El Partido Liberal de Corrientes (PL, PLC, PLCo) es un partido político de la Provincia de Corrientes, Argentina, fundado el 15 de diciembre de 1856 por Juan Eusebio Torrent y la generación de 1850 como sección del Partido Liberal, liderado por Bartolomé Mitre en Buenos Aires, en Corrientes. Es el partido en actividad más antiguo de Argentina y a su vez, el más viejo de Latinoamérica, y segundo de América solo detrás del Partido Demócrata de los Estados Unidos.
En 1861, José Manuel Pampín fue elegido Gobernador de Corrientes, el primero de un total de 17 mandatarios que resultaron elegidos a través de este partido.
Orígenes
Los Comuneros correntinos de 1762
En 1762 milicias correntinas fueron obligadas a movilizarse por orden del Gobernador de Buenos Aires para abrir un camino entre la ciudad de Corrientes y Tucumán. Estas tareas inhumanas serían costeadas por la población correntina, lo que causó indignación popular e inmediata reacción contra la orden. El gobernador dispuso que Corrientes enviara otros doscientos hombres en reemplazo de los desertores. Pero en Corrientes se convocó a un Cabildo Abierto que se negó a obedecer la orden en nombre del Común. Con este término se quería expresar que el conjunto de voluntades individuales forman una voluntad común que es soberana por encima de cualquier autoridad. Esta posición provenía del antiguo derecho español y había sido dejada en desuso por el absolutismo. Como el gobernador designó a un representante para que impusiera sus órdenes, la casa de este último fue asaltada por los comuneros. La rebelión duró seis meses y fue derrotada por las autoridades realistas, pero importa la teoría sustentada por los rebeldes de que si las decisiones de las autoridades se oponían a los intereses de la población, ésta no debía obedecer.
Federalismo correntino
thumb|Genaro Berón de Astrada. thumb|Juan Gregorio Pujol.
Los partidos de la Provincia de Corrientes constituyen las fuerzas políticas más antiguas del país. Tanto el Partido Liberal de Corrientes como el Partido Autonomista de Corrientes responden a tradiciones políticas ya desaparecidas en nuestros días, lo cual los convierte en verdaderas reliquias históricas. Durante los tiempos hispánicos, las ciudades litoraleñas eran débiles contrariamente a las del interior. La mayoría de la población se dispersaba en los campos, conformando una sociedad más libertaria e igualitaria. Blancos, negros e indios mezclaban su sangre para dar origen al tipo humano propio de esta zona: el gaucho.
La Ciudad de Corrientes, sin embargo, por el hecho de emplazarse en un lugar estratégico para las comunicaciones entre el Paraguay y las Misiones jesuíticas, se distinguió por ser un centro urbano de envergadura.
El intenso tráfico fluvial determinó la presencia de un importante sector de comerciantes y de una industria de armadores de barcos. Alrededor de la ciudad se desarrolló una zona agrícola en la que se practicaba el cultivo de la yerba, el algodón, el tabaco, los cereales y hasta la caña de azúcar. La fortaleza de los comerciantes correntinos se debía a que el entorno agrícola constituía un excelente mercado para los productos importados. También hubo cierto desarrollo artesanal heredado de la época de las misiones.
El resto de la población provincial vivía dispersa en los campos, sin contactos frecuentes con la ciudad, donde residían los propietarios poco preocupados por la actividad en sus estancias. La élite correntina pudo acceder, como en las ciudades del interior, a la Ilustración y a las ideas en boga en el . Ello determinó la existencia de un importante sector intelectual que configuró la clase dirigente provincial.
El Federalismo fue así la primera bandera de la clase dirigente correntina, que combatió fervorosamente el monopolio de las rentas aduanera ejercido por Buenos Aires, así como la política librecambista que frenaba su desarrollo industrial. Desde un principio, los correntinos discreparon con la política rosista, que pese a proclamarse federal, no era sino la de Buenos Aires y sus estrechos intereses locales.
La rebeldía correntina fue un problema permanente para Juan Manuel de Rosas.El sistema político dirigido por Rosas era una dictadura sui generis, ya que si bien asumió la Suma del Poder Público, mantuvo el funcionamiento de la Legislatura provincial, que discutía – aunque con escasas posibilidades de oponer resistencia al gobernador – las acciones del gobierno. En teoría, el general Rosas sólo gobernaba la provincia de Buenos Aires y representaba a las demás en las Relaciones Exteriores; no obstante, las guerras intestinas ocurridas durante su gobierno le permitieron circunscribir fuertemente las posibilidades políticas de los gobiernos provinciales, cuando no ayudaron a imponer directamente distintos gobernadores. Para un estudio de ambos procesos desde un punto de vista favorable a Rosas, véase Adolfo Saldías, Historia de la Confederación Argentina, Ed. Hyspamérica, Bs. As., 1987. Cuando su lugarteniente, el general Justo José de Urquiza, debió sofocar la rebelión correntina de 1841, lo hizo con máximo rigor y la Batalla de Pago Largo terminó en una masacre. Este terrible recuerdo quedó grabado para siempre en la memoria de muchos federales que jamás perdonarían a Urquiza esa matanza injusta. No obstante, un importante sector de la clase dirigente provincial reconoció en Urquiza a su jefe indiscutido. Otros, por el contrario, lo desconocieron adoptando un liberalismo ortodoxo y doctrinario. Estos últimos encontraron en los dirigentes de Buenos Aires -luego de la caída de Rosas- un respaldo contra las pretensiones hegemónicas del caudillo entrerriano.
