Henri Dutilleux (Angers, Países del Loira; 22 de enero de 1916-París, 22 de mayo de 2013) fue uno de los compositores franceses más importantes de la segunda mitad del , heredero de la tradición representada por Debussy, Ravel y Roussel, pero con un estilo propio distintivo. Aunque su producción es relativamente escasa —apenas treinta obras—, su calidad y originalidad han logrado un gran reconocimiento internacional.

Biografía

Años de formación Henri Dutilleux nació en el seno de una familia de tradición artística: Constant Dutilleux (1807-65), su bisabuelo paterno, fue un pintor amigo de Delacroix y de Corot; Julien Koszul (f. 1927), su abuelo materno, fue un compositor y organista de origen polaco, durante mucho tiempo director del Conservatorio de Roubaix. Julien fue muy amigo de Gabriel Fauré, a quien el pequeño Henri conoció, acompañando a su abuelo (la familia Dutilleux aún conserva muchas cartas suyas). En Roubaix, Julien también tuvo como alumno a Roussel, siendo una de las personas que le aconsejaron dejar la Marina para dedicarse a la música.

Durante la Primera Guerra Mundial la familia Dutilleux debió de dejar su hogar en Douai (una pequeña localidad próxima a la frontera belga de unos 40.000 habitantes) y trasladarse a un lugar más seguro. La madre de Henri y sus tres hijos se refugiaron en Angers (departamento de Maine y Loira) en la casa de su hermano, Julien Koszul, y de su esposa. Allí nació Henri el 22 de enero de 1916. En 1919, ya finalizada la guerra, la familia volvió a Douai, que encontraron casi totalmente destruida y con su propia casa saqueada. (Henri volvió a Angers a pasar alguna de sus vacaciones de niño en casa de sus tíos y tuvo allí su casa de campo, en Candes-Saint-Martin, en Touraine, en la confluencia de los ríos Loire y Vienne.)

Toda la familia Dutilleux amaba la música: su padre, impresor y librero, tocaba en sus ratos libres el violín como aficionado; su madre era pianista; su hermana mayor, Hélène, estudiaba y tocaba bastante bien el violín; su otra hermana, Paulette, fue una dotada pianista; su hermano Paul, tocaba el chelo, Henri, el menor, tocaba el piano (Henri tuvo una hermana más, pero murió siendo muy joven). La familia interpretaba sonatas de Franck, Lekeu, Fauré y Pierné, y, más tarde, de Debussy y muchas veces tocaban todos juntos. Los padres de Henri le regalaron un álbum de melodías de Schumann, que le causaron una fuerte impresión y que conservó con cariño.Dutilleux, H. (2006, 25 de noviembre). Entrevista concedida en su domicilio de la Île Saint-Louis, París, a Jérémie Leroy-Ringuet y Emmanuelle Pesqué (ODB-Opéra). Luego, a los doce años, sus padres adquirieron la partitura de Pelléas et Mélisande, en una reducción para voz y piano, una obra que consideraban revolucionaria y que Henri estudió con entusiasmo. thumb|200px|right|Vista de Douai, en un cuadro de Corot

En esos años vivió rodeado de pintura, muchos cuadros de su bisabuelo y de algún otro pintor de la escuela de Barbizon (su bisabuelo adquirió un Corot y un Delacroix, cuadros que la familia conservó con orgullo).Entrevista concedida en Mónaco a Cedric Constantino, en abril de 2006, para clasique.news.com. Más adelante, el descubrimiento de los impresionistas fue para Henri una revelación; más tarde conoció el periodo cubista, a Braque y a Picasso, que le intrigaron sin fascinarle. Dutilleux recordaba que sólo Kandinsky le impresionó del modo en que lo hicieron los impresionistas en su juventud. La pintura le marcó y le hará querer evocar con la música los mismos sentimientos que le transmitían los cuadros.

