"Non abbiamo bisogno...", en español "No tenemos necesidad...", del 29 de junio de 1931, es la 19.ª encíclica del papa Pío XI, escrita y publicada en el Acta Apostolicae Sedis en italiano, en la que reacciona ante las medidas tomadas por el Fascismo italiano sobre la Acción Católica. La encíclica condenaba "una ideología que explícitamente se resuelve en una verdadera estadolatría pagana" y que "inculca a sus fuerzas jóvenes el odio, las violencias, las irreverencias".

Contexto histórico La llamada cuestión romana quedó resuelta mediante los Pactos de Letrán, firmados el 11 de febrero de 1929 por el cardenal Pietro Gasparri, en nombre del papa Pío XI, y por el primer ministro de Italia, Benito Mussolini, en nombre del rey Víctor Manuel III. En el Art. 43 del concordato que formaba parte de esos pactos se reconocía a la Acción Católica Italiana como organismo apolítico autónomo, dependiente de la Iglesia, pero era inevitable que Mussolini, "ayudado también por las corrientes liberales que abogaban por la preeminencia del Estado en los campos escolar y educativo, intentara desbordar a las organizaciones católicas". Ya en la ratificación parlamentaria de los pactos Mussolini había afirmado la supremacía de los derechos del Estado sobre la Iglesia; la publicación por el papa, el 31 de diciembre de 1919, de la encíclica Divinus Illius magistri, al declarar y defender los derechos de la Iglesia en la educación cristiana de la juventud, aunque no se refería explícitamente a la situación en Italia, pudo entenderse como el rechazo de una actitud invasora por parte del régimen italiano en la educación católica.De hecho en la encíclica Non abbiamo bisogno, el papa se refiere a la publicación de la Divini Illius Magristi

El ataque declarado a la Acción Católica se intensificó «en la primavera de 1931 cuando, aludiendo a supuestas actividades políticas de Acción Católica, fue objeto de una campaña de desprestigio organizada por la prensa fascista, que culminó con la disolución de 15.000 asociaciones juveniles (30 de mayo de 1931)». En respuesta el papa publicó Non abbiamo bisogno; antes de su publicación en L'Osservatore Romano, el texto fue difundido en un buen número de países a través de las nunciaturas, de este modo la censura previa no fue posible y la opinión pública internacional se puso de parte del papa.

Contenido El papa inicia la encíclica poniendo énfasis en lo acaecido recientemente en Roma y en Italia

Sin indicar explícitamente cuáles son esos sucesos, ya en los siguientes párrafos queda claro que lo que ha quedado herido por estos sucesos es la Acción Católica.

I. Agradecimiento ante la respuesta de la Acción Católica El primer apartado de la encíclica queda dedicado a agradecer a todos los que individual o colectivamente han manifestado su condolencia, devoción y conformidad con las normas directivas que, en relación con la Acción Católica, ha dictado el papa. Una respuesta que también se ha dado en las organizaciones de la Acción católica de todos los países. Dirigiéndose a los obispos italianos les dice:

II. La Acción Católica no es política El papa muestra firmemente su protesta ante la campaña de falsas acusaciones que han precedido a la disolución por el Estado de las asociaciones juveniles y universitarias de la acción católica. Se ha afirmado, contra la verdad, del carácter político de estas asociaciones:

En este sentido, se ha argumentado que la Acción Católica utilizaba banderas, insignias, carnés y todos los signos exteriores propios de un partido, pero estos elementos son formalidades exteriores, comunes en las más variadas asociaciones de todo el mundo. También se afirma que miembros del antiguo Partido Popular ocupan los puestos directivos en las juntas locales de la Acción Católica, cuando, en realidad, solo 4 de ellos participaban en una de las 250 Juntas Diocesanas. En definitiva, esto solo fueron excusas para tratar de justificar las medidas policiacas que violentamente han irrumpido en las sedes de la Acción Católica, secuestrando documentación y procediendo al cierre de los locales.