Así se fueron perfilando las dos grandes líneas políticas que hoy perviven en la Provincia de Corrientes. El Partido Autonomista no es sino la única versión contemporánea del Partido Federal urquicista. El Partido Liberal de Corrientes, por el contrario, tiene sus raíces en los grupos provincianos adherentes a la corriente mitrista en el orden nacional. Los símbolos que identifican a ambos partidos son el rojo para los autonomistas y el celeste para los liberales. Las permanentes rivalidades políticas condujeron a unos y a otros a denominarse mutuamente con apodos: así, los liberales eran llamados "caramburús" por los autonomistas, mientras que estos eran motejados por los primeros como "pyragües", que literalmente significaba mazorqueros.
La última gran insurrección conocida como el Quinto ejército correntino contra Rosas fue la de los hermanos Madariaga, quienes fueron derrotados por Urquiza, en la batalla de Vences. El caudillo entrerriano designó gobernador a Benjamín Virasoro. Cuando Urquiza organizó la conspiración contra Rosas, Virasoro fue un aliado insustituible que colaboró en todo momento con él hasta Caseros. Mientras tanto en Corrientes, los sectores opositores a Rosas, pero también a Urquiza y por lo tanto a Virasoro, se fueron aglutinando para constituir poco después el Partido Liberal de Corrientes.
Caído Juan Manuel de Rosas, esta fuerza cobró una gran resonancia en la política provincial. Estando el gobernador Virasoro en Buenos Aires, el 3 de julio de 1852, se produjo en Corrientes una revolución que consideró caduco su mandato y le quitó el cargo de ministro plenipotenciario que la Legislatura provincial le había otorgado. El nuevo gobernador, Juan Pujol,Entre las propuestas de Pujol estaba la federalización de la ciudad de Buenos Aires, que fue rechazada airadamente por todos los dirigentes porteños, incluido el gobernador; por el momento, fue olvidada. Véase Scobie, op. cit., pág. 35. que asumió el 12 de julio de 1852, abría en Corrientes el primer ciclo liberal, qué se extendería pese a algunas interrupciones hasta 1880.
Historia
El Primer Ciclo Liberal (1852-1880)
Cuando el 11 de septiembre de 1852 estalla en Buenos Aires la revolución contraria a Urquiza,Urquiza a Nicolás Calvo, 6 de marzo de 1858, citado en Scobie, op. cit., pág. 60. el gobierno liberal de Pujol no oculta sus simpatías por la causa porteña. La alineación adoptada por Corrientes sería decisiva, ya que su apoyo a cualquiera de los dos bandos podría determinar quién obtendría la victoria. Tanto Urquiza como Buenos Aires enviaron comisionados a Corrientes para lograr una alianza, pero ninguno de los dos logró una definición rotunda del gobernador Pujol.
Si bien ideológicamente el gobierno de Corrientes sentía grandes simpatías por la revolución porteña, era demasiado riesgoso apostar todas las cartas a una provincia cuyo rumbo político todavía no estaba definido. Por otra parte, el gobernador entrerriano había respetado al gobierno liberal de Pujol, incluso después que este había derrocado a su amigo y correligionario Benjamín Virasoro.
thumb|Juan E. Torrent. Pujol también era consciente de que sus fuerzas, infinitamente inferiores a las del "Libertador", no podrían enfrentarlo, y no quería que se repitiesen en su sufrida Corrientes los amargos sucesos de pago Largo o Vences. No obstante, ofreció a Buenos Aires su apoyo moral y material, si este fuera necesario. Incluso llegó a concentrar sus tropas en las fronteras con Entre Ríos para disuadir a Urquiza de un ataque sorpresivo a Buenos Aires.
El militarismo derivado de las guerras civiles era un mal que mantenía a Corrientes -como al resto de las provincias- en un estado de penosa postración. Los hábitos políticos estaban impregnados de ese militarismo que de una manera u otra significaba la participación de vastos sectores de la población en la política provincial. La guerra movilizaba a miles de hombres de todas las capas sociales. El enfrentamiento militar entre sectores opuestos se había convertido en estilo corriente de lucha política. La nueva clase dirigente correntina, consciente de ello, consideraba que era la principal causa del atraso y de todos los males que padecía la provincia. Erradicar esos hábitos era la condición ineludible para hacer progresar a la provincia por el cauce de las instituciones republicanas.
Como primera medida, Pujol entendió que habla que terminar con todos los caudillos locales con fuerzas militares propias. Sin embargo, este hombre combinaba estas convicciones con una singular atracción personal que lo condujo a convertirse en lo que pretendía combatir con tanto ahínco: un caudillo.
Pujol consideraba que en las condiciones reinantes era impensable la instalación de un régimen republicano puro. Había que restringir la participación política de esos vastos sectores participantes en las guerras. Luego, habla que imponer el orden para regularizar todas las actividades de la provincia, y para ello solo quedaba un recurso: un gobierno fuerte y autoritario durante varios años, que consolidaría el poder político de la nueva este liberal de Corrientes. De este pensamiento participaba toda la nueva clase dirigente, pero esta no estaba dispuesta a someterse a un dictador, como aparente- mente pretendía ser Pujol en nombre de las "necesidades políticas" del momento.
No obstante, todos estaban de acuerdo en una serie de ideas fundadas en el liberalismo doctrinario, aunque las ambiciones de poder a veces pesaran más que ellas. La empobrecida economía provincial sólo podría recuperarse por el trabajo regular de una peonada alejada de las actividades militares. Se impusieron normas estrictas para suprimir la vagancia, y se estableció un reglamento de conchabo de peones, además de una policía en cada población. También, aunque de una manera muy limitada por las circunstancias económicas reinantes, se mostró interés en la educación popular. thumb|Museo del Bicentenario - Constitución de la Confederación Argentina-