El Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA), ubicado en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, es una de las instituciones públicas de arte más importantes de Argentina. Alberga un patrimonio sumamente diverso, que incluye más de piezas, entre pinturas, esculturas, dibujos, grabados, textiles y objetos. Su colección está integrada por arte precolombino, colonial, argentino e internacional, en un rango temporal que va del a la actualidad. Su gravitación reside también en el número de visitantes, de todas las edades, diferentes estratos sociales, procedentes del país y del exterior.En sus funciones se destaca la función educativa albergando a cientos de escuelas a lo largo del año que visitan el museo.

Parte de su colección se encuentra en exhibición en el Museo de Bellas Artes (MNBA Neuquén) de la ciudad de Neuquén, en la Patagonia argentina.

Historia

Inicios

En 1895 un decreto del presidente José Evaristo Uriburu creó el Museo Nacional de Bellas Artes de la República Argentina. La fundación ocurrió en una época en que tuvieron origen varias de las entidades culturales más importantes del país, cuyo funcionamiento continúa hasta la actualidad. Su primer director fue Eduardo Schiaffino, artista, crítico y primer historiador del arte argentino. Promotor de las instituciones artísticas, Schiaffino fue, en 1876, uno de los fundadores de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes. Años más tarde, en 1893, junto con Severo Rodríguez Etchart, Eduardo Sívori, Ernesto de la Cárcova, Augusto Ballerini, Graciano Mendilaharzu, Ángel Della Valle, Leonela Rojas, entre otros, creó el Ateneo, entidad organizadora de las primeras exposiciones de arte argentino y desde donde se impulsó la creación del Museo Nacional de Bellas Artes. Schiaffino proyectaba un museo metropolitano, cuya colección permitiera una lectura de la historia del arte siguiendo el ejemplo de los museos europeos y norteamericanos contemporáneos. Esta propuesta enciclopédica de museo fue crucial para Schiaffino y para sus colegas, quienes aspiraban a educar el gusto del público y también impulsar el arte local.

Las primeras donaciones que recibió el museo fueron las colecciones de Adriano Rossi y José Prudencio de Guerrico, al mismo tiempo que el propio Schiaffino no dudó en pedir la colaboración de amigos y coleccionistas para acrecentar el patrimonio del museo. Con un conjunto inicial de 163 obras, el Museo Nacional de Bellas Artes se inauguró el 25 de diciembre de 1896 en el edificio del Bon Marché de la calle Florida, hoy Galerías Pacífico donde además funciona el Centro Cultural Borges y el Museo de Arte Oriental. Si bien este inmueble funcionaba como tienda por departamentos -joyerías y mercerías-, una buena parte también estaba destinada a otros espacios culturales como el Ateneo, la Colmena, atelieres de artistas (como el del escultor Víctor de Pol) y bibliotecas.

El Museo se perfiló, desde su fundación, como un museo de carácter ecléctico, cuyo acervo fue creciendo a partir de importantes adquisiciones y donaciones. Una obra del pintor francés Auguste Renoir fue comprada en 1907 con fondos públicos, año en que el Museo Metropolitano de Arte también incorporaba su primer Renoir. Junto con la escuela francesa, tanto la italiana como la española son las de mayor importancia numérica dentro del patrimonio.

A comienzos del nuevo siglo, Schiaffino llevó adelante cambios en el guion curatorial. El director optó por una distribución de obras según los géneros, acorde con sus conocimientos artísticos y con los modelos de la época. En 1904, Exposición Universal de San Luis, convocó a sesenta países que mostraron sus avances en la industria y sus productos comerciales, e incluyó un sector dedicado a las expresiones artísticas. Schiaffino fue el organizador de la sección argentina de Bellas Artes y tuvo a su cargo la selección del envío: La muestra se convirtió en una ocasión importante para difundir el arte nacional en el extranjero. Una selección de obras del patrimonio del MNBA, otras provenientes de la Comisión Nacional de Bellas Artes (CNBA) y de propiedad de los artistas, participaron y obtuvieron importantes premios.

Con el objetivo de acrecentar el patrimonio fundacional, en 1906 Schiaffino viajó a Europa en misión oficial. Allí recorrió museos, estableció contactos con coleccionistas y artistas y compró pintura antigua y contemporánea. Adquirió también la colección Bayley, un conjunto de dibujos y estudios preparatorios de maestros antiguos.

miniatura|El Pabellón Argentino en Plaza San Martín en 1910. Finalmente, en 1909 el MNBA dejó su sede del Bon Marché y se trasladó a la Plaza San Martín. La colección ocupó el edificio del Pabellón Argentino, construido en hierro y cristal, que había albergado la participación de ese país en la Exposición Universal de París de 1889. Schiaffino optó, en este caso, por distribuir las obras en orden cronológico y por donaciones de coleccionistas. Dos importantes conjuntos de obras se habían incorporado al museo recientemente, el Legado Parmenio Piñero y Leonela Rojas (1907) y la donación Ángel Roverano (1910) ambas incluyen autores franceses, españoles e italianos. Ubicó las de Roverano, en las salas de la planta alta del Pabellón y para las de Piñero se destinaría un espacio en un edificio anexo, junto con el legado Rossi.

Schiaffino, que finalizó su gestión sin el Museo abierto al público en septiembre de 1910, fue sucedido por Carlos Zuberbühler (1910-1911), quien asumió el 30 de septiembre del mismo año.

