Ramón Joaquín Manuel Cesáreo Santamarina Valcárcel (Orense, España, 25 de febrero de 1827 - Buenos Aires, Argentina, 23 de agosto de 1904) fue un hacendado argentino de origen español.Huérfano desde muy joven, llegó a la Argentina a los dieciséis años de edad y se instaló en Tandil, en la provincia de Buenos Aires.

Trabajó como peón de campo y con lo que ganaba fue comprando bueyes y carretas, iniciando un negocio de carretas con el que fue creando su fortuna. Adquirió numerosas estancias y finalmente fundó una firma que continúa vigente en la actualidad: Santamarina e Hijos.

Sus hijos continuaron trabajando en esta empresa familiar y cuatro de ellos se dedicaron a la función pública. Estos fueron Ramón II, que fue presidente del Banco Nación y de la Sociedad Rural Argentina, Enrique, que ocupó el cargo de vicepresidente de la Nación durante la dictadura de José Félix Uriburu, Antonio, que fue diputado provincial y nacional por Buenos Aires e intendente de Tandil, y Jorge Alejandro, que fue presidente del Banco Nación y Ministro de Hacienda del gobierno de facto surgido tras la llamada revolución del 4 de junio de 1943.

Varios lugares de la ciudad de Tandil, como una escuela, una calle, un hospital y un club deportivo llevan su nombre en su honor y un pueblo de la provincia de Buenos Aires lleva su nombre en honor a su hijo, Ramón II.

Infancia y juventud

Ramón Santamarina pertenecía, a pesar de que se supone lo contrario, a una distinguida familia gallega. Sus padres eran José García Santamarina Varela, capitán de la Guardia de Corps del Rey Fernando VII, y Manuela Valcárcel y Pereyra, una rica dama orensana. El 25 de febrero de 1827, Santamarina fue bautizado en la Parroquia de Santa Eufemia la Real, de su ciudad natal, y su nombre homenajea a varios de sus antepasados, a su abuelo materno Ramón María Valcárcel, a su abuelo paterno Joaquín Roque García Santamarina, a su bisabuelo materno Manuel Valcárcel y Quiroga y Cesáreo, debido al modo en que se produjo su nacimiento. Él y sus padres vivían en una casa solariega en la provincia de Orense, más precisamente en la calle Tomás María Mosquera 4, sobre la Plaza de Hierro.

Los primeros años de su vida, entre 1827 y 1835, transcurren bajo el cuidado de su madre y en compañía de sus primos Castro (de la Villa de Padrón), Valcárcel (de la Villa de Monforte de Lemos), Almanza, Quiroga y López de Agra. Santamarina veía poco a su padre ya que este viajaba mucho a Madrid, donde debía permanecer mucho tiempo debido a sus funciones como Guardia de Corps.

A instancias de Teresa Varela y Rubio de Valcárcel, abuela materna de Santamarina, el capitán general de la Guardia de Corps sancionó a José García Santamarina por sus aventuras amorosas en la Corte de Madrid con una hermana de la Condesa de Priegues y por otros actos. Además, ya había perdido parte de la fortuna heredada de parte de los Valcárcel y los López de Agra. El 3 de abril de 1835 viaja a La Coruña con su hijo. Estando en faro de la Torre de Hércules, luego de juntarse con las autoridades de la Guardia de Corps, se confiesa ante su hijo (a la sazón de siete años de edad) y le hace prometer que rehará su fortuna y que formará una familia bien constituida. Después se dispara en la cabeza frente al niño.

El político argentino Julio A. Costa dedicó a ello un artículo, del cual se extrajeron algunos pasajes:

Tras la muerte de su padre, y luego de su madre, Santamarina y sus hermanos son distribuidos entre sus familiares. La bebé Dolores es enviada con sus abuelos y los dos varones, Ramón de ocho años y Francisco Javier de casi cuatro años, con sus tíos. Luego de un período de tutela, Santamarina es internado por sus tíos en el Hospicio de Santo Domingo, en las afueras de Santiago de Compostela, para evitar que comenzara a mendigar.

