thumb|200px|right|María Antonieta (1783), principal perjudicada por el Asunto del Collar.El asunto del collar fue una estafa que tuvo por víctima, en 1785, al cardenal de Rohan, obispo de Estrasburgo, y en el que se vio implicada la reina María Antonieta de Francia. La reputación de la reina, ya manchada por los chismes, se vio aún más mancillada por la falsa acusación de que había participado en una maniobra para estafar a los joyeros de la corona adquiriendo un costosísimo collar de diamantes que luego rehusó pagar. En realidad, la reina rechazó la idea de comprarlo, pero su firma fue falsificada por Jeanne de Valois-Saint-Rémy. Aunque Jeanne fue luego declarada culpable, el evento sigue siendo importante históricamente como uno de los muchos que llevaron a la desilusión de los franceses con la monarquía, convirtiéndose en uno de los escándalos de la época que dieron peso moral y apoyo popular a la Revolución francesa.

La relevancia pública del asunto, que redundó en un gran escándalo político y social, contribuyó a hundir la imagen pública de la reina María Antonieta, que se ganó definitivamente la enemistad de la vieja nobleza francesa y perdió el apoyo del pueblo de Francia. Las consecuencias de esto espolearon el descontento popular contra el gobierno de Luis XVI, muy influenciado por la camarilla de la reina.

El torpe manejo que la monarquía francesa hizo del asunto llevó a que comenzara a ser abiertamente desprestigiada por la propia nobleza, socavando de manera fundamental la imagen pública de la monarquía en unos momentos de crisis económica y social; igualmente, puso de manifiesto ante el pueblo la corrupción de la corte y la precariedad de las finanzas públicas, hasta el punto de que el Asunto del Collar suele considerarse como un claro antecedente a la Revolución francesa.

Por su parte, el carácter profundamente novelesco del asunto, calificado como "una de las farsas más descaradas de la Historia" por Stefan Zweig, ha servido como tema de numerosas obras literarias, entre ellas, El Gran Copto, poema de Goethe, o la novela El collar de la reina de Alejandro Dumas, además de aparecer en obras como Arsenio Lupin, caballero ladrón de Maurice Leblanc y cuyo tema más tarde fue tomado por Hollywood para dar lugar a una película, y por el manga japonés La Rosa de Versalles y el anime nacido de este.

Orígenes de la estafa 250px|thumb|left|Jeanne Valois de La Motte, artífice de la estafa. Los orígenes de la estafa se encuentran en su instigadora y cabecilla, Jeanne Valois de La Motte. Esta mujer, aunque descendiente de la Casa Real de los Valois, había nacido en la más profunda pobreza, hija de un noble empobrecido, Jacques de Saint-Rémy, quien, pese a ser un auténtico descendiente de la Casa de Valois, no tenía más medio de subsistencia que la caza furtiva. La madre de Jeanne, por su parte, era de origen plebeyo, y tras la muerte de su marido Jacques, tuvo que dedicarse a la prostitución al tiempo que obligaba a su hija, Jeanne, a ejercer la mendicidad. A los siete años, mientras pedía limosna por un camino cercano a París, Jeanne se cruzó con el coche de la marquesa de Boulainvilliers, a quien relató su historia. La extraordinaria circunstancia de que alguien de sangre real pudiera estar ejerciendo la mendicidad hizo que la marquesa se apiadara de Jeanne y la acogiera. Le encontró plaza en un pensionado para hijas de nobles pobres donde Jeanne fue educada para ser monja. Sin embargo, la profunda ambición de Jeanne de Valois pronto chocó con el ambiente religioso del pensionado, del que se escapó a los veintidós años.

