Fernando Palatín y Garfía (Sevilla, 11 de septiembre de 1852-ibídem, 25 de febrero de 1927) fue un virtuoso violinista, director y compositor español.

Estirpe musical Palatín Fernando Palatín nació en una familia de enorme tradición musical, en la que su padre era el profesor de música y director de orquesta D. Fernando Palatín Moreno, y su abuelo D. Andrés Palatín Palma fue músico mayor de la ciudad de Sevilla y fundador de la Banda Municipal de Sevilla y compositor. Además, su bisabuelo fue D. Fernando Palatín y Césari, descendiente de una familia de músicos militares y autor del primer diccionario de música en lengua castellana. El historiógrafo musical Baltasar Saldoni considera a la familia Palatín como “tal vez la más antigua de Europa en el arte filarmónico”, una estirpe en la que “pasa de tres siglos que siempre hay algún individuo de ella que es músico notable”..Fue padre del también músico Andrés Palatín Ustriz que fue fusilado durante el Golpe de Estado de 1936 en Sevilla.http://www.todoslosnombres.org/content/biografias/andres-palatin-ustriz

Biografía

Fernando Palatín y Garfias (Sevilla, 1852- 1927) es, sin duda, uno de los grandes músicos españoles del . Fue reconocido como virtuoso del violín, pero también como compositor, pedagogo, compositor y director de orquesta y coro. Alabado por la crítica, por el público, por la realeza y la nobleza, fue condecorado con los más altos reconocimientos de Estado de varios países. Procedía de una estirpe musical que se remonta hasta el . Fernando Palatín demostraría desde temprana edad un gran talento musical y dominio del violín. Por ello, se decidió que con solo 12 años continuase su formación en el Conservatorio Imperial de Música y Declamación de París, que por aquel entonces era el mejor lugar para estudiar violín. Allí estudiaría con el famoso profesor Jean-Delphin Alard, maestro también de Pablo Sarasate. Durante sus estudios fue galardonado con numerosos premios del Conservatorio, destacando el primer premio de violín con tan solo 17 años, logro solo al alcance de los mejores violinistas. Ya en su época de estudios destacó como consumado intérprete. Una prueba más de ello es su desempeño profesional desde 1868, como primer violín solo de la Sociedad Symphoniste de París y como primer violín del Thèatre Lyrique de París. En 1873 sería requerido desde Pau como violinista de la corte de Sebastián Gabriel de Borbón y Braganza, Infante de España, biznieto de Carlos III y nieto de Juan VI de Portugal. Durante más de treinta años desarrolló una intensísima carrera musical en la zona: Primer violín solo de la Orquesta Municipal de Pau, conciertos de solista y de música de cámara, fundador de la Sociedad de Cuartetos de Pau, y fundador y director de la Lyre Paloise, coro masculino con el que ganó numerosos premios en concursos: París, Auch, Marmande, Bayonne, Eaux-Bonnes y el Gran Concurso de la Exposición Universal de 1900. También ejercería una importante labor como profesor de violín, requerido por la nobleza que pasaba largas temporadas en Pau. Como violinista recibió constantes elogios de la crítica internacional y del público que acudió a salas tan importantes como las Salas Pleyel, Erard y Herz de París, la Sala Bechstein de Londres, el Teatro San Carlos de Lisboa, el Capitole de Toulouse o el Gran Salón de la Escuela Nacional de Arte y Declamación de Madrid, entre otras. Su talento fue reconocido por grandes músicos, entre ellos violinistas de la talla de Sivori, único alumno de Paganini. También mereció el aplauso de la realeza española y portuguesa, así como de la nobleza. Concretamente, la Duquesa de Medinaceli, quien se reconocía como “su muy grande admiradora”, o la Duquesa de Montpensier, Dña. Luisa Fernanda. Otra faceta relevante en su carrera fue su labor como director de orquesta. Lideró la Orquesta Municipal de Pau y la Orquesta de Eaux-Bonnes durante más de dos décadas, así como la Orquesta de Salles de Bearn durante los últimos años de su estancia en Francia. Sintiéndose siempre un abanderado de su tierra natal, decidió volver a Sevilla para pasar sus últimos 18 años de vida. Aunque su actividad musical fue mucho más tranquila, quiso dejar un legado violinístico en la ciudad. En este sentido formó a una importante generación de violinistas sevillanos que realizaron una notable labor musical. Algunos de ellos ganaron el premio Sarasate del Conservatorio de Madrid, y trasmitieron sus conocimientos a las generaciones posteriores. También reactivó la Sociedad de Cuartetos de Sevilla, en la que tuvo como segundo violín al importante violinista y compositor José Font de Anta. Merece destacarse su vertiente como compositor, notable tanto por su cantidad como por su calidad: 82 obras compuestas, 29 de ellas para violín y piano. A lo largo de toda su vida, Palatín mereció el reconocimiento de varios países en forma de multitud de condecoraciones y honores. Entre ellos destacan cinco Encomiendas de la Orden de Carlos III, dos Palmas Académicas -Oficial de Academia de Francia y Oficial de Instrucción pública de Francia, Comendador Ordinario de la Orden de Isabel la Católica, Caballero de la Real Orden Militar Portuguesa de Nuestro Señor Jesucristo, miembro honorario de muchas sociedades musicales y corales, Académico de la Academia de Letras Humanas de Málaga, y Caballero de la Orden Nacional de la Legión de honor francesa, distinción más importante de Francia. Fernando Palatín y Garfia falleció en Sevilla el 25 de febrero de 1927. El Ayuntamiento le dedicó un homenaje en el aniversario de su óbito, con la colocación de una lápida en la fachada de su casa en la calle San Luis que reza: “En esta casa murió el 25 de febrero de 1927 el eminente violinista y compositor Fernando Palatín”. Al acto acudieron el presidente del Ateneo Sr. Hazañas, Cónsul de Francia, Sres. Gómez Zarzuela, Piazza (D. Luis y D. Calixto), párroco de San Gil y varios miembros de la colonia francesa, entre otros.

