La Primera Asamblea de ETA fue una reunión de militantes que celebró la organización clandestina española de ideología nacionalista vasca Euskadi Ta Askatasuna (ETA), la primera desde su fundación en 1959. Su finalidad era definir los objetivos, metodología y organización del grupo. Tuvo lugar en mayo de 1962 en el monasterio de Nuestra Señora de Belloc, situado en la localidad francesa de Urt, durante la dictadura del general Franco. Las decisiones adoptadas por los militantes conformaron lo que ETA denominó su Declaración de Principios, que fue ampliamente divulgada posteriormente por la organización. También eligió un Comité Ejecutivo integrado por destacados miembros del grupo, como Benito del Valle, Julen Madariaga, Patxi Iturrioz y Txillardegi, entre otros.

Antecedentes La dictadura de Franco 270px|thumb|izquierda|El general Franco con el presidente Eisenhower durante su visita a Madrid en 1959. España estaba entonces al borde de la suspensión de pagos, pero el régimen era sólido.

A comienzos de la década de 1960 la dictadura del general Franco tenía ya más de veinte años de vida y estaba experimentando un cambio sutil pero importante. El largo período de autarquía en el que el régimen había pretendido que España fuera autosuficiente había conducido a una situación próxima a la suspensión de pagos, lo que obligó a realizar importantes cambios a finales de la década anterior. A partir de 1957 Laureano López Rodó impulsó una reforma administrativa mientras que Alberto Ullastres realizó algunas reformas económicas. También se aprobó una Ley de Convenios Colectivos que introducía una tímida negociación colectiva local en el marco de la Organización Sindical. Tras el rápido éxito de la Comunidad Económica Europea, que reveló la futilidad de buscar el desarrollo de forma aislada, el gobierno español acabó presentando una solicitud de adhesión en febrero de 1962. También en 1958, España ingresó en la Organización Europea para la Cooperación Económica (OECE) y en el Fondo Monetario Internacional (FMI). Sin embargo, cuatro años de déficit comercial e inflación condujeron a una crisis a mediados de 1959, lo que convenció a los ministros económicos de que era necesario un cambio de rumbo y acabó venciendo las resistencias del propio Franco.

El 22 de julio de 1959 se aprobó el Plan de Estabilización Interna y Externa de la Economía impulsado por el ministro de Finanzas Mariano Navarro Rubio, Ullastres y Gregorio López-Bravo, y que fue acompañado por una devaluación de la peseta y un importante préstamo concedido por los Estados Unidos. Entre otras medidas, el Plan fomentó la inversión extranjera.Entre otras medidas, se subió el límite máximo del porcentaje de participación extranjera en las empresas, que estaba en un 25%, hasta el 50% del capital. También se permitió a los inversores extranjeros repatriar parte de los dividendos anuales hasta el límite del 6%. A corto plazo, causó un aumento del desempleo y una disminución en los ingresos reales, pero pronto mostró sus beneficios al alejar el peligro de la suspensión de pagos, incrementar sustancialmente la inversión extranjera y duplicar en dos años el número de turistas. En 1960 se introdujo un nuevo arancel y en 1962 fue nacionalizado el Banco de España. Los nuevos ministros tecnócratas imprimieron un nuevo estilo de gobierno y hablaban un lenguaje muy distinto del de los ideologizados autócratas.

La liberalización abrió el mayor período de industrialización y prosperidad conocido hasta entonces en España, siendo ya 1961 un año de gran éxito. La industria turística no dejaría de crecer desde entonces y llegaría a ser una de las más eficientes del mundo. La mejora de las condiciones de vida era indudable; por ejemplo, la mortalidad infantil descendió del 69,84 por mil en 1950 al 43,66 en 1960. Sin embargo, los salarios permanecieron casi congelados entre 1957 y 1961, y hubo una oleada de emigración desde España hacia otros países europeos más industrializados, lo que hizo que el cambio fuera impopular entre los trabajadores. Por otra parte, el liberalismo económico produjo una mayor demanda de libertad en la sociedad, muestra de la cual fue la petición colectiva que en noviembre de 1960 firmaron intelectuales de primera fila —con el prohombre del régimen José María Pemán entre ellos— pidiendo una reglamentación de la censura, la identificación pública de los censores y garantías judiciales frente a sus abusos.

El burocratizado régimen de democracia orgánica construido por Franco era por entonces muy estable políticamente, pero la edad de Franco, un par de accidentes que tuvo por entonces y la enfermedad de Parkinson que se le diagnosticó en 1961 planteaban dudas sobre el futuro una vez desapareciera el Caudillo. Pensando en su propia sucesión, Franco celebró en marzo de 1960 una entrevista con Juan de Borbón, pretendiente al Trono, durante la que se acordó que su hijo Juan Carlos continuara sus estudios en España. El joven contrajo matrimonio con Sofía de Grecia precisamente en mayo de 1962.

