La revolución de Ayutla fue un movimiento insurgente originado en el estado de Guerrero en 1854. La razón del levantamiento de los surianos fue la inconformidad con el gobierno de Antonio López de Santa Anna, que aprovechando la abolición de la Constitución Federal de 1824 gobernaba dictatorialmente con el título de Su Alteza Serenísima.

Las inconformidades en contra de Santa Anna crecieron por la venta de La Mesilla y los liberales encabezados por Juan Álvarez, Tomás Moreno y Florencio Villarreal dieron a conocer el Plan de Ayutla. En él se desconocía a Santa Anna como presidente, se exigía que se revisaran las acciones de este y que se eligiera un presidente provisional.

La revolución comprende tanto el conflicto armado propiamente dicho como las presidencias de Juan Álvarez e Ignacio Comonfort. Bajo la presidencia de este último fue promulgada la Constitución de 1857. El período concluye con la renuncia de Comonfort a la presidencia y el inicio de la guerra de Reforma.

El descontento con la dictadura de Santa Anna Antonio López de Santa Anna es uno de los personajes más polémicos de la historia de México. Participó en muchos conflictos como la Independencia de México y derrotó a los españoles que trataban de reconquistar México en la Batalla de Tampico, sin embargo, debido a su captura en la Batalla de San Jacinto, tuvo que firmar los Tratados de Velasco, aunque su firma no contaba ya que era un presidente preso.

En realidad, la dictadura de Santa Anna no era nada nuevo. Tiempo atrás, durante la separación de Texas, se había auto nombrado dictador de México. Sin embargo, en esta segunda oportunidad dictatorial llevó sus propias aspiraciones a un extremo peligroso. Lo de menos es que se hubiere nombrado Su Alteza Serenísima por la vía del decreto constitucional. Con el afán de obtener recursos financieros para su gobierno que se hallaba en la bancarrota, llegó a impulsar el cobro de un impuesto por el número de ventanas y puertas de las viviendas de la Ciudad de México.

El gobierno de Santa Anna produjo un profundo descontento en la población mexicana, lo que quedó reflejado en dichos, apodos y otros juegos de palabras, como esta adivinanza: "Santa Anna no es mujer," Es Santa sin ser mujer, es rey, sin cetro real, es hombre, más no cabal, y sultán, al parecer. El gobierno era profundamente corrupto, no había ninguna claridad en el manejo de los fondos (hay que recordar que la Intervención estadounidense había dejado, a pesar de todo, las arcas llenas de pesos de oro); no existían las garantías individuales, y la oposición era tratada con fierro. Sin duda, más allá del descontento popular con el gobierno del Quince Uñas (como llamaba el pueblo llano a Santa Anna porque había perdido una pierna en una batalla), había un profundo malestar entre la pequeña burguesía liberal que se había venido formando a lo largo de la primera mitad del en México.

La burguesía agraviada Efectivamente, la vocación conservadora del gobierno de Santa Anna había favorecido a ciertos grupos de la aristocracia mexicana del . A su amparo, las posesiones de la Iglesia habían crecido escandalosamente. Otros problemas sobre la tenencia de la tierra era la existencia de corporaciones civiles (como las comunidades indígenas) que impedían la especulación con las bienes raíces, y por lo tanto, el proceso de acumulación capitalista. En aquella época, como queda dicho, había un pequeño grupo de nuevos burgueses ilustrados que no veían con buenos ojos esta concentración de tierras en manos muertas.

Además, la Iglesia también era una institución con gran poder político durante el tiempo de Santa Anna, por eso pocas decisiones se tomaban sin tener en cuenta la opinión de la jerarquía eclesiástica. Además, quedaban otros resabios de la organización colonial, como las aduanas internas, que impedían la modernización del país, y virtualmente lo tenían fragmentado en pequeños feudos dominados por caciques locales.