Fernando Palatín como violinista

El intérprete tuvo en Sevilla como primer maestro de violín D. José Coutier, maestro de capilla de la Catedral. En París tuvo como maestro a Delfín Alard, y también fuera del conservatorio recibió lecciones de violín del famoso violinista cubano White. En 1867, como violinista se le concedió el primer acessit, y el primer premio de solfeo, primer premio de teoría musical y el segundo de violín, en 1868. Ese mismo año se convierte en Primer Violín concertino de la Sociedad Symphonista de París y primer violín del Teatro Lírico de la Ópera de París, con tan sólo 16 años. En el gran certamen público del 20 de julio de 1870 conseguiría el primer premio de violín del Conservatorio de París entre más de 30 opositores discípulos todos de Alard, igualándose así a Sarasate (que lo había conseguido en el 57), los únicos violinistas españoles que consiguieron tal mérito. La crítica elogió durante su carrera a su perfecta afinación y la expresividad y emotividad de su interpretación:thumb|Palatin maduro

"Jamais, peut-être, il n'a été plus en possession qu'aujourd'hui de son marveilleux talent, jamais il n'a su tirer de son violon des sons plus mollement langoureux et des effets aussi prodigieusement étonnants. C'est un virtuose, dans la grande et noble acception du mot, devant lequel s'ouvrent à deux battants les portes de l'avenir". "Nunca, quizás, ha tenido más en su poder como hoy tan marvilloso talento, nunca ha sido capaz de tomar su violín con más suavidad languidez y con efectos sonoros tan maravillosamente sorprendentes. Este es un virtuoso en el gran y noble sentido de la palabra, al que se abren de par en par las puertas del futuro".

El año 1884 marchó a Madrid, reclamado a la capital de España por la Duquesa de Medinaceli que, habiéndole escuchado en Francia, lo quiso presentar ante la aristocracia española. Esta abrió sus salones, después de una clausura de cinco años, debido al fallecimiento de su esposo, para que los inaugurara esta vez el violinista sevillano, dando también conciertos en el Palacio Real y en el Conservatorio.

Durante su estancia en Pau su talento fue premiado con la amistad de aristócratas y miembros de la realeza, como la Princesa de Scheweloz-Holstein, y el Príncipe y la Princesa de Oldembrourg, discípula aventajada esta última de Palatín. Entre las anécdotas que ilustran el virtuosismo y acercamiento al público del violinista sevillano destaca su interpretación de “La Clochette” de Paganini, con la que Sivori, discípulo del compositor, había entusiasmado al público de Pau unos días antes: “La princesa d'Oldembroug había asistido a la audición de Sivori, y deseando volver a escucharla, pidió a Palatín la ejecutase en su beneficio, que debía tener lugar cinco días después de la partida de Sivori. Todos cuantos habían aplaudido al anciano violinista concurrieron para juzgar aquel injustificable atrevimiento y aquella osadía incomprensible. Su triunfo fue completo. (…) Palatín ejecutó magistralmente la pieza, y fueron tantos los aplausos que obtuvo, que siete veces tuvo que volver al palco escénico y repetir el final de la obra en medio de un verdadero diluvio de flores y coronas.”

Entretanto, Palatín volvió dos veces a París a celebrar conciertos, la última en 1883, obteniendo un gran éxito y siendo proclamado por la prensa de París como violinista de primer orden entre los mejores. Numerosas citas en la prensa de la época son testigos de otras tantas ovaciones tributadas a Palatín en muchas de las ciudades en las que tocó su instrumento:

"Quite apart from technical considerations it was abundantly evident that Senor Palatin is a thoroughly educated musician, whose dexterity is associated with artistic intelligence: in particular he possesses a rare command of various degrees of power, whether in contrast or in gradation, a quality in which he is surpassed by few of the virtuosi of the day (…) for the British public is ever ready to recognise excellence in art from whatever quarter it may come and soon realized that in Senor Palatin they had to deal with a musician of really inusual talent, and of the first rank". "Al margen de las consideraciones técnicas, es más que evidente que el señor Palatin es un músico profundamente formado, cuya destreza se asocia con la inteligencia artística: en particular, posee una facultad poco común de diferentes grados de intensidad, ya sea en contraste o en gradación, una calidad en la que es superado por muy pocos de los virtuosos de hoy (...) el público británico, que está siempre listo para reconocer la excelencia en el arte venga de donde venga, pronto se dio cuenta de que con el señor Palatin tuvieron que hacer frente a un músico de talento muy inusual, y de primera fila".

Entre las obras que solía ejecutar en directo y que más reconocimiento le dieron están el Concierto para violín de Mendelsohn, el Concierto en La menor de J.S. Bach, el Concierto “La Clochette” de Paganini, el “Adagio” de Nardini, la Chaconne de J.S. Bach, el “Improntu” de Beumer, la Jota Aragonesa de Sarasate o el “Adiós a la Alhambra” de Jesús de Monasterio. Además, algunas de sus propias composiciones las dio a conocer y se hicieron populares gracias a sus exitosas interpretaciones, tales como “Adiós al Alcázar”, “Fantasía española”, “Bluette”, “Valse de Concert” o el “Scherzo”.

Fernando Palatín como compositor