La oposición

Tras la liquidación de los maquis a principios de la década de 1950, la oposición a Franco había caído a su nivel más bajo. Además de ser débil y estar falta de organización en el interior del país, carecía de unidad. Los republicanos de ARDE —creada en 1960 como resultado de la fusión de Izquierda Republicana y Unión Republicana— seguían integrando un inoperante Gobierno de la República en el exilio presidido por Diego Martínez Barrio. El PNV seguía manteniendo el Gobierno vasco en el exilio junto con ANV, los republicanos y el PSOE. Este último partido tenía escasa presencia en el interior de España, a lo que ayudaba la negativa de su sindicato UGT a participar en los organismos sindicales franquistas. No obstante, en 1961 creó un nuevo y estéril esbozo de organismo unitario de la oposición, la Unión de Fuerzas Democráticas, en colaboración con un sector demócrata cristiano. La táctica más fructífera la adoptaron los comunistas. Tras instaurar en 1956 la denominada política de reconciliación nacional, el Partido Comunista de España empezó en 1958 a organizar comisiones obreras que funcionaban como comités de empresa clandestinos, una actuación que le acabaría convirtiendo en la principal fuerza de oposición en el interior de España. De esta forma, los comunistas, acompañados de católicos disidentes, se infiltraron en los niveles más bajos de la Organización Sindical.

thumb|La encíclica Mater et magistra de Juan XXIII reforzó las posturas críticas con la dictadura del general Franco.

También surgieron grupos nuevos en el interior. El más significativo fue el Frente de Liberación Popular (conocido popularmente como FELIPE), de origen católico pero que iría derivando hacia una izquierda radical de tipo tercermundista. Esta característica posibilitaría que su rama vasca, la Euskadiko Sozialisten Batasuna (ESBA), llegara a converger con ETA en el futuro. De signo más violento era el Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación (DRIL), una organización armada que colocó varios artefactos explosivos en Madrid en 1960 y que puede ser vista bien como un último vestigio de la otrora poderosa organización anarcosindicalista Confederación Nacional del Trabajo (CNT), bien como el preludio de la nueva y creciente militancia de la clase obrera. El malestar de esta empezó a quedar de manifiesto con el estallido de huelgas en las minas de carbón de Asturias en abril de 1962. Las demás organizaciones de oposición eran pequeños grupos más parecidos a tertulias que a partidos políticos: la Acción Democrática del antiguo falangista Dionisio Ridruejo, la Democracia Social Cristiana de José María Gil Robles, la Unión Demócrata Cristiana del también exministro Manuel Giménez Fernández o la monárquica Unión Española de Joaquín Satrústegui.

Un nuevo foco de oposición, impensable años atrás, era la Iglesia católica. Muchos jóvenes sacerdotes sintonizaban con movimientos liberalizadores del exterior y, de la mano de organizaciones de Acción Católica, se identificaron con sectores críticos con el régimen. De hecho, muchos de los líderes sindicales que participaron en la creación de las comisiones obreras junto con los militantes comunistas, surgieron de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) y la Juventud Obrera Cristiana (JOC). El 30 de mayo de 1960, 339 curas vascos firmaron una carta en la que protestaban por la falta de libertad tanto del clero como de las provincias vascas en general. Aunque este comportamiento fue condenado por el cardenal primado de España, el conservador Enrique Plá y Deniel, la posterior represión policial contra la HOAC motivó que el mismo primado escribiera en noviembre una dura carta de protesta a José Solís, ministro secretario general del Movimiento por esas fechas. La encíclica Mater et magistra, promulgada en mayo de 1961 por el papa Juan XXIII, aumentó la demanda de una política social más progresista. De origen católico, aunque se declarara aconfesional y socialista, era la Unión Sindical Obrera (USO), creada en 1961 y que compitió y colaboró con los comunistas en la lucha sindical.

ETA El 31 de julio de 1959 un grupo de jóvenes —antiguos integrantes, en su mayoría, de la organización Ekin— que habían abandonado meses antes EGI, la organización juvenil del Partido Nacionalista Vasco (PNV), disconformes con lo que consideraban pasividad del partido frente a la dictadura del general Franco, crearon formalmente —aunque puede que existiera de hecho desde finales de 1958— la organización clandestina Euskadi Ta Askatasuna, nombre vascuence traducible como «País Vasco y Libertad», con el fin de utilizar la «acción directa» contra el régimen.

Durante los primeros años, la labor de ETA fue, principalmente, de profundización teórica y difusión cultural. Ideológicamente, no se diferenciaba mucho del PNV del que procedía, con propuestas de clara índole demócrata cristiana, como la aprobación de un salario mínimo o de prestaciones familiares. Aunque el uso de la violencia con fines políticos estaba presente en la organización desde el mismo momento de su creación, su actividad se limita inicialmente a la realización de pintadas callejeras y algunos actos de sabotaje contra monumentos franquistas.

Pasarán más de dos años hasta que se intente realizar el primer atentado. La fecha elegida fue el 18 de julio de 1961, en la que el régimen conmemoraba el 25º aniversario del evento que denominaba Alzamiento Nacional.El Alzamiento Nacional no es sino el comienzo de la insurrección armada contra el gobierno de la II República que dio origen a la Guerra Civil Española. Los activistas de la organización intentaron hacer descarrilar un tren que transportaba a simpatizantes franquistas que viajaban a San Sebastián para celebrar la efeméride, para lo que se limitaron a desatornillar los raíles en un tramo en el que el tren no podía alcanzar mucha velocidad. No parece que la intención fuera causar víctimas mortales, sino solo realizar un sabotaje que tuviera repercusión periodística. El atentado resultó ser un completo fracaso; el maquinista se percató del hecho y no solo el tren no descarriló, sino que se desencadenó una durísima represión gubernamental que conllevó la detención de numerosos militantes y el exilio de otros. La policía empleó la tortura para obtener información de los capturados y, aunque después de 1959 los tribunales militares encargados de enjuiciar los delitos políticos habían reducido sustancialmente la duración de las condenas, en este caso llegaron hasta los veinte años de reclusión. La organización quedó paralizada y casi desmantelada, y muchos militantes, atemorizados, abandonaron la organización.