mini|Biblia del Oso, primera traducción completa de la Biblia al castellano obra del protestante español Casiodoro de Reina, publicada en 1569, y que será revisada por Cipriano de Valera en 1602, convirtiéndose a partir de entonces en la versión de la Biblia preferida por la mayoría de los protestantes de habla española, por lo que probablemente sea el libro escrito en castellano con mayor número de ejemplares de la historia mini|Monasterio de San Isidoro del Campo, Sevilla, uno de los principales focos de la Reforma protestante en España
La historia de la Reforma protestante en España se remonta al , cuando varios creyentes españoles se sintieron plenamente de acuerdo con los planteamientos de la Reforma protestante iniciada por Martín Lutero en Alemania. Grupos destacados de entre estos creyentes fueron los de Valladolid (afines al luteranismo) y Sevilla (inicialmente favorables al calvinismo). En el grupo sevillano participaron los monjes jerónimos del Monasterio de San Isidoro del Campo.
En sus inicios, el protestantismo español se extendió principalmente entre la clase noble y culta, debido a su relación con el humanismo y la lectura de la Biblia. Como testimonio de este periodo, están nombres insignes como el de Juan de Valdés, Francisco de Enzinas y de los monjes Casiodoro de Reina,Cipriano de Valera y Antonio del Corro. A Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera les debemos la primera traducción moderna completa de la Biblia al castellano.Blázquez, Fernández, Tarquis, citado en Reseña Histórico-Social del Protestantismo Español.
Sin embargo, la Reforma protestante en España no arraigó debido a la implacable persecución a la que fueron sometidos los luteranos por la Inquisición española, lo que obligó a los que pudieron escapar a refugiarse en países protestantes o más tolerantes. Henry Kamen destaca que «España era el único país europeo que contaba con una institución nacional dedicada a erradicar la herejía». Pero también existieron otras razones, como las que señala Joseph Pérez: «España estaba alejada del epicentro de la revolución religiosa; las reformas introducidas en la disciplina eclesiástica y en las órdenes religiosas en los primeros años del , aunque limitadas, habían contribuido a corregir ciertos abusos; por último, las inquietudes religiosas habían adoptado en la península Ibérica una forma original. En España es más fuerte la tentación del iluminismo que la del luteranismo o del calvinismo». Henry Kamen apunta otra más: «España no había experimentado desde el comienzo de la Edad Media ni una sola herejía que triunfara a nivel popular. Todas las luchas ideológicas desde la Reconquista se habían dirigido contra las religiones minoritarias, el judaísmo y el islam. En consecuencia, no había habido herejías autóctonas, al estilo de la de John Wycliff en Inglaterra, sobre las que pudieran enraizar las ideas luteranas».
Antecedentes
Albigenses y Valdenses
mini|Estatua de Pedro Valdo en el Memorial de Lutero. Worms, Alemania Alfonso Torres de Castilla, en su libro de Historia de las persecuciones políticas y religiosas ocurridas en Europa, hace mención a diferentes movimientos de reforma, anteriores a la denominada «Reforma protestante», que presentan afinidades con la estructura básica del protestantismo actual. «Antes de que apareciera en Alemania la famosa herejía de Lutero… en España como fuera de ella el origen de las herejías fue casi siempre la crítica más o menos severa de la conducta del clero y el deseo de reformar sus costumbres, restaurando la pureza que atribuye la tradición a las bases de los dos primeros siglos del cristianismo».
No obstante, no debe pensarse que la Reforma protestante se inicia en el . Han sido muchas las voces, los movimientos y las vivencias que han mostrado su disidencia de la ortodoxia católica y han abogado por la vuelta a los principios del cristianismo primitivo. Aunque los brotes de protesta fueron perseguidos, merece la pena citar dentro de España a los movimientos albigenses del y valdenses del , aunque este último perdura en la actualidad, sobre todo en Italia.