III. Conclusiones Todos estos hechos, y los argumentos aducidos, muestran que:

La Iglesia nunca discutió los deberes y derechos que incumbe al Estado en la educación de los ciudadanos, así lo afirmó el papa en su encíclica sobre la educación cristiana de la juventud,Pío XI , Divini illius Magistri, del 31 de diciembre de 1929, sobre la educación cristiana de la juventud. pero la competencia del Estado en esta materia tienen unos claros límites. La Iglesia no puede aceptar, como se pretende, que la labor desarrollada por la Acción Católica pueda sustituirse por la instrucción religiosa en la escuela y por la presencia de capellanes en las asociaciones juveniles del partido y del régimen.

El papa hace notar que las doctrinas y máximas que se manifiestan en los últimos acontecimientos, ya estaban presentes en los últimos años, y no han faltado por parte del papa las acciones dirigidas a contraponer a ellas las verdaderas doctrinas católicas; pero hasta la fecha, había evitado una condena formal, considerando que se trataba de actitudes exageradas y esporádicas imputables a personas concretas y no muestra de una sistematización programática. Sin embargo los hechos muestran la gravedad de la situación, y estudiado todas las circunstancias, con calma y serenidad:

IV. Preocupación por el futuro El papa manifiesta su preocupación por el futuro próximo, desde el poder afirmó el "respeto inalterado para la religión; para su Jefe Supremo", pero la experiencia mostró que ese respeto no se dio en los últimos acontecimientos, y que no faltan en las declaraciones gubernamentales la alusión a supuestos "refugios y protección" otorgados -se entiende que por la Iglesia- a los adversarios del partido; y se alerta a los dirigentes de los nueve mil fascios de Italia, que estén atentos a este "peligro", ya que algunos obispos habían informado a la Santa Sede de odiosas vigilancias, delaciones, amenaza y vejámenes.

En esta situación el papa decía que hay que recordar que "si Dios está con nosotros, ¿Quién contra nosotros?";Rom. 8, 31por lo que es necesario redoblar la oración al Señor con la confiada esperanza de que:

Así desaparecería la división de los espíritus y voluntades, sustituida por una unión de pensamientos que redundaría en una cooperación de todos para el bien común, situación que sería contemplada con simpatía por todos los católicos del mundo, en sustitución de su censura y descontento. El papa termina su encíclica con su bendición apostólica, prenda de todas las bendiciones, dirigidas a los obispos, clero y pueblo.

Consecuencias de la encíclica Tras una primera reacción virulenta por parte del régimen, las posiciones desde el gobierno italiano se suavizaron; Pío XI designó al jesuita Pietro Racchi —uno de los negociadores de los Pactos de Letrán— para convencer a Mussolini de la necesidad de llegar a un acuerdo. Finalmente, el 3 de septiembre se conoció un acuerdo por el que el Gobierno retiraba las medidas adoptadas y la Santa Sede reafirmaba la estrecha dependencia de la Acción Católica de la jerarquía eclesiástica, en el centro y en la periferia. Así mismo, Acción Católica y la Federación Universitaria Católica Italiana se comprometían a realizar únicamente labores de asistencia religiosa, dejando otro tipo de actividades —incluidas las recreativas y deportivas— en manos del Estado. A cambio, la Iglesia reforzaría su actividad pastoral dentro de las organizaciones juveniles fascistas, además de la escuela y el ejército.

En este nuevo orden, las grandes organizaciones nacionales continuaron y desarrollaron sus actividades; en 1932 se inició el movimiento de graduados católicos y el de maestros; en 1933 y 1934 las "semanas sociales", de Roma y Padua trató temas sobre la caridad y la moralidad profesional; en 1936 se construyó el Centro Católico de Cine; de 1936 a 1942 los graduados realizaron 'semanas de la cultura' en Camaldoli y congresos nacionales. Las dificultades externas, no eliminadas por el acuerdo de 1931, aumentaron considerablemente en 1938 con motivo de la campaña racista, y luego se produjeron episodios de violencia contra la Acción Católica", hasta la caída de fascismo en 1943.

Referencias

Véase también Pío XI Encíclicas de Pío XI Doctrina social de la Iglesia Fascismo italiano

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