En 1844, Santamarina se escapó del hospicio con la ayuda de uno de los frailes del lugar, quien le entregó la llave de la puerta trasera. Se dirigió al puerto de Vigo, en la provincia de Pontevedra en Galicia, donde fue empleado como grumete en la corbeta La Española, que partía hacia Buenos Aires.

Su amigo José Varela y Pose relató que el viaje duró, con escalas incluidas, unos noventa y cinco días. Es aquí donde Santamarina entabló una gran amistad con Juan Antonio López, la cual perduró con el correr de los años, a pesar de los distintos rumbos que eligió cada uno.

El libro de entrada de Pasageros al Puerto de Buenos Ayres, del período de febrero 1 a noviembre 16, dice que Santamarina desembarcó el 20 de agosto de 1844 en esta ciudad. En esos momentos el país estaba gobernado por la mano de hierro de Juan Manuel de Rosas, que en aquella época mantenía controlados a franceses e ingleses que circulaban libremente por los ríos de la república, y la ciudad contaba con más de setenta mil habitantes. Sin embargo, Santamarina no se preocupaba por la política local, sino que sus preocupaciones se encontraban junto al Riachuelo, en la pensión de Barracas donde se alojaba.

Llegada a la Argentina Su llegada a Tandil Santamarina comenzó a trabajar como recadero en un café-hotel, llamado la Posada de las Cuatro Naciones, ubicado en la entonces calle Potosí, entre Chacabuco y Perú, que era frecuentado por viajantes provenientes del sur. Santamarina cruzaba el Riachuelo a nado, llevando a los bueyes atados a su muñeca con una soga, ya que el Puente Gálvez (actualmente el Puente Pueyrredón) estaba destruido. Además, limpiaba la vajilla y acomodaba las habitaciones del hotel, enseñaba lectura básica y ayudaba en la carga y descarga de las carretas que se detenían en los Mataderos Viejos.

Mientras observaba las carretas que transportaban el equipaje de los huéspedes a la Plaza Constitución se le ocurrió la idea de adentrarse en el campo argentino, que era desconocido para él en ese momento, donde una corazonada le señalaba su destino. Marcelino Pareja (hermano de Rosendo Pareja, alcalde del partido de Chapaleofú, antiguo nombre del partido de Tandil) le hace una carta de recomendación para trabajar en el campo de la familia Gómez, en aquella zona serrana. Se ofreció como ayudante de boyero en una de esas tropas carretas, comandada por Faustino Ruiz, y llegó al antiguo Fuerte Independencia, ubicado en la zona de Tandil, ciudad donde se instaló en marzo de 1845. En esa época, Tandil tenía sólo dos décadas de historia, setecientos habitantes y todavía estaba bajo la amenaza de los malones.

De peón de campo a comerciante Comenzó a trabajar en la estancia San Ciriaco de Ramón Gómez, de treinta y siete leguas, donde fue empleado como peón y donde aprendió los rudimentos de las tareas del campo argentino que, en su afán de progresar, perfeccionó rápidamente. Debido a su buena educación y modales, Gómez lo tomó como peón de patio, donde ayudaba en el comedor y en otras tareas en las cercanías de la casa y de la familia.

Luego de un año, se produjo su emancipación de Gómez y advirtió la importancia que tenía para los habitantes la llegada de las carretas y el envío de los productos. Por esto decidió comprar, con sus pocos ahorros, una carreta y algunos bueyes, con los cuales inició su larga carrera de financiero y colonizador, con el trabajo que luego daría a la patria. Su fama de cumplidor llegó a oídos del coronel Benito Machado, comandante del fuerte, y se inició allí una relación que se fortalecía día a día con el respeto mutuo, sin llegar a la amistad.

También se puso al mando de 30 a 40 gauchos y se dedicó a voltear 300 reses por día para vender la carne al general Eustoquio Díaz Vélez, uno de los más importantes ganaderos del pago de Tandil.Lebedinsky, Mauricio: Estructura de la gandería histórica y actual. Editorial Quipo. 1967. P. 18.