En Douai, Henri comenzó a estudiar en el Liceo —latín, un poco de inglés, literatura francesa, matemáticas y algo de ciencias naturales— y simultáneamente en el Conservatorio —armonía, contrapunto y piano—. Henri recordaba que tenía que hacer verdaderos esfuerzos para asistir a las clases: a las 6:30 comenzaba su jornada con la clase de solfeo, luego asistía al Liceo; a mediodía, comía rápidamente, y de 12:30 a 2:00, clases de piano; luego, de vuelta al Liceo. Su profesor de música más importante en esos años fue Víctor Gallois, que le animó a tocar la percusión en la orquesta local (timbales, triángulo y side drum), una experiencia que fructificó más adelante en la escritura de las elaboradas partes para timbales de muchas de sus piezas orquestales. En esos años no se escuchaba mucha música: apenas había radio, no había grabaciones discográficas, y casi toda la nueva música que se oía lo era en vivo, en concierto o en interpretaciones en el propio Conservatorio. Así recordaba haber escuchado dos obras de Stravinsky —Petrushka y El pájaro de fuego— y alguna de Debussy y Ravel.

En 1933, a los dieciséis años, se trasladó a París, aprobando el ingresó en el Conservatorio. Recibió clases de Jean y Noël Gallon (armonía y contrapunto), Henri-Paul Busser (composición), Philippe Gaubert (dirección de orquesta) y Maurice Emmanuel (historia de la música). Obtuvo un primer premio en el curso de armonía y también en el de contrapunto y fuga. En 1936 consiguió un segundo premio del Premio de Roma con su cantata Gisèle, y dos años más tarde, en 1938, consiguió el Gran Premio de Roma de composición con la cantata L'annau du Roi («El anillo del Rey»), en la que fue su tercera tentativa.

Los años de guerra Dutilleux se trasladó a la Villa Médicis en febrero de 1939. Allí frecuentó a su director Jacques Ibert y conoció a alguno de los compositores italianos que asistían a ella, aunque muy poco (Petrassi y a Dallapiccola). Viajó con frecuencia a Florencia, una ciudad que le atrajo más que Roma, y también estuvo en Capri. El inicio de la Segunda Guerra Mundial redujo su estancia en Roma a sólo cuatro meses de los cuatro años previstos, y volvió a París poco antes de la entrada de Francia en guerra. En septiembre de 1939 se incorporó al ejército como camillero —su unidad estuvo en Rennes, Burdeos, y en Toulouse—, y fue desmovilizado en agosto del año siguiente, tras firmarse el Armisticio del 22 de junio de 1940. Regresó a París, donde residió los años de la ocupación alemana, teniendo dificultades para ganarse la vida: durante un tiempo, enseñó piano, tocó como acompañante e hizo algunos arreglos para cantantes de night-clubs. A la vez, escribió algunas piezas para instrumentos de viento por encargo de Claude Delvincourt para las pruebas del Conservatorio.

Durante esos años, sin posibilidades de salir al extranjero y siendo consciente de las limitaciones de su educación en el Conservatorio, con muy pocas clases de análisis y una total ausencia de las técnicas de vanguardia, prosiguió su formación de forma particular, estudiando de varios tratados de composición —incluso el Vincent d'Indy, que Dutilleux a veces encontró repelente, pero interesante en su análisis de la música antigua, de los polifonistas y de la música religiosa— y descubriendo obras contemporáneas, de Stravinsky —asistió a varias representaciones de Les Noces, una de ellas en 1934 con su compañero de clase Paul Tortelier, que recordaba con mucho agrado— y de Roussel. (La música de la Segunda Escuela de Viena o del propio Bartók no la conoció hasta el fin de la guerra.) Al final de esa etapa confesaba que tenía claro que quería que su trabajo mantuviese una cierta distancia con el espíritu de la música francesa, que podrían encarnar las palabras claridad, encanto, elegancia y equilibrio.Mystère et mémoire des sons: entretiens avec Claude Glayman. Belfond, París 1993.