Luego, fue nombrado director del Museo Cupertino del Campo, quien estuvo al mando por veinte años, del 9 de octubre de 1911 al 13 de febrero de 1931. Del Campo fue uno de los impulsores de la creación del Salón Nacional de Bellas Artes, desde el cargo de Secretario de la Comisión Nacional de Bellas Artes que ocupó entre 1907 y 1911.Baldasarre, María Isabel (2013). «Museo universalista y nacional. El lugar del arte argentino en las primeras décadas de vida institucional del Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires». A Contracorriente (Universidad Nacional de San Martín) 10 (3): 266-267.

Sede definitiva

thumb|250px|left|La Casa de Bombas en funcionamiento, con su fachada original.

Entre 1931 y 1939 Atilio Chiáppori asumió el cargo de director. Ese mismo año se fundó la Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes, surgida con el propósito de promover el desarrollo artístico local y acrecentar el patrimonio del museo.

Chiáppori, conocedor de la museología y de las tendencias y movimientos artísticos contemporáneos internacionales, tenía la intención de convertir al MNBA en un museo “de arte moderno”, con una clara función educativa y al servicio de la comunidad. Durante su gestión el museo se trasladó a la sede definitiva, el edificio de la antigua Casa de Bombas de Recoleta, refuncionalizado por el arquitecto Alejandro Bustillo. Fue inaugurado en 1932.

Con el devenir del golpe de Estado y la interrupción de la democracia argentina del 6 de septiembre, se permitió concretar las propuestas y contemplaciones de Alejandro Bustillo en la arquitectura argentina.

Su inicio en las obras de gran infraestructura partió a partir de la remodelación de la antigua Casa de Bombas de Recoleta para transformarla en el actual Museo Nacional de Bellas Artes. Ya más llegados a 1928, durante la presidencia de Marcelo Torcuato de Alvear y bajo el seguimiento de Martin Noël, el cual era parte de la Comisión Nacional de Bellas Artes, se dio comienzo al Concurso para llevar a cabo un Museo en el Parque de Retiro. Terminó dando como ganador de dicho concurso a la propuesta de los arquitectos CA Herrera Mac Lean y Rafael Herrera. Inicialmente se planteó una remodelación, la cual contaba con el traslado del museo a la antigua Casa de las Bombas, pero debido a problemáticas relacionadas con la política del país, Alejandro Bustillo se hizo nombre y lo promovieron para que sea el encargado de llevar a cabo está reforma en noviembre de 1931, posterior a la renuncia de Noel y el derrocamiento de Yrigoyen. En 1933 se dio por finalizada e inaugurada la obra, la cual entre tantas características de las más relevantes son, la transferencia, la amplitud,la neutralidad de sus salas y la austeridad de su fachada, después de eliminar decoraciones, chimeneas, columnas y bajorrelieves, además de impresionante rediseño del pórtico.

La arquitectura despojada y las paredes claras de las salas contribuyeron a generar ámbitos propicios para la contemplación de las obras dispuestas didácticamente. Para la organización del guion curatorial de la colección permanente siguió un criterio por escuelas y en orden cronológico, respetando espacios simétricos entre una y otra obra, y colgándolas a la altura de la visual. Planificó un régimen de rotación de obras cada tres o seis meses, para aquellas que no se pudieran exhibir por razones de espacio, aunque las más importantes permanecían inamovibles dada su jerarquía.

En 1938 el museo recibió la donación de la familia Guerrico, importante colección que hacia mediados del ya contaba con más de un centenar de obras relevantes, pertenecientes a la escuela española, italiana, flamenca y principalmente francesa, junto a piezas anónimas, copias de grandes maestros, numismática y tallas japonesas de los siglos y . La colección no cesó de acrecentarse, pues un valioso conjunto de abanicos, peinetones, platería colonial, objetos orientales de marfil, laca y porcelana, fue adquirido por las generaciones posteriores de la familia.

En 1942 la Biblioteca del Museo Nacional de Bellas Artes, que hasta ese momento era de uso interno, adquiere carácter público.

Chiáppori, fue sucedido por Domingo Viau, quien dirigió el Museo entre 1941 y 1944. Luego, el 29 de julio de 1944 se nombra director a Augusto Da Rocha (h.), pero se le otorga licencia en 1945 dando inicio a la dirección de Juan Zocchi, primero como interventor y después, en 1947, nombrado director, hasta 1955.

El Museo a los 50 años de su fundación

Los 50 años de la fundación del Museo se celebraron en 1945 bajo la dirección del reconocido artista Juan Zocchi (1944-1955). En este período la institución puso el énfasis en la difusión de su patrimonio y organizó exposiciones itinerantes que llegaron a museos del interior del país. También recibió dos importantes exposiciones internacionales: Arte español contemporáneo (1947) que, en el marco de las relaciones amistosas entre ambos países, ofreció un valioso panorama del arte contemporáneo peninsular en las salas del Museo, y la muestra De Manet a nuestros días (1949), enviada por el gobierno francés, que incluyó obras del movimiento impresionista hasta las nuevas tendencias de la primera mitad del . En 1952 se organizó una importante exposición, La pintura y la escultura argentinas de este siglo, que incluyó obras de los últimos cincuenta años, y que incorporó piezas abstractas y del movimiento de arte concreto que fueron distribuidas por estilos o temáticas en las treinta salas del Museo.