Desde esa época hasta la llegada del ferrocarril a Tandil en 1883, Santamarina fue el mayor proveedor del pueblo y de las zonas circundantes, trayendo desde Buenos Aires azúcar, yerba, vino, bombachas de campo, sombreros, piezas de bramante y otros objetos de tienda, además de artículos más sofisticados que llegaban por primera vez a la ciudad. Entre estos se encuentran un piano, para la señora de Antonio Lambín, una maestra del lugar; una trilladora, traída a Juan Fugl en 1855; una máquina de coser de la marca La Silencieuse, por lo que había tomado clases en Buenos Aires para poder enseñar a los interesados cómo utilizarla; libros para la escuela; 71.000 ladrillos para la construcción de la iglesia diseñada por Taylor y luego trajo, en 1857, el altar, el púlpito, chapas y maderas para el techo y la pila bautismal, que aún se conserva.

La adquisición de su primera estancia thumb|290px|Ramón Santamarina en 1863, a la edad de 36 años. En 1849, cuando se traza la ciudad de Tandil con el plano que él mismo había traído desde Buenos Aires, Santamarina compró cuatro lotes. Por ese entonces, poseía ya veinticuatro carretas que transportaban, entre otras cosas, el capital de las mercancías entre Tandil y Buenos Aires. Para ser enviado a la guerra de Crimea, realizó una compra masiva de cueros. Las ganancias obtenidas en este negocio le dieron un poco de dinero y la posibilidad de comprar su primera estancia, Dos Hermanas. Luego de esto, Santamarina pudo adquirir otra estancia, El Cristiano, que le vendió Aarón Castellanos. Con el correr del tiempo, fue adquiriendo otras veinticinco estancias más, ubicadas en unas cien leguas, que eran las mejores del sur. En ellas, llegó a tener veinte mil vacas y setecientas mil ovejas, y seis casas de negocios como bancos, los cuales enriquecieron a muchos de sus habilitados.Un habilitado es, en Hacienda, la persona que cobra los sueldos y otros emolumentos o remuneraciones adicionales de los funcionarios y los entrega a los interesados.

Santamarina nunca tuvo socios, sino habilitados. Nunca prestaba dinero del cual nacerían haraganes sino dinero del cual nacerían hombres trabajadores. Siempre donaba dinero a beneficencia de escuelas y hospitales, que actualmente son monumentos de la ciudad de Tandil y de otros pueblos a los cuales hizo crecer.

Pero no todo era tranquilidad en aquellas alejadas tierras donde Santamarina forjaba civilización. Más de una vez tuvo que enfrentar graves peligros, tal como ocurrió cuando tuvo que luchar contra la banda de criollos xenófobos del Tata Dios (Gerónimo G. Solané), que con sus depredaciones tenía aterrorizada a toda la zona. Costa también relató este episodio.

Vida familiar En 1864 contrae matrimonio en primeras nupcias con María Ángela de Alduncín Gazpio (1838-1866) con quien tuvo cinco hijos (dos de los cuales fallecieron siendo infantes). Su esposa, Maria Angela, fallece poco después del nacimiento del quinto hijo. Los hijos de este primer enlace fueron, Elena Santamarina Alduncín (fallecida infante), Ramón Santamarina Alduncín, José Santamarina Alduncín, Ángela Santamarina Alduncín y Josefa María Santamarina Alduncín (fallecida infante).

Cuando Ramón Santamarina, ya millonario, decidió casarse por segunda vez ―con Ana Irazusta (1849-1921), con quien tuvo trece hijos más― pensó que los hijos de su primer matrimonio podrían verse perjudicados. Con tal de evitar esto, los asoció a su trabajo, de forma de que a los pocos años se hicieron tan ricos por las ganancias de la asociación formada con su padre como los del segundo matrimonio por la herencia futura. Así quedaron todos sus hijos en igualdad de condiciones. En el contrato de sociedad propuesto en 1890 obligó a sus hijos a plantar árboles, como una forma de celebrar el Día del Árbol en la provincia de Buenos Aires, que padecía una menguada existencia de ellos.

Formación de la sociedad Santamarina e Hijos En 1878 se produjo su regreso al ámbito ciudadano, cuando compró una casa en la calle Méjico 726, donde se instaló con su familia. Su interés por los negocios lo llevaron a formar en 1890 la Sociedad Santamarina e Hijos, la cual comenzaron a manejar sus hijos mayores.