Tras vagar un tiempo por Francia, Jeanne reapareció en Bar-sur-Aube, donde estaba acantonado un destacamento del ejército francés. Tras presentarse como Jeanne de Valois, entabló relaciones con un oficial llamado Nicolás de la Motte, con el que contraería matrimonio. Sin embargo, los medios de su marido eran escasos, por lo que decide usar su ascendencia como miembro de la Casa de Valois para trepar socialmente. Para ello recurre a la persona de más alto rango que conoce, su antigua patrona, la marquesa de Boulainvilliers, que la recibe en el castillo del cardenal de Rohan, a quien es presentada.

El cardenal del Rohan, aunque de escasas dotes personales, era uno de los prelados católicos más ricos e importantes de Francia. Miembro de una de las principales familias de la nobleza francesa, los Rohan, ostentaba la diócesis de Estrasburgo, una de las más ricas de Francia, y era por ello mismo el landgrave de la Alsacia; además, era el grand aumônier de la corte (esto es, Gran Limosnero de Francia, máxima autoridad religiosa de la corte de Versalles), por lo que controlaba todos los donativos y obras de caridad del Rey de Francia, abad de la riquísima abadía de Saint-Vaast, y provisor (financiador) de la Sorbona. El carisma personal de Jeanne de Valois hace que pronto sea una asidua a la camarilla del cardenal, y Jeanne de Valois no duda en usar su nombre para congraciarse con el mismo, a quien pronto ve como a un pobre ingenuo del que obtiene un puesto de capitán de la guardia real para su marido, el título de condes de Valois de la Motte para ambos, y el pago de todas las deudas que el matrimonio había contraído hasta entonces.

Sin embargo, su ambición personal no se para ahí, y decide dar un paso más presentándose, como Condesa de Valois de la Motte, en la Corte de Versalles, donde pretende introducirse en los círculos íntimos de la reina María Antonieta. Sin embargo, pese a sus intentos, no tiene éxito: no logra ser presentada a la reina, aunque su nombre y su persona se hacen conocidos en la Corte, donde comienza a dejarse ver a menudo. Su fracaso, en vez de desanimarla la espolea para seguir trepando socialmente. Ante sus inmensos gastos personales, comienza a usar el hecho de ser recibida en la Corte para obtener grandes sumas de dinero de los prestamistas de París, a los que pronto sugiere que pertenece al círculo íntimo de la reina y de la íntima amiga de esta, madame de Polignac. Pese a ser totalmente falso, tal rumor comienza a circular por París, lo cual, junto con su regio apellido y su fastuoso tren de vida hace que se le abran las puertas de la más alta sociedad, que espera congraciarse con ella. Lo cerrado y exclusivo de los círculos de la reina ayuda a tal fin, pues nadie está en condiciones de refutar la pretendida amistad de la condesa con María Antonieta, y sus continuas visitas a la corte hacen creer a todos lo contrario.

La estafa al cardenal de Rohan thumb|300px|right|El cardenal de Rohan Jeanne no descuida a su antiguo conocido, es decir el cardenal de Rohan, quien, si acaso por su torpeza personal, se encontraba en desgracia en los círculos de la reina, a los que ambicionaba pertenecer como modo de ser nombrado, a instancias de la reina, primer ministro de Francia. Su ingenuidad le lleva a creer que Jeanne de Valois realmente es íntima amiga de la reina, por lo que pronto sugiere a aquella la posibilidad de que lo ayude a congraciarse de nuevo con María Antonieta. En 1784, Jeanne de Valois comienza a insinuar que su supuesta intima amiga estaría dispuesta a juntarse con el cardenal. Comienza a transmitirle supuestos comentarios verbales de la reina, encaminados a que el cardenal deduzca que, ayudando económicamente a Jeanne de Valois, la reina estaría dispuesta a recibir de nuevo al cardenal.