Por si lo anterior fuera poco, Santa Anna había desterrado a varios liberales conspicuos, entre ellos a Melchor Ocampo (exgobernador de Michoacán), Benito Juárez (exgobernador de Oaxaca), Ponciano Arriaga y muchos más, que se refugiaron en los Estados Unidos. La experiencia del destierro llevó necesariamente a comparar el poderío económico de los vecinos del norte con la caótica situación de la República. Se dieron cuenta de que la única manera de llevar a México por el camino del progreso (entendido bajo la divisa del dejar hacer), era derrocar a Santa Anna e instalar un gobierno afín a la ideología liberal.Santana, Adalberto Op.cit. p.51-54

El Plan de Ayutla right|thumb|200px|Retrato de Juan Álvarez. Fue cabeza del movimiento conocido como revolución de Ayutla, que concluyó con la renuncia de Santa Anna a la dictadura de México. Álvarez ocupó la presidencia como interino, aunque renunció pocos meses después, en 1855

El 1 de marzo de 1854 fue pronunciado el Plan de Ayutla, en esa misma población del Estado de Guerrero. Lo promovían Florencio Villarreal, Juan Álvarez e Ignacio Comonfort. El primero había sido insurgente de la independencia de México, y el segundo era un coronel relativamente joven. El documento planteaba la necesidad de formar un frente nacional para derrotar al gobierno dictatorial de Santa Anna. Álvarez y Comonfort se pusieron al frente de una tropa de campesinos. Al plan se unieron Benito Juárez, Melchor Ocampo y otros liberales desterrados por Santa Anna, que radicaban en los Estados Unidos. Aunque no participaron directamente en la lucha armada, estos personajes habrían de decidir el rumbo político de la revolución.EL COLEGIO DE MÉXICO Op.cit. p.590

El plan contemplaba la destitución de Santa Anna, el nombramiento de una presidencia interina de corte liberal (cuya responsabilidad quedaría en manos de Juan Álvarez), y la convocatoria a un Congreso Constituyente que redactara una nueva constitución para el país (dado que la de 1824 había sido abolida por Santa Anna, que en su lugar impuso las Siete Leyes, de orientación centralista).Riva Palacio, Vicente et al Op.cit. p.832-833 Aunque no se trataba de un documento radical, fue capaz de ganarse cierto apoyo en el resto del país, y pronto, la guerra civil se extendería por buena parte de México. El Plan de Ayutla fue modificado en el puerto de Acapulco el 17 de marzo de 1854.Riva Palacio, Vicente et al Op.cit. p.834-835

Comienza la guerra left|thumb|200px|Tropa de chinacos en el México decimonónico

Habida cuenta de los amagos levantiscos en el departamento de Guerrero, encabezados por Comonfort y Álvarez, Santa Anna intentó reprimir rápidamente la insurrección de los pintos (como eran llamados peyorativamente los guerrerenses, a causa del mal de pinto, endémico de la región). Por ello decretó la pena de muerte para quienes poseyeran un ejemplar del Plan de Ayutla y no lo quisieran entregar a las tropas del gobierno. De igual manera, impuso la leva (enlistamiento forzado en el ejército), y aumentó el presupuesto del gobierno central, de 6 a 17 millones de pesos. Para recaudar los fondos, elevó nuevamente los impuestos y reinstaló las alcabalas (aduanas interiores).

Acto seguido, Santa Anna se puso al frente de una fuerza de seis mil hombres. Llegó a Acapulco, centro de la insurrección, el 19 de abril de 1854. El Ejército Restaurador de la Libertad, organizado por Comonfort, encabezado por Álvarez, se había pertrechado en la fortaleza de San Diego. Los quinientos soldados del Ejército Restaurador resistieron los embates de Santa Anna con éxito. La tropa de Santa Anna había sido sensiblemente disminuida, ya por la deserción de sus soldados, por las enfermedades tropicales o por las bajas en la guerra. Finalmente, Santa Anna decidió levantar el sitio, y regresó a la capital. En el camino de Acapulco a México, redujo a escombros a muchas poblaciones y haciendas que habían apoyado el Plan de Ayutla.Riva Palacio, Vicente et al Op.cit. p.836-840

