadas en su vertiente meridional, la que mira al núcleo urbano. El cerro, a 736 , forma parte de los relieves de páramo característicos de los Montes Torozos y constituye un punto privilegiado de control visual sobre la antigua vía Madrid-La Coruña —actual A-6— y sobre la frontera histórica entre los reinos medievales de Castilla y León.

En la misma plataforma del cerro, en su ladera suroeste, se localizan también los restos de la iglesia del Salvador (), que conserva únicamente la espadaña y cuyas piedras se nutrieron en parte de las del propio castillo cuando este comenzó a arruinarse. En el término municipal se han documentado restos de las edades del Bronce y del Hierro, así como vestigios romanos en el cercano Teso de San Miguel, lo que confirma un poblamiento muy anterior al castillo conservado.

Historia

Orígenes y posible fase altomedieval

La fecha exacta de la primera fortificación del cerro es objeto de debate. La hipótesis de un origen en el , en el marco de la repoblación impulsada por Alfonso III el Magno, ha sido defendida por la historiografía local de Páramo García sobre la base del valor estratégico del enclave, pero carece por el momento de respaldo documental directo. La denominación primitiva de la villa, Santibáñez de Mota, deriva de la advocación de su antigua iglesia, dedicada a San Juan Bautista.

La Orden Teutónica (1222–)

mini|Escultura medieval de la reina Beatriz de Suabia en la catedral de Burgos. La donación de la villa a la Orden Teutónica en 1222 se hizo a iniciativa suya.

En 1222, la reina Beatriz de Suabia, esposa de Fernando III el Santo e hija del emperador Felipe de Suabia, promovió la donación de la villa de Mota —entonces dependiente de Toro— a la encomienda de los caballeros teutónicos, junto con los lugares de Morales, Benafarces y Los Griegos (este último desagregado del monasterio cisterciense de La Santa Espina). La operación quedó autorizada por el propio Fernando III mediante diploma de 5 de mayo de ese mismo año.

Mota constituyó así la única encomienda estable que la Orden Teutónica llegó a tener en el conjunto de los reinos hispánicos. La presencia germánica dejó como huella material el santuario marial de la encomienda, hoy ermita de Nuestra Señora de Castellanos —cuyo nombre rememora la primitiva colonia alemana asentada en torno a la villa—, mientras que su vínculo con la propia fortaleza es de naturaleza jurisdiccional más que constructiva: ningún documento conocido prueba que los teutónicos levantaran ex novo el castillo, aunque sí ejercieron señorío sobre él hasta el . La identificación popular entre el origen germánico de la encomienda y la torre cilíndrica del castillo ha sido cuestionada por la historiografía especializada, que considera tal atribución meramente conjetural.

De los Benavides a los Ulloa (siglos -)

En el , Alfonso XI donó la villa a Juan Alonso de Benavides. Sus descendientes la enajenaron en el siglo siguiente, y la fortaleza acabó en manos de los Manrique. Durante la guerra de sucesión castellana (1474-1479), el castillo fue tomado por Juan de Ulloa, partidario de Juana la Beltraneja; recuperado por los Reyes Católicos, retornó al patrimonio de los Manrique, que en 1478 lo vendieron a Rodrigo de Ulloa, contador mayor de la Corona y alcaide de la fortaleza de Toro. La villa pasó entonces a denominarse la Mota de Toro. En 1480 los Reyes Católicos concedieron al concejo la merced de un mercado franco todos los jueves para favorecer su crecimiento.

La fase de Juan de Álava (1524-1534)

El hallazgo documental más relevante para la datación del edificio se debe a Edward Cooper. En un pleito conservado en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, aparece referido un programa de obras desarrollado entre 1524 y 1534 bajo la dirección de Juan de Álava —uno de los grandes maestros del plateresco castellano y autor también de obras como el claustro y la iglesia de San Esteban de Salamanca o el convento de San Marcos de León—. Esta intervención coincide cronológicamente con la actividad de Juan de Álava en la cercana fortaleza de Castrocalbón (1524) y en la cabecera de la iglesia de San Francisco de Toro (1524). Aunque no puede descartarse la existencia de fábricas anteriores —probablemente bajo la torre actual—, la mayor parte de los paramentos visibles y la propia tipología de la torre del homenaje corresponderían, por tanto, al primer tercio del .

En esos mismos años, la encomienda teutónica fue ocupada por Constantino del Castillo, comendador de Santa María de Castellanos y conde latranense por nombramiento del papa León X, quien financiaría poco después la nueva iglesia parroquial de San Martín (proyectada en 1540 por Rodrigo Gil de Hontañón y concluida en 1558).

La revuelta comunera (1520)

Durante la Guerra de las Comunidades de Castilla, el castillo —entonces residencia de Juan de Ulloa Castilla, III señor de la Mota— se convirtió en objetivo de los comuneros. Tras el incendio de Medina del Campo del 21 de agosto de 1520, las tropas comuneras asaltaron y dañaron gravemente la fortaleza, que ya no recuperaría su plena funcionalidad militar. Juan de Ulloa participó después, en el bando imperial, en la liberación de Tordesillas el 5 de diciembre de 1520 y en la batalla de Villalar del 23 de abril de 1521, donde llegó a herir personalmente al capitán comunero Juan de Padilla.