El matrimonio Valois de la Motte, ayudado por un tal Marc Rétaux de Villette, supuesto secretario del conde y, en realidad, amante de la condesa, comienza así a sangrar al cardenal, de quien obtienen grandes sumas de dinero (unas 60.000 libras inicialmente) con las que saldan deudas, contraen otras, y, en definitiva, viven por todo lo alto. En mayo de 1784, para satisfacer la insistencia del cardenal, que se va poniendo cada vez más nervioso ante la falta de progresos en el asunto de la reconciliación, Jeanne de Valois toma una decisión arriesgada al sugerir al cardenal que, en la próxima recepción real en Versalles, la reina le hará un cierto gesto, señal de los progresos en la reconciliación. Aunque el gesto de la reina no fuera más que una leve inclinación de fría cortesía hacia el principal prelado de la corte, el cardenal lo interpreta como la consabida señal, y en agradecimiento hacia Jeanne de Valois, paga algunas deudas de la misma.

Tras este paso, se hace evidente que el cardenal no se podrá contentar con meros mensajes verbales, y el matrimonio Valois y Rétaux de Villette dan un paso más en la estafa al cardenal. Este último, hábil calígrafo, redacta una carta en la que María Antonieta perdona al cardenal, al tiempo que se excusa de no poder recibirlo públicamente, sugiriendo la posibilidad de un encuentro secreto. Lleno de alegría, el cardenal se deja sangrar aún más por los Valois de la Motte; recibe unas cartas más de reconciliación y pronto comienza a pedir, de manera insistente, que Jeanne concierte un encuentro con la reina. La investigación posterior al escándalo señalará la increíble ingenuidad del cardenal, pues alguien de su rango y cercanía a la corte tendría que haber reconocido las cartas recibidas como falsas al ver que estaban firmadas con un María Antonieta de Francia, cuando los monarcas solo firmaban con su nombre personal, en este caso como María Antonieta.

En esa época, las citas galantes con mantos y capas en los bosques de Versalles hacían furor. La condesa de la Motte ha descubierto a una prostituta, Nicole Leguay, en el Palais Royal de París, muy parecida a la reina. Contacta con ella y logra convencerla para que se haga pasar por la reina con el fin de gastar una broma a un amigo. Tras aleccionar a la prostituta sobre lo que ha de decir a dicho amigo, y luego de vestirla con una réplica de un conocido vestido de María Antonieta, concierta un encuentro nocturno con el cardenal. Así, la noche del 11 de agosto de 1785, introduce a la "falsa reina" en los jardines de Versalles, y, poco antes del alba, esta se encuentra en el bosque de Venus con un aturdido cardenal, quien cree ver en ella a María Antonieta. La "falsa reina" cumple su papel, y le dice al cardenal de Rohan que "todo lo anterior está olvidado"; embelesado, el cardenal no halla respuesta, y aturdido, acepta que la falsa reina se marche rápidamente, con la excusa de que la van a echar de menos enseguida.

Finalizado con éxito el encuentro, el cardenal se ve ya como primer ministro de Francia. Sin embargo, no ve manera de comenzar a ser recibido públicamente por la reina. Jeanne de Valois le sugiere que quizá deba congraciarse con la misma por medio de gestos de extraordinaria generosidad. Así, la condesa hace que supuestas obras de caridad de María Antonieta empiecen a ser sufragadas por el cardenal: la reina desea pagar una deuda de 50.000 libras contraída por una antigua familia de Francia, pero carece de fondos para ello; como toda Francia sabe que la reina siempre anda metida en deudas, el cardenal no duda en hacerse cargo del asunto, y abona a Jeanne de Valois las 50.000 libras para que se las entregue a la reina. Tras esto, los Valois de la Motte consideran hecha su fortuna; de vez en cuando escribirán una carta de la reina para el cardenal, el cual abonará la obra de caridad por intermediación de la condesa Valois de la Motte. El tren de vida de los de Valois de la Motte se hace extraordinario gracias a ello; sin embargo, depende de mantener su influencia sobre el cardenal, el cual, afortunadamente, se había visto forzado a volver a la Alsacia para atender asuntos de su diócesis.

El asunto del collar 350px|thumb|right|Diseño del Collar de Diamantes.