Los erasmistas
Buena parte de los humanistas españoles fueron seguidores de Erasmo de Róterdam y encontraron el apoyo de la corte de Carlos V e incluso de parte de la jerarquía eclesiástica, como el arzobispo de Toledo Alonso de Fonseca y Ulloa, y del inquisidor general Alonso Manrique, ambos erasmistas. Así, el Enchiridion de Erasmo, cuya traducción al castellano se publicó en 1526, fue acogido con gran entusiasmo, así como el resto de sus obras, y varios humanistas, entre los que destacaba Juan de Vergara, viajaron a los Países Bajos para estudiar con él.
Según Joseph Pérez, además de su reputación de humanista, son las ideas religiosas de Erasmo lo que atrae a la élite intelectual española. «Frente a Roma, Erasmo afirma la necesidad y la urgencia de una reforma de la Iglesia y de la religión, a la que hay que despojar de sus aspectos dogmáticos y formalistas: el exceso de especulaciones teológicas y una práctica rutinaria que está en el límite de la superstición. Erasmo defiende un retorno al Evangelio, a una religión espiritual y a un culto interior. Frente a Lutero, sale en defensa del libre arbitrio y se esfuerza por preservar la unidad del mundo cristiano. Su ideal sería una reconciliación irenista sin vencedores ni vencidos, que aseguraría la reforma necesaria de la Iglesia evitando el cisma».
Sin embargo, los métodos de exégesis de Erasmo y sus ideas religiosas, que algunos consideraban próximas a las de Lutero, eran objeto de críticas por parte de amplios sectores eruditos y eclesiásticos. Cuando en 1529 Manrique dejó de ser inquisidor general y el emperador Carlos V marchó a Italia llevando consigo a los principales erasmistas, los conservadores aprovecharon su oportunidad. El primero en ser detenido por la Inquisición fue Diego de Uceda, chambelán de un alto cargo de la Orden de Calatrava. Fue torturado y condenado, abjurando de sus «errores» en el auto de fe celebrado en Toledo el 22 de julio de 1529. mini|Diálogo de la Doctrina christiana (1529) de Juan de Valdés Mucho mayor impacto tuvo el proceso contra Juan de Vergara. Fue detenido en 1530 y condenado, acusado de «luteranismo» entre otras alegaciones —también de iluminismo como su hermano Bernardino Tovar—. Como Uceda, abjuró de sus «errores» en un auto de fe celebrado en Toledo en 1535 y pagó una gravosa multa de 1500 ducados, siendo confinado en un monasterio durante los dos años siguientes —aunque a su salida pudo recobrar sus antiguos puestos—. En 1533 Alonso de Virués, benedictino y predicador de Carlos V, fue detenido y confinado en una prisión de la Inquisición de Sevilla durante cuatro años. En 1537 se vio obligado a abjurar de sus «errores», siendo recluido en un monasterio, pero Carlos V intervino ante el papa y consiguió que éste anulara la sentencia.
En 1530 Juan de Valdés —del que Joseph Pérez afirma que en realidad era un alumbrado y que usó de pantalla el erasmismo— huyó a Italia justo a tiempo para poder evitar su detención por la Inquisición a causa del estudio teológico que había publicado el año anterior Diálogo de la doctrina cristiana y en el que se recogían algunos escritos de Lutero, sin mencionarlo. No tuvo la misma suerte el también erasmista Pedro de Lerma, que fue detenido y encarcelado, siendo obligado a abjurar de sus «errores» en todas las ciudades donde había predicado. Lerma huyó a París, recuperando el puesto de decano de la Sorbona. Su sobrino Francisco de Enzinas será uno de los más destacados luteranos europeos.