En 1941 se interpretó en los «Conciertos Pasdeloup» de París por primera vez en público una de sus obras, la Sarabande et Cortège para fagot y piano, dirigida por el propio Delvincourt. Al año siguiente, en 1942, consiguió el puesto de director de coro de la Ópera de París, sustituyendo a su titular durante casi un año. Comenzó a componer música vocal, como las Cuatro Melodías para canto y piano (1941-43) con textos de Jean Cassou —un poeta de origen español encarcelado por sus actividades en la resistencia (era conocido como Jean Le Noir) que tras la guerra fue durante muchos años director del Museo nacional de Arte Moderno de París (1945-65)—. Su siguiente obra, la Sonatina para flauta (1943) muestra las influencias, patentes en sus primeras obras, de Ravel, Debussy y Roussel, como él mismo confesará más adelante mostrando sus reservas por un lenguaje poco personal. En ese mismo año 1943, comenzó a trabajar para Radio France. Al año siguiente compuso la La Gêole, para voces y orquesta (1944), de nuevo con otro poema de Cassou, un soneto de los Trente-Trois Sonnets composées au secret (1943), una obra compuesta mientras estaba encarcelado, a veces sin papel, de memoria, que fue publicada de modo clandestino por las «Editions de Minuit».

Los años después de la guerra En 1945, acabada la guerra, fue nombrado director del Servicio de producción musical («Service des illustrations musicales») de la ORTF, un puesto que desempeñó hasta 1963 (el servicio fue suprimido durante un viaje suyo a los Estados Unidos) y que le permitió entrar en contacto con músicos de todas las tendencias y que contribuyó a enriquecer su propia experiencia compositiva.

Al año siguiente, en 1946, se casó con la pianista Geneviève Joy, a quien conocía desde 1941 al haber sido compañeros en el Conservatorio. Ella asistía a las clases de Yves Nat y era muy apreciada por su facilidad para tocar a primera vista y ser capaz de interpretar casi directamente en el piano partituras orquestales, siendo muchas veces era solicitada para interpretar algunas obras en los concursos de composición, como auxiliar de los jurados. Genevieve siguió su propia carrera, siendo muy pronto profesora de acompañamiento de piano en el Conservatorio de París. Viajaba mucho como concertista, al principio mucho más que Dutilleux, y eso ayudó a Henri a conocer mucha nueva música, que ella interpretaba habitualmente en sus conciertos en las década des 1950 y 1960. Genevieve fue miembro del «Trio de Francia» —con Jeanne Gautier y André Lévy— y realizó muchas giras con la violinista Michèle Auclair, pero, sobre todo, formó un dúo de piano muy apreciado con Jacqueline Robin. (Para el dúo, en su 25º aniversario, escribieron piezas Milhaud, Jolivet, Mihalovici y Auric, y, en otras ocasiones, también Lesur, Petit, Ohana, Constant o el propio Dutilleux.)

Henri, tras su matrimonio, compuso todas sus obras para piano para su mujer. La primera de ellas fue la Sonata para piano (1946-48), una obra donde se agotan las posibilidades tímbricas del piano y en la que, por vez primera, el autor mostró su habilidad para la variación, una técnica que convertirá posteriormente en la base de sus procedimientos compositivos. La Sonata contiene también una de las primeras muestras de su gusto por las atmósferas oníricas. Esta obra es la primera que Dutilleux considera digna, habiendo renegado de todas sus composiciones anteriores. Este disgusto se extendía incluso a la Sonatina para flauta, una de las piezas más interpretadas y apreciadas por los solistas de flauta: «No me siento completamente satisfecho que sea tocada tan a menudo».«Ne se sent jamais complètement heureux qu'elle soit si souvent jouée», en una recensión del libro de Henri Dutilleux, Mystere et Memoire du Temps, de Pierrette Mari en Intemporel.