El marquesado y la Casa de Alba

En 1575 el rey Felipe II concedió a Rodrigo de Ulloa y Quiñones —nieto del primer Ulloa señor de la Mota y, como su antecesor, contador y caballero de la Orden de Santiago— el título de marqués de la Mota, pasando la villa a denominarse desde entonces Mota del Marqués. Ya en este periodo, sin embargo, la verdadera residencia señorial se trasladó al Palacio de los Ulloa, construido en el casco urbano hacia 1575 con trazas atribuidas también a Rodrigo Gil de Hontañón, y el castillo quedó relegado a usos secundarios —entre ellos, según la tradición local, el de cárcel— y como cantera de piedra para las nuevas fábricas religiosas y civiles del pueblo, especialmente la iglesia del Salvador.

A través de los sucesivos matrimonios de los Ulloa con los duques de Veragua (descendientes de Cristóbal Colón) y, ya en el , con la rama española de los Fitz-James Stuart, el marquesado y el dominio sobre Mota acabaron recayendo en la Casa de Alba. En esa misma centuria, Mota del Marqués se desligó administrativamente de la jurisdicción de Toro y quedó integrada en la provincia de Valladolid.

La destrucción francesa y el abandono (1810-)

mini|izquierda|Vista general del cerro con los restos del castillo desde el sur.

El golpe definitivo a la fortaleza llegó durante la guerra de la Independencia española. En 1810 las tropas napoleónicas, que dominaban el corredor del antiguo camino real de Madrid a La Coruña, asolaron el conjunto, derribando la mayor parte del recinto exterior y de las dependencias residenciales. A partir de ese momento se generalizó el uso del recinto arruinado como cantera, lo que aceleró la pérdida de murallas y cubos, hasta el extremo de que a finales del su estado ya era calificado de lamentable.

A mediados del , tras la disolución del marquesado de las Casas de Alba, las propiedades urbanas y rústicas de Mota fueron vendiéndose a particulares; las ruinas del castillo pasaron en última instancia a la familia Hormias, antiguos vecinos de la localidad, propietarios actuales del inmueble.

Descripción arquitectónica

thumb|Vista exterior de la torre con el apuntalamiento metálico instalado en las obras de emergencia de 2010.

Planta general del recinto

El conjunto se organizaba en torno a una plataforma elíptica delimitada por un foso seco que aún rodea por completo la cima del cerro. En el interior se alzaba un recinto fortificado flanqueado por cubos o torres de planta circular, del que solamente subsisten los cimientos y algunos lienzos de mampostería arruinados. Adosado al flanco occidental de la torre del homenaje se distinguen aún las trazas de muros de hormigón de cal correspondientes a una construcción de planta rectangular, identificada habitualmente como cuerpo residencial o palaciego del castillo.

La torre del homenaje

thumb|Detalle del interior de la torre, donde se aprecia la cúpula semiesférica de mampostería que cubre el espacio principal.

Es el único elemento del conjunto que conserva alzado. Se trata de una torre de planta circular —prácticamente la única torre del homenaje cilíndrica de toda la provincia de Valladolid y una de las escasas conservadas en Castilla— de varios pisos, abovedada, con saeteras repartidas por su perímetro y rematada por una llamativa cúpula semiesférica de mampostería que se resuelve por hiladas concéntricas hasta una clave central.

Sus muros, de más de tres metros de espesor, presentan una fábrica de triple hoja: dos paramentos exteriores de sillarejo de caliza concertado, de unos treinta centímetros cada uno, y un núcleo interior de relleno de cal, arena y piedra de tamaños variables. En el espesor del muro se desarrolla un pasillo interior que permitía la comunicación entre niveles a través de aberturas escalonadas; las saeteras se abren al exterior con derrame interno para facilitar el tiro.

La cubierta abovedada es la pieza más original del edificio: una cúpula semiesférica construida en continuidad con el paramento interior del muro, ejecutada en mampostería concertada en hiladas concéntricas. La singularidad de esta solución, infrecuente en la arquitectura militar castellana de los siglos y , ha alimentado tradicionalmente la atribución del edificio a la influencia germánica de los caballeros teutónicos, si bien dicha hipótesis carece de respaldo documental y se prefiere hoy una explicación funcional ligada a las posibilidades técnicas de su maestro de obras.

Materiales y técnica constructiva

La piedra empleada es la caliza del páramo local, labrada en sillarejo regular para los paramentos vistos. El relleno interno utiliza una argamasa pobre de cal con áridos heterogéneos, sistema típico de los muros gruesos de la fortificación bajomedieval y del primer plateresco. Las juntas de mortero presentan en algunos puntos huellas de hierros de andamiaje y de los regolaron horizontales empleados durante la obra, lo que resulta coherente con un modus operandi propio del taller de Juan de Álava documentado en otras obras coetáneas.

Estado de conservación y protección