A finales de 1533 Rodrigo Manrique, hijo del inquisidor general Alonso Manrique, escribió desde París al erasmista Juan Luis Vives en Brujas —donde se había refugiado huyendo de la Inquisición por ser judeoconverso— sobre el encarcelamiento de Juan de Vergara:
Los alumbrados mini|Palacio de los duques del Infantado, Guadalajara
La versión más radical del método místico del «recogimiento» —la unión del alma con Dios— propugnado por los franciscanos, y que fue condenada por la propia orden mendicante, resaltaba la unión pasiva del alma con Dios, por lo que era conocida con el nombre de «dejamiento» y a sus seguidores como «dejados» o «alumbrados». Algunos nobles protegieron a estos grupos que buscaban una religión interior más auténtica.<
Según Joseph Pérez, los alumbrados o iluministas «preconizan un abandono sin control a la inspiración divina y una interpretación libre de los textos evangélicos. Los alumbrados afirman que actúan movidos únicamente por el amor de Dios y que de él procede su inspiración; carecen de voluntad propia: es Dios el que dicta su conducta; de ello se sigue que no pueden pecar. Los alumbrados rechazan la autoridad de la Iglesia, su jerarquía y sus dogmas, así como las formas de piedad tradicional que consideran ataduras: prácticas religiosas (devociones, obras de misericordia y de caridad), sacramentos…».
La Inquisición sospechó que había elementos heréticos en la doctrina de los alumbrados e inició una investigación que llevó a la detención de sus principales cabecillas —la beata Isabel de la Cruz y Pedro Ruiz de Alcaraz del grupo de Guadalajara, que fueron encarcelados en abril de 1524 y sentenciados en un auto de fe de julio de 1529— y a la promulgación por el inquisidor general, el erasmista Manrique, de un «edicto sobre alumbrados» en septiembre de 1525, que incluía una lista de 48 proposiciones consideradas heréticas. En 1529 fue detenida la beata Francisca Hernández, líder del grupo de alumbrados de Valladolid, y poco después uno de sus principales seguidores, el predicador franciscano Francisco de Ortiz. La beata incriminó a partidarios suyos acusándolos de «luteranos». Este fue el caso de Bernardino Tovar, hermano del erasmista Juan de Vergara, y de María de Cazalla, que fue torturada bajo la acusación de luteranismo y de iluminismo. Otro de los denunciados por la beata Francisca Hernández por «luteranismo» fue el impresor de la Universidad de Alcalá, Miguel de Eguía, pero fue absuelto en 1533 tras pasar más de dos años en la cárcel de la Inquisición en Valladolid.
La persecución de los primeros protestantes mini|Portada del Nuevo Testamento traducido por Francisco de Enzinas y publicado en Amberes en 1543. Aparece la dedicatoria a Carlos V La primera noticia sobre el protestantismo en España data de 1521, cuando las autoridades creyeron tener conocimiento de que iban a ser introducidas clandestinamente obras traducidas e impresas de Martín Lutero por judeoconversos refugiados en los Países Bajos. En 1523 fue condenado y ejecutado en Palma de Mallorca un supuesto luterano de origen manchego, pero como se duda de que realmente lo fuera, se considera que la primera actuación de la Inquisición española contra un protestante tuvo lugar en Valencia en 1524, cuando fue condenado a muerte un comerciante alemán, Micer Blay, por haber importado libros sospechosos —inmediatamente se pusieron bajo vigilancia las librerías e imprentas—. Ese mismo año se descubren en las bodegas de un barco flamenco llegado a San Sebastián dos toneles llenos de libros luteranos que son inmediatamente quemados en la playa. En 1525 son detenidos unos barcos venecianos en las costas del Reino de Granada que llevaban una carga de libros «heréticos». En 1531, en un proceso de la Inquisición se menciona a un vendedor ambulante que tenía esa clase de libros. En 1535 un relojero francés de Toledo es apresado por la Inquisición acusado de «luterano». En 1539 seis marineros ingleses son detenidos en San Sebastián por la Inquisición y condenados a pagar pequeñas multas porque en una trifulca dijeron que la religión de su país era superior a la católica. Uno de ellos va a prisión y logra evadirse, pero tras ser capturado de nuevo, es quemado en Bilbao el 25 de mayo de 1539. Así pues, casi todos los detenidos acusados de ser «luteranos» eran extranjeros.