El Plan de Ayutla fue proclamado rápidamente en otras partes del territorio nacional. El primer departamento en sumarse a la revolución fue Michoacán, gobernado por Epitacio Huerta. A mediados de 1854, el Plan había sido pronunciado en Tamaulipas, San Luis Potosí (apoyado por Antonio de Haro y Tamariz), Jalisco, México y Guanajuato (apoyado en este último departamento por el gobernador Manuel Doblado). Los insurgentes capitalizaban no sólo el descontento de la naciente burguesía, sino el de las masas populares en condiciones de miseria que cargaban con el fardo de los impuestos decretados por Santa Anna. Por el norte, los liberales en el destierro también atizaban la rebelión.EL COLEGIO DE MÉXICO Op.cit. p.591

Para contener la ola rebelde, Santa Anna apeló al terrorismo de Estado. Decretó la ocupación de las propiedades de los rebeldes, declarados o sospechosos, empezando por las fincas de Álvarez. Asimismo, dispuso que toda población que brindara su apoyo a la insurgencia sería saqueado e incendiado. Los civiles que estuvieran en posesión de armamento fueron condenados a pena de muerte. El espionaje se hizo más intenso y los destierros fueron cada vez más comunes.

right|thumb|200px|Partitura del Himno Nacional Mexicano. Santa Anna recurrió a todo tipo de artimañas para desviar la atención popular de la Revolución de Ayutla: suponía que fomentando el espíritu patriótico, podría desalentar la oposición.

La estrategia de Santa Anna contemplaba además, una combinación de fuerza y demagogia. Por ello, durante esta última etapa de su gobierno, las celebraciones patrióticas y religiosas contaron con el apoyo decidido del gobierno. De hecho, convocó a un concurso para la elección del himno nacional, cuyos resultados fueron publicados el 11 de septiembre de 1854. No es casualidad que una de las estrofas de la poesía elegida (escrita por Francisco González Bocanegra), hiciera una clara alusión a Santa Anna como héroe nacional. Años más tarde, la estrofa fue suprimida.

La ofensiva del gobierno y la bancarrota del movimiento pusieron en jaque a los revolucionarios. En junio de 1854, Comonfort partió hacia Estados Unidos a conseguir recursos para la insurgencia. Obtuvo un préstamo de Gregorio Ajuria, un rico español, amigo de Álvarez y simpatizante de los liberales. Volvió a Acapulco a principios de diciembre de ese mismo año.Riva Palacio, Vicente et al Op.cit. p.851 Comonfort se dirigió inmediatamente a Michoacán, donde la revolución progresaba con apoyo de los jaliscienses comandados por Santos Degollado.

Por otro lado, en el frente de Santa Anna, las cosas no marchaban mejor. Para simular que el gobierno contaba con amplio respaldo popular, Santa Anna convocó un plebiscito en el que los ciudadanos podrían expresar "libremente" si deseaban que Santa Anna continuara en el cargo, o bien, preferían que dimitiera y entregara la presidencia de la República a otra persona. Algunos votantes se tomaron en serio el plebiscito y se pronunciaron abiertamente por la dimisión de Santa Anna y el nombramiento de Álvarez como interino. Desde luego, Santa Anna no iba a renunciar, y sometió a juicio y apresó a los simpatizantes de la revolución que participaron en el plebiscito.Riva Palacio, Vicente et al Op.cit. p.852-853 El 1 de febrero de 1855, para rematar, fue expedido un decreto por el cual la nación se manifestaba por la permanencia de Santa Anna en la presidencia de México. Todavía caliente el pan del plebiscito, Santa Anna partió a Michoacán para aplastar a los rebeldes y logró dispersar y arrinconar a los rebeldes; regresó a la Ciudad de México, victorioso

Sin embargo, la rebelión se había extendido a varias partes del territorio nacional. Santiago Vidaurri había obtenido varios triunfos en el departamento de Nuevo León. En Veracruz, Ignacio de la Llave había tomado Orizaba, y los liberales oaxaqueños estaban en control de Tehuantepec.Riva Palacio, Vicente et al Op.cit. p.856-858